Los aspectos multidisciplinares de la Audio-Psico-Fonología
Comunicación presentada en el V Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología*,* Toronto, 1978*, por* Léna A. Tomatis*.*
Querer abordar la audio-psico-fonología en su aspecto multidisciplinar es incontestablemente correr un riesgo: el de ver desaparecer la noción de unicidad a medida que van perfilándose los numerosos ámbitos a los que la audio-psico-fonología pertenece, en los que penetra, con los que cohabita. No es excesivo decir que parece interesarse por todo, y que interesa a todo el mundo. Se llega incluso a decir en los pasillos que lo toca todo, que lo cura todo. No pienso que deba considerarse como una panacea — pero puedo afirmar sin embargo que está presente en muchos lugares donde no se la esperaba.
¿Por qué pues se asombra uno de reencontrarla en la escuela, en familia, en el despacho del psicólogo, en el consultorio del psiquiatra o del psicoanalista, en el Conservatorio de música y de canto, en los bancos del laboratorio de lenguas, junto al logopeda, en la sala de trabajo del kinesiterapeuta? ¿Por qué nos sorprende oír decir que con el Oído Electrónico se puede tratar tan bien la dislexia como la depresión nerviosa, los retrasos psicomotores, las deficiencias vocales, la tartamudez, el autismo, las dificultades de integración de las lenguas extranjeras?
¿Por qué pues —al tocar el oído, o más bien la escucha, puesto que de eso se trata— puede esperarse penetrar en ámbitos tan vastos y tan variados? ¿Por qué aceptar, siguiendo a Tomatis, hacerlo todo pasar por el agujero del oído, para emplear su expresión favorita? ¿Por qué aceptar de un solo golpe sus salidas que proclaman que se habla, se dice, se canta, se baila con el oído; que uno se verticaliza, se dinamiza, se lateraliza, gracias al oído?
Aprecio cada día este dicho repetido a menudo por mi esposo: «Nada es tan multidimensional como la unidad.» Quizá la audio-psico-fonología se aproxime, en su tríptico, a un tri-uno, a una unidad de cierto nivel — allí mismo donde la visión global es más fácil, donde las imbricaciones interdisciplinares se vuelven la evidencia; allí mismo donde los compartimentos desaparecen en beneficio de las fusiones; allí mismo donde ya no hay fronteras.
Una ciencia, una metodología, una filosofía
La APP es una ciencia y no una simple técnica, como algunos creen. Es una ciencia humana y no una ciencia médica, como gusta a algunos pensar. Es una ciencia de la que se desprenden una metodología y una filosofía. De estas dos entidades, un acercamiento a la vez muy elaborado y muy simple va a permitir aprehender, con medios hasta ahora inusitados, los mecanismos profundos atinentes a los fenómenos de la comunicación del ser con su entorno —en el seno materno ante todo (puesto que opera desde la emergencia del embrión en la noche uterina), hasta el nacimiento y los primeros meses de la vida; después, ampliándose el horizonte, en la relación con el padre, luego la escuela y por último en el seno de la sociedad a la que ese ser debe integrarse.
La metodología procede de una larga experiencia que, a lo largo de los años, ha permitido sentar las bases de una disciplina y consolidar el esquema propuesto. La filosofía que de ella emana nos conduce por una vía que nos devuelve a los conceptos más auténticos que hacen del hombre el objeto mismo del lenguaje, llamado por él — como si este último quisiera manifestarse en una dinámica informacional que responde a un deseo ontológico de una existencia comunitaria.
Cada especialista concernido por este nuevo acercamiento no debe sentir en él a una competidora peligrosa, ni preguntarse, como hemos oído decir a menudo: «Pero entonces, ¿qué voy a ser yo?» Debe saber acogerlo como un elemento de explicación frente a los problemas considerados hasta entonces como insolubles, acogerlo como un elemento de activación respecto a su propia disciplina.
El efecto Tomatis: audición y fonación
El primer elemento a considerar es, sin duda, la relación íntima que existe entre la audición y la fonación. Este hecho, ya bien conocido bajo el nombre de Efecto Tomatis, es la base misma de las técnicas audio-psico-fonológicas: «Todo cambio impuesto en el aporte auditivo desencadena una estructura diferente del aporte bucofaringolaríngeo.»
Tal mecanismo permitirá comprender fácilmente cómo, al tocar la manera de oír y de escuchar de un sujeto, se puede obtener una modificación de su voz, de su fonación, de su articulación, de su lenguaje. Nada de sorprendente, pues, en ver al Oído Electrónico —aparato capaz de operar estas modificaciones audio-vocales— venir en ayuda del pedagogo, del logopeda, del profesor de canto. Nada de sorprendente en verlo instalado en el seno mismo del laboratorio de lenguas y de la sala de expresión.
En la escuela: de primaria al laboratorio de lenguas
En la escuela, la maestra de infantil o de enseñanza primaria lo utilizará para los niños que presentan algunas dificultades en el nivel del lenguaje oral o del lenguaje escrito. Voz agravada, retraso de expresión, trastornos articulatorios, confusiones de sonidos se resolverán rápidamente, permitiendo así al maestro tener a su disposición oídos atentos, porque se han liberado de los hándicaps que amenazaban con instalarse más profundamente.
Es el profesor de lenguas quien intervendrá a continuación, durante los estudios secundarios, para dar a sus alumnos el oído inglés, o el oído francés, o el oído alemán — en suma, el oído étnico necesario para la obtención de un buen acento y de una integración correcta de la lengua a estudiar.
El logopeda, a su vez, encontrará en el Oído Electrónico un medio de ayuda eficaz para acelerar las operaciones de aperturas fonéticas y lingüísticas, mediante un mejor análisis de los sonidos, una mejor integración de los fonemas, una mejor escucha en suma.
El aprendizaje visual pasa por el oído
¿Cómo puede concebirse, en efecto, que un aprendizaje que todo anuncia esencialmente visual —la lectura— sea tan específicamente corregido por el oído? Apelaremos aún al sistema nervioso y a sus numerosas conexiones que lo convierten en un aparato de integración de excepcional calidad.
El aparato visual —que sabe poner a su disposición el haz de los nervios oculares (III, IV y VI pares)— se halla bajo el control del VIII par vestibular. Existe así una interacción que hace que una letra proyectada sea un sonido traducido gráficamente (por tanto ocularmente) bajo el control del vestíbulo, mientras que una letra transpuesta en su realidad verbal solo puede lograrlo por la superposición sónica coclear, hecha posible por el enclavamiento vestibular letra tras letra, sonido por sonido.
Por el juego de las acciones balanceadas y armonizadas que se instala entre los dos elementos del laberinto auditivo —el vestíbulo por una parte y la cóclea por otra— es todo el cuerpo el que se halla implicado. El vestíbulo tiene una relación más íntima con la parte espinal, bulbar, póntica y cerebelosa, mientras que a la cóclea se le atribuye un territorio más específicamente cortical sobre el área temporal.
En el Conservatorio de música y de canto
Es a la música y al canto a lo que mi esposo debe sus primeras experimentaciones. Habiendo sido sumergido durante toda su infancia en un baño de música, ha reencontrado muy naturalmente en su consultorio de otorrinolaringólogo las grandes voces amigas de su padre, él mismo gran artista lírico profesional. Y así ha podido llevar a buen término numerosas experiencias que le han permitido educar y reeducar, con la ayuda del Oído Electrónico, las voces perdidas, deterioradas, alteradas.
Para pasar de la voz cantada a la voz hablada, no había sino un paso que dar. Fue franqueado con ocasión de la reeducación de un actor de renombre que quiso someterse a una experiencia tendente no solo a modificar su manera de oír, sino también a suprimir su control por el oído derecho. Se volvió tartamudo —momentáneamente, tranquilícense— para gran asombro de los asistentes y sobre todo para gran alegría de mi esposo, que veía así confirmadas las hipótesis que había emitido en torno al oído director.
La escucha intrauterina: en el psicólogo, el psicoanalista y el psiquiatra
El feto oye. Este hecho ya no está por probar. Oye la vida interior de su madre y, en particular, su voz. Mantiene con ella un diálogo que permanecerá ulteriormente como la base misma de su relación con el otro. Al reconstituir esta vida sónica, al realizar este retorno a las fuentes, al reactivar esta vivencia memorizada, la audio-psico-fonología permite dar o devolver al ser humano el deseo de comunicar — ese deseo nacido del diálogo uterino y a menudo interrumpido en su curso por las vicisitudes de la existencia.
Los sonidos filtrados —es decir, los sonidos que reproducen la vida sónica fetal— se revelan ser una ayuda particularmente preciosa para el psicoterapeuta, en particular cuando se trata de enuclear en cierto modo un pasado que parece no poder extirparse, hasta tal punto parece afectiva, y a menudo dolorosamente, enterrado.
A veces incluso —y el analista lo vive cotidianamente— la revivencia conscientemente evocada de una situación conflictiva no entraña obligatoriamente su resolución, y no excluye la posibilidad de una exacerbación de consecuencias enojosas. En el curso de la cura en sonidos filtrados, se asiste a un verdadero análisis sensorial en lo más profundo de una vivencia en la que se superponen todas las memorizaciones de una vivencia celularmente engramada pero aún no integrada corticalmente.
Los sonidos filtrados excluyen los ruidos memorizados de la vida íntima de la madre (corazón, pulmones, borborigmos intestinales, digestivos). Eliminan también el lenguaje visto en el plano del desarrollo semántico, para recoger en suma solo esta voz, esta voz materna, tan rica aún en valor semiológico. En estado puro, el resultado de este filtrado conduce a un reconocimiento de un sonido sin soporte memorizado, peligrosamente integrado.
Desde el momento en que el área frontal anterior es alcanzada, aparece la motivación que cambia toda la dinámica de la terapia. Bastará con acceder a la demanda del paciente cada vez más participante, en lugar de proponerle una ayuda que abordaría sobre el modo de la aquiescencia pasiva sostenido por el encadenamiento transferencial — cuyo delicado manejo se conoce. El sujeto se hace cargo de sí mismo tanto más rápidamente cuanto que su postura de despertar es efectiva.
Una lengua extranjera como una lengua materna
En lo que concierne al profesor de lenguas, los sonidos filtrados a partir de la lengua a estudiar y los partos sónicos en esa misma lengua, reproduciendo así los procesos de integración de una lengua materna, permitirán abrir el oído y el psiquismo a este nuevo universo lingüístico: entonación, estructura, ritmo se pondrán así en marcha para recibir los fonemas específicos de la lengua, y para sostener la dinámica verbal que desembocará muy naturalmente en una semántica perfectamente incorporeizada.
Esta primera iniciativa en sonidos filtrados durante el aprendizaje de una lengua permite igualmente borrar los bloqueos de orden psicológico, las resistencias, las inhibiciones que aparecen a menudo con ocasión de la entrada en otro proceso semiológico. La lingüística aplicada parece, pues, poder beneficiarse de esta psicogénesis del lenguaje que, desde la vida intrauterina, instala las estructuras de base necesarias para la integración étnica.
El nervio vago: la angustia y la medicina psicosomática
El nervio neumogástrico es, podría decirse —en función de las zonas que inerva— el nervio de la angustia. De esa angustia visceralmente integrada al nivel mismo de los órganos, tan implicados en toda la vida afectiva.
Estos mismos órganos son igualmente impresionados durante las situaciones conflictivas y en determinadas condiciones estresantes, por la riqueza exuberante de la inervación simpática neurovegetativa. Es frente a esta última red donde el nervio vagal opera, e integra por ello —como derivándose de un verdadero diálogo— las improntas portadoras de ansiedad, cuya carga excesiva destruye, por parálisis o hiperactivación, el armonioso funcionamiento de este nervio a la vez motor, sensible y neurovegetativo.
Así, según el sujeto pueda ponerse a la escucha del mundo que lo rodea, o prefiera dialogar con su propio cuerpo —responder a sus resonancias egóticas—, el X par será más o menos yugulado en el nivel de la tensión timpánica. Por esta incidencia neurológica, modificada por las curas bajo Oído Electrónico, la audio-psico-fonología interesa muy particularmente a la medicina psicosomática.
Las tres funciones del oído
1. La función de carga
La primera aparecida en el plano filogenético, asegura al córtex la energía que necesita para activar el organismo entero. Esta energía es igualmente necesaria para alimentar el pensamiento, la reflexión, la creatividad. Y es al oído en gran parte a quien revierte la misión de asegurar esta energetización — en el nivel del vestíbulo por una parte, y de la cóclea por otra, en particular en la zona donde los relés ciliados son más numerosos, es decir, allí donde se proyectan los sonidos agudos. Este hecho nos explicará por qué las teorías Tomatis se atan tanto al valor dinamizante de las frecuencias elevadas.
2. La función de equilibrio
Interesa muy particularmente a la parte vestibular del oído. Jugará un papel importante en la puesta en marcha de la verticalidad, tan necesaria a la integración lingüística. Pero quien dice verticalidad postural dice lucha antigravitatoria, dice también cinética y por último armonización del tono corporal muscular.
3. La función de audición y de escucha
Aquella que mejor se conoce —o al menos que se cree conocer— asegura la percepción del mundo sonoro, desde el análisis del universo acústico más banal hasta el descifrado del lenguaje más elaborado.
Kinesiterapia, psicomotricidad, deporte
La rama vestibular del nervio auditivo tiene bajo su control la inervación de las raíces anteriores de la médula; y por consiguiente, toda la motricidad se beneficia de su intervención. Rige el tono y la distribución armoniosa de las tensiones necesarias para los reflejos posturales; a partir de estas conexiones, la cinética está también asegurada, controlada en el menor detalle.
Es, pues, jugando con este nervio vestibular mediante sonidos apropiados y por medio de un entrenamiento de la musculatura auditiva bajo Oído Electrónico, como el especialista podrá actuar sobre el cuerpo del niño o del adulto con hándicap. Fenómenos de distensión, de relajación muscular debidos a una distribución armoniosa de las tensiones y a un reequilibrio de la postura, serán entonces registrados para hacer frente a los procesos espásticos tan a menudo encontrados.
En psicomotricidad, la puesta en marcha del esquema corporal —principalmente con miras a una mejora de la función lingüística y de los procesos de comunicación— podrá también tener como punto de partida, y no como punto de llegada, una solicitación cócleo-vestibular susceptible de acelerar los mecanismos de energetización, de lateralización, de verticalización.
El deporte
En el ámbito de los deportes, el entrenamiento —tan caro a los directores técnicos— puede también comprender una gimnasia auditiva capaz de:
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aumentar los autocontroles y la tasa de vigilancia por reforzamiento de los circuitos psicosensoriales derechos;
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alargar el tiempo de resistencia al esfuerzo, gracias a los fenómenos de energetización debidos a la acción de determinadas estimulaciones auditivas sobre el córtex;
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suprimir las inhibiciones que resultan de la emotividad —fuente de pánico escénico— durante las competiciones, gracias en particular a la intervención de los sonidos filtrados.
Anotemos también, en el plano relacional del deportista con el resto del grupo, una mejora sensible del espíritu de equipo por mejor integración psicosocial del individuo, y por armonización de la acción de los compañeros de equipo —puestos así, gracias al Oído Electrónico, en la misma longitud de onda.
Cuando los entrenadores hayan comprendido que en lugar de hacer hacer a sus futuros campeones ejercicios físicos durante numerosas horas al día (se ha hablado últimamente de 14 horas de entrenamiento), sería preferible reservar un poco de tiempo a la puesta en marcha de un sistema de alto nivel capaz de organizar y dinamizar la inversión corporal que representan las prestaciones deportivas — tendremos entonces derecho a asistir no solo a notables demostraciones del cuerpo jugando con su fuerza y su habilidad, sino también a un verdadero diálogo del ser con el universo entero a través de un cuerpo enteramente dominado.
Conclusión: la conciencia como reunión de las ciencias
Este acercamiento unitario no parece ser una vista del espíritu. Encuentra su realidad de expresión en la globalidad de las acciones emprendidas y en la generalización de los campos de aplicación, donde todo, de hecho, es lenguaje y diálogo con el entorno.
Me fue dado desarrollar en 1976, en el Congreso Nacional francés de Pau, el lado, digamos confluente, de la APP, estipulando que ella estaba en el cruce de las ciencias humanas. No sabría concluir hoy sin precisar que más que un cruce, parece que la audio-psico-fonología engloba en su campo de acción a las ciencias humanas. ¿Qué no engloba, a decir verdad, puesto que contiene en sí el lenguaje mismo?
Para hacer aparecer mejor la polivalencia de la audio-psico-fonología, quisiera insistir, a título de conclusión, en su acción fisiodinamizante. Se sabe ahora que, gracias a la riqueza de las estimulaciones recogidas por el oído en el nivel de los órganos sensitivos y sensoriales, el cerebro puede ver activar más fácilmente su corticalidad.
Desde entonces, el campo consciente se enciende y se anima. Cuanto más se vuelve activo, operacional en cierto modo, más moviliza, analiza, clasifica y reduce a su justo valor los distintos elementos que constituyen el inconsciente.
Lo que busca la audio-psico-fonología es justamente encender esta conciencia. Es el objetivo mismo de las técnicas que sabe utilizar y poner de relieve, a fin de que, a través de la Escucha y gracias al lenguaje, esta conciencia se sitúe más allá de todo conocimiento — que sea lo que pretende ser: la reunión de las ciencias.
— Léna A. Tomatis, comunicación al V Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, Toronto, 1978.