Respuesta de Alfred A. Tomatis a una pregunta planteada durante el Foro, París 1994. En dos páginas, el autor explica por qué su método y su Oído Electrónico funcionan en analógico y no en digital: el sistema nervioso humano —autopista de la información forjada por la evolución— opera él mismo en modo analógico, y la recarga cortical buscada por la cura exige que ningún átomo de la cadena de transmisión sonora se halle en ruptura con ese ritmo. Tomatis cita en apoyo de su tesis experimentos japoneses que muestran que las proyecciones sobre el córtex difieren según que los sonidos captados sean de origen analógico o digital.

Alfred A. TOMATIS
Foro, París 1994

Digital o analógico

Pregunta

¿Por qué preconiza usted, en el marco de la aplicación de su método, el uso del sistema analógico en lugar del sistema digital?

Respuesta de Alfred A. Tomatis

La aparición, hace algunos años, del sonido digital en el mundo moderno no ha dejado de suscitar múltiples preguntas entre los profesionales que aplican mi método. Lo comprendo perfectamente y debo precisarles lo que ya les he dicho en varias ocasiones. Queda por saber, en efecto, cuál es el impacto de tal producto cuando se inserta en nuestro campo —la audio-psico-fonología— y si es utilizable o, al menos, compatible con nuestro género de actividad.

Es ahí donde se sitúa exactamente el punto real y crucial de nuestro debate. Se trata de demostrar cuáles son los efectos de captar y transmitir el material sonoro sobre el sistema nervioso, pues es justamente a ese nivel donde se opera desde el instante en que se habla de sonidos. En efecto, se comprende que disponer de un procedimiento jamás igualado en el plano tecnológico, de tan alto nivel, exige verdaderamente que se aborde con seriedad esta investigación. Todo ello nos lleva a establecer las diferencias fundamentales que existen entre los efectos neurofisiológicos de los sonidos emitidos por uno y otro sistema. Sus actividades, a nivel cerebral, son diferentes. Es por ello necesario buscar por qué, desde el punto de vista de la recarga cortical, los procesos divergen.

Experimentos realizados en algunos laboratorios, en particular en Japón, han demostrado que las proyecciones sobre el córtex no presentaban la misma configuración. Las efectuadas por la audición de sonidos analógicos eran más extensas sobre el mapa cerebral que las provenientes de la audición de sonidos digitales. Resulta pues necesario estudiar en profundidad los efectos provocados por estas dos formas de emisión sonora. El cerebro las recibe de manera muy diferente. Por su estructura, es un sistema analógico. El sistema nervioso humano posee una especificidad que hace de él un medio de comunicación, una autopista de la información cuyo sistema de transmisión tiene características bien determinadas. Funciona bajo una forma analógica que las leyes de la evolución han forjado desde la noche de los tiempos.

Conocemos el modo de acción de lo digital, que opera sobre el sistema nervioso y, en particular, sobre el aparato cócleo-vestibular. Asimismo, no ignoramos cuáles son los perjuicios que pueden sobrevenir a nivel cardíaco, ni los que llegan a poner en cuestión los mecanismos íntimos de la memoria. Conviene impregnarse de la idea de que el cerebro es literalmente captado en su globalidad. Opera, en efecto, verdaderamente en su totalidad. No habrá un solo de sus átomos que no sea puesto a contribución. Hay que precisar igualmente que el sonido natural de una voz o el de una orquesta es captado por uno o varios micrófonos. Estos son siempre captores analógicos. El papel desempeñado por el micrófono es, en efecto, el de una suerte de transformador que convierte el sonido natural percibido a través del aire en una señal eléctrica proporcional al sonido percibido. Esta transformación es de tipo analógico. A un sonido fuerte percibido corresponde una señal eléctrica fuerte. Esta es a continuación procesada electrónicamente.

El Oído Electrónico que utilizamos en el marco de la Audio-Psico-Fonología es un aparato de tratamiento analógico. Este aparato responde a ciertos datos del funcionamiento del oído humano en sus mecanismos de escucha. Está adaptado a la transmisión del sonido hacia el córtex y luego a todo el cuerpo por intermedio de ciertas redes que he denominado los «integradores». Este conjunto funciona sobre un ritmo analógico, que corresponde a las respuestas neurofisiológicas del organismo humano. Hay que saber, por tanto, que en el marco de nuestra acción terapéutica solo puede utilizarse un conjunto de aparatos (oídos electrónicos, cascos, micrófonos, etc.) que funcionen en modo analógico. Y ello con el fin de asegurar una recarga cortical máxima.

En el plano terapéutico, es necesario tener en cuenta las exigencias del sistema nervioso humano, que, por su parte, no ha seguido los mismos procesos de progresión que la tecnología actual. El cerebro debe ser tomado como una gigantesca red cuyo fin es reunir el conjunto de las células para que actúen al unísono, en función, naturalmente, de sus propias atribuciones, que las individualizan en el seno de un programa funcional.

De ello se sigue que el empleo del sonido digital, en el marco de nuestra acción terapéutica, bajo Oído Electrónico, no puede contemplarse en la hora actual.


Fuente: Alfred A. Tomatis, «Numérique ou analogique», Foro, París 1994 (dos páginas mecanografiadas). Documento digitalizado proveniente de los archivos personales de Christophe Besson.