Incidencias observadas en las lesiones auriculares constatadas en el personal de los bancos de pruebas y en los profesionales de la voz
Primer texto conocido de Alfred Tomatis, entonces director adjunto del laboratorio de investigaciones de la Société Française d’Étude et de Construction de Matériel Aéronautique Spécial (S.F.E.C.M.A.S.), publicado en el Boletín interno del Centre d’Études et de Recherches Médicales fechado en septiembre de 1952. Tomatis comunica aquí el descubrimiento central que fundará toda su obra: ciertos obreros expuestos al ruido más violento (120 a 140 dB) permanecen sorprendentemente preservados; y su audiograma — una «curva de reserva» ascendente de los graves hacia el agudo — es estrictamente idéntico al de los profesionales de la voz, cantantes y músicos. De este encuentro clínico nacerán, dos años más tarde, las tres leyes de Tomatis.
Nota histórica: este documento de ocho páginas (paginado 16-23 del Boletín) es muy probablemente la publicación científica más antigua de Alfred Tomatis. Es también su matriz: «la voz no contiene más que lo que el oído oye» se halla aquí ya íntegramente contenido, expuesto a través de una notable serie de catorce audiogramas comentados.
BOLETÍN DEL CENTRE D’ÉTUDES & DE RECHERCHES MÉDICALES DE LA S.F.E.C.M.A.S.
Septiembre de 1952
Doctor TOMATIS
Director adjunto del laboratorio de investigaciones de la S.F.E.C.M.A.S.
«Incidencias observadas en las lesiones auriculares constatadas en el personal de los bancos de pruebas y en los profesionales de la voz»
Hemos pensado que sería interesante consignar aquí algunas de las observaciones que hemos recogido en el curso de estos últimos años, mientras practicábamos a algunos centenares de individuos exámenes audiométricos sistemáticos. Todos nuestros sujetos, ingenieros u obreros, pertenecían a industrias muy ruidosas, en particular a fábricas de aviación, con sus talleres de calderería, sus bancos de pruebas de motores de pistón y, más particularmente, con la evolución actual, sus bancos de pruebas de motores de reacción.
De entrada, esperábamos no descubrir más que sordos, tan imposible nos parecía que un oído pudiera sobrevivir en ambientes sonoros de intensidades tan terribles, capaces de alcanzar los 120, 130 e incluso los 140 dB. Sin embargo, muy rápidamente hubimos de revisar nuestra opinión, tan numerosas eran las audiciones que permanecían intactas, a pesar de estancias muy prolongadas en tales condiciones.
Concluimos, pues, que el factor de susceptibilidad individual debía constituir realmente un aporte importante, confiriendo a muchos individuos una suerte de «invulnerabilidad» al ruido.
Por añadidura, entre estos sujetos tan privilegiados, algunos — y contamos aproximadamente una cincuentena sobre trescientos, esto es, 1/25 — presentan una curva de respuesta audiométrica que, lejos de dibujar el clásico agujero a la altura de los 4.000, con desplazamiento hacia los agudos y luego hacia los graves, revela una hiperacusia relativa en una zona que se extiende, por lo general, entre los 500 c/s y los 2.000 c/s, perfilándose, como hemos representado esquemáticamente (fig. I), por una curva ascendente de los graves hacia el agudo, con un desnivel que varía entre 10 y 20 dB.
[Fig. I — Esquema de la curva ascendente característica: audiogramas oído izquierdo / oído derecho.]
Consignamos aquí ejemplos escogidos, uno sobre un obrero que trabaja en el ruido desde hace cuatro años, otro sobre un sujeto expuesto desde hace 21 años. Se observa en el oído derecho de cada uno de estos individuos el mismo perfil audiométrico en la zona 500 c/s - 2.000 c/s (fig. II).
[Fig. II — Cuatro audiogramas: obrero expuesto desde hace 4 años / sujeto expuesto desde hace 21 años.]
Por la misma época, hace aproximadamente dos años, tuvimos ocasión de atender a dos cantantes, ambos profesionales, cuyo trastorno principal, a lo menos molesto, residía en la imposibilidad de cantar afinados; el primero estaba convencido del hecho; el segundo no lo sospechaba, por el contrario, desde hacía dos o tres días. Aun cuando ni uno ni otro confesaba sordera aparente, supusimos no obstante que presentaban una modificación de su agudeza auditiva; así lo confirmaron las curvas que siguen (fig. III).
[Fig. III — Audiogramas de los dos cantantes profesionales.]
No cabe hablar, como se ve, de hipoacusia, pues la zona conversacional estaba respetada, pero se observa muy rápidamente una inflexión a la altura de los 1.000 c/s, con caída en las frecuencias superiores.
No obtuvimos, por así decirlo, más resultado que el de realzar su curva en la zona de los 2.000 c/s. Lo conseguimos de modo transitorio para el primero, con carácter permanente para el segundo. Desde entonces, mientras que este último ya no desafinaba, el primero se ponía a cantar afinado o desafinado, según las modificaciones en mejor o en peor de su oído.
Estas últimas curvas audiométricas nos llamaron la atención por su semejanza con las de nuestros invulnerables al ruido. Reanudamos entonces nuestra encuesta en fábrica y tuvimos la sorpresa de constatar que todos los sujetos, sin excepción, cuya audición respondía a un trazado audiométrico idéntico al que acabamos de describir (fig. I) eran músicos, o al menos tenían el oído musical en el sentido más amplio, es decir, amaban la música, entonaban afinados y, sobre todo — hecho muy importante y más que sentimental — podían reproducir una voz-eco, o, en lo que insistimos más particularmente, podían reproducir una frase musical con afinación. De tal modo que, muy pronto, comparando estas curvas audiométricas con las de sujetos de otros medios distintos de las fábricas, veíamos en el solo trazado audiométrico de un individuo si este era músico o no. Es así como un día sumimos en una angustia considerable a un calderero expuesto al ruido desde hacía treinta y cinco años, revelándole las posibilidades musicales de su oído; era efectivamente afinador en la ciudad en sus horas libres.
Si no hay duda de que la audición es un elemento indispensable de auto-control en el cantante, nunca se han definido, que sepamos, cuáles eran sus características.
La audiometría parecía debernos aportar algunos elementos interesantes, así que decidimos practicar sistemáticamente el audiograma de todo músico y, sobre todo, de todo cantante que tuviéramos la buena o mala fortuna de encontrar. Hemos reunido ya un número bastante importante para que pueda extraerse de él, si no con el rigor de una conclusión, al menos algunas informaciones muy valiosas.
1.º — Todos tienen un oído que presenta las características de la curva descrita en primer lugar (fig. I).
2.º — Todos han presentado estas características en el oído derecho, salvo uno: un zurdo. Reproducimos aquí su audiograma (fig. IV).
[Fig. IV — Audiograma del sujeto zurdo.]
¿Quiere ello decir que toda curva que presente estas características designa un oído musical? No nos atreveríamos a admitirlo en la medida de nuestra documentación actual aún demasiado escasa, aunque hasta ahora positiva.
Disponemos, por otra parte, como elementos de apoyo, de los hechos siguientes:
1.º — Reproducimos aquí el audiograma (fig. V) de una mujer, antigua concertista de piano, actualmente secretaria de dirección, incapaz de exteriorizar tres notas sin dificultad, mientras que mentalmente podía trazar cualquier rasgo musical. Este audiograma se asemeja por lo demás de modo notable, hasta el punto de que pueden superponerse, al de un cantante profesional que se halla también en la imposibilidad de reproducir correctamente y con afinación una de esas arias tan cantadas antaño.
[Fig. V — Antigua concertista de piano / cantante profesional.]
2.º — El audiograma (fig. VI) pertenece a un profesor de letras ferviente de música, golpeado de sordera en cautiverio, y que desde la aparición de esta enfermedad no consigue ya traducir, ni siquiera silbando, una frase musical, de la que conserva el íntegro recuerdo.
[Fig. VI — Profesor de letras devenido sordo en cautiverio.]
Estos tres primeros sujetos parecen golpeados de una verdadera «amusia expresiva».
3.º — El audiograma siguiente se ha recogido en una mujer, no profesional al menos hasta ahora, dotada de una voz de mezzo espléndida, pero incapaz, en su agudo medio, de cantar con afinación (fig. VII). La examinamos en marzo de 1952, luego, tras el tratamiento, en mayo de 1952, finalmente en julio de 1952. Se observa el aspecto progresivamente ascendente del oído derecho, mientras desaparecen sus miserias vocales.
[Fig. VII — Tres audiogramas sucesivos: marzo de 1952, mayo de 1952, julio de 1952.]
4.º — Estos dos audiogramas (fig. VIII) pertenecen a dos cantantes de gran potencia, cuyos «potenciales de reserva» en su percepción a la altura de los 2.000 c/s parecen muy conservados. Ambos se quejan de no poder «entrar en su voz» sin encontrar una molestia. Realizan, sencillamente, en las voces-eco un fenómeno de deslumbramiento que, felizmente de corta duración, basta no obstante para hacerlos «descarrilar» a lo largo de la frase siguiente.
[Fig. VIII — Dos cantantes de gran potencia.]
5.º — Por último, experimentalmente, hemos adquirido las certezas siguientes:
a) Gracias a un dispositivo fácil de realizar, permitimos a un artista oírse inmediatamente.
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En primer lugar con sus dos oídos: nada ha cambiado.
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Luego con su oído derecho: nada ha cambiado todavía.
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Por último, el oído izquierdo: entonces, súbitamente, la voz se vuelve plana, monocorde, sin cualidad, sin musicalidad.
b) Nuestro dispositivo nos permite además obtener a voluntad una sobre-audición de 10 a 20 dB, por amplificación a la altura de la vía de audición de 1.500 a 2.000 c/s. De entrada, el oído excitado en estas condiciones permite rectificar la voz y devolverle sus primeras características.
c) En tercer lugar, hemos podido hacer sobre-oír a cantantes en su zona de 1.000 c/s - 2.000 c/s.
Huelga decir que un oído es tanto más difícil de perturbar cuanto mayor es su potencial de reserva. Como ejemplo, he aquí el audiograma siguiente, perteneciente a un cantante profesional, bajo cantante, cuya sobre-audición solo nos permitió obtener un cambio vocal al cabo de dos minutos de deslumbramiento (fig. IX).
[Fig. IX — Bajo cantante con potencial de reserva elevado.]
En cambio, es fácil concebir que la reducción progresiva de este «potencial de reserva» pueda estar en el origen de numerosos trastornos vocales, idénticos a los que hemos observado en la experimentación. El traumatismo auditivo engendrado por la voz se manifiesta audiométricamente por lesiones análogas a las que encontramos en los obreros de fábrica.
Convénzase uno de ello examinando los dos audiogramas siguientes:
[Fig. X — Comparación de dos audiogramas.]
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El primero es el de un cantante de gran renombre que canta desde hace aproximadamente 25 años.
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El segundo, el de un ajustador desde hace 25 años.
A título documental y teniendo en cuenta la susceptibilidad individual, hemos aproximado los audiogramas siguientes (fig. XI, XII, XIII, XIV):
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Los cuatro de la izquierda pertenecen a obreros de fábrica,
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los cuatro de la derecha a cantantes.
Pueden ilustrar unos y otros, como se ve, los cuatro estadios de la sordera profesional.
[Fig. XI a XIV — Cuatro pares de audiogramas: obreros de fábrica (izquierda) / cantantes (derecha), ilustrando los cuatro estadios de la sordera profesional.]
El Director del Boletín
Dr J. R. ROUNON
Médico de los hospitales militares
Director del laboratorio de investigaciones
de la S.F.E.C.M.A.S.
Fuente: Tomatis A., «Incidences observées dans les lésions auriculaires constatées chez le personnel des bancs d’essais et les professionnels de la voix», Bulletin du Centre d’Études et de Recherches Médicales de la S.F.E.C.M.A.S., septiembre de 1952, p. 16-23. Boletín dirigido por el Dr J. R. Rounon, médico de los hospitales militares. Documento digitalizado procedente de los archivos personales de Alfred Tomatis.
S.F.E.C.M.A.S. = Société Française d’Étude et de Construction de Matériel Aéronautique Spécial — empresa francesa de aeronáutica militar activa en los años 1950, donde Alfred Tomatis oficiaba como director adjunto del laboratorio de investigaciones médicas y realizaba a tal efecto los exámenes audiométricos sistemáticos del personal de los bancos de pruebas.
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