El método verbo-tonal de Petar Guberina propone un enfoque singular para la rehabilitación de los deficientes auditivos.

La rehabilitación de la sordera mediante el método verbo-tonal

cualquier especialidad permite obtener resultados tangibles, y a veces excelentes, en discapacidades consideradas serias e incluso graves. En la rehabilitación de los trastornos de la audición hay que buscar, pues, estas posibilidades óptimas, esos pequeños segmentos que conviene elegir y que son esenciales. La rehabilitación debe partir, pues, del hombre, del individuo, que, aun teniendo una discapacidad, puede proporcionarnos las condiciones óptimas de su propia rehabilitación. Este óptimo hay que buscarlo no solo en el sentido de la audición, sino en el cuerpo entero.

En el sentido estricto de la audición, lo óptimo se forma transmitiendo el habla con ayuda del aparato SUVAG a través de las frecuencias en las que el sujeto sigue siendo más sensible, aun tratándose de sordera profunda. En este último caso, los estímulos del habla se transmiten a través de la piel, lo que se denomina la transmisión somato-sensorial o corporal, pues la piel es más sensible a las frecuencias graves. Poco a poco, y a través de las distintas combinaciones frecuenciales, el campo de escucha y de producción se va ensanchando cada vez más.

Siguiendo esta metodología, los niños con deficiencia auditiva, incluidos los sordos profundos, sin trastornos asociados, pueden integrarse con los niños oyentes en las escuelas ordinarias comunicándose mediante el habla. He aquí los resultados de algunos centros y países, fechados en 1981 y en 1988, en los que los niños estaban integrados en las escuelas ordinarias: • 90 % del Centro de Gante en Bélgica, • 68 % y 57 % de dos centros en Francia. Los resultados del Centro SUVAG son los siguientes para el período de 1961 a 1988: •

número de alumnos: 1.050, de los cuales el 96 % ha terminado la escuela elemental ordinaria, el 88 % ha terminado la escuela secundaria, el 10 % cursa o ha terminado ya una enseñanza en escuelas superiores o en la universidad. Pero la ausencia del habla o el retraso del habla no tienen únicamente un origen orgánico. El límite entre la discapacidad y la no discapacidad se vuelve transparente en las situaciones en las que los niños

no han adquirido el lenguaje porque han sido privados del amor materno, abandonados o porque viven en un medio que no les ofrece seguridad emocional. Son niños que, a causa de las condiciones de vida difíciles en las que se encuentran, manifiestan diversos trastornos del lenguaje. La falta de afectividad ralentiza o perturba el desarrollo de la inteligencia, a veces incluso de la motricidad. No olvidemos la suerte de los niños procedentes de familias de mujeres maltratadas o de los niños que ellos mismos han sido objeto de violencia. ¿Qué habla pueden adquirir, cuando la única comunicación que conocen es la de la violencia y del sufrimiento?

Se sabe hoy que la vía de salida es la más difícil para estos niños. De ello se sigue que las condiciones óptimas para el habla, o más bien las precondiciones, no se encuentran en el órgano de la audición, el oído, sino en el medio afectivo. Esta discapacidad, que afecta a un número muy elevado de niños, se presenta como una discapacidad de la sociedad. Los derechos humanos ampliados a los derechos del niño tendrán un contenido humano y social a la altura de los derechos humanos más elevados.

Para alcanzar una comunicación armoniosa, hace falta en primer lugar que las personas se comprendan no solo dentro de la familia; es preciso también que exista comprensión entre quienes hablan lenguas distintas. En el ámbito del aprendizaje de las lenguas extranjeras, el Método Verbo-tonal se centra ante todo en esta comunicación de hombre a hombre, a través del lenguaje hablado. Por esa razón el Método SGAV, elaborado con el Profesor Rivenc, pone el acento en situaciones de la vida cotidiana y en la comprensión a través del contexto propuesto.

Para responder al problema de una mala pronunciación, me formulé la pregunta fundamental: ¿cómo percibimos los sonidos de nuestra lengua materna y, en general, los sonidos del lenguaje? ¿Puede cualquier hombre aprender cualquier lengua? Un experimento capital en nuestra teoría ha demostrado que cada vocal, si se filtra a través de las distintas zonas bien definidas de bandas frecuenciales, se transforma en distintas vocales. Por tanto, cada vocal contiene todas las vocales. Del mismo modo, cada consonante, en principio, contiene todas las consonantes. Para cada sonido existe una octava que es esencial para su percepción.

Existe una idea errónea muy extendida, a saber, que hay pueblos que están incapacitados para aprender una lengua extranjera. Hemos formulado la hipótesis de que el adulto pronuncia mal porque escucha mal. El cerebro no utiliza todas las frecuencias de los sonidos enviados a través del oído, sino que hace una selección. Parece que, con el paso de los años, cada individuo utiliza su lengua materna como un filtro natural cuando percibe los sonidos. Por eso todos los franceses cometen los mismos tipos de errores cuando hablan inglés, y los japoneses tienen sus propios tipos de errores, distintos de los de los franceses.

Basta con darse cuenta de que los niños de cualquier nación nacidos en el extranjero aprenden cualquier lengua extranjera como los niños del país. Lo mismo sucede con los alumnos de cualquier país que comienzan a aprender con un buen profesor una lengua extranjera en un jardín de infancia. Los resultados son excelentes y rápidos. Incluso más tarde, a partir de los nueve años y hasta la pubertad, los alumnos tienen la posibilidad de adquirir correctamente una lengua extranjera. Después de la edad de la pubertad, la adquisición de una lengua extranjera es mucho más difícil, pues el cerebro ha llegado al estadio en el que la lengua materna dirige la percepción.

En realidad, cuando un adolescente oye mal y pronuncia mal los sonidos de una lengua extranjera, está defendiendo el sistema de escucha de su lengua materna. Ya hemos subrayado que, en cada vocal, están todas las vocales, y que, en cada