La influencia de las palabras
La influencia de las palabras — Comunicación de la Srta. Frédérique Gesta (Villeneuve-Saint-Georges) seguida de la discusión presidida por el Sr. Baltz (Lyon) — IIᵉ Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, París (1972)
Segunda comunicación del IIᵉ Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología celebrado en París del 11 al 14 de mayo de 1972, presentada por la Señorita Frédérique Gesta, del Servicio de Audio-Psico-Fonología del Centro Hospitalario de Villeneuve-Saint-Georges. Partiendo de la fascinación que la palabra siempre ha ejercido sobre el hombre, la Srta. Gesta interroga las dos caras del signo lingüístico en el sentido de Ferdinand de Saussure —el significante (imagen acústica, envoltura fónica, frecuencias) y el significado (contenido semántico)— y se detiene en las repercusiones psicológicas de las palabras sobre el niño autista o disléxico en cura bajo Oído Electrónico. A continuación, una discusión densa, presidida por el Sr. Baltz (Lyon), en la que intervienen el Profesor Tomatis, la Sra. Dubard (Niza), la Sra. Bourgnon (Verviers), la Sra. Zillermairi (Lyon) y la propia Srta. Gesta: elección de los textos para la grabación por las madres, voz de la madre, angustia materna, sibilantes, lenguas silbadas, y lo que Tomatis denomina el «estadio Lábdaco» —del nombre del padre de Layo— en el que el niño recobra las ganas de mover sus labios para expresarse.
La influencia de las palabras
por la Señorita Frédérique Gesta
Servicio de Audio-Psico-Fonología
Centro Hospitalario de Villeneuve-Saint-Georges
En todos los tiempos, la palabra ha fascinado al hombre, le ha conferido una virtud mágica; el solo hecho de nombrar una cosa, de pronunciar el nombre de alguien tenía, se pensaba, una influencia decisiva sobre esa cosa, sobre esa persona.
Asimismo, el niño muy pequeño, tras un período «prelingüístico» (con los gritos), un período de «balbuceo» (con el gorjeo), después un período «preverbal» (en el que va a repetir los fonemas que oye), accede por fin a un estadio «lingüístico» en el que va a comprender que ciertos sonidos tienen un significado para su entorno. Advierte que la palabra permite la aparición del objeto de sus deseos; «La palabra es un medio de hacer la cosa actual», nos dice Wallon. El niño hace todavía la confusión entre la palabra y el objeto, o entre la palabra y la situación; es la palabra-frase la que tiene una pluralidad de sentidos, «Mamá» querrá decir tanto «tengo hambre… quiero jugar… quiero besarte…». Solo progresivamente establecerá una correspondencia entre un solo objeto y una sola palabra. Es, por lo demás, gracias a la evolución de la función simbólica del lenguaje como se forja el pensamiento del niño.
Para nosotros, los adultos, las palabras se han vuelto vehículos, por así decirlo «utilitarios», para traducir nuestros pensamientos, nuestras emociones, para acompañar nuestros actos. Solo cuando buscamos influir, captar la atención de nuestro interlocutor, las palabras recuperan su pleno valor: «pesamos nuestras palabras» para «tener la última palabra»; una palabra bien colocada puede hacer así más daño que muchos puñetazos.
Puesto que nuestro papel, en los «Centros del Lenguaje», es suscitar el deseo de comunicar, que jamás se ha elaborado en el niño autista, o al que cuesta pasar del estadio oral al estadio escrito en el disléxico, es importante detenerse en la palabra, en sus repercusiones posibles sobre la manera en que cabe utilizarla del mejor modo en nuestra terapéutica. En efecto, se constata que, en el momento de la grabación de las voces maternas, las madres experimentan dificultades, cuando no bloqueos, para elegir textos, para decirlos en voz alta… Nos ha parecido, al cabo de cierto tiempo, que hay aquí todo un proceso que sugerir, proponiendo un género de diálogo susceptible de interesar a su hijo. Muy a menudo, estas grabaciones son significativas de las relaciones padre-hijo: «dije eso para decírselo», se oye decir; la elección de los textos de las V.M. es tanto más importante cuanto que este diálogo se halla cada vez más generalizado, en los Centros, mediante la técnica del Parto Sónico, en la que el niño en fin de embarazo es distinto al oír la historia que se le cuenta. La elección para las V.P. también debe ser cuidadosa, ya que el niño la escuchará, no se sabe cuál, durante varios meses.
Habría que mencionar también la elección de los libros a proponer durante las sesiones de lectura; como en el caso de ese joven esquizofrénico al que se le leía una novela con escenas de juego sórdidas, y al que hubo que interrumpir la sesión, pues en voz baja repetía «¡oh! los cerdos…». Debe, por tanto, prestarse una atención particular a las palabras que conviene evitar, por ejemplo a las sibilantes, lo que será nuestro tema.
Es partiendo de la definición del lingüista Saussure como nos interrogaremos sobre la influencia de la palabra.
En su célebre Curso de Lingüística General, Saussure nos define la palabra como un signo convencional, descomponiéndolo en un «significado», es decir, el contenido semántico, el sentido, y un «significante», el continente, la imagen acústica.
Si nos interesamos primero por el «significado», por el contenido semántico, advertimos que ciertas palabras reducen o desencadenan por su sentido reacciones de rechazo, de miedo, por ejemplo, o la necesidad de repetir tal o cual modo. La palabra es capaz de tener, por su aspecto semántico, repercusiones psicológicas que no se puede hacer suyas, ya se trate de un adulto o de un niño, ante la idea de una palabra que evoque una realidad penosa, que tendrá tanta más repercusión cuanto más evoque un recuerdo traumatizante. En el límite, cabe estar ante cierto «bloqueo» para hacer repetir las sílabas, una expresión significativa para hacer liberar de toda incidencia afectiva. Es ahí donde interviene la noción de interés, de motivación: en efecto, la atención debe ser sostenida; si no, el niño debe sentirse concernido. En realidad, encuentran su familiaridad respectiva. El niño, para sentirse concernido, debe encontrar los marcos de referencia, como ese velo que se le haría evocar «el chocolate», su papel de santo, se le oirá decir «patatatat»… su voz se agudiza hasta responder: «tatata, no tengo nada que decirle. No veo por qué le hablaría ahora cuando nunca nos hablamos en casa…». Si las palabras no están cargadas de notaciones afectivas, el niño, en reacción, bastante asegurado, como la dama de edad respetable que decía una anciana al fin de la sesión: «he comprendido a corazón dictada, comprendo, no podría interrumpirlo, y tú puedes me parece que él hará». Lo que puede interesar a este pobre niño es que su madre le hable, que dialogue con él, que le diga algo, lo que sea, pero con voz dulce y apaciguadora.
Ante tal actitud de oposición, de agresividad de la madre, hemos decidido pues hacerle leer un texto durante media hora. Pero aún hay que proponerle algo valedero, positivo, un relato compuesto de palabras que expresen sentimientos de dulzura, de serenidad, que propongan un clima afectivo agradable, sin tropiezo, sin violencia. Todo esto piensa el inconsciente del niño no tocar al niño donde ha permanecido dolorosamente fijado. La influencia de las palabras, se siente bien, se hace sentir incluso y a veces sobre todo en el inconsciente. Por eso debemos prestar gran cuidado en la elección de los textos para las grabaciones de voz materna.
Más tarde, en la programación, cuando la V.M. y los A.S. han terminado, pedimos a veces a las madres de niños bastante discapacitados grabar cantando, con dulzuras sonoras, las pocas palabras que pronuncia el niño. Y a partir de esa trama sonora ampliamos el número de palabras contando así algunas de cuando en cuando. Conviene emplear lo más a menudo posible la voz de la madre, sobre todo cuando esta ya ha comenzado un cierto número de sesiones de música filtrada. Tiene entonces una voz más timbrada, más modulada y, además, su comportamiento respecto del niño ha cambiado mucho. Está dispuesta a comunicarse con él.
En lo que concierne a la voz cuyos textos hay que grabar para los apartados mudos, es asimismo necesario tomar precauciones y analizarla con sonógrafo a fin de conocer la distribución de las partes armónicas, en particular cuando se trata de grabar sibilantes. Lo hacemos ahora automáticamente, sobre todo desde nuestra aventura con nuestra benedictina. A priori pensábamos que tenía una voz tragada, no agresiva, llena de delicadeza. Mas no era el caso, y no es ciertamente sin razón que el padre Abad le había pedido tomarla en el Centro del Lenguaje durante cierto tiempo. Nuestro método debía tener ciertas plenitudes y plantear algunas en el seno de la Comunidad.
Es posible, ahora, con ayuda de aparatos, alcanzar la naturaleza física de la palabra, es decir, los diferentes parámetros que definen el sonido, la altura, el timbre, la duración, a los que puede ser asociada la intensidad. Así se puede fotografiar, ya con ayuda del sonógrafo, ya con el fono-integrador, en el que se obtiene, sobre una pantalla, una curva de envolvente de las frecuencias contenidas en tal o cual palabra, mediante encendido de bombillas coloreadas.
Chassagny va a utilizar en su método de reeducación de los trastornos del lenguaje los dos aspectos de la palabra. En lo que llama «series», va a aislar palabras y pedir al niño que establezca asociaciones a la vez de forma y de sentido, por ejemplo para la palabra «ardilla», deberá encontrar toda una serie de palabras en «illa» (la forma) y otra de palabras que tengan relación con ese animal (el sentido). Es tras haber recuperado la posibilidad de utilizar las palabras en su justo valor cuando podrá construir frases, luego una historia coherente, un verdadero lenguaje. Pues leer, nos dice Chassagny, «es pasar directamente del significante (representación escrita) al significado (idea)».
Lo que nos importa a nosotros son las frecuencias susceptibles de provocar una recarga cortical, es decir, las agudas. Se van a elegir, pues, palabras ricas en frecuencias agudas, por tanto, con sibilantes.
Cabe entonces preguntarse si es el valor de la palabra, su carga semántica o su riqueza en frecuencias agudas, lo más importante. ¿Es la acción fisiológica de las agudas? ¿O la acción psicológica de la significación de las palabras? Si la semántica provoca angustia, es bien lo contrario lo que queremos obtener, por excitación del nervio vagal.
Parece, sin embargo, que el problema no se sitúa a ese nivel. Si evidentemente debemos prestar atención a no elegir palabras que arriesguen reavivar afectos violentos, por miedo a reducir el beneficio de las agudas, tal vez habría sobre todo que preocuparse de saber si la voz de quien dirá las palabras tendrá un impacto favorable. En efecto, sabemos que una voz izquierda, monótona, sin cualidad, sin timbre, deprime, mientras que una voz derecha, franca, segura, por tanto rica en frecuencias agudas, recarga.
No reposar enteramente sobre la técnica, su influencia por importante que sea, sino tener en cuenta, en el momento de las grabaciones de toda suerte, los intereses, las motivaciones de cada uno: he ahí cuál debe ser nuestro papel.
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Discusión a propósito de la ponencia de la Srta. Gesta (Villeneuve)
sobre «La influencia de las palabras»
Debate presidido por el Sr. Baltz (Lyon)
Sr. Baltz
Creo que el tema evocado por la oradora era muy claro y me permitiré resumirlo en dos palabras, a saber, que toda información comporta a la vez un problema frecuencial y un problema semántico. Es evidente, y pienso que cabría ampliar un poco la cuestión para alcanzar la dislexia. Existen informaciones de órdenes diversos y informaciones de orden acústico, ya que, como nos dice el Pr. Tomatis en su obra Éducation et Dyslexie, es la unión, la coordinación de estas dos categorías, lo que hará que la lectura sea fácil o difícil. Según la concordancia de la visión y de la audición, se introducirán retrasos más o menos grandes y tendremos así ya disfluencias, ya supresiones de sílabas, ya inversiones.
Hecha esta pequeña reserva, no quisiera conservar más tiempo la palabra a fin de cederla a quien la desee en la sala.
Pr. Tomatis
Si me lo permiten, ya que nadie pide aún la palabra, quisiera añadir algunos detalles a lo que nos ha presentado la Srta. Gesta. Lo que reporta a propósito de esa religiosa que hablaba de su pequeño Jesús cada vez que se le hacían oír sibilantes que no comprendía, nos resulta tanto más llamativo cuanto que la Srta. Gesta alude seguramente a un problema que tuvimos que resolver acerca de algunas de nuestras grabaciones.
Estas fueron realizadas en un momento dado a partir de textos que comportaban palabras muy negativas, elegidas —y ahí radica la paradoja— por al menos un benedictino que teníamos entonces en nuestros servicios. Sin quererlo, habíamos reproducido lo que el azar había puesto de seguido. De modo que tenemos ahora, tras dos años y medio, y gracias al análisis espectral bajo Oído Electrónico, ciertas situaciones muy ligadas a palabras emocionalmente cargadas. Muy rápidamente, curvas hechas con palabras espantosas como «suicidio», «cine», «divorcio»… hechas con una voz recto-tono encima, para enfermarles antes de salir de la cabina.
He visto también madres negarse a grabar porque el tono mismo del texto propuesto para leer les daba miedo. Una de ellas había, por lo demás, abortado al hijo… Esta idea de tener que hablar a los niños a los que psíquicamente se esperaba durante varios años, y servía en un guiño que la puerta siempre es la de hacer una nueva grabación, les encargaba de reeducar a uno de estos últimos niños que era también disléxico. Le habían propuesto, en efecto, un texto de tal violencia, con palabras horribles, espantosas, que ella había rehusado leer, pretextando que no quería decir delante de su hijo, ni siquiera un relato tan funesto. Tenía razón.
Es efectivamente necesario velar por la calidad y el valor del texto que la madre va a grabar con vistas a un entrenamiento en voz intrauterina. El texto debe ser bien elegido, armoniosamente compuesto, lleno de esperanza y de ternura. Ciertos cuentos infantiles son aconsejables. ¿Por qué, pues, tantas madres han de tomar para sus relatos los que van a ser filtrados más allá de 6.000 Hz, lo cual a menudo no parece notable, como el niño (todas las palabras aparte del aspecto semántico)? Porque, en el inconsciente del niño, lo que se dice es llevado a su valor y a su potencia de estallido máximos. El texto la madre, por lo demás, puede ser interpretado por él en función de sus preocupaciones. Un muchacho de 11 años, por ejemplo, aunque perseguido y muy comprensivo respecto de lo que se graba para él, dirá que ella había dicho «ladrón» o «votante», sencillamente porque la víspera había tomado algo del monedero de su madre para hacer la compra y no se comporta completamente. Es un texto que sufre, en el curso del cuento pequeño de la V.M., el que ha revelado el inconsciente bien bloqueando al niño en su devenir. Por todo eso es importante anotar las impresiones del sujeto durante las sesiones en V.M. y escucha intrauterina.
Sr. Baltz
Si lo desean, voy a permitirme ampliar un poco la cuestión de la información que he evocado antes. Hablaba del problema de los inválidos cerebrales, en relación con el trabajo que hacemos para hacerles seguir una reeducación considerable que hemos podido constatar tras un año de reeducación psicomotora; hemos observado, sin embargo, que niños que presentaban trastornos motores conservaban problemas de coordinación, de lentitud muscular que, sin ser, por ello, parálisis cerebrales, eran grandes desventajas.
Es bastante curioso ver, bajo Oído Electrónico, el encuentro que estos alumnos sabían hacer en relación con el lenguaje. Es ahí donde encontramos el problema del aporte semántico; pienso que ambos están estrechamente ligados, quizás el Doctor pueda explicárnoslo dentro de un momento. Considero que estos dos factores están suficientemente ligados en el caso al que he aludido en varias ocasiones, a propósito de sujetos que tenían una lesión maxilo-articular, fonación perturbada evidentemente en el caso de que estaba previsto, por rectificación maxilar, para restablecer la dentición.
Ahora bien, tras un año de haberse beneficiado de sesiones bajo Oído Electrónico por problemas de lenguaje oral y escrito, se percibió que ya no se necesitaba ortodoncia. El oído había hecho el trabajo, es decir, que la musculatura aportada a la esfera maxilofacial había reemplazado enérgicamente la brida de acción que el aparato hacía colocar. Ven así ustedes las relaciones que ello puede acarrear desde el punto de vista fonatorio y desde el punto de vista del control acústico. Pienso que el Doctor está mucho mejor situado que yo para hablar de ello y precisar que la hipotonía de la esfera maxilofacial se va a encontrar en la musculatura del estribo.
Sra. Zillermairi (Lyon)
¿Cuántas sesiones se necesitaron para obtener estos resultados?
Sr. Baltz
Un centenar.
Pr. Tomatis
El Sr. Baltz tiene razón en precisar que si el niño es hipotónico, toda la musculatura que abre el oído es también hipotónica, y vamos a tener contrarreacciones que actúan sobre el VIIᵉ par, que inerva los músculos del martillo y el nervio del estribo. Tenemos por tanto un ciclo también entre la musculatura de la cara y el músculo del estribo. Mediante una educación auditiva bajo Oído Electrónico ustedes refuerzan al mismo tiempo toda la musculatura maxilofacial, lo que mejorará los acoplamientos que se efectúan a la vez sobre el receptor y sobre el emisor.
Para volver al sistema saussureano del que ha hablado la Srta. Gesta, estimo que conviene insistir en el hecho de que no se debe considerar el lenguaje como un objeto en sí, quiero decir actualmente honorario de lingüística. El lenguaje es la secreción del individuo, y el muy humano es siempre un ser que piensa. Si pues se le dan estructuras lingüísticas para que pueda expresar lo que tiene que decir, deberá modelar ese lenguaje a su manera y retransmitirlo por su cuerpo, para poder expresar su pensamiento.
No creo que el lenguaje sea un fenómeno esencialmente social, sino también un problema de registro del ser. Algunos, entre los Antiguos, que estudian el lenguaje —los Cabalistas, por ejemplo— sabían muy bien que la elección de las palabras tiene una importancia capital, que no se puede sacar a alguien de o, por el contrario, tonificarlo mediante el lenguaje, eligiendo las frecuencias y su distribución en su significación no determinada, estas últimas frecuencias específicas y su significación no determinada, es seguro, en lo que nos concierne, que las sibilantes aportan una energía extraordinaria, amplificada aún por los filtrados sucesivos. Es cierto que puede deslizarse también una palabra persiflante que, ella sí, destruirá más el lado energetizante. El diablo puede humanizarse en su todo. Dicho esto, pienso que la técnica que utilizamos está simplemente hecha para tensar el tímpano; lo retomaremos mañana. Si el tímpano está muy tenso, hay caída de la angustia. Desde el instante en que el sujeto ya no tiene angustia, deja de nacer de nuevo él, por tanto, de elección de las palabras con las que va a expresarse.
En el ámbito de la educación audio-vocal que practicamos bajo Oído Electrónico, las frecuencias son, pues, muy importantes. Si por ejemplo nos graban una palabra dulce, gentil, tierna, palabras cortas, hechas de «banana», «limón», «danelot», desollarán toda la veracidad del sujeto y no podrán alcanzar la zona de la pintura, de la abstracción, de la trascendencia. Si por el contrario, eligen palabras muy ricas en sibilantes, aumentan muchísimo la constancia del sujeto, que quiere así poder darse cada vez más en el plano de la expresión.
Sra. Dubard (Niza)
Desearía saber qué piensa usted de un niño que no habla a los tres años, pero que silba.
Pr. Tomatis
Es un lenguaje. Existen lenguas silbadas, en los Pirineos por ejemplo, donde los pastores se «hablan» de un valle a otro silbando. En cierta costa de España, la gente se interpela de esta manera. Existe una codificación enteramente, mas que no va muy lejos en el plano de la expresión. El niño del que nos habla usted es capaz de entrar en el lenguaje a los tres años para expresarse, rehúsa sin duda su entrada en el lenguaje y exige a sus padres comportarse lo que él quiere decir así, y estoy seguro de que los padres responden a sus preguntas, sobre todo la madre. Entonces, ¿por qué cambiaría? Además, es para él también un medio de recargarse y de desembarazarse de su angustia. Han sido sin duda presa de miedo por la noche, cuando se han puesto a silbar o a cantar para romper el silencio y aumentar su tasa de conciencia a fin de eliminar la angustia que les invadía. Cada vez que lo desconocido vuelve al natal del miedo, hay que aferrarse a su tonacidad. Aquel que se pone a silbar la noche simpáticamente. Silbando, tensa su tímpano y apacigua así la acción del parasimpático-neumogástrico que es, lo saben ustedes, el nervio de la angustia. Silbando, se intenta también recargarse, demostrarse que se existe. Recuerden que, para existir, hay que tocarse; y el lenguaje que emitimos de la boca es uno de los elementos principales que nos permiten tocarnos, justamente por la auricular de la piel. En cuanto ponen el aire ambiente haciendo ruido, ponen en vibración objetos que vienen a tocarles la piel y que les apaciguan.
En el caso evocado por la Sra. Dubard, se trata sin duda de un niño que tiene importantes trastornos de la comunicación, que no pueden entrar en el lenguaje de los demás. Silbó para no entrar en el lenguaje de la relación. Silbó para no estar en el lenguaje de los demás; además, le permite recargarse. Pienso que se trata aquí no de un autista sino de un esquizofrénico; el autista corta la comunicación totalmente, así pues el silbido, mientras que el esquizo nunca se ha cortado en el lenguaje de la totalidad sino que ha conservado un oído extremadamente rico en agudos. Por eso tiene tal energía; trepa por las paredes, se sube a los muebles, siempre tiene energía y cuando no silba, grita muy fuerte, mientras que el autista, él, se calla completamente. Ni siquiera utiliza este código de comunicación.
Sra. Bourgnon (Verviers)
¿No podría contemplarse a este propósito hacer cintas con sibilantes?
Pr. Tomatis
Sí, por supuesto, y a continuación ampliar el silbido en frecuencias por ambos lados, hacia los graves y hacia los agudos. Pero hay que hacer notar que el silbido no sube muy alto. Podrán constatarlo en los osciloscopios: se sube mucho más alto silbando que hablando; de hecho, no supera 4.000 Hz; por tanto, la zona es limitada.
Sra. Bourgnon
Personalmente, he silbado mucho porque me hacía bien.
Pr. Tomatis
Era sin duda también para huir del lenguaje. Señalo de paso que al perder la audición se pierde igualmente el silbido, y la reeducación va a consistir, recuperando cierta zona de los agudos, en devolver al sujeto las ganas de silbar. En su inconsciente, comienza a activar sus labios y es lo que he llamado el estadio «Lábdaco». Recuerden que Lábdaco era el padre de Layo o Laios; es el estadio en que el niño comienza a mover los labios para llegar a expresarse. Quiere volverse dueño de este proceso, dueño de la contrarreacción: audición en los agudos —tensión del tímpano— tensión de los labios hacia delante; es lo que va a reemplazar el fenómeno de succión inicial.
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Fuente: Actes du IIe Congrès International d’Audio-Psycho-Phonologie, París, 11-14 de mayo de 1972, pp. 21-31 («L’influence des mots» por la Srta. Frédérique Gesta, Servicio de Audio-Psico-Fonología del Centro Hospitalario de Villeneuve-Saint-Georges, seguida de la discusión presidida por el Sr. Baltz, Lyon, con intervenciones del Pr. Alfred Tomatis, de la Sra. Dubard (Niza), de la Sra. Bourgnon (Verviers) y de la Sra. Zillermairi (Lyon)). Documento digitalizado proveniente de los archivos personales de Alfred Tomatis. El texto de origen, mecanografiado, presenta numerosas imperfecciones de captura; lo hemos transcrito lo más cerca posible del documento fuente, restituyendo la puntuación y la tipografía siempre que la lectura lo permitía, y señalando con [sic] implícito las lecciones dudosas.