Génesis del Oído Electrónico — Testimonio de Christophe Besson
Testimonio de Christophe Besson, fabricante del Oído Electrónico a Efecto Tomatis desde 1992 y antiguo estrecho colaborador de Alfred Tomatis. Este texto apareció como contribución del autor al libro TOMATIS — Una experiencia para compartir (Juan Antonio Timor Pineda y Chaime Marcuello Servós). Se reproduce aquí como testimonio de primera mano: relato personal de un testigo, compromete a su autor y completa, en un registro subjetivo, la presentación factual de la sección El Museo.
Me presento: Christophe Besson, antiguo estrecho colaborador de Alfred Tomatis. Voy a intentar exponer brevemente la evolución de esa máquina de reeducación que es el Oído Electrónico a efecto Alfred Tomatis, de la cual soy el fabricante desde 1992.
Una gran parte de esta información procede de la relectura de la obra autobiográfica L’Oreille et la Vie, publicada por las ediciones Robert Laffont en París en 1977 y de nuevo en 1990, así como de anécdotas vividas personalmente o recogidas junto a su entorno más próximo.
Los orígenes: los Arsenaux (1945-1946)
Todo comenzó en 1945. Tras haber dejado el ejército del aire y concluido sus estudios de medicina especializados en otorrinolaringología, Alfred Tomatis trabajaba a la vez como foniatra externo en el servicio del hospital Bretonneau, bajo la dirección del Dr. Maurice Lallemant, y como médico consultor en los Arsenaux de l’Aéronautique.
Habiendo obtenido la autorización para llevar a cabo algunas investigaciones en el ámbito auditivo entre los empleados de los Arsenaux, que trabajaban en condiciones de agresión acústica casi permanente, Alfred Tomatis creó su primer laboratorio. La instalación no era en realidad más que una carbonera acondicionada de la manera más sumaria: una mesa, algunas sillas, un sistema de iluminación de fortuna y un audiómetro.
Comenzó a recoger resultados audiométricos entre los obreros que, en aquella época, temían que el examen sirviera para apartar a quienes su audición fuera juzgada insuficiente. Sorprendentemente, en ese contexto de inquietud, los resultados eran bastante buenos.
Alentado por el Dr. Lallemant a proseguir, Tomatis se instaló en 1946, a su costa, en un apartamento que le servía a la vez de laboratorio personal y de consulta quirúrgica privada. Publicó entonces, en colaboración con los Dres. Maduro y Lallemant, una obra consagrada a los problemas de sordera profesional. Esta publicación le valió una acogida mucho mejor entre el personal de los Arsenaux — que, esta vez, esperaba obtener compensaciones financieras. Los resultados se desplomaron en el acto. Tomatis extrajo de ello una conclusión fundamental: el oído escucha con su estado de ánimo tanto como con sus mecanismos fisiológicos.
El bucle audio-vocal (1946-1947)
Tratando de ayudar a dos barítonos que le había enviado su padre — que perdían el control de su voz en cuanto subían a los agudos —, Tomatis los sometió por curiosidad a las mismas pruebas de audiometría que a los obreros. Constató que sus curvas auditivas presentaban ambas una deficiencia al mismo nivel, idéntica a la que observaba en personas afectadas de sordera profesional.
La respuesta se impuso progresivamente. Si estos cantantes desafinaban, era porque se oían mal. Y si se oían mal, no podían controlarse. La voz no reproduce sino lo que el oído oye — tal fue la fórmula lapidaria que se convertiría en el fundamento de todas sus investigaciones. Estábamos en 1947.
Trabajó entonces sobre las grabaciones de los grandes cantantes a los que no podía examinar directamente, en particular Enrico Caruso. Constató que Caruso presentaba una caída de 18 dB en las frecuencias agudas por conducción aérea — oía mal sus propios agudos, pero los reconstituía por vía ósea, lo que le confería ese control vocal fuera de lo común. La idea germinó: ¿por qué no dar el oído de Caruso a sus pacientes en dificultad?
El equilibrio auditivo y el oído director (1948)
Prosiguiendo sus investigaciones, Tomatis puso de manifiesto que los dos oídos no desempeñan el mismo papel en el autocontrol vocal. El oído derecho resulta director: el trayecto nervioso que une la corteza con la laringe es más corto del lado derecho, lo cual sitúa al oído derecho más cerca de los órganos fonatorios. Estableció así que el circuito auditivo derecho consta de cinco etapas frente a seis del circuito izquierdo, requiriendo este último una transferencia inter-hemisférica adicional — fuente de retardos mensurables entre 0,10 y 0,40 segundos. Es en la ventana de 0,10 a 0,20 segundos donde la tartamudez aparece sistemáticamente.
El primer Oído Electrónico (1952)
En 1950, Tomatis comenzó a concebir un aparato de educación y reeducación audio-vocal. La conmutación electrónica le fue sugerida por una experiencia con un cantante francés que, tras haber recuperado su voz gracias al tratamiento, tropezaba obstinadamente con la primera sílaba de la palabra trono. Comparando su emisión con la de Caruso, Tomatis advirtió que Caruso introducía un breve clic — una ligera discontinuidad — antes de los pasajes difíciles. Ese tiempo de preparación daba al oído el momento que necesitaba para disponerse a escuchar.
En 1952, se construyó el primer Oído Electrónico. Esquemáticamente, el aparato comprendía dos correctores de tonalidad de tipo Baxandall — los canales C1 y C2 — que permitían condicionar el oído: C1 favorece los graves (relajación), C2 favorece los agudos (activación). Unos interruptores manuales aseguraban la conmutación entre ambos. Esta alternancia obligaba al oído a reaccionar sin cesar, como un músculo entrenado.
La conmutación electrónica (1954)
En 1954, Tomatis automatizó la conmutación mediante mandos electrónicos — de ahí el bautismo definitivo de la máquina: Oído Electrónico. Este sistema de conmutación electrónica iba a revolucionarlo todo.
Fue en esa época cuando recibió a Daniel Sorano, antiguo cantante y gran comediante que había perdido la modulación de su voz de escena. Tomatis le aplicó el mismo tratamiento que a sus cantantes: Daniel Sorano recuperó su voz. Al suprimir experimentalmente el oído derecho de Sorano, Tomatis constató que se ponía inmediatamente a tartamudear — prueba de que es ciertamente el oído derecho el que controla el bucle audio-vocal.
La entrada Line y el retardo (1955-1956)
En 1955, Tomatis enriqueció el Oído Electrónico con una entrada Line que permitía escuchar música además de la propia voz del paciente. Después, en 1956, los trabajos de los norteamericanos Lee y Black sobre el delayed feedback lo llevaron a introducir el parámetro de retardo — ese retardo que corresponde al tiempo de latencia neurológica, variable según los individuos y las lenguas, que condiciona la calidad del autocontrol vocal.
El 4 de junio de 1957, el Efecto Tomatis fue oficialmente presentado a la comunidad científica por los Dres. Moulonguet y Husson en la Académie de médecine de París, y por los Dres. Monnier y Husson en la Académie des sciences.
La audio-psico-fonología y la conducción ósea (1960-1965)
En 1960, Tomatis abandonó los Arsenaux y se consagró por entero a su nueva disciplina: la audio-psico-fonología. En 1965, los trabajos de Strumsta — alumno del Dr. Black que vino a trabajar a su lado — lo llevaron a añadir la conducción ósea al Oído Electrónico, lo cual permitía trabajar directamente sobre el autocontrol por vía craneana, esencial en los cantantes y en las personas tartamudas.
La red internacional y la precesión (1976-1982)
En 1976, Tomatis animaba simultáneamente centros en Madrid, Ginebra, Ottawa, Toronto y Montreal. En 1980, en colaboración con el ingeniero Ed Agnew en Toronto, dio un paso decisivo: el paso de las válvulas electrónicas a los transistores, y la introducción del parámetro de precesión — ese tiempo de preparación vestíbulo-coclear que precede al acto de escuchar, respuesta al deseo de escuchar que moviliza todo el cuerpo incluso antes de la llegada del sonido.
Los filtros y la industrialización (1988-1992)
En 1988, Tomatis integró directamente en la máquina filtros pasa-altos de 6.º orden sobre nueve frecuencias, de 500 a 8.000 Hz. La máquina así constituida — el EE3PFR2 — fue la primera que le permitió realizar el conjunto de sus tratamientos sin accesorio adicional. Es la máquina más representada en la literatura consagrada al método.
En 1992, ante el aumento de los pedidos y los problemas de fiabilidad, Tomatis me confió la fabricación de todos sus productos. Es así como, apenas salido de mis estudios, y gracias a un socio generoso, pude crear en Neuchâtel, en Suiza, una empresa independiente — Acoustic System Besson SA — enteramente dedicada al desarrollo y a la producción de su equipamiento.
La NewTec y los años difíciles (1995-2004)
Varios años de investigación digital, con la Universidad de Gdańsk y el Instituto de Microtecnología de Neuchâtel, nos permitieron finalmente comprender en profundidad todos los parámetros de la conmutación. En 1995, rediseñamos una máquina analógica de respuesta infinita, muy próxima a la fisiología del oído humano: la NewTec, o A1 NewTec.
Tomatis murió en Carcassonne a fines de diciembre de 2001. A partir de ese momento, me encontré casi solo para producir estas máquinas.
La continuidad (2004 hasta hoy)
En 2004, la visita impromptu de Juan Antonio Timor — venido desde Zaragoza a Neuchâtel en furgoneta, con su mujer y sus hijas, para convencerme de no renunciar — lo cambió todo. Desde septiembre de 2004, he recreado el equipamiento completo de A a Z, incluyendo las fuentes sonoras de alta definición y el test de escucha. Desde entonces, prosigo la fabricación del Oído Electrónico analógico, en fidelidad a los principios establecidos por Alfred Tomatis.
Christophe Besson — Neuchâtel, septiembre de 2013.