El método verbo-tonal: una visión global del habla
Petar Guberina, fundador del método verbo-tonal, propone un enfoque global de la audición, del habla y del lenguaje.
Una visión global y dinámica del acto del habla
Una visión global y dinámica del acto del habla. CLAUDE ROBERGE, UNIVERSIDAD KANTO GAKUEN, TATEBAYASHI, JAPÓN.
De la lectura de los artículos y libros escritos sobre el Método Verbo-tonal (MVT) por el Profesor Petar Guberina se desprende la convicción de que se halla perfectamente vigente en el siglo XXI. ¿Por qué? Porque su instigador ha proseguido, a lo largo de toda su carrera, la indagación de los factores más capaces de influir en el cerebro humano durante el aprendizaje de las lenguas, ya sea materna o extranjera. Son los mismos problemas que los hombres tuvieron que afrontar hace 50 o 500 años, en tiempos de Aristóteles y de Platón, los mismos que se plantean en nuestros días y los mismos que, sin sombra de duda, se plantearán en el siglo venidero.
Si se tratase del adiestramiento de ratones, monos o palomas, los factores a los que recurrir se presentarían bajo un ángulo distinto, pero el objetivo primero del Método Verbo-tonal apunta al hombre: el hombre que, en ciertos momentos, aprende su lengua materna, en otros una lengua extranjera; que en ciertos momentos no logra pronunciar la /y/ francesa o la /θ/ inglesa, padece una sordera o una afasia, o algún retraso del lenguaje. Cabe sin duda prever para el nuevo siglo el descubrimiento y la comercialización de aparatos cada vez más sofisticados, resultados de investigaciones cada vez más precisos, pero el cerebro humano
permanecerá tal como lo conocemos hoy y no se dejará fácilmente destronar de su pedestal. Es siempre el mismo cerebro el que, fiel a sí mismo, se comporta de modo consecuente y mejora su comportamiento con ocasión de cada una de sus integraciones sucesivas. Pertenezca a un asiático o a un europeo, a un miembro de una tribu aún no influida por la cultura euroamericana o a un individuo que vive en una de nuestras ciudades más modernas, reacciona siempre a las mismas leyes y de modo idéntico.
Por eso una persona que haya asimilado los principios de este método podrá pasar sin mayor dificultad de la rehabilitación de la tartamudez a la de la afasia y viceversa. No conviene olvidar, por otra parte, que esta pretensión se halla ya implícita en la abreviatura «SUVAG», donde S significa «Sistema», U significa «universal» — universalidad tanto en la teoría como en la aplicación —, V remplaza a «Verbo-tonal» y AG a «de Audición Guberina». La verbo-tonal no es, pues, un sistema en el sentido ordinario del término: aporte de una solución más o menos afortunada a problemas concretos y amenazado sin cesar de ser sustituido por otro más eficaz.
Lo que la salva de este peligro es que se presenta como un modo global y estructurado de concebir la audición y el cerebro en su funcionamiento; en suma, como un sistema. Al decir esto no pretendo en absoluto que tal rehabilitador o profesor deba dejar de instruirse en cuanto domine el oficio de la integración. Entre todos estos ámbitos, alguien ha escrito que no se trataba de una cuestión de especialización, sino de una simple cuestión de grado: «Al comienzo de mi enseñanza del inglés a francófonos, tenía la impresión de hallarme entre sordos y trabajaba como con sordos.
He comprobado que entre estos adultos y los verdaderos sordos solo había una diferencia de grado». Un sujeto normal, ¿no es sordo ante una lengua extranjera? ¿No es tartamudo? ¿No es afásico? En una de sus conferencias, el Profesor Guberina relata que, habiendo comprobado que el adulto que oye normalmente y ha desarrollado su cerebro gracias a su lengua materna oye una lengua extranjera no por el oído sino por el cerebro, le surgió la idea de rehabilitar al niño sordo profundo no por el oído sino por el cerebro, donde todo se asienta en el rit-
mo, la entonación, la tensión. A este propósito, escribe en algún lugar que el cerebro «se comporta a menudo por analogía» o que «al menos podemos explicarnos ciertas funciones del cerebro por analogía». A fin de avanzar mejor en el ámbito de un sistema universal, diría — y cuántas veces lo he comprobado por experiencia — que es necesario doblar la teoría con la experiencia, y la experiencia con la teoría; un vaivén continuo se revela imprescindible entre ambas.
No basta, pues, con leer libros o artículos sobre este método para hacerlo propio; es igualmente necesario observarlo en su aplicación y, sobre todo, someterse uno mismo a la prueba y al fuego de la práctica para apreciar su eficacia y su fundamento. Diría más: los principios de este sistema conciernen no solo a distintos campos de aplicación, sino que siguen inspirando en cada etapa sus progresos y sus tanteos.
Por ejemplo, el tándem «ritmo-entonación», tantas veces presentado en los escritos del Profesor Guberina, conserva toda su vigencia tanto en el nivel principiante como en el avanzado, lo mismo en el aprendizaje de una situación de presentación que en el de una situación en la que se entablara, por ejemplo, un debate filosófico. Esto me hace pensar en el cubo de Rubik, cuya organización cambia a medida que las partes se mueven, pero que conserva cierto equilibrio de fuerzas.
Tal es, en efecto, una de las características del Método Verbo-tonal: no cerrar ni encerrar nunca el aprendizaje, no acumular nunca ladrillos o piedras unos sobre otros, sino desarrollarse desde el interior y dejar siempre una puerta de salida hacia desarrollos ulteriores. En cada ocasión es toda la lengua la que queda puesta en cuestión; todo es estructurado y todo es estructurante, entiéndase, global. En esta misma perspectiva, no existe propiamente hablando una metodología de la enseñanza o del aprendizaje propia de cada lengua.
Todas las lenguas humanas se aprenden de la misma manera: los elementos óptimos de audición, de integración de una lengua son los mismos que los de otra lengua. No existe, pues, una psicolingüística propia del inglés diferente de una psicolingüística del alemán. La manera de percibir e integrar las lenguas, las dificultades, los medios para superarlas, no varían.
A fin de presentar mejor el MVT, quisiera compararlo con escritos surgidos de la ciencia fonética moderna. No para criticar a estos últimos, sino más bien con el propósito de poner mejor de manifiesto las principales características que constituyen la originalidad de este método. Por lo demás, Dios sabe cuánto el propio Profesor Guberina se ha mostrado siempre benévolo y respetuoso con los fonetistas y sus teorías, y se ha abstenido siempre de criticarlos, ya sea en sus escritos, ya sea en sus conferencias. Como subrayé más arriba, este método está especialmente concebido y equipado para trabajar sobre el cerebro.
Aun cuando la periferia esté discapacitada, bloqueada, traumatizada, en el supuesto de que el cerebro central conserve posibilidades de funcionamiento, siempre cabe esperar resultados tangibles en terapia o en entrenamiento de las lenguas, a condición de tener en cuenta la globalidad. Si, para satisfacer las exigencias de la corrección o del entrenamiento, un fonema debe ser sacado de su contexto de origen, se recomienda devolverlo a él y ejercitarlo en él una vez corregido.
En la enseñanza se exige recurrir a todos los factores que intervienen en el acto del habla: medios tanto lexicológicos como no lexicológicos, situación y contexto, ritmo-entonación pero también gramática. Remito al lector al esquema que figura más abajo. (Esquema 1) La globalidad interviene asimismo en los juicios que han de emitirse sobre una realización del aprendiz, los cuales implican un margen de tolerancia. Consideraremos aceptables frases que, sin ser perfectas, ofrecen la esperanza de un desarrollo ulterior. Es decir, nuestras preferencias se inclinarán hacia los elementos susceptibles de desarrollarse ulteriormente antes que hacia un éxito inmediato pero sin consecuencias.
La misma idea de estructuración se ha aplicado a los errores o a las sustituciones fonéticas. Implica que se prestará menos atención a los errores individuales tomados uno a uno que al sistema entero que los sustenta y los explica. Tal actitud simplifica la explicación que ha de ofrecerse, reduce los objetivos a perseguir a la larga y se revela en definitiva mucho más eficaz.