Asociación de técnicas desarrollistas en la reeducación de los disléxicos
Comunicación presentada en el III Congreso Nacional de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie (AFAPP), por Anne-Marie Bauduin*, enfermera pediátrica (Bélgica).*
Cómo combinar tres aproximaciones desarrollistas —la audio-psico-fonología de Tomatis, la reeducación sensoriomotora de Carl Delacato, y la Visiología del Instituto de Lefèvre— al servicio de la reeducación de los niños disléxicos.
Introducción
Frente a seres cuya vida está más o menos disminuida en su expresión, el terapeuta se ve a menudo obligado a limitar el carácter espontáneo de la expresión vital y a fijarse objetivos y medios de acción muy precisos, a fin de ayudar al ser en dificultad a beneficiarse en lo posible de las condiciones necesarias para un desarrollo armonioso. Se adivinan sin embargo las dificultades del desarrollo humano, puesto que normalmente «se hace solo».
Esta es la razón fundamental de nuestro intercambio de hoy. Progresivamente, me he convencido de que las experiencias fundamentales son una clave importante de nuestro acercamiento al disléxico. Esta manera de ver las cosas puede parecer «subjetiva». ¡Tanto mejor! Equivale a considerar que estoy comprometida en la relación, indispensable, para vivir lo humano con el niño.
Sé ciertamente que los medios para entrar en relación con el niño disléxico deben sufrir la prueba de controles rigurosos que los eleven al rango de técnicas. Sé igualmente que hay que recentrarse regularmente sobre su objetivo: la teoría aparece, en este estadio, como indispensable a la organización de la acción. Pero ante las múltiples expresiones de la vida y las dificultades de adaptación —ante también los numerosos métodos de investigación, las técnicas elaboradas y las teorías diversas, que en las ciencias humanas han surgido bruscamente, pero que corren el riesgo de «cortar al hombre en rebanadas»— experimentamos cada vez más la imperiosa necesidad de un paso a la práctica.
Muy modestamente, quisiera comunicarles un inicio de realización, en la óptica de este arte de vivir por reinventar, de una intuición profunda confirmada por hechos cada vez más numerosos. Puesto que hay que limitarse, exploraré a la manera del niño de dos años —que está en el estadio del explorador y que empieza a entrar en la vida— tres modos de acercamiento al desarrollo: la escucha, la motricidad, la visión.
El lenguaje informa y envuelve al ser humano; le da, según las expresiones queridas al Prof. Tomatis, «el deseo de ser» y «la forma corporal», al igual que es el vínculo vivo entre los seres.
Tengo la audaz intención de valorizar sus descubrimientos audio-psico-fonológicos confrontándolos con otros acercamientos sintéticos, en particular los de Carl Delacato y los del Instituto de Visiología de Francia. Estos tres tipos de métodos, que felizmente han evolucionado de forma paralela, me parecen singularmente próximos y llamados a una compenetración mutua —a la vez muy profunda y muy flexible— porque apuntan a poner al «niño en dificultad» en condición de revivir las etapas anteriores mal integradas.
Por otra parte, su flexibilidad constituye la gran dificultad del trabajo de síntesis, pues el terapeuta debe encontrar para cada niño los elementos de programación reeducativa que respondan a sus necesidades personales. Programación regularmente adaptada a su ritmo de evolución, en respuesta a las estimulaciones que se le dan. Un segundo aspecto común a estos tres métodos es la parte de colaboración pedida a los padres.
Carl Delacato y la Visiología
Carl Delacato es un enseñante americano de Filadelfia, discípulo del neurocirujano Temple-Fay. Este último puede ser considerado, entre otras cosas, como uno de los precursores del tratamiento de niños con lesiones cerebrales — mientras que otro discípulo, Glenn Doman, continúa las investigaciones en este ámbito. Delacato, en la línea de su formación pedagógica, se ha interesado particularmente por la terapia de los «problemas del lenguaje y de la lectura», tratando a los disléxicos por una reeducación sensoriomotora intensiva sobre la base teórica del «Perfil de desarrollo neurológico» desde el nacimiento hasta los 9 años, que retoma de manera amplia las etapas importantes de la ontogénesis de un ser humano — siendo admitido que la evolución de un individuo recorre grosso modo la evolución de las especies.
Esta misma teoría de la evolución, Jean-Jacques Lefèvre, del Instituto de Visiología de Quebec —seguido en Francia por el dinámico equipo del Institut de Visiologie de France— la utiliza en una óptica netamente más orientada: la visión es en ella la coronación del desarrollo motor y objeto de explicitaciones teóricas mucho más detalladas que las de Delacato.
Trabajo de síntesis
El ensayo de síntesis que les propongo solo tiene de original esta idea misma: habiendo comprendido la calidad de los trabajos del Prof. Tomatis, de Carl Delacato y de J.-J. Lefèvre, no modifico absolutamente nada en ninguna de sus técnicas, intentando al contrario penetrarme del espíritu que funda y humaniza estas técnicas.
Asimismo, no me sustituyo en nada al papel terapéutico que me parece corresponder naturalmente a los padres. No siendo la terapia, a mi entender, sino una forma particular de la educación, estoy convencida de que es a través de los padres como podrá ser mejor vivida por el niño. Así, ¿cómo definir mi papel sino por esta simple palabra: «orientadora»?
El trabajo de síntesis va, pues, en la práctica, a establecerse en dos niveles: el diagnóstico y la reeducación.
I — El diagnóstico
El diagnóstico del niño disléxico se establece por un balance general de sus aptitudes y de sus deficiencias, que llamo, siguiendo a Delacato, la evaluación inicial. Se modifica regularmente según la progresión del niño mediante evaluaciones periódicas, que son tantas puestas a punto sobre el trabajo efectuado como nuevas bases para la etapa ulterior de la reeducación.
El periplo del disléxico antes del reeducador
El niño disléxico es «descubierto» en la escuela. Antes de ser llevado al reeducador especializado, habrá vivido bastantes peripecias. Primero, se encuentra ante un maestro que ya no lo comprende porque lo consideraba un niño «normal». Ahora bien, el niño confunde las letras; ¿quizá no vea bien? A partir de entonces, comienza el largo periplo.
Su contacto con el psicólogo dará un cuadro de sus capacidades intelectuales, de sus posibilidades de percepción y de razonamiento, de su dominio del vocabulario y de sus conflictos afectivos. El enseñante observa el comportamiento del niño en grupo, sus disposiciones y sus dificultades frente a la tarea escolar. El médico escolar, en general, no nos enseñará nada — mientras que las funciones que sustentan los efectos constatados por el enseñante y el psicólogo deberían poder ser exploradas por él en la óptica de la tarea escolar. Es a menudo en este momento cuando se me lleva a ver al niño.
La evaluación inicial va a intentar encontrar las causas de esta situación de conjunto poco satisfactoria para el niño. En el plano teórico, los psicólogos nos informan enormemente; nos explican que la estructuración espacial es deficiente, que el niño tiene dificultades óculo-manuales o de motricidad fina — pero en general, se limitan a una constatación de carencias. Hay que resueltamente remontar el tiempo, hasta la vida intrauterina del niño, si esto resulta útil, para poder comprender verdaderamente qué es el niño disléxico. En este estadio, por muchas razones, el encuentro esencial entre la madre y el niño ha podido haberse fallado más o menos. Es ahí una de las causas afectivas posibles que pueden influir en el desarrollo del niño.
a) Examen de la visión
El examen funcional de la visión retoma las etapas del desarrollo visomotor y de la integración luminosa en distintos niveles neurológicos centralizadores:
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En el nivel de la médula espinal — test monocular del reflejo pupilar, correspondiente normalmente al nacimiento.
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En el nivel del tronco cerebral — agudeza monocular de lejos y de cerca, detección del astigmatismo, control de la coordinación visomotora elemental, control del desprendimiento de la nuca respecto a los hombros, coordinación ojo-mano en posiciones tumbada, dorsal y de pie. Adquirido entre 1 y 5 meses.
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En el nivel del cerebro medio — fusión de las imágenes por acoplamiento de los ojos: búsqueda del estrabismo, observación de la alineación de los ojos, enmascaramiento temporal de un ojo, persecución biocular, test del prisma. Adquirido entre 4 y 13 meses.
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Percepción simple de la profundidad (8 a 26 meses) — campo visual, convergencia, visión estereoscópica periférica (test de la mosca, fusión por método Delacato).
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Etapa del reconocimiento (13 a 45 meses) — reproducción de símbolos visuales simples, visión estereoscópica central (carta de puntos de Wirt).
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Percepción visual correcta (22 a 67 meses) — base del aprendizaje de la lectura: test visomotor de Laura Berder, test de percepción visual de Marianne Frostig, test de percepción viso-espacial.
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Lateralización ocular en visión binocular (tests de Inizan, pruebas de Reversal).
b) Examen de la audición y del lenguaje
El descubrimiento de los trabajos del Prof. Tomatis y de la audio-psico-fonología han modificado totalmente mi acercamiento a los problemas de recepción auditiva y de expresión verbal del niño disléxico. Me parece interesante entregarles al respecto los resultados de una investigación sistemática en una población de niños con débil retraso mental y carenciales, efectuada en el curso del año escolar 1974-75 en 4 escuelas del mismo nivel pedagógico de los aprendizajes de base.
En lo que concierne a la audición, los resultados en el test de escucha son los siguientes:
| Categoría | Número de niños |
|---|---|
| Niños examinados | 49 |
| Intestables | 3 |
| Sordos medios | 4 |
| Percepción auditiva débil o perturbada | 18 |
| Percepción auditiva suficiente | 17 solamente |
| Percepción auditiva buena | 7 |
En lo que concierne a la selectividad, estaba totalmente cerrada para 41 niños sobre 49, es decir, el 83 %. Y parcialmente abierta, en las frecuencias graves, para los demás.
Estas cifras espantosas merecen tanto más nuestra atención cuanto que las soluciones terapéuticas técnicamente posibles están, lamentablemente, a menudo «reservadas» a algunos beneficiarios, pese a nuestra lucha y nuestros esfuerzos encarnizados.
c) Examen de la sensibilidad táctil
Comprende el reconocimiento de las partes del cuerpo al tacto (ojos cerrados), la percepción de las diferencias de temperatura, la finura de percepción en la comparación táctil de objetos «que parecen planos» como las páginas de un libro (Delacato). El mejor test me parece sin embargo la descripción, con los ojos cerrados, de pequeños objetos, con la observación de la mano preferencial.
d) Examen de la movilidad
Existen excelentes tests psicomotores, muy precisos… ¡pero también muy largos! Utilizo de preferencia el «Bilan Psycho-Moteur» de Bellugon, que en menos de 10 minutos informa sobre el equilibrio estático y dinámico, la coordinación y la lateralidad. Después añado de todos modos el control del rodar, del reptar, de la cuadrupedia, tomados de Delacato — pues me permiten conocer el nivel de organización neurológica que ha sido mal vivido por el niño en el curso de su evolución.
En resumen
Al balance APP añado un examen completo de la visión, de la movilidad y de la sensibilidad táctil, reconociendo los estrechos límites de investigación en este último ámbito.
II — La reeducación sintética
De manera general, la programación terapéutica debe tener en cuenta:
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el nivel real de organización neurológica del disléxico y sus lagunas eventuales en un ámbito sensoriomotor particular;
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el estado de sus relaciones conscientes y menos conscientes con sus padres;
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las posibilidades afectivas, materiales y financieras de estos.
Siendo el realismo cotidiano un importante factor de éxito, debe presidir toda propuesta de reeducación hecha al niño y a sus padres.
Puesta bajo escucha
Siguiendo los métodos probados de audio-psico-fonología, propongo ante todo empezar por la fase de puesta bajo escucha de música filtrada, de voz materna y de parto sónico, que ayuda al niño a adquirir su autonomía.
La puesta bajo voz materna es un retorno sónico al estadio fetal correspondiente al estado de vida del pez — con todas las diferencias afectivas y neurológicas que se conocen. Cuando la relación padres-hijo está restaurada, conviene no pasar demasiado rápido a la lateralización auditiva, sino continuar haciendo revivir al niño las etapas intermedias entre el nacimiento y la lateralización.
Dos tiempos de reeducación
a) Algunos ejercicios se facilitan cuando se ejecutan bajo música. El impacto de la música filtrada sobre la vitalidad del nervio vago es de experiencia corriente para todos nosotros. Una rama sensorial de este nervio desemboca en la cara externa del tímpano y podemos por tanto «energizar» el sistema nervioso por esta vía. En sesiones que constituyen «tiempos fuertes», hago hacer, bajo música filtrada, ejercicios motores y visuales, de manera a obtener una acción común del sistema nervioso.
b) En el domicilio, los padres y el niño ejecutan ejercicios sensoriomotores complementarios — teniendo a menudo el niño mucho más éxito si se siente asegurado y motivado por su familia.
Volver a pasar por los estadios anteriores
Según el hilo conductor que es para nosotros la teoría de la evolución, vamos a veces a partir de muy abajo: es decir, del estadio de la organización monolateral. Es fundamental, en este período de la reeducación, que el niño reorganice y automatice todas las funciones sensoriomotoras anteriores a la corticalización diferencial que es la lateralización.
El niño va por tanto a volver a pasar por el estadio donde vive el cocodrilo. Esta «puesta en el suelo» puede ser muy corta para los niños disléxicos, y para ellos, utilizo raramente la etapa del rodar, que le es anterior.
El reptado es muy importante: me ha ocurrido reeducar a disléxicos por la ejecución de este movimiento 20 minutos por día durante 3 a 4 meses. Por la puesta en el suelo, el cuerpo se pone en contacto con un plano duro, y por la estimulación rítmica de la sensibilidad táctil, el niño va a tomar conciencia mucho más de su cuerpo. En el mismo estadio, es importante —según los casos— desarrollar o reforzar el tono muscular, y mediante ejercicios similares al reptado, automatizar definitivamente la organización monocular.
El tono muscular es una ligera tensión permanente provocada por el equilibrio de un músculo con su antagonista; es indispensable para el movimiento muscular, la respiración, el mantenimiento de la postura, y juega un papel importante en las regulaciones térmicas. Depende, como por lo demás toda la organización neurológica, del estado de vitalidad del oído interno.
Del reptado a la cuadrupedia
En el nivel del cerebro medio se efectúa la organización dual-lateral. Durante esta fase —durante la cual el niño va a hacer un enorme progreso pues reconoce el rostro de su madre— los dos hemisferios cerebrales funcionan en paralelo y simultáneamente. En este período, los dos ojos convergen hacia la línea media, igual que las dos orejas, los dos brazos y las dos piernas responden al gesto de la madre que se acerca a su hijo.
Si se pone al niño en el suelo sobre el vientre, se puede observar que va a recorrer varias etapas: va, como la rana, progresivamente a despegar el tronco del suelo; luego en esta posición cuadrupédica, volverse móvil desplazando —como el oso— la mano y la rodilla derechas al mismo tiempo, mientras los dos ojos convergen hacia la mano que avanza. Después la movilidad se vuelve cruzada, a la manera del trote del caballo.
Verticalización y lateralización
El niño, pequeño del hombre, va a expresarse más en las etapas siguientes: verticalización y lateralización. El acercamiento bilateral es un trabajo cortical complejo que favorece una mejor coordinación de los dos lados del cuerpo. La alineación de los dos ojos se vuelve precisa y el niño capaz de identificación. La audición se afina y la comprensión del lenguaje se afirma. El niño se yergue y comienza a andar, los brazos le sirven de balancines, y el lenguaje se desarrolla así como la manipulación.
En el trabajo reeducativo de este estadio, la marcha cruzada resume muchos elementos de organización neurológica en el nivel del córtex: el niño anda señalando el pie izquierdo con la mano derecha e inversamente. Los juegos de balón grande, el ciclismo, la integración del lenguaje corriente, las manipulaciones que exigen la acción complementaria de las dos manos, el afinamiento de la sensibilidad táctil, la profundización del reconocimiento de los objetos de lejos y de cerca, constituyen objetivos muy diversos pero también muy precisos, que van a ayudar al niño disléxico a reconquistar una bilateralidad sólida, invirtiendo la acción concertada de los dos hemisferios cerebrales — base indispensable para la lateralización.
Habiendo el niño «revivido» durante un período de 2 a 3 meses los tres primeros estadios de desarrollo, aborda la unilateralidad, o estadio de lateralización. En la práctica, según la evolución sensoriomotora, se habrá modificado el equilibrio de los sonidos por el oído electrónico, y esta fase de lateralización —influida en el nivel del oído— puede serlo también en el nivel de la motricidad general por los diversos deportes infantiles, y en el nivel óculo-manual por ejercicios de dibujos o de escritura con la obliteración parcial del ojo izquierdo por una pantalla de color rojo.
De esta manera, el niño que utiliza un marcador del mismo color que la pantalla solo puede ver los trazos con el ojo derecho; los dos ojos ven por lo demás todo el cuadro del dibujo. El reforzamiento de la actividad óculo-manual derecha es mucho más rápido durante las sesiones de música filtrada en el equilibrio 1.
La estereocularidad y la identificación visual dependen igualmente de la mejora del tacto: el niño manipula numerosos objetos redondeados, puntiagudos y planos. Después, gracias a un mejor control de la motricidad de los dedos, la manipulación se precisa, se especializa en pequeños objetos: el niño juega con migas de pan, granos de arena; trasvasa líquidos, hurga, toca todo. Desarrolla así su sensibilidad a los detalles y al relieve. Comienza a adquirir las nociones de constancia, de «invariante» (Piaget).
Espacialización: el periplo termina
El niño disléxico, fijado en su cuerpo, puede ahora sentirse bien en él y utilizarlo para conocer el espacio y el tiempo, e ir hacia los demás.
«Aprecia el espacio, primero por los objetos que se encuentran en él, pero aprende también a situar los elementos unos respecto a otros, se sitúa él mismo en el conjunto. Por el juego del desplazamiento de objetos y de su propia locomoción, construye las principales direcciones del espacio: vertical, horizontal, oblicua. Les da un sentido: hacia arriba, hacia abajo, hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia delante, hacia atrás. Estas orientaciones son esenciales para diferenciar d de b, p de q, 12 de 21.»
Entre la vida fetal y la lateralización —que son los polos de la audio-psico-fonología aplicada al disléxico— el niño desarrolla un arte de ver, una manera de sentir, una alegría de crear y de reducir las distancias, una toma de posesión del espacio y del tiempo, una dulzura del tacto y del gesto, que brotan del deseo de comunicar. Estos dones son las expresiones necesarias retomadas en el lenguaje, que todo lo resume, todo lo eleva, liga en un canto continuo la materia y el espíritu.
«La finalidad evolutiva —nos afirma el Prof. Tomatis— es transformar a un ser óculo-céfalo-giro en un ser escuchante.» Parece evidente, en esta perspectiva, que el hombre deba primero ser óculo-céfalo-giro. Es una de las tareas a las que aporto mis cuidados.
Pueda el tiempo permitirnos ver la realización de este sueño: los terapeutas del desarrollo y los de la escucha por fin unidos para ayudar al disléxico a dejarse llevar al Lenguaje. Podamos todos dejarnos llevar a una «común esperanza en la espera de la redención de nuestro cuerpo» (Epístola a los Romanos, VIII, 23).
Bibliografía
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A. A. Tomatis, Éducation et dyslexie, ESF, 1972.
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Institut de Visiologie de France, Introduction à la Visiologie (obra colectiva), 1974.
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Carl H. Delacato, A New Start for the Child with Reading Problems, 1970.
— Anne-Marie Bauduin, enfermera pediátrica, Bélgica. Comunicación al III Congreso Nacional de la AFAPP.