Dislexia, debilidad mental y Oído Electrónico
Dislexia, debilidad mental y Oído Electrónico — Madrid 1974
Comunicación presentada al IVe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología*,* Madrid, 13-15 de mayo de 1974*, por el* Dr K. Spirig (Centro de Amberes, Bélgica). Asociación Internacional de Audio-Psico-Fonología, 9 boulevard des Philosophes, Ginebra (Suiza).
Dislexia, debilidad mental y Oído Electrónico. ¿Por qué tantos niños presentan dificultades de escucha y cómo puede el Oído Electrónico relanzar su desarrollo?
Introducción
Mi intención es hablarles de los niños que se encuentran con muchísima frecuencia en el mundo de hoy y que plantean numerosos problemas de inteligibilidad; quisiera, en particular, hablarles de aquellos que presentan dificultades en el plano de la escucha. Esto no significa que me referiré aquí al caso de los niños sordos, sino más bien al de los niños que parecen no comprender, no integrar lo que se les cuenta, lo que se les enseña. Son niños a menudo distraídos, que tienen dificultades para concentrarse.
Al margen de las anomalías orgánicas que pueden realmente existir en los planos visual, motor o auditivo, hemos de pensar en los orígenes psicológicos de estas dificultades —cuya influencia sobre los procesos de la escucha es incuestionable—. Esto me lleva a hablarles de las estrechas relaciones que existen entre la audición y el psiquismo, entre el oído y el lenguaje, entre el ser y su entorno. Es el vasto problema de la comunicación el que se nos plantea: comunicación con uno mismo, comunicación con el otro a través de uno mismo.
Para que el mensaje pueda ser transmitido al interlocutor, es preciso en primer lugar que esté autocontrolado. Cuando hablo, debo ser dueño de mis palabras, debo poder regular el ritmo, el timbre, la intensidad de mi voz y verificar el valor semántico de mi lenguaje. Escucho lo que digo. Hay autoinformación.
I. Datos experimentales
¿Qué ocurre cuando un sujeto se pone a hablar? Intervienen cuatro elementos: el córtex, que da la orden, el órgano de la palabra, el aire ambiente y —en cuarto lugar pero ocupando un lugar primordial— el oído en tanto que puesto receptor, captor necesario para la realización del autocontrol.
El efecto Tomatis: «se habla como se oye»
Al inicio de sus investigaciones, Tomatis se enfrentaba con dos tipos de individuos. Por una parte, los cantantes que, tras algunos años de carrera, encontraban dificultades con su voz, que perdía sus armónicos. En la época, todos creían que ese fenómeno se debía al mal estado de las cuerdas vocales. Hoy se sabe que el problema no está allí. Por otra parte, este investigador examinaba a obreros y pilotos del Arsenal de París que se volvían sordos a causa de traumatismos sonoros.
Una de las primeras preocupaciones de Tomatis fue hallar un sistema que permitiera verificar si se trataba de una sordera o de un fenómeno de simulación. Al hacer comparaciones entre los audiogramas de los cantantes y los de los obreros de los Arsenales, se sorprendió al ver que las frecuencias deficientes en los audiogramas estaban también ausentes en el espectro vocal.
Si se filtran artificialmente las frecuencias por encima de 600 Hz en la escucha de un sujeto de audición normal, el análisis vocal de ese sujeto da inmediatamente la imagen de un obrero que presenta una sordera traumática. Mejor aún: si se provoca un escotoma a 1.000 Hz, por ejemplo, se constata el mismo escotoma en el análisis de la voz hablada.
Tomatis llegó a la siguiente conclusión: «La voz no contiene sino los armónicos que se pueden realmente analizar en el plano de la escucha.» En suma: se habla como se oye. O más claramente: en la voz hablada uno solo se sirve de los armónicos que puede controlar auditivamente. Es el célebre Efecto Tomatis.
El oído director
Un segundo punto esencial concierne a la lateralidad auditiva. Tomatis llevó a cabo una vasta experimentación con grandes cantantes de ópera dotados de una hermosa voz. De entrada, los dejaba cantar autocontrolándose con ambos oídos por medio de un casco. A continuación, «deslumbraba» por medios electrónicos el oído derecho —dejándolo fuera del circuito— a fin de obligar al sujeto a autocontrolarse con el oído izquierdo.
El resultado: desaparición de toda una serie de armónicos. El ritmo se ralentizaba hasta tal punto que, en ocasiones, el cantante debía detenerse, por no poder recuperar el retraso acumulado. El sujeto declaraba estar cansado, oprimido, y tener dificultades para conservar la justeza de su voz.
Inversamente, al bloquear el oído izquierdo y dejar que el sujeto se autocontrolase mediante el oído derecho, se obtenía un haz de armónicos aún más copioso que con ambos oídos. El sujeto señalaba entonces que era «muy agradable» cantar en esas condiciones, que se sentía ligero, eufórico.
Una experimentación semejante, realizada con virtuosos violinistas, dio los mismos resultados. Y uno de ellos declaró, cuando se le hacía autocontrolarse mediante el oído izquierdo: «No solo me cuesta tocar, sino que tampoco puedo ya mover los dedos.» Esto muestra hasta qué punto toda la psicomotricidad depende de la audición.
Realizada con actores, en el ámbito de la voz hablada, la experiencia dio resultados idénticos: hablar escuchándose con el oído izquierdo provoca un retraso del ritmo (que puede llegar a veces hasta la tartamudez), un trastorno del timbre, dificultades de concentración, de atención, de expresión del pensamiento y, en última instancia, una gran fatigabilidad.
Tomatis ha puesto así en evidencia el oído director: solo el oído derecho controla la voz hablada y la voz cantada. Si presenta una falla, se instalan trastornos en el plano del ritmo, del timbre, de la articulación.
El oído musical
Gracias a los numerosos cantantes a los que tuvo la posibilidad de examinar en el plano auditivo, Tomatis pudo establecer una curva ideal: ascendente de 500 a 2.000 Hz, con una pendiente de 6 a 18 dB/octava.
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Si hay un escotoma de 5 o 10 dB en esta zona, se perturba la musicalidad.
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Una falla entre 500 y 1.000 Hz: el sujeto no puede apreciar la música, juzgar de su justeza.
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Un escotoma entre 1.000 y 2.000 Hz: el sujeto canta desafinado.
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Más allá de 2.000 Hz: la voz pierde sus armónicos, su cualidad —el sujeto canta afinado pero ya no canta bien.
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Si toda la curva está alterada entre 500 y 2.000 Hz: amusicalidad.
El oído étnico
En este ámbito, Tomatis ha llevado a cabo una amplia experiencia partiendo de una constatación realizada con cantantes: los venecianos no podían pronunciar la «r» con la punta de la lengua (y la sustituían por «l»), mientras que los napolitanos sí eran capaces. ¿Existía un oído veneciano diferente del oído napolitano?
Extrapolando, Tomatis se preguntó si existía un oído inglés, francés, alemán, etc. Sobre más de cien idiomas estudiados, solo halló doce maneras de oír. Cada etnia presenta bandas pasantes específicas —zonas electivas, selectivas, en las que se hallan las afinidades frecuenciales de una lengua.
Algunos ejemplos:
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Francés: dos picos, uno a 250 Hz y otro a 1.500 Hz (zona de nasalización).
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Inglés: curva ascendente hacia los agudos a partir de 2.000 Hz, hasta los 12.000 Hz —de ahí la riqueza de las sibilantes.
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Español: importancia de los graves hasta 500 Hz, además de un haz entre 1.500 y 2.500 Hz.
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Alemán: domo en las frecuencias graves y medias, hasta 3.000 Hz.
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Ruso: campo muy extenso, de los graves a los agudos —de ahí la extrema facilidad de los eslavos para aprender lenguas extranjeras. Su diafragma auditivo ampliamente abierto les permite captar todos los matices acústicos de las diversas etnias.
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Neerlandés: zona baja, entre 125 y 500 Hz aproximadamente —próxima al español.
II. Datos clínicos: la selectividad auditiva
Si hablamos como nuestros padres —con las mismas frecuencias, las mismas entonaciones, el mismo ritmo— es porque hemos vivido en un baño sónico de cierta cualidad, y nuestro oído se ha ejercitado en condiciones bien definidas en el plano acústico. El niño emplea buena parte de su tiempo en realizar esta adaptación, para hallar primero la voz de su madre, que lo ha mecido a lo largo de su noche intrauterina; y luego para encontrar a continuación su entorno, sin el cual no puede crecer.
Tomatis ha definido la selectividad así: «la facultad que tiene el oído humano de percibir una variación de frecuencias en el interior del espectro sonoro y de situar el sentido de esa variación».
El examen nos revela que los niños disléxicos en general —y un gran número de débiles mentales— no logran efectuar esta diferenciación de los sonidos entre sí, ni indicar el sentido de su variación. Si se les pasan, por ejemplo, sonidos desde 8.000 Hz hasta 500 Hz, no saben en qué se diferencian, ni si son más graves o más agudos unos respecto de otros. No tienen punto de referencia en el plano de la escucha.
¿Cómo quieren ustedes que un niño —incapaz de distinguir las variaciones de altura tonal— pueda distinguir variaciones tan sutiles como las que separan m y n, p y b, v y f, q y g? Su oído no realiza un análisis lo bastante fino para registrar estas diferencias de sonidos entre dos letras vecinas en el plano frecuencial.
El origen de las dificultades de escucha
¿Cuál es el origen de estas dificultades? Factores de orden psicológico y afectivo intervienen en gran medida. Impiden al oído del niño abrirse normalmente al mundo exterior. Hay fijación a un estadio determinado, con un fin de no comunicación. En el plano auditivo se advierte que el oído permanece en un «vago» que corresponde a una no acomodación.
Para que el niño se ponga a la escucha, es preciso que acomode las imágenes sonoras, de igual modo que lo hace con la visión. Este proceso de acomodación auditiva se efectúa con ayuda de dos pequeños músculos del oído medio: el músculo del martillo (ligado a la membrana timpánica) y el músculo del estribo (que regula las presiones de la ventana oval).
Si la acomodación auditiva es insuficiente —por ejemplo, a causa de una hipotonía de la musculatura del oído medio, lo que ocurre la mayor parte del tiempo— la reacción al ruido y a los sonidos no se produce correctamente.
III. Los disléxicos
La educación audio-vocal bajo Oído Electrónico consiste en recrear las condiciones del desarrollo normal de la escucha. Reconducimos al niño a través de las etapas: retorno a la escucha intrauterina (sonidos filtrados a partir de la voz materna), parto sónico (paso de la audición líquida a la audición aérea), primera fase activa (encuentro con el lenguaje del padre, sibilantes, oído derecho director), segunda fase activa (lectura, canto, autocontrol).
El Oído Electrónico permite condicionar los músculos del oído medio para que el oído adquiera una postura de escucha. El martillo y el estribo reciben un verdadero entrenamiento gímnico, que restablece la función de acomodación auditiva —y con ella, la capacidad de discriminación fina de los sonidos y de los fonemas.
IV. Los débiles mentales
En los débiles mentales se hallan con frecuencia los mismos signos: selectividad auditiva muy cerrada, hipoacusia de transmisión psicógena, lateralidad auditiva no establecida o invertida. Muchos de ellos no son débiles en sentido orgánico, sino funcionalmente bloqueados en su escucha. La cura bajo Oído Electrónico, por su capacidad de despertar el oído del niño y de recrear el recorrido sónico del desarrollo normal, hace remontar a estos niños hacia un funcionamiento a menudo muy superior al que se les suponía.
La atención, la memoria, la capacidad de concentración, el tono general se despiertan; el lenguaje se estructura; y con él, la inteligencia operacional ocupa su lugar. Muchos niños etiquetados como débiles no son en realidad sino niños cuyo oído —y con él, el sistema nervioso— jamás ha recibido las estimulaciones adecuadas para ponerse en postura de funcionamiento.
V. Las teorías de Tomatis sobre la fisiología auditiva
El nervio neumogástrico
El tímpano está inervado, en su parte externa, por el nervio neumogástrico (X par craneal) —el gran nervio parasimpático que tiene bajo su tutela la inervación de la laringe, la faringe, los pulmones, el corazón y las vísceras. Es el nervio de la angustia visceral, pero también el que asegura la calma y la puesta en coherencia del organismo.
Cuando el tímpano se tensa adecuadamente bajo el efecto de un entrenamiento mediante el Oído Electrónico, el nervio vago se halla modulado —de ahí los efectos que se observan corrientemente en los sujetos en cura: regulación del tránsito intestinal, calmamiento de las manifestaciones psicosomáticas, mejora del sueño. La audio-psico-fonología se halla así naturalmente vinculada a la medicina psicosomática.
La lateralidad auditiva
La lateralidad auditiva es más fundamental que la lateralidad motora (mano, pie) o sensorial (ojo) —que son sus consecuencias. Refleja la postura relacional del sujeto: ¿quién controla su lenguaje? ¿El oído de la madre (izquierdo) o el del padre (derecho)? ¿El oído de dentro o el de fuera?
El desarrollo normal lleva al niño de la lateralidad izquierda, propia de la relación primaria con la madre, hacia la lateralidad derecha —la del lenguaje social, del verbo, de la comunicación estructurada. La dislateralidad traduce el bloqueo de este paso. El trabajo bajo Oído Electrónico consiste precisamente en hacer bascular el control audio-vocal hacia la derecha —sin por ello abandonar la izquierda, que conserva su papel de receptividad, de memoria, de imaginería mental.
VI. Algunos resultados
La experiencia clínica muestra, en los niños disléxicos en cura:
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una cristalización de la lateralidad derecha, incluso en los zurdos más reacios;
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una mejora del timbre vocal y de la articulación;
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la desaparición de las sincinesias faciales y de los trastornos posturales;
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una estabilización del comportamiento: menor agresividad, sueño más calmado, normalización del apetito, aparición de una euforia de vivir;
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en el plano escolar: mejora del rendimiento en lectura, ortografía, redacción, cálculo, matemáticas, historia, geografía;
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en los débiles mentales: recuperación de capacidades cognitivas a menudo insospechadas, proceso de socialización, apertura relacional.
Estos resultados —observados en Francia, en Bélgica, en Suiza y en los numerosos centros internacionales que aplican las técnicas Tomatis— corroboran la pertinencia de la teoría que los sustenta. No son efectos placebo: son la consecuencia directa de un trabajo sobre el oído, órgano central que —a través de las funciones de carga cortical, de equilibrio y de audición— preside toda la postura del ser en su entorno.
VII. Conclusión
La audio-psico-fonología no es una simple técnica de ayuda a los disléxicos o a los débiles mentales. Es una refundación teórica del lugar del oído en la psicofisiología humana, y una refundación práctica de la reeducación por la escucha.
El Oído Electrónico no es sino un instrumento. Solo tiene sentido al servicio de un proyecto más amplio: permitir al niño —o al adulto— ponerse de nuevo en camino en su relación con el mundo, pasando por la vía regia que es la escucha. La dislexia, la debilidad mental, dejan entonces de ser consideradas fatalidades: pasan a ser etapas que se pueden atravesar, a condición de hallar de nuevo la postura justa del oído.
Es esta esperanza —teóricamente fundada y clínicamente verificada— la que deseo, al concluir, compartir con ustedes.
— Dr K. Spirig (Centro de Amberes, Bélgica). Comunicación al IVe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, Madrid, 13-15 de mayo de 1974. Asociación Internacional de Audio-Psico-Fonología, Ginebra.