Comunicación de Alfred Tomatis presentada a la Académie Nationale de Médecine por M. Moulonguet y publicada en el Bulletin de l’Académie Nationale de Médecine (tomo 144, n.º 11 y 12, 1960, páginas 197-200). Tomatis expone, en cuatro páginas densas, el dispositivo experimental que ha puesto a punto desde 1947 — micrófonos, amplificador, filtros, báscula — para condicionar duraderamente la fonación mediante la audición, y su aplicación a la integración de las lenguas extranjeras en los laboratorios de lenguas vivas del Centro Audio-Visual de la École Normale Supérieure de Saint-Cloud.

Condicionamiento audio-vocal

por el Sr. Alfred Tomatis
(Presentación realizada por M. Moulonguet)

Impreso con el periódico Bulletin de l’Académie Nationale de Médecine — Tomo 144, n.os 11 y 12, 1960, pp. 197-200.

I. — Introducción

Ya en 1947, impresionado por el paralelismo permanente que existe entre el examen audiométrico de un sujeto y la curva envolvente del análisis espectral de su voz, emprendí el estudio de las reacciones y contra-reacciones de la audición sobre la emisión vocal.

Utilicé entonces dos montajes electrónicos:

Uno que permitía visualizar la descomposición armónica de los sonidos emitidos;

El otro que daba la posibilidad de modificar a voluntad la audición del sujeto sometido a la experimentación.

El sujeto hablaba ante dos micrófonos M1 y M2.

M1 captaba el sonido en beneficio de un grabador que permitía luego el análisis espectral del sonido;

M2 atacaba un amplificador cuyas características de respuesta a la altura de los auriculares eran modificables a voluntad gracias a un juego de filtros (paso-alto, paso-bajo, paso-banda), lo que permitía modificar a voluntad la manera de oír del sujeto sometido a la experiencia y, llegado el caso, su modo de controlarse.

La importancia extraordinaria de las contra-reacciones que surgían me permitió afirmar la existencia de un verdadero circuito cerrado de auto-información cuyo captador de control, durante la emisión a la altura de los órganos de la fonación, no era otro que el oído, y que toda modificación impuesta a este captador entrañaba instantáneamente una modificación considerable del gesto vocal, fácil de detectar visualmente, auditivamente o, en todo caso, físicamente controlable en el tubo catódico.

Así, desde 1954, podía enunciar que «la voz de un sujeto no contiene más que los armónicos que su oído es capaz de oír».

Posteriormente, diversos experimentadores confirmaron estos datos, y M. Raoul Husson, retomando este estudio en 1957, bajo el impulso del profesor Monnier en el Laboratorio de Fisiología de las Funciones de la Sorbonne, agrupaba este conjunto de contra-reacciones audio-fonatorias bajo la denominación de «Efecto Tomatis».

II. — Realización de un condicionamiento audio-vocal

Asegurado, de modo absoluto, de que un modo de expresión vocal propio de una misión dada, esto es, de un condicionamiento del conjunto del aparato fonatorio que se exterioriza por un gesto vocal conocido, responde a una manera de oír determinada por un condicionamiento más o menos complejo del conjunto del aparato auditivo, y asegurado además de que toda modificación de esta manera de oír engendra una modificación a la altura del gesto fonatorio, intenté desencadenar un condicionamiento audio-vocal cuya importancia es considerable desde el punto de vista terapéutico, en las disfonías, en la educación vocal, e incluso en la búsqueda de una estética vocal.

[Fig. 1 — Esquema del dispositivo: auriculares, micrófonos M1 y M2, grabador, analizador, amplificador provisto de filtros paso-alto / paso-bajo / paso-banda.]

[Fig. 2 — Bucle de regulación audio-fonatoria: órganos de la fonación ↔ captador auditivo.]

Desencadenar un condicionamiento susceptible de modificar la emisión equivale a obligar al oído a oír de una determinada manera la emisión de un sonido. Dicho de otro modo, el gesto vocal que denominaremos G1 y que conduce a una emisión E1 de mala calidad responde, como sabemos ahora, a una audición global A1. Corregir el gesto G1 para verlo transformarse en G2, gesto vocal susceptible de emitir sonidos E2 de buena calidad, consiste únicamente en obligar al oído a utilizar un modo de acomodación que determine la manera de oír los sonidos.

Basta, por consiguiente, para borrar el gesto G1 y ver aparecer en lo sucesivo el gesto G2, con condicionar la audición a un nuevo modo de acomodación de las frecuencias de la emisión de los sonidos.

Para llevar a cabo este condicionamiento, he utilizado desde hace varios años el montaje siguiente:

Un micrófono M ataca un amplificador del que emanan dos circuitos distintos; estos dos circuitos constituyen dos canales que no funcionan simultáneamente.

[Fig. 3 — Micrófono M atacando un amplificador, el cual alimenta dos canales C1 y C2 conmutados por una báscula, retornando a los auriculares.]

Para una intensidad dada, modificable a voluntad, el canal C1 permanece abierto en solitario. Permite al sujeto sometido a la experiencia escucharse, lo cual es lo habitual. Si, sin que sepa que nada ha cambiado, se modifica la emisión de un sonido por su parte, en cuanto añade al ruido ambiente siempre persistente una intensidad considerable que supera el umbral de la que él produce, el canal C1 se cierra y solo se abre el canal C2. Este segundo canal electrónico va a obligar al oído a otro modo de control, el que hayamos elegido, aquel que responde en particular a la emisión de una bella voz. Dicho de otro modo, la apertura del canal C2 no hace más que permitir oír de la manera A2, inherente al gesto G2 buscado.

Terminada la emisión vocal, la intensidad reducida hace bascular el sistema en sentido inverso, y el canal C2 se abre mientras C1 se desvanece. Esta regla se reanuda cada vez que el sujeto quiere hablar y el condicionamiento aparece muy rápidamente. Desde los primeros días, tras una sesión de media hora, subsiste una remanencia de aproximadamente media hora. Al cabo de unos quince días, se vuelve permanente.

Por lo demás, este juego de báscula puede convertirse rápidamente en un fenómeno consciente y permitir a voluntad la posibilidad de oír como se desea.

Con el propósito de modificar luego el ritmo y la entonación del lenguaje, he modificado el tiempo de conexión de la báscula y, habiendo determinado además audiciones raciales, es decir, maneras de oír, he utilizado esta técnica para la integración de las lenguas extranjeras.

En efecto, las distintas maneras de oír se caracterizan:

a) Por bandas pasantes que dan al aparato de control auditivo curvas de respuesta específicas;

b) Por el tiempo T necesario para alcanzar la adaptación auditiva que permite la realización de esta curva.

La integración lingüística se revela extremadamente rápida y su aplicación en los Laboratorios de Lenguas Vivas del Centro Audio-Visual de la École Normale Supérieure de Saint-Cloud constituye la prueba experimental más importante.


Fuente: Tomatis A., «Conditionnement audio-vocal» (presentación realizada por M. Moulonguet), Bulletin de l’Académie Nationale de Médecine, t. 144, n.º 11 y 12, 1960, p. 197-200. Tirada aparte impresa por Masson et Cie, editores, París (depósito legal 1966, 1.er trimestre, n.º de orden 4357). Documento digitalizado procedente de los archivos personales de Alfred Tomatis.

Figuras del documento original

Esquemas e ilustraciones extraídos del facsímil PDF del artículo original.

Figura 1 — facsímil p. 1

Figura 1 — facsímil p. 1

Figura 2 — facsímil p. 2

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Figura 3 — facsímil p. 3

Figura 3 — facsímil p. 3