Las bases neurofisiológicas de la musicoterapia (Grenoble, abril de 1974)
Resumen de la ponencia del Dr A. A. Tomatis durante las jornadas de información sobre las técnicas psicomusicales, Conservatorio de Grenoble, 1-2-3 de abril de 1974.
Texto programático: para fundar la musicoterapia sobre bases científicas sólidas, Tomatis sienta el principio de que toda «validez terapéutica de los sonidos» supone, en primer lugar, elucidar las implicaciones neurológicas subyacentes. El cuerpo humano —instrumento idealmente concebido para vibrar al unísono— es a la vez emisor-creador y oscilador-receptor. A este doble título, hace posible la transmisión de una experiencia vivida de un cuerpo a otro. Una verdadera farmacopea sonora solo puede elaborarse a partir de este conocimiento fisiológico del «sonido benéfico».
Hacia un fundamento neurofisiológico de la musicoterapia
Pretender fundamentar la musicoterapia sobre una base neurofisiológica significa, evidentemente, otorgarle un estatuto de existencia. Pero, a nuestro juicio, de nada serviría intentar una aproximación a la validez terapéutica de los sonidos si no nos fuera dado descubrir las implicaciones neurológicas que se hallan insertas en ella. ¿No cabe acaso, además, en semejante tentativa, hallar el medio más eficaz para asegurar a esta ciencia —en realidad tan antigua como el mundo— el derecho de acceder al plano de las técnicas dignas de ser aplicadas y ampliamente desarrolladas en una perspectiva de humanización?
Pienso, por lo demás, que estas consideraciones permitirán restablecer el orden en un ámbito en el que numerosos son quienes obran a ciegas, podría decirse, olvidándose de las leyes y reglas que presiden el buen funcionamiento de los mecanismos que pretenden poner en juego. Así se desprenderán las nociones mismas de la posibilidad de una acción terapéutica de la música, al tiempo que se precisarán los criterios que condicionan su eficacia.
El cuerpo, instrumento ideal de la resonancia
Frente a la música, no cabe duda de que el conjunto idealmente concebido para vibrar al unísono es el cuerpo humano. Este no solamente permite hacer surgir ese modo de expresión que es la música, sino que además la crea como emanación propia de sí mismo en sus ritmos, modulaciones, melodías —otros tantos elementos estructurales que evocan sin reservas la dinámica de un verdadero lenguaje.
Para acceder más fácilmente a la comprensión de este doble aspecto del cuerpo —creador-emisor por una parte, y oscilador-receptor por otra—, es evidente que la mejor solución consiste en considerar el instrumento-cuerpo bajo su aspecto neurológico, provisto de sus accesorios de estática y motricidad que inducirán ulteriormente las contrarreacciones témporo-espaciales tan íntimamente ligadas a las nociones de ritmo y de melodía.
Un sistema neurológico no puede ser concebido «creando» sino visto bajo su aspecto más altamente controlado, es decir, cibernéticamente elaborado. No es que con ello se pueda negar la espontaneidad de la producción: pero esta última solo reviste el aspecto de un brote a partir de una fuente creadora si el compositor puede percibir, analizar y reproducir —traduciéndolo, transcribiéndolo— aquello que parece recibir.
De la transmisión de un cuerpo a otro
La música permite, gracias a su soporte acústico, transmitir esta experiencia personalmente sentida —y, por ello, vivida conscientemente— a un «cuerpo-oscilante» capaz de ponerse al unísono y apto para reproducir interiormente, hasta el punto de revivirla, esta intención musicalmente expresada.
Son estos medios de transmisión de un cuerpo a otro los que aquí nos interesa estudiar. Es evidente que la cualidad del emisor-compositor condicionará, en gran medida, el valor terapéutico del mensaje sonoro empleado. En cuanto a la eficacia de este último, el punto de impacto será tanto más certero cuanto mejor conozcamos los criterios de puesta en resonancia del cuerpo que ha de ser tratado.
Hacia una farmacopea sonora
Así pues, el conocimiento de las cualidades fisiológicas de un sonido «benéfico», por así decirlo, debe permitir elaborar una farmacopea sonora —que hasta el presente se ha limitado a algunos balbuceos, al carecer de las bases científicas necesarias para asegurar el control de los efectos producidos.
— Dr A. A. Tomatis. Resumen de la ponencia pronunciada en las Jornadas de información sobre las técnicas psicomusicales, Conservatorio de Grenoble, 1-2-3 de abril de 1974.