Investigaciones sobre la patogenia de la tartamudez
Investigaciones sobre la patogenia de la tartamudez — XIIIe Congrès SFP (1953/1954)
Comunicación de Alfred Tomatis presentada en el XIIIe Congrès de la Société Française de Phoniatrie, París, 25 de octubre de 1953, y publicada en el Journal Français d’Oto-Rhino-Laryngologie (t. III, n.º 4, 1954, pp. 92-99). Tomatis presenta allí los resultados de los exámenes audiométricos y fonatorios efectuados con tartamudos en el Hôpital Saint-Michel —tras una demostración llevada a cabo por el Dr Decroix-Tomatis y el Dr Trojman sobre la prueba del delayed feed-back— y propone una interpretación patogénica: la tartamudez traduciría un trastorno de la transferencia transcerebral del control audio-fonatorio, ligado a un defecto del oído director derecho en el sujeto diestro.
Investigaciones sobre la patogenia de la tartamudez
por el Dr A. Tomatis
Comunicación presentada en el XIIIe Congrès de la Société Française de Phoniatrie, París, 25 de octubre de 1953.
Extracto del Journal Français d’Oto-Rhino-Laryngologie, t. III, n.º 4, 1954, pp. 92-99.
I. — Introducción
Hace ya algunos meses, al día siguiente de una demostración efectuada por el Dr Decroix-Tomatis, del Laboratorio de Investigaciones de la S.F.E.C.M.A.S., y el Dr Trojman, sobre la prueba del «delayed feed-back», se nos planteaba la pregunta siguiente: ¿existe una anomalía auditiva que pueda explicar la tartamudez?
Para estudiar este problema tan interesante, antes de toda experimentación, pensamos que podría existir una anomalía capaz de engendrar un retardo auditivo de la palabra, del orden de 0,10 a 0,20 segundos. Esta anomalía podría presentarse, por ejemplo, en forma de una distorsión auditiva provocada, ya sea por un oído que retardase con cierto retraso respecto al segundo, ya sea por una suerte de astigmatismo auditivo.
Comenzamos practicando exámenes audiométricos a todo sujeto que se nos presentara con tartamudez más o menos acentuada. Las conclusiones fueron simples. Todos los sujetos examinados al comienzo de este trabajo pertenecían al Servicio de Reeducación del Hôpital Saint-Michel (Mlle Drouville).
Los sujetos del Hôpital Saint-Michel eran todos diestros. Entre los demás, solamente cuatro eran zurdos.
II. — Resultados audiométricos
Los resultados obtenidos fueron todos idénticos:
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Todos los diestros presentan una hipoacusia derecha, sin excepción.
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Los cuatro zurdos que hemos tenido la posibilidad de examinar presentan una hipoacusia izquierda.
Esta hipoacusia es una hipoacusia relativa, de poca importancia, no apreciable en el examen simple e ignorada por los propios individuos, a quienes no parece molestar; afecta más fácilmente a la zona conversacional.
Reproducimos aquí, a título de ejemplo, algunos de los audiogramas obtenidos (figuras I, II, III, IV).
[Fig. I a IV — audiogramas característicos que muestran la hipoacusia del oído director (derecho en el diestro, izquierdo en el zurdo).]
III. — De la hipoacusia al traumatismo audio
¿Bastaba esta anomalía para explicar el retardo auditivo que buscábamos? Estábamos tentados de creerlo.
En efecto, en el curso de numerosos experimentos practicados sobre las obtenciones de los cantantes profesionales, habíamos observado que un traumatismo auditivo sobre la línea melódica engendraba un traumatismo auditivo, sobre el oído derecho en los sujetos diestros, y sobre el oído izquierdo en los zurdos.
Habíamos notado, además, que no se observaba ninguna modificación si el traumatismo se aplicaba al oído opuesto, es decir, en los zurdos a los diestros, en los diestros a los zurdos. Habíamos admitido entonces que el oído derecho en los diestros, o el oído izquierdo en los zurdos, era un ojo director, que existía un oído director: el oído derecho en los diestros, el oído izquierdo en los zurdos.
Cuando presentamos estos experimentos en el XIIe Congreso de Foniatría, no estábamos en condiciones de dar de ello una explicación válida ni de precisar el fenómeno del deslumbramiento, que, en algunos cantantes, podía resultar considerable.
Ulteriormente, retomamos nuestra experimentación del deslumbramiento auditivo a fin de estudiar los trastornos que acarreaba sobre la voz hablada. Este deslumbramiento se obtiene mediante la emisión, sobre el oído director, de un sonido de 2.000 ciclos por segundo, a una intensidad de 100 dB durante una duración media de 5 segundos, según los antecedentes audio del sujeto examinado, y que entraña su resistencia a la fatiga auditiva.
Esta prueba provoca sobre el oído un traumatismo suficiente para modificar la curva audiométrica durante un tiempo que puede variar de un minuto a un cuarto de hora, según las posibilidades de recuperación del sujeto. Como puede constatarse en las curvas (fig. 5 y 6) que aquí reproducimos, la modificación cuantitativa en el examen acústico, aunque apreciable, no es de una importancia tal que deba molestar al sujeto en su audición.
[Fig. V y VI — modificación audiométrica posterior al deslumbramiento.]
IV. — Efecto sobre la voz hablada y cantada
Como habíamos previsto, obtuvimos inmediatamente una ralentización de la palabra, fenómeno tanto más evidente cuanto que se obtenía de manera más sorprendente sobre la voz cantada.
Además, en cuanto el sujeto se esforzaba por luchar contra la ralentización, de la cual era asimismo consciente, aparecía una tartamudez caracterizada, idéntica a la obtenida con el dispositivo de «delayed feed-back». También allí, como lo habían notado B. S. Lee, John Black, Azzo Azzi y Bernard-Joseph Tankerrey, todos los sujetos examinados presentaban trastornos idénticos en cuanto a su intensidad.
Dicho de otro modo, todo ocurre como si la hipoacusia observada sobre el oído director, por leve que sea, bastara para eliminarlo parcialmente del circuito cóclea-fonatorio normal.
Para mayor comprensión, reproducimos (fig. 7) esquemáticamente el circuito cóclea-fonatorio normal.
[Fig. VII — esquema del circuito cóclea-fonatorio normal: centro de la audición → oído director → centro fonatorio.]
Allí se advierte que el sonido, emitido al hablar, alcanza el oído director, es decir, el oído derecho, siendo el caso elegido el de un diestro. De allí, es dirigido hacia el centro de la audición, próximo al centro de la audición, cuya función transmite esta señal a un centro fonatorio que parece estar, en la circunstancia, bajo el control permanente del centro de la audición. Terminado este control, el influjo nervioso se dirige hacia los órganos fonatorios.
V. — La «transferencia transcerebral»
En el caso en que el oído director no se utiliza para regular el control fonatorio, este control cae entonces bajo la dependencia del oído opuesto, es decir, del oído izquierdo, siendo el ejemplo elegido, recordémoslo, el de un diestro (fig. 8). El sonido alcanza pues el oído izquierdo, de allí al cerebro derecho, a nivel del centro auditivo cuyo control, una vez terminado, debe alcanzar el centro fonatorio izquierdo, es decir, el lado motor. A partir de este último centro, el proceso permanece igual en dirección a los órganos fonatorios.
[Fig. VIII — desvío transcerebral: oído izquierdo → centro auditivo derecho → centro fonatorio izquierdo.]
Este tiempo de «transferencia transcerebral» parecía haber de ser un trastorno orgánico suficiente para explicar el retardo de la audición sobre la palabra. Pensamos en medirlo y procedimos del modo siguiente:
En primer lugar, haciendo leer un texto prefabricado, del que se conoce el número de sílabas que lo componen, sin anotar ninguna perturbación auditiva, su duración.
A continuación, neutralizando el oído director, se obtiene inmediatamente una ralentización cuyo valor cabe calcular.
Conociendo este último valor, conocemos los tiempos que hay que imprimir, al oído director, un retraso suficiente para obtener la misma ralentización del flujo de la palabra. Ahora bien, el retraso es el que corresponde al tiempo de la transferencia cerebral.
Esta medición es fácil y rápida de obtener. Prácticamente no requiere ningún dispositivo especial. En efecto, cuando el «delayed feed back» de Bernard-S. Lee, recurrimos a un largo tubo de jardín de 110 metros (nos era imposible procurarnos el dispositivo de Bernard-S. Lee).
Se practicaron perforaciones laterales a lo largo del tubo, de manera a realizar los tiempos de retraso deseados, entre 1/200 y 1/3 de segundo. Obtuvimos los resultados siguientes:
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Cuando el tiempo de latencia permanece inferior a 1/10 de segundo, el sujeto al que se impone una inversión auricular se vuelve un bradilálico «balbuceante». Hablará lentamente, buscando las palabras, sobre un ritmo impreciso.
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Cuando el tiempo de latencia se halla comprendido entre 1/10 y 1/20 de segundo, el sujeto sometido a la prueba reproduce el «tartamudeo», fenómeno este que aparece con un máximo cuando el retraso impuesto es de 1/15 de segundo.
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Por último, cuando el retraso supera 1/20 de segundo, el sujeto se vuelve un bradilálico muy acusado. Más allá del bradilálico se balbucea. Los sujetos de este último grupo hablan con un ritmo ralentizado pero homogéneo, sin vacilación. La duración prolongada de audición de la prueba, imponiendo un retraso del orden de 1/20 de segundo, provoca una tartamudez en el oyente. La 15.ª palabra se vuelve más matizada, dando el sujeto la impresión de escucharse hablar como en el eco de una gran sala.
Estos resultados son interesantes porque ponen de relieve, de manera llamativa, el factor personal e individual en la génesis de la tartamudez.
VI. — Etiología y factores de fragilidad
La puesta en evidencia de esta transferencia transcerebral permite, en gran medida, explicar la etiología de la tartamudez. Pensamos que existe, si no la única, al menos en los casos que hemos encontrado en el curso de este trabajo, un origen orgánico capaz, por sí solo, de explicar la tartamudez. Mas tal vez no sea el único.
La existencia del trastorno auricular desde el curso de los trabajos que hemos planteado al inicio de este trabajo permite aportar soluciones plausibles a ciertos problemas:
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Influencia de la edad. — Es con un máximo de frecuencia que la tartamudez aparece entre los tres y los cinco años. Es la época en que el lenguaje toma un gran lugar en la vida del niño, cuyo circuito audición-fonación es todavía muy frágil. Es la edad también en que el niño presenta, con mayor frecuencia, afecciones de su oído medio y produce así este trastorno auditivo transitorio, pero importante, en el circuito cóclea-fonatorio.
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Personalmente, hemos tenido la ocasión de examinar a una niña de cuatro años y medio que presentaba una tartamudez aguda a continuación de una otitis gripal del oído derecho. El trastorno desapareció al mismo tiempo que la otitis. Este trastorno desapareció al mismo tiempo que la otitis.
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Influencia del sexo. — Se ha constatado que la tartamudez era mucho más frecuente en el hombre que en la mujer y, según los autores, habría de 5 a 9 hombres tartamudos por cada mujer tartamuda. La resistencia a la tartamudez es mucho mayor en la mujer que en el hombre, lo que explicaría la desproporción de la que acabamos de hablar.
Hemos estudiado espectrográficamente algunas voces de mujeres a las que hicimos hablar adecuadamente. Contrariamente a la voz masculina, el espectro de la voz femenina es muy rico en armónicos elevados, en una amplia banda que supera los 2.000 c/s. Por lo demás, estudiando el espectro de la cantante, hemos constatado que la presencia de un haz de armónicos situado a los 2.000 c/s y que sobrepasa ese punto hace posible el control auditivo por conducción ósea.
Experimentalmente, hemos realizado un circuito audición-fonación en el hombre mediante cortes de frecuencias por filtros. Hemos bloqueado los armónicos hasta los 1.500 c/s. Se constata inmediatamente, en la mujer, una voz mucho más grave y, además, las pruebas del delayed feed-back dan resultados absolutamente idénticos a los observados en el hombre.
Por otra parte, el hecho de que las mujeres conserven su posibilidad de autocontrol cóclea-fonatorio por conducción ósea permite explicar que las hipoacusias de transmisión, engendradas por afecciones del oído medio, no se vean compensadas. En cambio, las sorderas, incluso ligeras, del tipo percepción engendrarán, por la eliminación del control óseo, trastornos de la fonación idénticos a los del sexo masculino.
Las hipoacusias de transmisión son, por lo demás, mucho más frecuentes que las hipoacusias de percepción, lo que, sin duda, constituye una de las explicaciones de la mayor resistencia que ofrece el sexo femenino a la tartamudez. Resta probar, mediante estadísticas, que la proporción entre los dos tipos de sordera relativa es del orden de 3 a 9 contra uno.
El problema de los zurdos. — El problema del circuito invertido en el oído derecho-cerebro izquierdo-órganos de fonación encuentra hace tiempo su explicación en esta misma reeducación en el niño. Esta perturbación se explica fácilmente por la fragilidad, a esa edad, del circuito cóclea-fonatorio. Cabe admitir que esta reeducación exige una mecanización debida a la aparición del tiempo de latencia de la transferencia transcerebral, origen de los trastornos de la fonación.
Por último, un último argumento, sin duda el más importante, en favor del origen auricular de la tartamudez es la reducción inmediata de los trastornos que la caracterizan en cuanto se restablece el circuito cóclea-fonatorio. Esta última operación se obtiene volviendo el oído director ligeramente hiperacúsico, es decir, aumentando la transferencia transcerebral, origen de la supresión de la fonación idéntica a los del sexo masculino, y así toda traza de control óseo.
La aplicación de esta prueba es espectacular, pues no solo la elocución se restablece rápidamente de manera normal sino que, además, en algunos instantes, se ven desaparecer todos los signos asociados. Lo que más llama la atención es la distensión física que siente el enfermo.
Esta última prueba es, a nuestro juicio, de una importancia capital, pues, además del apoyo teórico que nos aporta, es a la vez el mejor apoyo terapéutico que pueda proponerse.
He aquí, para los pedagogos, un procedimiento que, asociado a los que utilizan, debe constituir una ayuda preciosa.
Discusión
Pr Ag. Greisen (de Estrasburgo). — Estoy muy interesado por los audiogramas del Dr Tomatis, pero me gustaría saber cómo explica la hiperacusia de los agudos, que no se debe al hábito de encontrar, por otra parte, cómo se comportaba la curva de conducción ósea en estos enfermos.
Dr Decroix (de Lille). — Sería interesante saber si la hipoacusia traducida por un descenso del umbral tonal va o no acompañada de un reclutamiento, si el valor auditivo a la intensidad de una conversación normal no parece importante constatar que el sujeto.
Por otra parte, en el curso de intervenciones cerebrales sobre un lóbulo o un hemisferio, no se crea tartamudez. Por último, si la hipótesis es seductora, no explica la continuación de los mecanismos de la tartamudez.
Mme Borel-Maisonny (de París). — En los hipoacúsicos (pérdida de 30-40 dB) que son reeducados en los Enfants Assistés, ha habido poca desigualdad de las curvas del oído derecho y del oído izquierdo. Jamás he constatado tartamudez en estos sujetos.
La estadística de los porcentajes de la tartamudez según el sexo, dada por el Dr Tomatis, parece concordar con la disparidad de las cifras, según las cuales los hombres son afectados en una proporción más fuerte que las mujeres. Las estadísticas presentan, según las escuelas, hipoacúsicos con un reparto medio igual según el sexo.
En los psicoacúsicos, se manifiesta a menudo una desigualdad en la agudeza auditiva de los dos oídos, sin que aparezca tartamudez. Uno de los sujetos tratados por el Dr Tomatis me parece presentar trastornos de la percepción más que de la agudeza auditiva. No puedo olvidar que con frecuencia se observan en ellos dificultades importantes en la percepción y la ejecución del ritmo.
Fuente: Tomatis A., «Recherches sur la pathogénie du bégaiement», comunicación presentada en el XIIIe Congrès de la Société Française de Phoniatrie (París, 25 de octubre de 1953), publicada en el Journal Français d’Oto-Rhino-Laryngologie, t. III, n.º 4, 1954, pp. 92-99. Trabajo efectuado en el Servicio O.R.L. del Hôpital Bichat (Dr Decroix-Tomatis) y en el Laboratoire de Recherches de la S.F.E.C.M.A.S. — Servicio de Reeducación del Hôpital Saint-Michel (Mlle Drouville). Documento digitalizado proveniente de los archivos personales de Alfred Tomatis.