El Oído Electrónico y el deporte (Pierre Suire, Madrid 1974)
Conferencia pronunciada por M. Pierre Suire, Administrador de la Association d’Aide Pédagogique d’Amiens, miembro del Comité Directivo de la Fédération Française de Tennis de Table, en el IVe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, Madrid, mayo de 1974.
El deporte de alto nivel no se reduce a la condición atlética ni al dominio técnico: a tecnicidad e igualdad de forma física, es la imagen del cuerpo —la integración consciente del esquema corporal— la que marca la diferencia en competición. A partir de una experimentación llevada a cabo en el INSEP de París con diez atletas de alto nivel bajo el control del Profesor Tomatis, Pierre Suire —administrador deportivo y dirigente federativo— muestra cómo el Oído Electrónico restaura la lateralidad, recarga corticalmente al deportista, desactiva el miedo escénico (mediante dominio del nervio vago) y refuerza la memoria corporal de los automatismos.
Imagen del cuerpo y rendimiento deportivo
Para destacar en un deporte, es evidente que son necesarias cualidades atléticas completas y que conviene tener un conocimiento perfecto de las técnicas y de las reglas de la disciplina deportiva que se ha elegido. Sin embargo, estas condiciones, una vez cumplidas a raíz de los diferentes entrenamientos específicos a los que el atleta sea sometido, no serán suficientes si en todo caso este no ha alcanzado un elevado grado de conciencia corporal, ya que todos los deportes practicados requieren un compromiso completo del ser humano por mediación del cuerpo.
Puede afirmarse incluso que todo proceso psicológico debería ser anterior a todo abordaje técnico. El saber aparece como reflejo del saber de los demás, y se desprende de un descubrimiento personal y de un descubrimiento de su ego. La técnica puede ser enseñada y comprendida, mas eso no basta y es preciso llegar a integrarla progresivamente en un esquema corporal, a fin de darle un sentido motor, una armonía, un equilibrio, una unidad de acción.
¿Qué se entiende por esquema corporal o imagen del cuerpo en un deportista?
Ante todo, cuando se habla de imagen del cuerpo, no se trata de la percepción exterior que se puede tener del propio cuerpo, ni de una imagen fotográfica. De hecho, cabría decir que la imagen del cuerpo es la imagen que uno se hace de sí mismo. Es de hecho la integración del espíritu y de los mecanismos del cuerpo. El hombre hace de su cuerpo una prolongación de su pensamiento.
Hace ya 150 años que el filósofo francés Maine de Biran había analizado este problema fundamentando su psicología en el sentimiento del «Yo» percibido en el esfuerzo voluntario, y su ontología de la subjetividad metafísica pone el acento sobre el valor del esfuerzo en cumplimiento, que permite captar la experiencia interna de la trascendencia.
El cuerpo no debe ser dirigido por el espíritu, sino que debe haber una expresión dinámica de intencionalidad directa e instantánea, una armonía concreta de la totalidad del ser. El ego debe actuar directamente sin distancia entre el movimiento y el ser, en una integración total.
Por ejemplo, el arquero, en el instante último en que su ojo se encuentra con el blanco, está ya enteramente en proyección sobre él: todas las coordenadas espaciotemporales han desaparecido y el ser, la flecha y la diana se concentran y no forman ya sino un todo.
Lo mismo ocurre con un futbolista cuya imagen del cuerpo debe integrar el balón. El futbolista que posee mal su esquema corporal tendrá automáticamente dificultades para situarse respecto de la trayectoria del balón. Es que el objeto-balón permanecerá exterior a la dinámica del esquema corporal, que debería englobar todos los elementos significativos del proyecto. El cuerpo permanece espectador y despliega sus propias dimensiones espacio-tiempo fuera del itinerario de la pelota.
La iluminación del Profesor Tomatis
En su libro La Libération d’Œdipe, el Profesor Tomatis aborda esta cuestión de imagen del cuerpo en materia deportiva y dice en particular:
«Ciertos deportes o ciertas técnicas llegan hasta convertirse en una prolongación del cuerpo, como por ejemplo el tenis, la pelota vasca, el billar. El diálogo entre el cuerpo y la pelota o entre el cuerpo y la bola determina un conocimiento profundizado de la postura, en una perspectiva de aproximación destinada a movilizar la inteligencia con vistas a jugar con un objeto. Se trata de conocer a fondo las propiedades cinéticas de un cuerpo y de explotar todas sus posibilidades, para satisfacer del mejor modo las exigencias de una regla impuesta. Los aprendizajes recurren al genio humano para el establecimiento de las reglas por una parte, y para su observancia por otra, en función de la imagen del cuerpo frente al objeto.»
En una competición deportiva, a tecnicidad e igualdad de forma física, es aquel que respecto del otro posea una mejor imagen del cuerpo —es decir, del campo consciente— quien obtendrá la victoria. Habiendo alcanzado esta cima, será maestro de sus posibilidades de concentración y de autocontrol, que faltarán al adversario.
Se ve así toda la importancia que reviste la imagen del cuerpo en materia deportiva, y la adquisición de esta noción es una de las grandes preocupaciones de todo entrenador deportivo para llegar a hacer obtener a su jugador esta imagen, objeto impalpable del psiquismo.
La experimentación en el INSEP
El descubrimiento de la audio-psico-fonología y el acercamiento a esta ciencia me hicieron comprender inmediatamente el inmenso aporte que esta podía hacer en materia deportiva. Como dirigente de una federación deportiva, me he visto tanto más sensibilizado a este asunto cuanto que conocía los problemas que teníamos en el ámbito de la psicología deportiva de nuestros atletas y las dificultades con las que tropezábamos para intentar resolverlos. Supe que cabía, gracias a estas nuevas técnicas, llegar por una parte a medir en un deportista el grado de dominio de todas sus coordinaciones y, por otra, a restablecer una homogeneización deficiente con ayuda del Oído Electrónico.
Debo además mencionar que, inmediatamente después de haber adquirido esta convicción, quise aplicar estos nuevos medios para poder medir las reacciones y las mejoras. Pude llevar a cabo esta aplicación con diez atletas de alta competición en el Institut National des Sports de París, bajo el control del Profesor Tomatis. Señalo en seguida que los resultados fueron los que esperaba y se revelaron particularmente espectaculares en algunos. Conocidos estos resultados, la aplicación al deporte de los métodos audio-psico-fonológicos es actualmente estudiada con atención por el Ministerio de Deportes francés; y recientemente, a petición del Delegado del Comité National de la Recherche Scientifique ante la Subsecretaría de Deportes, el Profesor Tomatis acudió al Institut National des Sports a pronunciar una conferencia ante los Directores Nacionales de las diferentes disciplinas deportivas.
¿Cómo se va a proceder para llevar a un deportista a tener una mejor imagen corporal?
Ante todo, vamos a hacer pasar a este último una serie de pruebas que consisten en conocer el grado de control neurónico por intermedio de los tests llamados de «lateralidad».
La lateralidad — una estructura dinámica
Cuando se habla de lateralidad, ello implica la noción de derecha o de izquierda, y es habitual pensar que la noción de lateralidad se detiene en el hecho de que cuando un sujeto escribe o practica un deporte con la mano derecha, es diestro —e inversamente es zurdo. Cabría asimismo pensar que el futbolista que se sirve de su pie derecho para chutar no se sirve de su pie izquierdo. Es un profundo error pues, en este caso preciso, el pie izquierdo tiene tanta importancia, si no más, que el derecho para asegurar el apoyo; y la precisión del chut no puede darse sino si todos los gestos derechos e izquierdos están perfectamente equilibrados y coordinados.
Esta noción de derecha o izquierda que vendría al espíritu nos abandona si miramos evolucionar a un gimnasta en las barras paralelas o en la barra fija. Ya no se detecta ni derecha ni izquierda: todo está integrado y los grandes gimnastas son aquellos en los que todos los movimientos armoniosos se desarrollan sin tropiezo y que poseen una imagen corporal ideal. No existe derecha o izquierda, siendo el individuo una globalidad que actúa en el interior de los fenómenos musculares y sensoriales con una cantidad igual de potencialidad derecha e izquierda.
Conviene saber que de 5 fibras neurológicas que parten del cerebro, 3 son cruzadas y 2 son directas (y viceversa) y que, por otra parte, a nivel de la médula espinal, los fascículos directos son más importantes y más fuertes en intensidad y en dimensión que los fascículos cruzados. Esta difusión parece ser el elemento fundamental para decir que la afirmación «hay una derecha o una izquierda» es un mito: la lateralidad responde de hecho a una estructura enteramente dinámica.
Los dos cerebros de donde parten las fibras neurológicas no tienen la misma función. Siendo el cerebro izquierdo el cerebro activo y el cerebro derecho el controlador, resulta evidente que si se permite al cerebro izquierdo alcanzar una homogeneización o vehicularla, el sujeto se volverá más rápido en sus movimientos, más preciso. En definitiva, obtendrá el dominio más acusado de todo su cuerpo, una perfecta imagen del cuerpo.
La lateralidad perfecta es la llevada al máximo a la derecha. La explicación viene del solo hecho fisiológico de que todos los circuitos neurológicos que van al cerebro son 200 veces más cortos a la derecha que a la izquierda. De ello se sigue que la puesta en armonía de todas las potencialidades de un deportista cuya motricidad se halle a la derecha se efectuará mucho más rápidamente que en un deportista cuya motricidad se halle a la izquierda.
En lo que concierne a este último, lo hiperlateralizaremos asimismo, sabiendo que si su motricidad es izquierda, no es corticalmente diferente y que es el mismo cerebro izquierdo el que debe efectuar el trabajo de control mediante el derecho. Que la motricidad sea derecha o izquierda, es siempre el mismo cerebro izquierdo el que efectuará el trabajo activo. Es actuando sobre este último como vamos a poder obtener una homogeneización perfecta.
De entrada, los tests de lateralidad que vamos a efectuar sobre un sujeto nos indicarán el estado de sus coordinaciones a todos los niveles de la motricidad y de la sensorialidad. En función de la respuesta que estos diferentes tests nos den, podremos comenzar a corregir los puntos defectuosos. Para llegar al objetivo, recurriremos al oído.
El oído, dinamo del córtex
Conviene saber que el oído tiene varias funciones. Una de las más importantes es el hecho de que es el órgano esencial que recarga el cerebro en potencial eléctrico. Actúa como una dinamo. El oído por sí solo puede aportar más del 80 % de la carga cortical y tiene bajo su control, a nivel de la médula espinal, todas las raíces anteriores que corresponden a la emergencia de los nervios que van a todos los músculos. No hay pues un solo músculo del cuerpo que escape al control del oído por intermedio del nervio auditivo.
Se advierte inmediatamente la importancia de tal recarga en materia deportiva cuando se sabe que gracias al Oído Electrónico se podrá condicionar a un sujeto a recibir sonidos de una riqueza armónica muy elevada, lo que llevará a este último a volverse cada vez más dinámico —por tanto, menos fatigable y más resistente al esfuerzo.
Puesto que actuamos en el ámbito del deporte, recordemos que el condicionamiento se efectuará de hecho mediante un fenómeno muscular, ya que el Oído Electrónico va a influir sobre dos músculos: los del martillo y del estribo. Este último es el músculo más pequeño del cuerpo, con una dimensión de 6 mm.
El nervio vago y el miedo escénico
Un punto también muy importante es el hecho de que el tímpano está inervado por un nervio que tiene bajo su tutela toda la vida afectiva y que se denomina nervio neumogástrico o nervio vago. Sabiendo que es el nervio de la angustia y del miedo escénico, cabe medir la importancia que puede tener para un deportista. Es una reacción de este nervio la que puede provocar en todo atleta en competición una contraperformance. Podrían citarse múltiples ejemplos de sujetos que llevan a cabo una performance excepcional fuera de competición y que, enfrentados a adversarios en el marco de un campeonato, no pueden renovar esta performance por el solo hecho de que su emotividad toma la delantera y pierden así todos sus recursos.
Este nervio inerva igualmente la faringe y produce la angina; inerva la laringe motora, la que puede dejarnos sin voz a raíz de una emoción demasiado grande; inerva la laringe sensible, que da la sensación de bola que sube y que baja, manifestando la ansiedad; inerva también el cuello, los bronquios, el corazón y las coronarias, órganos vitales para un deportista. A este nivel, preciso que los electrocardiogramas efectuados por el médico del I.N.S. en los 10 atletas que realizaban la cura bajo Oído Electrónico permitieron constatar una mejor recuperación cardíaca tras el esfuerzo realizado en competición. Inerva después todas las vísceras hasta el ano.
La importancia de este nervio no puede escapar a nadie, sobre todo si se sabe que si se llega a dominarlo a nivel del tímpano, el sujeto permanecerá siempre tónico en competición sea cual sea lo que esté en juego, y la emotividad no tendrá ya sobre él sino un asidero sin consecuencia.
Recarga cortical, comunicación de equipo y memoria
Por intermedio del oído, las informaciones sónicas que enviamos al cerebro a través del Oído Electrónico permitirán así a todo deportista obtener una recarga del cerebro y, por vía de consecuencia, obtener la elaboración de una lateralidad perfecta, de donde mayores posibilidades psíquicas.
Además, el hecho de haber dado a un deportista más campo consciente le permitirá tener una mejor comunicación con otro, lo que le facilitará su integración en el seno de un equipo. Todos los dirigentes y entrenadores que han de ocuparse de un deporte de grupo conocen las dificultades que encuentran para obtener lo que se denomina «espíritu de equipo». Los fracasos que tienen en este ámbito provienen de que los fenómenos psicosociales que se desarrollan en el interior del grupo a todos los niveles no son interpretados de manera idéntica por todos los participantes. Para lograrlo, es preciso que todos los jugadores de un mismo equipo lleguen a pasar del espacio social individual al espacio social del grupo, que lleguen, de hecho, a obtener lo que se denomina comúnmente la misma longitud de onda.
El Oído Electrónico permitirá obtener esa misma longitud de onda, que se traducirá en una misma curva de escucha. Cada uno, habiendo adquirido un oído más abierto, comprenderá mejor el diálogo del otro, y todos los problemas de comunicaciones interindividuales se verán facilitados.
Por último, entre los aportes que el Oído Electrónico nos brindará, los relativos a la memoria no serán los menores. Por intermedio del nervio derecho, podremos acceder a la parte casi aislada en la que se sitúa la red cerebral donde se halla la sede de la memoria nominativa, desencadenando así fenómenos de memorización mucho más acusados. El sujeto obtendrá, pues, una mejor memoria corporal, que es la memoria cerebral de todos los automatismos deportivos.
Conclusión
En conclusión, podemos afirmar que la experiencia efectuada en el INSEP nos ha aportado la prueba de que el Oído Electrónico puede aportar al deportista una ayuda preponderante que le permite, liberado de todo bloqueo de orden psíquico, progresar mucho más rápidamente. El atleta, habiendo adquirido la plenitud de sus medios, alcanzará así un nivel correspondiente a sus potencialidades.
— Pierre Suire, Administrador de la Association d’Aide Pédagogique d’Amiens, miembro del Comité Directivo de la Fédération Française de Tennis de Table. Conferencia pronunciada en el IVe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, Madrid, mayo de 1974.