Comunicación por el Dr E. Derrien (Montpellier, Francia), responsable médico de un Instituto Medicopedagógico. Probablemente presentada hacia 1976 en el marco de los trabajos de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie.

¿Cómo puede el Oído Electrónico acompañar la toma a cargo de los fenómenos epilépticos? Presentación de una investigación clínica sobre diez casos, e hipótesis psicosomáticas sobre la «enfermedad sagrada».

La epilepsia, ese monumento neurológico

Hablar de epilepsia es muy a menudo una apuesta. Por ello esta exposición se quiere más reflexión que publicación partidaria o catálogo de teorías diversas. En medicina, la epilepsia es un bloque clínico que, una y otra vez, evoluciona, engancha, rechaza. Sea como fuere, este monumento neurológico inquebrantable preocupa constantemente. El epiléptico es a menudo el «enfermo sagrado», a veces la voz divina, que molesta y que se debe «dormir» — lo que nuestras sociedades no se privan de hacer.

Parece sin embargo, a través de las numerosas y recientes publicaciones desencadenadas por el estudio de esta enfermedad, que asistimos a la iluminación de caras nuevas. Es en particular la toma de conciencia de los problemas psiquiátricos del comicial lo que, en la hora actual, provoca más revuelo.

Es así como se dibujan dos escuelas:

  • los neurólogos a la búsqueda, al acecho de una organicidad — y no puede negarse que existe en casos cuyas proporciones varían del 5 al 50 % según las estadísticas;

  • los psiquiatras que tienden a estudiar las relaciones a menudo indisociables entre la personalidad del epiléptico y su enfermedad.

Distinguiremos, para la claridad del decir, las epilepsias orgánicas —para las que existe un foco neurológico, metabólico, vascular, traumático u otro— y las epilepsias llamadas «esenciales», para las que un foco puede eventualmente hallarse. Este foco es entonces un agrupamiento de neuronas normales que, sin espina irritativa anatómica, ven su electrogénesis perturbada. Precisemos que lo más a menudo, este foco no es cercado por los exámenes complementarios puestos a nuestra disposición.

Pero cualquiera que sea la etiología —o la ausencia de etiología retenida— es poco discutido que el incendio de todo o parte del encéfalo desencadenando la crisis sea influido por factores exógenos o endógenos, o ambos. Las descargas emocionales, los traumatismos, son a veces los factores desencadenantes de una comicialidad perfectamente orgánica. Es por descontado la epilepsia esencial la que retendrá en primer lugar nuestra atención.

El epiléptico en la historia

La condena a perpetuidad del comicial por ser «el asno sin vergüenza» encuentra ecos hasta en una canción de sala de guardia cuyo estribillo dice: «Idiotas, locos, epilépticos son reproches sin réplica». Todos aquellos de nuestros colegas que han vivido los antros de los internados de los hospitales conocen sin duda este estribillo.

Señalemos que los esclavos del Egipto antiguo eran sometidos a una estimulación luminosa intermitente, mediante un estroboscopio artesanal. Aquellos en quienes la prueba desencadenaba una crisis eran implacablemente eliminados, sacrificados a los dioses. Más cerca de nosotros, la Roma republicana e imperial dejaba de actuar si una persona tenía una crisis en público. Esta marca de disfavor de los dioses provocaba el levantamiento de sesión de toda asamblea — en particular la de los comicios. De ahí el término de «comicialidad», a menudo empleado por eufemismo.

Estos ejemplos están ahí para decirnos qué carga asocial y mágica transportaban hasta el siglo pasado los «insensatos epilépticos», para emplear un término de la época. Los psiquiatras franceses que, en el siglo XIX, han engendrado la clínica —como diría Foucault— son los primeros en haber dado a la epilepsia una dimensión más psicológica que neurológica. Llevan por nombre: Esquirol, Moreau de Tours, Delasiauve, Morel, Christian, y aún otros.

Hipótesis psíquicas sobre la epilepsia

Madame Minkowska: la «glischroidia»

Un lugar aparte debe hacerse al trabajo de Madame Minkowska. Su notable análisis del Rorschach del epiléptico ha conducido las investigaciones de algunos clínicos en una dirección nueva. Para ella, todo está condicionado por la viscosidad, que llama glischroidia.

Freud: «Dostoievski y el parricidio»

Para los analistas —fuera de Freud— la crisis es una descarga agresiva culpabilizada, o también un cumplimiento alucinatorio de las pulsiones.

Freud ha escrito un muy hermoso texto sobre la epilepsia: «Dostoievski y el parricidio». Para él, el epiléptico está en la conjunción de un yo masoquista y de un superyó sádico. La crisis es un suicidio, un crimen introyectado. Permítanme ceder a mi deseo de citarlo enteramente:

«En la epilepsia, como en el suicidio, encontramos a la vez el crimen y el castigo: muerte por la identificación con el padre matado, es decir, el cumplimiento de su deseo: asesinato y suicidio. Estas crisis de muerte satisfacen las tendencias masoquistas del yo y las tendencias sádicas del superyó, con el significado del suicidio como autocastigo.»

«No es por tanto sorprendente que sea difícil establecer la unidad de la enfermedad clínica denominada epilepsia. Lo que hay de común en todos estos síntomas nos lleva a creer que se trata de trastornos esencialmente funcionales; un mecanismo de desintrincación de las pulsiones parece entrar en acción según las distintas circunstancias, y ello tanto en los trastornos cerebrales que provienen de muy graves enfermedades como en los casos en que el enfermo no logra dominar el mecanismo psíquico que actúa por crisis. Se adivina tras este doble aspecto la identidad del mecanismo de desintrincación de las pulsiones.»

«Es cierto que la reacción epiléptica está al servicio de la neurosis cuyo propio es desembarazarse de forma somática de los complejos de excitación de los que no logra liberarse de otro modo. La crisis epiléptica se vuelve entonces un síntoma de histeria que la adapta y la transforma aproximadamente como lo hace el hecho de un acto sexual normal.»

Tomatis: la mala inteligencia entre los hemisferios

Otra de nuestras vías de investigación parte de una hipótesis del Prof. Tomatis, que piensa que el incendio comicial está ligado a una mala inteligencia entre los dos hemisferios cerebrales. Espero poder el año próximo comunicarles resultados experimentales sobre este estudio que comienza.

Para retomar las justas palabras de Covello, digamos con él: «Hay que subrayar los vínculos muy estrechos entre la estructura del enfermo y las crisis aisladas

¿Qué pensar de la epilepsia?

  • ¿Es una enfermedad? No. Los neuropsiquiatras actuales tienen una nítida tendencia a rechazar este término que, condenando sin ayudar, se ha vaciado realmente de sentido.

  • ¿Es el síntoma de una neurosis? Sí, a menudo sin duda, y este síntoma —lo hemos visto— exigirá por nuestra parte una escucha muy particular.

  • ¿Es un comportamiento? Sí, ciertamente. Es entonces cuando podremos considerar la epilepsia como una perturbación angustiada de la relación, que entraña un desorden comportamental existencial.

Este aspecto, lo saben ustedes, es fácilmente abordable por el Oído Electrónico. Por otra parte, debemos considerar como capital, en la evolución de la enfermedad, el papel de la psicogenia familiar, puesto que esta ha condicionado la vivencia afectiva del enfermo.

El DERS del epiléptico es bien aceptado por la familia — pero es aún demasiado pronto, demasiado pronto, en nuestro estudio, para afirmar que la etiología misma de la enfermedad se encuentra en el deseo de muerte que tienen los padres. En el estado actual de las cosas, lo que podemos decir es que se encuentra lo más a menudo una madre sobreprotectora o rechazante, abandónica, y un padre autoritario o falso — lo que viene a ser lo mismo.

La herida narcisista es insoportable a los padres que, lo más a menudo, no ocultan su hostilidad, su deseo de colocación lejana para no verlo más. Culpabilidad y racionalización se derivan de ello. El deseo de muerte respecto a su hijo conlleva una ambivalencia miedo-deseo que conduce sin demora al niño a una pareja patológica con su madre.

El verdadero drama es que, en nuestras terapéuticas clásicas, la supresión de la crisis-síntoma puede reactivar la angustia, y por ello, llevar al enfermo a la psicosis, al rechazo de lo real.

Investigación clínica sobre diez casos

Una vez definidas las bases que nos han llevado a entablar esta investigación, vengamos a datos más prácticos. Cierto es que carecemos aún de distancia, y las observaciones son demasiado poco numerosas para ser tratadas estadísticamente.

Es fortuitamente como se ha constatado la desaparición de las crisis en sujetos en reeducación bajo Oído Electrónico. Pero espero que lo que acabo de decirles les haya convencido de que no podía tratarse de circunstancias fortuitas — y de que el verdadero rostro de la epilepsia nos lleva a pensar que entra de pleno derecho en el campo de acción del Oído Electrónico, y por ello de la Audio-Psico-Fonología.

Protocolo

  • Número de casos seguidos regularmente: 10.

  • Ninguna exclusiva para una forma clínica cualquiera.

  • Los niños son vistos (con sus padres si es posible) en el consultorio o en el Instituto Medicopedagógico del que soy responsable médicamente.

Procedemos así:

  • Balance clásico con electroencefalograma;

  • Puesta bajo Oído Electrónico con tratamiento alopático que equilibra las crisis;

  • Control regular clínico y electroencefalográfico;

  • Tras tres meses aproximadamente —y si el estado lo permite, lo que siempre ha sido el caso hasta el presente— disminución de las dosis hasta supresión total de toda medicación, en plazos de 9 meses o más según los casos;

  • Las madres son, en la medida de lo posible, puestas en sesiones de Música Filtrada bajo Oído Electrónico en posición de relajación.

La programación del niño epiléptico no difiere apenas de las otras en sus grandes líneas. Ha exigido sin embargo a veces más flexibilidad —con modulación en el nivel de la escucha a 8 000 hercios (período de los sonidos filtrados en audición intrauterina)— por ejemplo escucha de un gregoriano no filtrado al final de la sesión a fin de no dejar partir a un niño a veces irritable.

La frecuencia habitual ha sido de dos horas por semana de Oído Electrónico (es decir, 2 veces 2 sesiones de media hora).

Resultados globales

Los resultados obtenidos permiten afirmar que no ha habido fracasos, en el sentido de que todas las curas emprendidas y seguidas regularmente han conducido a una desaparición o a una disminución muy sensible de las crisis — ello pese a la disminución más o menos importante, o la desaparición, de la terapéutica medicamentosa. Para tres enfermos que ya no presentan crisis, no ha habido términos de paso por otra forma clínica de episodio crítico. La posible reactivación, en los primeros tiempos del training audio-psico-fonológico, no ha sido observada.

Cuatro observaciones clínicas

Caso n.º 1 — P.A.G., epilepsia temporal típica

Muchacho nacido el 4 de julio de 1959. Malos resultados escolares, adhesividad, pensamientos difusos. La abundancia de los episodios críticos (hasta 8 o 10 por día) hace que P.A.G. esté al límite de la expulsión del establecimiento escolar donde se encuentra.

Puesta bajo Oído Electrónico el 9 de noviembre de 1974, con tratamiento por Alepsal y Orténal (que suprime las crisis). Hasta el 19 de junio de 1975, P.A.G. ha recibido 33 sesiones de voz materna en audición intrauterina (33 VM) y 4 sesiones de partos sónicos (4 AS).

Resultado: ya no existen crisis temporales. Los resultados escolares marcan un progreso muy nítido; el comportamiento general, tanto en sociedad como en familia, está en mejora constante. Ya no hay ningún tratamiento medicamentoso.

Caso n.º 2 — G.R., síndrome de Lennox

Nacido el 6 de agosto de 1968. Presenta un síndrome de Lennox que comenzó a la edad de dos años (diagnóstico del servicio hospitalario que sigue habitualmente al niño). Este ha recibido numerosos tratamientos, incluido Synacthène. En el mes de junio de 1974, cuando lo vemos, recibe una cápsula de Dopa-Inhibidor a 100 mg de Dopa por 25 mg de Inhibidor de la Descarboxilasa, tres medio-comprimidos de Rivotril, 2 comprimidos de Gardénal 5 y 1 comprimido de Valium 5.

En el examen, fuera de la sintomatología epiléptica, los desórdenes psicoafectivos son muy importantes y hacen evocar una psicosis infantil evolutiva.

Desde la puesta en voz materna bajo Oído Electrónico, G.R. comienza un estado de mal epiléptico. La madre, por primera vez, no lo hace ingresar en el hospital; y tras algunas crisis, el niño detiene él mismo sus convulsiones. El tratamiento anterior es suprimido por los padres, de forma intempestiva por lo demás. Desde esa época (julio de 1974), G.R. ve espaciarse sus crisis; la motricidad mejora muy sensiblemente, puesto que el niño puede subir y bajar solo las escaleras. Empieza a modular los sonidos. Su estado psicótico no permite, lamentablemente, efectuar test de escucha.

Resultado: la reeducación está en curso, el niño solo tiene ya crisis muy esporádicas, las líneas psicóticas regresan. Ya no hay ningún tratamiento medicamentoso. G.R. ha recibido en total, hasta el presente, 86 VM y 37 AS.

Caso n.º 3 — F.M., crisis y síndrome de carencia

Nacido el 23 de octubre de 1969. Niño seguido desde el mes de agosto de 1974 en un doble plano: ante todo por crisis espaciadas del tipo comicial; igualmente por trastornos psicoafectivos que conllevan un síndrome de carencia con pseudodebilidad. Comportamiento muy inestable, trastornos de carácter.

La marcha se obtiene hacia la edad de 25 meses. El comienzo del lenguaje se sitúa exactamente en el momento en que su joven hermana se pone a gorjear — es decir, cuando F.M. ha alcanzado la edad de 3 años. F.M. reacciona mucho a la presencia de su hermana. El medio familiar es perturbador. F.M. no ha logrado aún el control de esfínteres. Se encuentran, en el curso de la evolución, episodios de regresión deseados donde, por ejemplo, pide el biberón.

Desde el inicio de la reeducación bajo Oído Electrónico, este niño de pasado patológico cargado (prematuro, convulsiones neonatales, otitis) hace progresos evidentes y rápidos. En el plano electroencefalográfico y comicial, se nota una mejora de la electrogénesis con, de forma concomitante, espaciamiento considerable de las crisis. F.M. no tiene tratamiento medicamentoso continuo, dado el muy amplio espaciamiento de sus episodios críticos. Ha recibido 106 sesiones de VM, 41 AS y 29 sesiones de cancioncillas. La evolución rápida y favorable permite contemplar una normalización en los meses por venir.

Caso n.º 4 — Petit mal y perturbaciones psicoafectivas

Muchacho nacido el 21 de agosto de 1963. Dificultades escolares asociadas a graves perturbaciones psicoafectivas. Colocado en aerium desde 1969.

Constatación, en el mes de marzo de 1973, de ausencias de tipo petit mal (plafonamiento ocular); se señalan hasta 30 ausencias por día aproximadamente. Se instaura un tratamiento inmediatamente con 100 gotas de Dépakine y dos comprimidos de Épidione.

La puesta bajo Oído Electrónico se efectúa el 7 de febrero de 1975 con voz materna. El 19 de abril, el trazado del electroencefalograma muestra una nítida tendencia a la normalización. Al 13 de junio, ha escuchado 47 VM y 8 AS. Ya no hay ausencia ante la hiperpnea, los progresos escolares son excepcionales, el niño es estable. El tratamiento queda aún en Dépakine 80 gotas, Épidione 1/2 comprimido.

Ventajas del acercamiento por Oído Electrónico

Les he, pues, presentado cuatro casos entre los que tengo actualmente a cargo. Es evidente que las ventajas que presenta un tratamiento audio-psico-fonológico con ayuda del Oído Electrónico no tienen comparación con las demás terapéuticas. Señalemos entre otras:

  • Disminución o supresión de los medicamentos. El enfermo ya no es dormido: ya no está obligado a las tomas regulares que lo vuelven a poner en situación de enfermedad, aunque las condiciones psicoafectivas sean satisfactorias — como ocurre en el curso de algunas psicoterapias de epilépticos.

  • Supresión en algunos casos de una intervención a veces deteriorante, en el ámbito de la neurocirugía.

  • Acción sobre la causa misma de la enfermedad, y no solamente sobre el síntoma clínico.

Me permitiré anotar aún que, en el ejemplo de la neurocirugía o la quimioterapia, se contenta uno con suprimir las crisis — quitando así la posibilidad de una expresión somática de los afectos, devolviendo al enfermo a su angustia. Las observaciones de regresión disociativa muy profunda se encuentran frecuentemente tras supresión de las crisis por un gesto neuroquirúrgico, o incluso por una simple toma de medicamentos.

Sin embargo, no lo olvidemos: la epilepsia conoce también causas orgánicas curables. Es bueno por tanto saber eliminar sin riesgo alguno de error una organogénesis de la enfermedad. Hay que ser ante todo clínico minucioso y preciso antes de dar a la enfermedad un origen «esencial».

En las epilepsias orgánicas puras —por tumor por ejemplo— el Oído Electrónico puede intervenir tras supresión o tratamiento de la causa. Allí, le pediremos una facilitación eventual en el nivel del carácter por resolución del síndrome ansioso a menudo constatado, en relación cierta con la personalidad, pero también con la disminución de las capacidades, y a veces con el no-poder siempre dolorosamente vivido por el paciente.

Conclusión

Tras estas pocas observaciones, podemos decir que el Oído Electrónico parece poder mejorar sensiblemente la condición clínica al mismo tiempo que el estatuto social del epiléptico esencial. Es evidente que este estudio carece de distancia y que los casos observados son demasiado poco numerosos para que podamos sacar de ellos conclusiones definitivas. Sin embargo, hemos podido ver la importancia del fondo mental y afectivo del epiléptico. Al modificar estos datos por el tratamiento bajo Oído Electrónico, tenemos sin duda la posibilidad —la ocasión— de abrir algunas brechas en este agrupamiento clínico que, desde los tiempos remotos de la historia, lleva en sí todas las maldiciones de la humanidad, tanto y tan bien que el enfermo epiléptico se construye para sí un sistema de defensa. Y aún puede ser que esta enfermedad sea ella misma un sistema defensivo contra las agresiones endógenas y exógenas.

Para terminar, añadiré que, porque este estudio —ciertamente prometedor— está comenzando, porque estas pocas ideas se han expuesto demasiado sucintamente, y porque nos falta aún pulir nuestras hipótesis de trabajo, deseo un muy amplio debate.

— Dr E. Derrien, Montpellier.