El problema del acceso al lenguaje
El problema del acceso al lenguaje — tartamudez y psiconeurosis bajo Oído Electrónico
Comunicación presentada al III Congreso Nacional de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie, Pau, mayo de 1976*, por el* Dr Jean Raynaud*, neuropsiquiatra, Hôpital des Armées de Toulouse.*
El problema del acceso al lenguaje a través del estudio semiológico y la evolución terapéutica de una tartamudez y de una psiconeurosis bajo Oído Electrónico.
Introducción
Usuario del Oído Electrónico desde hace poco tiempo, he elegido, en mi más reciente práctica, tomar dos casos complejos aún en evolución. Me han parecido permitir plantear los problemas teóricos suscitados por la puesta en obra de las técnicas terapéuticas fundadas en las ideas y los métodos del Prof. Tomatis.
En esta perspectiva teórica, he querido ampliar el modo de acercamiento de la tartamudez a los trastornos del lenguaje menos evidentes y menos diferenciados hasta ahora, que representan para mí en lo sucesivo las psiconeurosis. He estudiado así paralelamente la evolución de un caso de tartamudez y el de una psiconeurosis, intentando mostrar que esta última solo representa una desorganización más discreta del lenguaje, pero que no es por ello menos evidente a través del abordaje audio-psico-fonológico que permite la eficacia de la cura bajo Oído Electrónico.
Del libro de Borel-Maisonny y Pichon, he retenido el concepto de insuficiencia lingüi-especulativa, que haría que en el tartamudo «el paso de las imágenes mentales surgidas de los recuerdos sensoriales a la figuración y a la expresión por las palabras estaría profundamente turbado». Expresan igualmente esta idea bajo esta forma: «Cualquiera que sea por otra parte la calidad de su inteligencia, tienen dificultad para formularse a sí mismos su pensamiento en el mundo del lenguaje.» La terapéutica, según estos autores, sería una reeducación del pensamiento lingüístico.
A través de esta idea de insuficiencia lingüi-especulativa, de hechos experimentales e hipótesis del Prof. Tomatis sobre el lenguaje, he intentado analizar semiológicamente, paralelamente al caso de tartamudez, el problema de una psiconeurosis que puede así ser considerada —en un grado menor que la tartamudez— como una insuficiencia lingüi-especulativa; pudiendo la terapéutica bajo Oído Electrónico ser ahí también contemplada como una reeducación del pensamiento lingüístico.
Observación 1 — M… Robert: tartamudez y drama familiar
Presentación
Se trata de un muchacho de 19 años, soltero, alistado voluntario en un regimiento de ingenieros, que ejerce la profesión de albañil, y que —tras 9 meses de servicio en el ejército— ha sido hospitalizado en nuestro servicio por una primera crisis de epilepsia generalizada.
De talla más bien baja, con rostro bastante común y poco expresivo, liso y sin mímicas reveladoras, sonríe poco, evitando la mirada. La comunicación verbal está gravemente perturbada por una tartamudez muy importante: su discurso no es sino una sucesión de largos períodos de suspensión del habla, con repetición clónica de una sílaba cualquiera en medio de palabra, hasta el bloqueo tónico con sincinesias múltiples. Mueve la cabeza, se inclina ligeramente hacia delante, hincha las mejillas y los labios a cada emisión clónica, para finalmente —tras el bloqueo— soltar bruscamente su palabra para la emisión del final de frase.
El discurso, por tanto muy sincopado, está sobre todo hecho de largos silencios llenados por sus bloqueos tónicos. La expresión es pobre, con frases muy cortas y muy simples, sintiéndose el interlocutor reducido a solicitar solo las respuestas más cortas.
Historia familiar
El examen psiquiátrico pone en evidencia los siguientes hechos: en su infancia, no habló hasta los 4 o 5 años, siendo el mayor de una fratría de dos. Se dice zurdo pero escribe con la mano derecha. Ha obtenido su certificado de estudios.
Un hecho catastrófico domina el relato de su vida: cuando tenía 16 años, su padre mató a martillazos, y luego estranguló con una cuerda, a su madre y a su hermana pequeña. Ignora dónde se encuentra su padre actualmente. Él mismo vive con sus abuelos maternos, que se ocupan de él desde el drama. Hizo un aprendizaje de fontanero con su padre pero, desde el drama, ha tenido que orientarse hacia el oficio de albañil, luego decidió alistarse en el ejército — donde empezaba a sentirse mal a gusto.
El examen neurológico es normal. Las exploraciones clásicas permiten retener, en el EEG, puntas-ondas degradadas generalizadas. Una encefalografía gaseosa, una gammagrafía permitieron eliminar toda afectación orgánica. Tests de nivel mostraron un CI de 83, sin deterioro significativo.
El test de escucha practicado a su entrada en el servicio muestra una hipoacusia bilateral importante que comienza hacia los 8 000 Hz, de percepción, con imposibilidad total y bilateral de discriminación de las frecuencias. El examen ORL concluía en un origen congénito de la sordera.
Evolución bajo Oído Electrónico
Con su acuerdo, una cura por Oído Electrónico fue emprendida a mediados de diciembre. No se ha anotado reacción muy evidente durante toda la primera fase del tratamiento, en la que la música filtrada fue administrada a razón de 3 h al día, salvo algunas quejas a veces de cansancio. En la 50.ª sesión, al regreso de una corta convalecencia de Navidad en casa de sus abuelos maternos, tras una noche de insomnio, presentó una crisis comicial durante su sesión de música.
En la 70.ª sesión, se pasó a la fase de los partos sónicos. Esta fase permitió constatar de forma más precisa la expresión nueva de una agresividad frente a sus abuelos maternos, a quienes reprochaba restringir sus libertades, contra los que se había sublevado en Navidad. Habla, a partir de esa época, de pesadillas repetitivas, siempre sobre el mismo tema, donde se ve buscando a su padre y donde sus abuelos se lo impiden.
Paralelamente, se instaura una transferencia más nítida frente a las imágenes femeninas del servicio, hacia las que se vuelve para presentarles el artículo de periódico que conserva y que describe el crimen de su padre. Pedirá a una de las enfermeras que le ayude a reencontrar a su padre. Quiere por lo demás retomar el oficio de fontanero que su padre empezaba a enseñarle. Finalmente, es hacia mí hacia donde se volverá, viniendo a traerme y a hacerme leer el artículo de periódico que relata la muerte de su madre.
Desde esa época, se establecieron relaciones más fáciles para él; su mirada estaba más animada y más viva, y aparecía mucho más libre en sus relaciones cotidianas. Se empezaron las sesiones activas de vocalizaciones y de verbalización a partir de la 185.ª sesión, es decir, a mediados de febrero. Adhirió muy bien a estas sesiones, poniendo en ellas conciencia y entusiasmo. Fue rápidamente lateralizado en su oído derecho. Muy rápido, llegó a reproducir vocalizaciones totalmente satisfactorias, así como las silbantes. Prácticamente no tartamudea bajo Oído Electrónico, comprendiendo no obstante los ejercicios palabras y textos complejos.
Este período está marcado por cierto entusiasmo por entrar en relación con los demás: es ahí donde empezará a salir con compañeros hospitalizados, a jugar a las apuestas (y a ganar), a salir a una discoteca con gentes de encuentro.
Análisis
M… Robert parece haber entregado ahí una situación-clave de su desarrollo psicomotor. En su marcha hacia el lenguaje, dividido entre una madre que lo devolvía a las imágenes mentales de antes del lenguaje, y un padre que quería imponer por la fuerza y sin matices la semántica de la que es portador, los condicionamientos neuronales implicados —sistemas de feed-back vocales— han jugado de forma antagonista, debido a la discordancia afectiva de la pareja parental.
Su tartamudez no expresa, en el acto de hablar, sino la doble estimulación que llega desfasada de un hemisferio respecto al otro, origen del trastorno clono-tónico. Aunque vaya en camino, gracias a la terapéutica bajo Oído Electrónico, hacia una dominancia más armoniosa del hemisferio izquierdo (que comanda la semántica) sobre el hemisferio derecho (que integra, él, toda la imaginería mental fuera del lenguaje), parece aún lejos de ese lenguaje ideal surgido de una armoniosa dominancia de un hemisferio sobre el otro.
La comicialidad, que se despierta aún a veces, nos parece ser el signo de que esta reorganización de una dominancia cerebral armoniosa no es fácil.
La enorme demanda afectiva expresada cotidianamente en toda su iniciativa sugiere finalmente grandes dificultades en la relación con la madre: las pesadillas tienen como temática constantemente repetida la del imposible encuentro del padre, a causa de la madre figurada por los abuelos maternos.
La idea de una depresión puramente funcional de la escucha, ligada a una relación materna profundamente perturbada, nos parece deber ser evocada para explicar su hipoacusia.
Observación 2 — G… Aimé: psiconeurosis y «voz izquierda»
Presentación
G… Aimé tiene actualmente 46 años. Suboficial retirado tras haber agotado sus derechos a permiso de larga duración, está pensionado desde 1967 al 70 % por síndrome depresivo grave y rebelde, y al 40 % por secuelas de colitis amebiana.
Procedente de una familia unida de 2 chicos de la que es el mayor, se describe como más cercano a su padre —agente técnico en correos y fallecido desde hace algunos años—, vivido como simple y bueno, más afectuoso que una madre, en casa, que habría carecido de calor, demasiado preocupada por lo cotidiano, un poco tiránica, aún viva. Utilizará la palabra «ruda» para calificarla globalmente — lo que parece significar para él: tontamente autoritaria. Su desarrollo psicomotor ha sido normal; es diestro.
Su carrera en el ejército está estrechamente ligada a las campañas de Indochina y de Argelia. Está bien anotado y bien adaptado en todos los empleos diversos que ha tenido. Es celoso, preciso, meticuloso, preocupado por la perfección y autoritario — todas cualidades apreciadas en sus funciones. Largo tiempo, y sobre todo en los territorios de operación exteriores y en clima operacional, se siente totalmente a gusto.
A partir de 1959, se vuelve demasiado preocupado por su trabajo, verifica más de la cuenta los detalles de este, se vuelve inquieto, se levanta de noche. Es hospitalizado en varias ocasiones por la colitis amebiana. A su regreso a la metrópoli, es hospitalizado en 1966, depresivo, triste, adelgazado. Desde esa época, autentificado en su neurosis por la obtención de una pensión, oscila entre el hospital, los tratamientos y las relaciones tejidas con terapeuta y personal médico, y el mundo cerrado de su casa natal donde vive replegado, inactivo, con su madre viuda: pareja edípica tardíamente reconstituida y no exenta de conflictos.
El rostro y la voz izquierda
De talla media, más bien baja, tiene actitudes marcadas por la sobriedad, la mesura y la repetición mecánica ritmada por los imperativos horarios. Su rostro es poco expresivo, paralizado, generalmente triste, sin nunca sonrisa. Su voz es átona, mal timbrada, monocorde, más bien baja; el timbre está amortiguado. En los gestos del habla, el cuerpo está inmóvil.
Solo utiliza su hemicara izquierda para hablar, permaneciendo su máscara fija y átona a la derecha; en la izquierda, en cambio, la hemifrente, la comisura de la boca se animan casi exclusivamente durante el discurso, y ello de forma muy evidente, casi caricaturesca. Puede afirmarse que habla constantemente con su voz izquierda.
Su discurso se sitúa siempre en un mismo plano: en el modo de la queja, describe con mucha precisión, como a distancia y desde el punto de vista del observador, sus síntomas. No deja de afirmar su perennidad, su carácter dramáticamente apremiante, como un mal que lo aflige, una enfermedad incurable contra la que no puede nada — que sufre en el sufrimiento, manteniendo frente a ella su lucidez, su pseudoobjetividad.
Detalla así todas las dudas y verificaciones de carácter coactivo contra las que no puede nada, y en torno a las cuales su vida está organizada: todo un mundo de obsesiones sobre los grifos, las puertas, la elección de las camisas en la tienda (con las que nunca está satisfecho, y que rompe al llegar a casa), las cartas a enviar, las gestiones administrativas. Cuando toma el tren, compra el billete ocho días antes, lo encuentra mal sellado, lo destruye, compra un segundo. Su aparato dental en el vagón: «¿y si lo tirara al WC?»
A esto se añade una agresividad muy fuerte, que describe como peligrosa frente a la gente a su alrededor, y que se desencadena por nimiedades: es entonces unas ganas violentas de golpear, que en general no pone en ejecución, pero que rumia la noche siguiente al incidente, permaneciendo, por supuesto, insomne.
Pesadillas de guerra
La relación tomará, al cabo de dos meses de hospitalización, un carácter más espontáneo y más rico afectivamente, a través del relato de pesadillas dramáticas que se repiten a menudo desde 1966 y que remiten a hechos de guerra auténticamente vividos. Dice de sí: «Tengo la impresión de destruirme a mí mismo más que de defenderme contra esto.»
La escena revivida es siempre la misma: había recibido la orden de abatir a un prisionero; designa a un soldado voluntario para ello; el soldado solo hiere al prisionero; él mismo remata al herido con una bala en la cabeza — pero se despierta en el momento en que el disparo de pistola estalla y donde el hombre, esperando el golpe, lo mira.
Evolución bajo Oído Electrónico
Se le propone una cura con el Oído Electrónico; la acepta. Las sesiones de música filtrada se revelan rápidamente eficientes. En la 7.ª sesión, siente de forma muy angustiada una sensación de pérdida, de insensibilidad de su hemicuerpo derecho — que se producirá a continuación a la izquierda también. A esto se añade una cierta molestia para hablar, hormigueos en el lado derecho de la boca.
Subraya también, espontáneamente y para su gran asombro, que desde el principio de la cura, su tránsito intestinal se ha regularizado: ya no tiene diarrea ni estreñimiento. Este hecho es tanto más notable cuanto que hasta entonces era muy exigente con el tratamiento de su colitis, insatisfecho con los distintos bismutos que se le prescribían y recriminando sin cesar al respecto.
La molestia en el nivel del sentimiento de su cuerpo se atenuará hacia la 40.ª sesión. Nada se producirá ya de notable hasta la fase activa de verbalización-vocalizaciones del tratamiento, que se introduce tras 128 sesiones de música y de parto sónico. Expresará lo más a menudo una angustia atemática, por crisis, en el modo del reproche y nada más. La fase de las vocalizaciones-verbalización acentuará aún su angustia, y experimentará dificultades considerables.
Ante su poca cooperación y su poco entusiasmo, las sesiones de silbantes se detienen. Se volverá muy agresivo conmigo en ese momento, acusándome de poner sobre su cuenta el fracaso del tratamiento. Finalmente, las sesiones serán retomadas y admitirá que tenía en sí una suerte de reticencia para hacer los ejercicios.
Se nota sin embargo, a la hora actual —donde su tratamiento no ha terminado— una mejora en sus relaciones, constatada por otros enfermos, una mayor facilidad para comunicar, el hecho de que salga más a menudo a la ciudad (cosa de lo que se abstenía totalmente hasta entonces). Él mismo admitirá que duerme un poco mejor, está más distendido. Pero si está mejor, afirma que es porque va «tan mal en algunos momentos». Si sale a la ciudad, dice él mismo que «es contra su voluntad».
Análisis
Las dificultades de G… pueden describirse, en el marco clínico habitual, como trastornos psiconeuróticos que evocan una neurosis obsesiva grave, con rasgos de carácter paranoico. La perspectiva analítica permite subrayar los rasgos sadomasoquistas de las conductas, que implican una regresión al estadio de los condicionamientos esfinterianos.
Para nosotros, en la perspectiva de las hipótesis del Prof. Tomatis y de la evolución de este caso bajo Oído Electrónico, interpretamos el caso de G… Aimé como una dislateralización ante todo auditiva, y una complacencia —que llamaremos funcional, es decir, inscrita en los circuitos neuronales— en permanecer en un control audio-fonatorio izquierdo. Esta complacencia no nos parece desprovista de intencionalidad, y supone una dominancia hemisférica derecha.
Cabe así suponer que el lenguaje de G…, y por tanto su pensamiento —como dependiendo directamente del lenguaje— aparecen demasiado fuertemente marcados por el mundo de las imágenes mentales, fuertemente impregnado aquí de sadomasoquismo.
Así, tras los condicionamientos inaugurales de la infancia donde la madre, por su voz, juega un papel determinante, G… la ha dejado tras la oleada conflictiva de la adolescencia, habiendo elaborado sin embargo su lenguaje de hombre — pues accede a una posibilidad de habla satisfactoria respecto a nuestro tartamudo. En el ejército sin duda, ha querido reencontrar de forma inconsciente ese mundo sadomasoquista de su infancia, a través de los rigores reglamentarios y las situaciones de sumisión-dominación permitidas por la estricta jerarquía militar, sobre todo en tiempos de guerra.
En tiempos de paz, la inadecuación de su lenguaje interior a los tiempos menos turbados lo lleva a la descompensación depresiva, con angustia profunda y resurgencia de pesadillas de aspecto traumático, devolviéndolo a un acto sadomasoquista mayor, en una vivencia muy significativa.
Síntesis comparativa
Por oposición a nuestro tartamudo, aquí el aparato del lenguaje funciona — pero produce una palabra sometida de forma permanente, ladeada por el mundo libidinal de las representaciones arcaicas de la infancia, de las regresiones en el sentido psicoanalítico, al tiempo donde la madre era aún todopoderosa antes del verdadero lenguaje por las palabras. Verdadera distorsión lingüi-especulativa, donde la palabra solo expresa indefinidamente un inconsciente mal dominado y que finalmente solicita siempre en el otro las mismas respuestas, como en el tiempo del mal condicionamiento de los primeros meses de la vida. Esto subraya, si fuera necesario, la importancia de la madre y de su manera de amar —es decir, de comunicar— desde, y quizá antes, del nacimiento, con su hijo.
Nuestro tartamudo, por su parte, ha permanecido en una suerte de escisión más absoluta entre el mundo de las palabras y el de las representaciones — escisión también inscrita neuronalmente, que se expresa por la duplicación silábica que hace finalmente, de una palabra entrecortada y sincopada, una suerte de infralenguaje, especie de llamada permanente a la solicitud del otro, ignorando las palabras. ¿No es, de forma muy evidente, el modo de la comunicación inaugural entre la madre y el niño? — siendo el drama aquí querer identificar al otro con la madre.
Hacia un nuevo abordaje semiológico
Estos dos casos plantean, según nosotros, el problema de un abordaje semiológico nuevo del lenguaje y de la palabra, a través de los hechos clínicos que se desprenden de la cura bajo Oído Electrónico, a través de los descubrimientos e hipótesis del Prof. Tomatis — que están de acuerdo con los estudios recientes sobre la especialización de los hemisferios, el papel del cuerpo calloso, el problema de las dominancias hemisféricas.
Este abordaje debería tener en consideración:
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El problema de la escucha, es decir, el nivel de funcionamiento alcanzado por el oído y sus modificaciones durante una cura cualquiera, muy bien analizadas por el test de escucha.
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El estudio del lenguaje en todos sus componentes rítmicos, melódicos, fónicos, y por último semánticos.
Así, debería ser posible revisar toda la semiología de los trastornos del lenguaje —desde la tartamudez hasta la esquizofrenia— en un abordaje objetivo y en una perspectiva más evolutiva, teniendo en cuenta la eficacia de la cura, como sugieren las dos observaciones descritas.
Esto plantea como consecuencias:
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Tener que considerar todo trastorno psíquico o psicomotor como un trastorno de la comunicación — es decir, una desintegración o una distorsión lingüi-especulativa.
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No mantener ya un punto de vista semiológico y un punto de vista terapéutico demasiado a menudo divergentes en las actitudes clasificatorias y nosográficas de la psiquiatría clásica. La evolución bajo Oído Electrónico parece en efecto ser un todo indisociable, analítico y al mismo tiempo evolutivo.
Pero esto supone que se deba definir, como objetivo a lo que ya no es solamente una terapéutica sino una reeducación, un ideal a alcanzar: el de la comunicación bajo autocontrol derecho, potencialidad ideal a la que se presume que todo hombre pueda llegar.
Se abandona aquí la noción de norma, de adaptación a lo real —que es la referencia más o menos implícita a toda iniciativa terapéutica— para adoptar la de un ideal en la comunicación hablada, dimensión ideal del lenguaje individual.
Conclusión: la curación como camino
Se trata aquí de una posición teórica capital, fisiológicamente fundada a nuestro entender a partir de los hechos experimentales puestos en evidencia por el Prof. Tomatis —permitiendo por tanto una suerte de paso de la observación científica, médica y de la preocupación terapéutica al compromiso en una marcha hacia una entidad trascendente al hombre: el lenguaje. Perspectiva que se sitúa en una interpretación idealista del comportamiento humano.
Pero finalmente, cuando se está implicado en la marcha psiquiátrica, ¿no se es portador —más o menos implícita o manifiestamente, en la manera en que se dirige uno al hecho psiquiátrico mismo— de la ideología que se vehicula, y que repercute más o menos claramente en la relación comprometida con el objetivo de la «curación»? Es ahí un hecho fundamental en la preocupación cotidiana de todo médico-psiquiatra. Y la medicalización feroz del problema en nuestro sistema no impide que la evolución de los casos clínicos esté siempre influida por los fundamentos teóricos e ideológicos del terapeuta. Querer minimizar la importancia del hecho a través de la pseudoneutralidad médica no resuelve la cuestión.
Así pues, la curación no puede definirse ya como un objetivo a adquirir de una vez por todas — sino como un camino abierto hacia otra cosa… una dimensión de conciencia aumentada, y a aumentar, que escapa en un momento dado al campo médico.
— Dr Jean Raynaud, neuropsiquiatra, Hôpital des Armées de Toulouse. Comunicación al III Congreso Nacional de la AFAPP, Pau, mayo de 1976.