La Música y el niño
La Música y el niño — 1er Simposio Regional de la Música, Pierrelatte (mayo de 1972)
Comunicación del profesor Alfred Tomatis al 1er Simposio Regional de la Música celebrado en Pierrelatte del 11 al 14 de mayo de 1972, presentada por Madame Marie-Louise Aucher, fundadora de la Psicofonía. En Pierrelatte, Tomatis expone, ante un parterre de músicos y educadores, su concepción de la música como modo mayor de la educación corporal y lingüística del niño —desde la comunicación intrauterina con la voz de la madre hasta el aprendizaje escolar de la lectura, la escritura y las lenguas extranjeras. Un alegato a favor de la reintegración intensiva de la música y el canto en los jardines de infancia, la escuela maternal y la enseñanza primaria.
La Música y el niño
Comunicación del profesor A. TOMATIS al 1er Simposio Regional de la Música
Pierrelatte, 11 al 14 de mayo de 1972
Presentación de la ponencia del Pr. Tomatis por Madame Marie-Louise Aucher.
Presentación por Madame Marie-Louise Aucher
Madame Aucher recuerda en primer lugar los trabajos de Alfred Tomatis desde 1947 sobre las relaciones entre la audición y la emisión vocal, su tesis sobre la Sordera Profesional (Lallema y Maduro, 1952), y luego la formalización por Raoul Husson, en 1957, bajo el nombre de «efecto Tomatis», de las contrarreacciones audio-fonatorias que Tomatis había aislado.
Evoca la puesta a punto progresiva del Oído Electrónico, aparato capaz de modificar a voluntad la manera de oír del sujeto por filtrado, por conmutación entre canales, y por retorno auditivo sobre la emisión vocal; y el descubrimiento de que esta contrarreacción actúa tanto sobre la voz hablada y cantada como sobre la postura, el control motor y el aprendizaje de las lenguas extranjeras.
Subraya, por último, la importancia de los sonidos filtrados y de la voz de la madre tal como la oye el feto en el líquido amniótico —piedra angular de la pedagogía audio-vocal desarrollada por Tomatis— e introduce el proyecto de un Congreso Internacional cuya idea ha sido lanzada por M. Guibert, y cuyo tema es precisamente Música y el Niño.
Ponencia del profesor Tomatis
I. — La música, modo mayor de la educación corporal
La música constituye, a mi entender, el modo mayor de la educación corporal. Integra a la vez los ritmos y el tiempo, y todo lo que atañe a la verticalidad, al espacio, a la organización postural del ser humano. Sobre este doble terreno —temporal y espacial— se arraigan las primeras estructuras de la motricidad, de la sensibilidad y, en última instancia, del lenguaje.
II. — El aire ambiente vivo: sonidos de carga y sonidos de descarga
El aire que nos rodea no es solamente el vehículo mecánico de las ondas sonoras: es un medio vivo, con el que nuestro cuerpo entero se halla en relación permanente. Los sonidos que en él captamos se reparten, según su efecto sobre el organismo, en sonidos «de carga», que recargan al ser en energía, y sonidos «de descarga», que, por el contrario, la consumen.
La música penetra al niño no solamente por el oído, en el sentido restringido en que este término designa únicamente el nervio auditivo, sino por la piel entera. El cuerpo es un receptor sónico global, y es todo el cuerpo el que se educa mediante la música.
III. — Las dos funciones del oído
El oído desempeña dos grandes funciones, que conviene distinguir. La primera es la función de equilibrio, asegurada por el vestíbulo y la fibra vestibular del nervio auditivo. La segunda, menos reconocida, es la función de recarga cortical: los estímulos sonoros recogidos por el nervio coclear alimentan en energía el córtex cerebral y mantienen el estado de vigilia.
Pero el oído no es un órgano pasivo. Se abre y se cierra según los estados anímicos del sujeto; escucha, y puede también rechazar escuchar. Y es mucho más que un simple nervio auditivo: constituye, con sus extensiones vestibulares, cocleares y cutáneas, un verdadero centro de tratamiento global de la información sonora.
IV. — Los tres pilares del ser humano
Tres pilares principales sostienen la estructura humana:
El primero es el nervio neumogástrico (Vago, X par craneal), que inerva la membrana timpánica. Este nervio es asimétrico, y de esta asimetría procede en gran parte la lateralidad.
El segundo es el nervio auditivo tomado en su totalidad, y en particular en el plano cócleo-vestibular. Por la fibra vestibular, asegura el equilibrio y, en el hombre, la verticalidad. Todas las raíces anteriores de la médula se benefician de una intervención del nervio auditivo, de suerte que en el ámbito gestual ni una postura escapa a su control. Se comprende así mejor el aporte del sonido en el plano de la motricidad y de la plasticidad corporal.
El nervio coclear asegura una gran parte de la recarga cortical gracias a los estímulos que recoge en el órgano de Corti en su parte más rica en células. Recordemos que la distribución de las células de Corti sobre la membrana basilar no se realiza de modo homogéneo: escasas en la zona de los sonidos graves, las células se vuelven muy numerosas en la zona de los agudos. Por eso los sonidos graves arrastran al cuerpo sin recargarlo, mientras que los sonidos agudos lo dinamizan al tiempo que le aseguran energía.
El tercer pilar de esta estructura humana es la piel, que la organización cócleo-vestibular mantiene bajo su férula. Es sobre todo sono-sensible en la cara anterior del rostro, del tronco, del vientre, en la cara interna de los brazos, los antebrazos, las manos y las piernas.
V. — Lateralidad, circuito derecho, circuito izquierdo
Los dos oídos, y más allá los dos hemisferios, no tienen ya las mismas funciones, ni las mismas atribuciones, traduciendo así actividades diferentes sobre las dos áreas corticales, derecha e izquierda.
Habrá un circuito derecho, corto, y un circuito izquierdo, largo, gracias a los cuales se vuelve posible la distribución espacial de los sonidos —como lo representan, por lo demás, los instrumentos de música: los sonidos graves (de grandes longitudes de onda) a la izquierda, y los sonidos agudos (de longitudes de onda más cortas) a la derecha. De igual modo, hallaremos en la expresión humana una voz derecha y una voz izquierda. La que utilice el circuito derecho será modulada, timbrada, viva, mientras que la que tome el camino izquierdo será sorda, blanca y sin vida.
VI. — La elección de las músicas
La elección de las músicas que se han de proponer es a la vez simple y compleja. Las más adaptadas, las más enriquecedoras, son aquellas que recargan al individuo en energía, como pueden ser los sonidos sagrados, que aseguran al mismo tiempo la postura y la carga cortical máxima.
Mozart sigue siendo, nos parece, el gran elegido entre los músicos capaces de despertar esta dinamización. Estimula nuestras jóvenes codificaciones neurónicas mediante sonidos que evocan la riqueza armónica de la audición del niño, antes de que intervenga la saturación por las huellas de la existencia. Las obras de este compositor han sido elegidas por nosotros entre tantas otras a causa de los resultados excepcionales obtenidos en nuestros trabajos sobre los «sonidos filtrados».
En el seno de nuestras técnicas de educación audio-vocal bajo Oído Electrónico, utilizamos permanentemente la música filtrada a partir de las obras de Mozart, Vivaldi, etc. Al intervenir así sobre los sistemas simpático y parasimpático, obtenemos una regulación de las funciones psicosensoriales y psicomotoras. Un gran número de niños inadaptados han podido ser tratados con éxito. Los trastornos témporo-espaciales, los trastornos caracteriales, la inestabilidad, la agresividad, la angustia desaparecen bajo el efecto de este entrenamiento sonoro.
VII. — Reminiscencia de la relación intrauterina
Pero antes de realizar esta educación por la música, procedemos las más de las veces a la reminiscencia de la primera relación, la de antes del nacimiento, haciendo oír al niño la voz de su madre tal como la oía cuando era feto. Esta escucha intrauterina, nacida de una comunicación de continente a contenido, de carne a carne, de campo humano a campo humano, es sin duda el motor primero y esencial de la evolución lingüística ulterior. Resulta, a la luz de los resultados obtenidos en el curso de estos últimos años, que no hay verdadero lenguaje si este primer soporte no está constituido.
El útero, universo esencial del embrión y luego del feto, es el receptáculo de los ruidos circundantes que van a reflejar toda la vida orgánica, visceral y emotiva de la madre. Todo traduce sónicamente la vida que se transmite por las capas líquidas al feto en potencia de humano. Además de los ruidos insólitos de los trastornos digestivos, los ritmos acompasados del tic-tac cardíaco, el flujo y reflujo respiratorio, se manifiestan las modulaciones de la voz de la madre. Al hallar así de nuevo su envoltura primera, su vida primordial, el niño recomienza, a partir de esta relación inicial, su recorrido, que ha de conducirlo hacia su devenir humano, a través de un lenguaje bien estructurado.
Cuando el niño ha abandonado su vida uterina, cuando ha revivido su nacimiento gracias a un parto sónico que modifica la impedancia acústica y hace pasar al niño de una audición acuática a una audición aérea, comenzamos entonces la preparación al lenguaje imprimiendo las neuronas con ayuda de modulaciones musicales y de cantos infantiles.
VIII. — «El hombre cantó antes de hablar»
No sé quién dijo de manera tan pertinente: «El hombre cantó antes de hablar». El niño conoce admirablemente esta marcha intermedia y siente, en lo más profundo de sí mismo, esa necesidad de cantar antes de abordar el lenguaje de los mayores. Liberado de su vida uterina, nacido al mundo de la comunicación, acepta con una alegría inefable los cantos infantiles, las nanas, los versos de corro.
Por eso me parece absolutamente indispensable reintegrar en la pedagogía, en particular en el nivel del jardín de infancia, de la escuela maternal y de la enseñanza primaria, un programa intenso que haga intervenir la música y el canto.
El niño debería aprender a leer, a escribir, a abordar una lengua extranjera cantando. Es, me parece, el mejor medio de preparar los circuitos neurónicos para recibir el lenguaje y, a través de él, el conocimiento.
IX. — Conclusión
Queda, ciertamente, mucho por hacer en este ámbito, y la investigación permanece ampliamente abierta. Debe, a mi juicio, inspirarse en las grandes leyes del universo al que pertenecemos. ¿Hay que recordar que los Antiguos, y en particular los Egipcios, eran tan adaptados, tan sensibilizados —al menos los iniciados— a la armonía del universo, que todos sus gestos y todas sus posturas eran su esencial traducción?
La música y el cuerpo humano deben permanecer en perpetua armonía a fin de que el cuerpo del hombre se vuelva un perfecto instrumento del pensamiento a través del lenguaje.
Pierrelatte
Fuente: Tomatis A., «La Musique et l’enfant», comunicación al 1er Simposio Regional de la Música, Pierrelatte, 11 al 14 de mayo de 1972, presentación por Mme Marie-Louise Aucher. Tirada aparte de 12 páginas (paginación 266-277). Documento digitalizado proveniente de los archivos personales de Alfred Tomatis.