Retrato de Alfred Tomatis
Alfred Tomatis (1920-2001)

Alfred Tomatis (Niza, 1920 — Carcassonne, 2001) fue un médico otorrinolaringólogo francés. Consagró lo esencial de su vida profesional al estudio de las relaciones entre el oído, la voz y el lenguaje, y desarrolló un enfoque de la escucha conocido con el nombre de audio-psico-fonología, o «método Tomatis». Inventor del Oído Electrónico, autor de una obra abundante y figura reconocida internacionalmente, sigue siendo asimismo una personalidad debatida, cuyos trabajos son objeto de controversia en cuanto a su alcance científico.

Orígenes y formación

El registro civil consigna el nacimiento de Alfred Tomatis en Niza el 1 de enero de 1920. En su autobiografía, el interesado aporta sin embargo una precisión: habría nacido en realidad unos días antes, en los últimos días de diciembre de 1919, declarando su familia la fecha del 1 de enero por razones, según él, de censo. Sobre todo, vino al mundo grandemente prematuro — a los seis meses y medio, pesando menos de 1.300 gramos. Dado por perdido al principio, fue, según su relato, reanimado por su abuela paterna. Tomatis atribuirá una importancia decisiva a estas circunstancias: verá en su condición de prematuro, privado demasiado pronto de la vida intrauterina, la fuente misma de su vocación de investigador y el origen de su interés duradero por la vida anterior al nacimiento.

Crece en el viejo Niza, en el seno de una familia modesta, en un medio aún profundamente marcado por la cultura italiana y el habla nizarda. Su padre, Humbert Tomatis, primero obrero — trabaja como fundidor de plomo en un periódico nizardo —, ve su voz excepcional reconocida y abraza la carrera de cantante de ópera. Su madre, italiana, originaria de Forlì, no tiene más que dieciséis años cuando él nace. La infancia de Tomatis transcurre así en la familiaridad del canto y de los entresijos del teatro — un entorno que marcará duraderamente la orientación de sus investigaciones.

Niño de salud frágil, a menudo enfermo, sigue una escolaridad durante mucho tiempo irregular. Él mismo situará el despertar de su vocación en una escena precisa: gravemente afectado, ve desfilar a los médicos hasta que uno de ellos, reconociendo su ignorancia, declara simplemente que hay que buscar. Es, dirá Tomatis, esa frase — «tengo que buscar» — la que lo decide todo: sería médico, y un hombre que busca. A los once años, por decisión de su padre, es enviado solo a París, no como pensionista, sino como alumno enteramente libre y responsable de sí mismo.

Emprende estudios de medicina en un París pronto ocupado. La guerra marca profundamente esos años de formación: movilizado en el servicio de sanidad cuando no es aún más que un estudiante principiante, ejerce un tiempo como médico de batallón, es destinado a un chantier de jeunesse y se compromete por otra parte en la Résistance, donde sirve de agente de enlace para una red de inteligencia. Paralelamente a la medicina, sigue en la Sorbonne varios certificados de ciencias. Aprobado en el concurso del externat de los hospitales de París, se forma con varios maestros, entre los cuales el neurólogo André Thomas, cuya finura de observación clínica lo marca duraderamente. Obtiene su doctorado en medicina al día siguiente de la guerra y elige la otorrinolaringología como especialidad — una elección que él relaciona explícitamente con el deseo de ayudar a los cantantes amigos de su padre, enfrentados a dificultades vocales que la medicina de la época apenas conseguía resolver.

El descubrimiento fundacional: el oído gobierna la voz

En los años que siguen a la guerra, Tomatis se encuentra en contacto con dos poblaciones muy diferentes. Por una parte, practica exámenes audiométricos a obreros expuestos, en los arsenales, al estruendo de los motores — población en la que observa los daños de la llamada sordera profesional. Por otra, por su conocimiento del mundo lírico, recibe a cantantes en dificultad vocal.

El acercamiento de estas dos series de observaciones está en el origen de su intuición central. Enfrentado a barítonos que cantaban «desafinados» sin que los tratamientos clásicos, centrados en la laringe, lograran cambiar nada, Tomatis tuvo la idea de hacerles pasar las mismas pruebas auditivas que a los obreros. Constató que su audición presentaba debilidades comparables a las de la sordera profesional. Extrajo de ello dos conclusiones ligadas entre sí: los cantantes, primeros y más cercanos auditores de su propia voz, terminan por alterar su propio oído; y, sobre todo, no es la laringe sino el oído lo que rige la justeza de la emisión vocal. En 1947 formula la proposición que estará en el punto de partida de toda su obra — un sujeto no reproduce vocalmente sino lo que es capaz de oír — y la resume con una fórmula que se ha hecho célebre: «se canta con el oído».

Para sostener esta idea, Tomatis se inclinó sobre el caso del tenor Enrico Caruso. Estudiando sus grabaciones en orden cronológico, situó el florecimiento de la voz carusiana después de 1902 y lo puso en relación con una intervención quirúrgica practicada ese año en el lado derecho del rostro. Según su hipótesis, esa operación habría provocado una sordera parcial que, al filtrar los sonidos de mala calidad, habría servido paradójicamente al cantante — una «feliz sordera». Esta lectura, que se esforzó por verificar por otras vías, iba a inspirar directamente el instrumento que se convertiría en característico de su método.

El Oído Electrónico

Si la escucha gobierna la voz, razonaba Tomatis, entonces modificar la escucha debía permitir modificar la voz. A título experimental, hizo oír a unos sujetos, por medio de filtros, una escucha reconstituida — y observó que, con el casco puesto, cantaban mejor; pero que la mejoría desaparecía en cuanto se les retiraba. Toda la cuestión pasaba entonces por hacer duradero ese efecto pasajero.

De esta investigación nació el Oído Electrónico. Los primeros aparatos, puestos a punto a principios de los años 1950, eran rudimentarios y se basaban en conmutaciones manuales. Fue en 1954, al introducir basculadores electrónicos en el dispositivo, cuando Tomatis dio al aparato su forma — y su nombre. El Oído Electrónico tiene por objeto solicitar y «reeducar» el oído haciéndole oír sonidos filtrados y modulados según ajustes precisos.

Desde esa época, los trabajos de Tomatis suscitan la hostilidad de una parte del mundo médico y de la enseñanza del canto. Ya en 1952 es apartado del servicio hospitalario en el que trabajaba — no, según su relato, por una falta profesional, sino por haber presentado él mismo sus trabajos en lugar de hacerlos firmar por su jefe, contraviniendo así los usos del «mandarinato» médico de la época. Esta tensión con la medicina institucional no se desmentirá.

El Efecto Tomatis y el reconocimiento académico

Los principios deducidos por Tomatis — a veces designados como las «leyes Tomatis» — fueron objeto, a finales de los años 1950, de una demostración experimental llevada a cabo con el fisiólogo Raoul Husson y el laboratorio de fisiología de la Sorbonne dirigido por el profesor Monnier. A raíz de esas verificaciones, el conjunto fue depositado, bajo el nombre de «Efecto Tomatis», ante la Académie des sciences y la Académie nationale de médecine de París — por mediación, en particular, de Husson, Monnier y Moulonguet. La proposición fue allí reformulada en términos más rigurosos que la fórmula imaginativa de su autor.

De sus investigaciones, Tomatis extrajo una distinción que sigue en el corazón de su pensamiento: la que separa la audición, función pasiva, de la escucha, uso activo y voluntario del oído, orientado a la comunicación. Es sobre la escucha, y no sobre la sola audición, sobre lo que su enfoque pretende actuar.

La audio-psico-fonología y su extensión

A partir de estos principios, Tomatis desarrolla un enfoque al que llama audio-psico-fonología (APP), comúnmente conocido como «método Tomatis». Destinado al principio a los cantantes y a los trastornos de la voz, se extiende progresivamente a un ámbito mucho más amplio: dificultades del lenguaje y del aprendizaje, trastornos de la atención, dificultades emocionales, aprendizaje de las lenguas extranjeras, acompañamiento de públicos diversos.

El método recurre a sonidos filtrados y reserva un lugar particular a la música — la de Mozart y el canto gregoriano ocupan en él un papel reconocible. Presentada como una educación o una reeducación de la escucha, la APP se difunde internacionalmente a lo largo de las décadas, y se establecen en numerosos países centros que se reclaman del método.

La obra escrita y el pensamiento tardío

Tomatis es autor de una obra escrita abundante. Su libro más conocido, L’Oreille et la Vie, aparecido en 1977, mezcla el relato autobiográfico, la exposición de sus investigaciones y una reflexión más personal; contribuyó ampliamente a dar a conocer sus ideas a un público amplio. En las últimas décadas de su vida, Tomatis concede un lugar creciente a la psicología y a una reflexión filosófica y espiritual, andadura que lo conduce, en particular, a una conversión al catolicismo. Esta dimensión introspectiva constituye una vertiente de pleno derecho de su trayectoria, que conviene presentar por sí misma, distinta de sus trabajos clínicos y técnicos.

Una obra discutida

El lugar de Alfred Tomatis en la historia de las ciencias es objeto de apreciaciones divergentes que una nota de referencia debe exponer.

Del lado crítico, la medicina y la audiología académicas siguen siendo en buena medida escépticas en cuanto a la eficacia del método para muchas de las indicaciones que se le atribuyen. Las «leyes» presentadas a las academias en los años 1950 no dieron lugar a publicaciones que respondieran a los criterios científicos habituales, y las pruebas de eficacia procedentes de estudios rigurosos siguen siendo limitadas o discutidas; algunos observadores clasifican el método entre las pseudociencias. La trayectoria institucional de Tomatis fue por lo demás accidentada: la tensión con la medicina establecida, perceptible desde los años 1950, culmina con su expulsión del Ordre des médecins en 1977. Las últimas décadas de su actividad estuvieron también marcadas por procedimientos judiciales, entre ellos una acción iniciada en 1988 por una antigua paciente a raíz de sesiones consideradas infructuosas, y una condena en 1993 por ejercicio ilegal de la medicina.

Del lado de sus partidarios, se subraya la originalidad y el carácter precursor de su intuición fundadora — el vínculo estrecho entre el oído, la voz y el sistema nervioso. El método se sigue practicando en numerosos centros en todo el mundo. Trabajos contemporáneos sobre la plasticidad cerebral han conducido por otra parte a algunos autores a reexaminar su aportación; el psiquiatra Norman Doidge dedica así a Tomatis un desarrollo de su obra The Brain’s Way of Healing, en una lectura más favorable.

Entre estas posiciones, el presente sitio no toma partido: documenta una obra influyente y discutida, e invita al lector a consultar las fuentes para forjarse su propio juicio.

Desaparición y legado

Alfred Tomatis muere en Carcassonne el 25 de diciembre de 2001; descansa en el cementerio de La Conte. Había confiado la continuidad de su obra a su hijo Christian Tomatis y a su colaborador Thierry Gaujarengues, en el origen de la sociedad Tomatis Développement.

Tras su muerte, el método prosigue su existencia a través de varios linajes — sociedades, asociaciones profesionales, profesionales independientes — que proponen aplicaciones e interpretaciones diversas. Más allá de las controversias, la atención que Alfred Tomatis prestó a la escucha, distinta de la simple audición, y al papel del sonido en el desarrollo y en la comunicación, sigue siendo su aportación más duradera.


Fuentes

Fuente primaria. Alfred Tomatis, L’Oreille et la Vie (1977) — autobiografía y exposición de sus investigaciones. La obra sigue siendo la principal puerta de entrada para quien desee leer a Tomatis por sí mismo, y el sitio recomienda su lectura. Al tratarse de un relato en el que el autor presenta su propia vida, los elementos extraídos del mismo — en particular los que atañen a los orígenes y a la génesis del descubrimiento — han de leerse como tales y exigen, allí donde es posible, un cotejo.

Fuentes secundarias. Notas biográficas e históricas publicadas en línea, notas enciclopédicas y elementos de prensa relativos a la trayectoria de Tomatis.

Esta nota será revisada y precisada a medida que las fuentes primarias conservadas en los archivos del sitio — boletines de la SFECMAS, comunicaciones a las academias, correspondencia — vengan a sostener o corregir el relato.