Comunicación presentada al IIIe Congreso Nacional de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie*, por el Dr Michel G. Mouret, psiquiatra, Centre Hospitalier Spécialisé de Pau (Francia).*

El sujeto dispone ante sí de un espacio en el que podrá desplegarse su mundo interior, con tal de que se le ofrezca una hoja de papel y unos lápices. Estos dibujos tienen, naturalmente, una significación proyectiva, mas pueden servir también de adyuvante a la cura sónica. Además de que el lenguaje plástico pueda enriquecer los datos de la clínica, la actividad de expresión es un agente de comunicación, de catarsis y de psicosíntesis.

La psicosíntesis no consiste ni en explicar, ni en disecar, sino en situar. Una vez dibujada, la realidad interior se vuelve objeto de contemplación y de meditación, y por tanto posible transformador. Por lo demás, como dice Bachelard, los arquetipos son símbolos motores.

De hecho, sería más bien al principio como minúsculas pequeñas semillas, insípidas, secas, mortecinas, ridículas. Plantadas en el jardín interior, mantenidas secretamente, brotan: nuestro jardín se vuelve deslumbrante de vida, de vibraciones, de sonidos, de colores, de riquezas, de perfumes, de sabores, de éxtasis. La obra en la que el sujeto trabaja lo modela, a su vez, con tal de que se haya invertido suficientemente en ella.

Cuando la obra ha encontrado su equilibrio, siguiendo la vía de los arquetipos y la voz de la Tradición, el sujeto se halla en armonía con el universo. Tal es todo el principio de los mándalas y de la gran obra, masónica o alquímica.

El espacio del inconsciente es a-espacial como es a-temporal; así, los sujetos, al inicio del tratamiento, apenas poseen espacio. Lo tendrán al término, cuando el espacio intrapsíquico se oriente hacia la luz, lux, lug, el logos.

El símbolo como re-presentación

El símbolo es una re-presentación. No explica nada, no prueba nada, no contesta nada: reconcilia. Sugiere mas no expone. En lugar de fundarse en el principio del tercio excluido, como la lógica conceptual, la simbólica presupone, por el contrario, un principio del tercio incluido, es decir, una complementariedad universal. Symballein significa poner juntos, en un sentido más especial: trenzar (que encierra la raíz: tres).

Los amigos que se separaban rompían una pequeña tablilla, tomando cada uno para sí uno de los dos trozos, transmitiéndolo en caso necesario a sus herederos. Los trozos se llamaban «símbolos» y significaban esa alianza para la sucesión de los tiempos. En ocasión de los reencuentros, se reajustaban los trozos, testimoniando que la unión había permanecido intacta. Esto muestra que el carácter simbólico implica una idea de re-conocimiento. Ser re-conocido es nacer al orden simbólico. Los pitagóricos llamaban «símbolo» la contraseña que permitía a los iniciados reconocerse. En los misterios, la contraseña contenía una verdad portadora de una garantía de salvación. Se denomina símbolo al resumen esencial de la vía. Así, el resumen de la catequesis cristiana se llama: el símbolo de los Apóstoles.

El símbolo es, pues, verdadero porque concuerda con el original. Es por esencia unión y armonía. El conocimiento simbólico es una aprehensión intuitiva. Hay un riesgo en querer interpretar los símbolos: el de la caza de mariposas, a las que después se prende con alfileres. En la transposición a conceptos, queda siempre un residuo incomunicable. Lo que, por esencia, es síntesis, resiste al análisis. Como dice Heráclito: «Dios no oculta, no revela, sino solo indica» (si bien re-velar es, en el fondo, re-velar). Y Aristóteles: «No se demuestran los principios, sino que se percibe directamente la verdad.»

En lógica, todo se reduce a principios nítidos, a conclusiones precisas. Se trata, pues, de un trabajo en el que las facultades sensibles solo tienen una función de órgano de recepción. Por el contrario, los sentidos colaboran constantemente con el espíritu en los conocimientos simbólicos. Estos solo se develan a los sentidos iluminados por el espíritu y a un espíritu que se apoya en los sentidos. Escapan al espíritu que se emancipa de los sentidos y a los sentidos que solo buscan lo sensible. El espiritualismo es enemigo del símbolo al mismo título que el materialismo, al separar la materia del espíritu. El símbolo aprehende el espíritu a través de los sentidos, sin retenerlo allí cautivo. En la hora actual, un viento de iconoclasia vacía ciertas iglesias. Proverbio chino: «Cuando un dedo señala la luna, miro la luna y no el dedo.»

El Verbo es Luz y Vida

En los dibujos despunta la dinámica terapéutica de los conflictos intrapsíquicos, dinámica que anuncia el prólogo mismo del Evangelio de san Juan, que nunca se meditará lo bastante (y que retoma en su primera epístola):

El Verbo es Luz y Vida.

El Verbo es también el vibrar, las vibraciones, el sonido antes de ser la palabra. «Todo vibra, arriba como abajo», dice Hermes.

El verboφῶς (en griego) Phoebus= Luz — Phos
(vibra)βίος= Vida — Bios (el Sol)

Los tratamientos por los sonidos hacen aparecer la temática solar en estos microcosmos que son los dibujos, y el proceso de curación es un fenómeno de luz, lo que la Tradición no cesa de repetir desde hace al menos 6.000 años.

(Daremos una pequeña vuelta bibliográfica por estas selvas de símbolos de guiños familiares, como dice Baudelaire, mas solo retendremos aquello que concierne únicamente a la tradición occidental, esencialmente cristiana, ya que es la única viviente con el antiguo y el nuevo testamento.)

Hay una analogía estructural entre el mundo físico, psíquico y metafísico, y las palabras de luz y de vida tienen allí las mismas funciones.

De lo mineral a lo viviente

Los sujetos cuya organización psicológica está sobre el modo obsesivo tienen una representación del mundo mineralizada y desvitalizada. Por el bios, la vida, pasarán de su mundo fantasmático —cuya contemplación les aporta un goce mental del cual el cuerpo está excluido— a ese mundo carnal y sensitivo en el que el amor los pone en relación. Mas, naturalmente, «estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida» (Mateo VII, 14).

Se trata de histerizar (histeria = útero) al obsesivo. El Mundo son las ondas. Como dice un anuncio en la tele: «los colores son la vida». Es lo viviente, las aguas, los vegetales. Es el espacio que contiene la totalidad de las virtualidades, es también el mundo del inconsciente, de la madre, del mar, de la madre cósmica, la materia, la mater, la tierra y la luna, los ciclos, el retorno de lo mismo, la compulsión de repetición, la relación en espejo de Narciso que se ahoga, el discurso del Otro, la máscara, el personaje (la per-sona: aquello a través de lo cual eso suena). Es también el gran mamífero de los dibujos infantiles y de los capiteles de las catedrales (ballena, elefante, tiburón, etc.). Es el hombre animal en fin, cuya ontogénesis retoma la filogénesis, nacido del agua, y que aún debe nacer a la conciencia —renacimiento en el vientre del pez, otro Pinocho que vuelve a encontrar a su padre en el vientre del monstruo. (El pez es, como el agua, símbolo de vida.)

Empédocles (430 a. de C.): «Fui una planta, un pez mudo zambullido en las aguas, una niña, un muchacho.» Y san Gregorio Magno, retomando la tradición de los Padres griegos: «El hombre tiene algo en común con toda criatura. Comparte la existencia con las piedras, la vida con los árboles, la sensación con los animales, el conocimiento con los ángeles. Y si el hombre posee este carácter común con cada criatura, es que verdaderamente es, de cierta manera, cada una de ellas.»

Del paso: el arco iris y la mariposa

Tras el tema de muerte-renacimiento, de lo mineral a lo viviente, el proceso de transformación siguiente estará más bien bajo el signo del paso, del puente, del pórtico o de la puerta. Toma a menudo los colores del arco iris, símbolo del puente entre la tierra y el cielo, entre lo material y lo espiritual. Los colores del espectro pueden aparecer todos juntos so pretexto de algún tema multicolor (plumas, banderas).

El arco iris es el símbolo de la Isis celta de los druidas, la virgo paritura, la virgen negra que ha de alumbrar, arquetipo del renacimiento del que habla Jesús a Nicodemo.

La mariposa es también frecuente en este estadio. En griego, mariposa se dice psyché. En cada etapa, el crecimiento no es un engrosamiento, sino una transformación. La mariposa no es una gruesa oruga. ¿Tal vez el sueño de la oruga fuera convertirse en la más gruesa del bosque? Habrá, no obstante, que despojarse de su cuerpo de oruga y que se le dé un cuerpo nuevo. Este paso se hace por la mediación del aire, de lo volátil, de las volátiles. Las aves son constantes. Como dice Lucas (XIII, 18): «El reino está dentro de vosotros. Es semejante a una semilla en un jardín; crece, se convierte en árbol, y las aves vienen.» En psicología, como en química, es la sublimación, es el paso del sólido al gaseoso, bajo el signo de la estrella (compo-stella: el campo de la estrella); la del campo alquímico, cuando el azufre (sufre) filosofal, en el momento de su forma cristalina (cristalina) estrellada, indica el camino, el del paso del plomo al oro, de lo vulgar a lo sublimado, de la pulsión instintual a la sublimación de los instintos.

«En la literatura psicoanalítica, se recurre con frecuencia al concepto de sublimación; es, en efecto, el índice de una exigencia de la doctrina, sin la cual difícilmente se vería cómo prescindir. La ausencia de una teoría coherente de la sublimación sigue siendo una de las lagunas del pensamiento psicoanalítico. Una pulsión es dicha sublimada en la medida en que se desvía hacia un nuevo fin no sexual y en que apunta a objetos socialmente valorizados. Freud consideró esencial la capacidad de sublimar en el desenlace de los tratamientos, sin por ello mostrarla concretamente en obra.» (Vocabulaire de la psychanalyse, Laplanche y Pontalis.)

Este paso es el del agua al fuego. San Juan Bautista (Mateo y Lucas), que ha reemplazado en el solsticio de verano al arcángel del fuego Uriel (fuegos de San Juan), nos dice: «Yo bautizo en agua… Aquel que bautiza después de mí bautiza en el fuego.»

Para Plutarco, «el agua santifica» (es decir, hace sano, antes de hacer sant-o) «y el fuego purifica». Aquellos cuya organización psicológica está sobre la vertiente histérica interponen el cuerpo como fuente principal de goce entre ellos mismos y sus fantasmas, evitando así toda conciencia. A estos hay que aportarles la luz del Conocimiento, de la Sabiduría: Phos.

Como dicen los Proverbios (VI, 23): «El mandamiento es una lámpara, la enseñanza una luz.» Están entonces en relación, no ya con el mundo (las ondas, las aguas), sino con el cosmos (el universo organizado, el espacio orientado).

Del agua a la luz

En griego, la idea de orden y de belleza proviene del fuego (del fenicio phos —Fenicio es phos-niké, la victoria de la luz). Es el paso del antiguo testamento:

(Sal 124) «El torrente pasaba sobre nuestra alma en aguas espumantes, las aguas nos sumergían.»
(Sal 42) «La masa de las aguas ha pasado sobre mí.»
(Sal 69) «Sálvame, pues las aguas me han llegado hasta el alma… que el flujo de las aguas no me sumerja.»
(Sal 144) «Sácame de las grandes aguas.»
(Sal 18) «Él me libera de las grandes aguas.»

… al nuevo:

Simeón: «Mis ojos han visto tu salvación, luz para iluminar.»
Lucas: «Ternura de nuestro Dios, que nos trae la visita del Sol Naciente.»
Mateo: «El pueblo que estaba en las tinieblas vio una gran luz. Sobre aquellos que habitaban en la oscuridad, una luz se ha alzado.»
Jesús en Juan (XVII, 35): «Yo soy la luz.»
en Lucas (XII, 49): «He venido a traer el fuego.»
y Marcos: «Tened fuego en vosotros mismos.»
Pablo a los Hebreos: «Dios es un fuego devorador, el que hace de sus servidores una llama de fuego.»

Es así como, de las aguas, por el aire, el dibujo desemboca en la luz, símbolo de curación y de salvación, que es sol, fuego, templo. Es la simbólica del Padre, ese 3er término que instaura la relación triangular, el padre cósmico, Dios (que viene del sánscrito div: brillar, que ha dado Zeus, deus, dios). El cielo es la casa del Padre. Es el tiempo, los ritmos (Urano-Cronos-Júpiter, jour-pater). Es la raíz aor, la luz, ur el fuego. Es el crismón. «El sello del dios viviente es el sol», dicen los Vedas. Zoroastro: «El ternario brilla en todas partes en el universo.»

Recuerden la Navidad —el Neo-Helios, el nuevo sol; las lenguas de fuego de Pentecostés; la liturgia del fuego de la vigilia pascual.

El sol es, pues, agente de síntesis y luz del conocimiento. Es el matrimonio del espíritu y de la materia, la individualidad, el hombre espiritual. Pablo a los Corintios: «Si hay un cuerpo psíquico, también hay un cuerpo espiritual. No es lo espiritual lo que aparece primero, es lo psíquico, y después lo espiritual.» Y san Judas en su epístola: «Esos padres psíquicos que no tienen espíritu.» El sueño despierto dirigido ha permitido constatar la asociación del oro, de la ascensión y de la sublimación, es decir, la universalización y la síntesis. Hermes termina la Tabla de Esmeralda diciendo: «Lo que he dicho de la operación del sol está cumplido.»

Las dos edades del dibujo

Cabe separar muy nítidamente los dibujos en dos edades, con un quicio a los doce años. Es la edad de la iniciación a los misterios, es decir, de la entrada en el universo de los arquetipos. Antes, el discurso del niño es totalmente dependiente del discurso familiar, y los arquetipos solo estarán presentes si ya son operativos en la familia. Después, padre y madre reales se borran ante el Padre y la Madre cósmicos. La infancia llega a su término, Jesús es hallado en el templo: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» El destete ha terminado. Re-nacimiento de un sujeto de deseo en el campo de la Palabra. El padre se borra ante el Padre: re-conocimiento del deseo, del deseo de reconocimiento: «Habéis recibido un espíritu de hijo, que nos hace exclamar: ¡Padre! El espíritu en persona se une a nuestro espíritu para atestiguar que somos hijos de Dios, hijos y por tanto herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo.» (Pablo a los Romanos, 8, 15.)

El recorrido de los dibujos en el curso de las terapias sigue la ruta así figurada por la espiral (spire = engendrar, sembrar):

Esquema de la espiral

Espiral = engendrar, sembrar.

Polo masculino (Cálido)Polo femenino (Cálido)
Seco — Activo (intuición del corazón)Húmedo — Pasivo (reflexivo, reflexión)
El inspirado — hombre espiritualLo psíquico — hombre psíquico
Luz — Sol — Fuego — AIRE
LuMeN — VERBO — éN-eRGía
Quintaesencia — Espíritu de vino — Esencia — Agua-de-vida — Sal (sol) de la tierraMariposas — Arco iris — Volátiles — Estrellas (astros = seres) — Vapor
Conocimiento (Jesús) — la VIDA — AMOR
Arte abstracto de los principios del universo (arquetipos)Hominal — Animal — Vegetal
El / la vasija
Mineral — Murallas — Castillos fuertes — Cristales — GuijarrosPeces — Caracoles — Cuadrúpedos — Setas
éLeMeNtos → LiMo → aLiMeN-tos
Arte abstracto de defensa contra la vida
Frío — Seco — Masculino — Polo obsesivoFrío — Húmedo — Femenino — Polo histérico

Para no simplificar en exceso haciendo creer que arriba aparece el ser masculino que todo lo ordena, y que de abajo viene el ser femenino que engendra todas las cosas, veremos en el cuadro recapitulativo que la sucesión:

éLeMeN-to → LiMo → aLiMeN-to → sub-LiMen (sublimar) → LuMeN

… muestra bien que, en el fondo, la luz siempre ha estado ya allí.

(En semántica sagrada, solo se tienen en cuenta las consonantes. Las vocales constituyen la participación de lo divino, que permite que la palabra sea dicha, y por tanto viva, ya que Dios es IÉOUA o IAOUE, es decir, las cinco vocales —I = J y U = V.)

En definitiva, no se trata, pues, de suprimir el cuerpo para liberar el alma, como si esta estuviera en una prisión, sino de sublimar la materia, de iluminarla en cierto modo (como lo define en el fondo el dogma de la Asunción de la Virgen), para que el espíritu no esté bajo la tutela del cuerpo, ni el alma aprisionada en los meandros del espíritu, sino que el cuerpo esté bajo el control del espíritu y que este se halle bajo la guarda del alma.

Etapas del desarrollo psíquico

Cabría resumir así las principales etapas del desarrollo psíquico:

Conciencia latentemineral (obsesivo, donde prevalecen las pulsiones de muerte que tienden a la reducción de las tensiones, es decir, a llevar al ser viviente a lo anorgánico)
Instinto de conservaciónvegetal
Sentimiento nacienteorganización histérica (histéresis = lo que persiste)
Sentimientos, instintos
Subconsciente
Conciencia en sentimientos y pensamientohombre psíquico (normal)
hombre espiritual (inspirado)
Conciencia crísticacuyos frutos son la caridad, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, la disponibilidad, la confianza, la dulzura, la templanza (Pablo a los Gálatas)

El hombre es él mismo la materia de la gran obra, cuyo verbo divino es el alquimista y el espíritu santo el fuego secreto.

Dos figuras de la mitología

Para terminar, tomaré dos rasgos ejemplares de la mitología (mythos-logos: la palabra del verbo, y también: la palabra muda; leyenda: lo que debe ser leído).

El combate musical de Pan y de Apolo

Apolo: el dios solar, que atraviesa los cielos sobre un carro deslumbrante, y que simboliza la suprema espiritualización. Toca la lira, a cuyos encantos, al decir de Plutarco, los pitagóricos recurrían antes de entregarse al sueño «a fin de apaciguar y encantar los elementos instintivos y apasionados de su alma». El arte antiguo ha celebrado a menudo la lucha musical que opuso a Pan, con su flauta de tubos reunidos —dios campestre y sensual que pies hendidos de herbívoro vinculan a la tierra— a Apolo, el dios de la luz, de la armonía, de la elocuencia y de la belleza, con su lira. Ambos tocaron con gran talento, pero de la lira salen volando acordes tan bellos que la flauta, junto a ellos, no parece sino balbucir. Sin embargo, el rey Midas, árbitro de la lucha armoniosa, extrañamente cegado, se pronuncia por Pan contra Apolo. Le costó un par de orejas de asno.

El poeta Orfeo

(Phos d’aor: lumen de lumine del símbolo de Nicea —aur-rofeo: el que sana por la luz.) Antiguo argonauta, conquistador del Vellocino de Oro, divinizado en cuanto hijo de Apolo en persona, alcanzó la suprema potencia del arte. Al decir de los antiguos, ante las armonías inefables que salían volando de su lira y de sus labios, «las aves venían» —sigan bien aquí todo lo que se dice, lo hallarán en cantidad de dibujos— «las fieras más feroces, vueltas atentas y dulces, se acostaban a sus pies, los árboles desnudos se cubrían de verdor y los brotes se abrían, los vientos y el granizo se apaciguaban y los navíos atascados en las arenas iban por sí mismos a mar abierto». Orfeo decía: «Dejaos atravesar por los sonidos.»

Los audio-psico-fonólogos buscan también ser, en cierto modo, discípulos de Orfeo, ya que estos se llamaban los eumólpidas, es decir, los que tienen la voz acabada.

— Dr Michel G. Mouret, psiquiatra, Centre Hospitalier Spécialisé de Pau. Comunicación al IIIe Congreso Nacional de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie (AFAPP), Amiens.