Comunicación de Alfred Tomatis al IVe Congreso Internacional de las Ciencias Fonéticas celebrado en Helsinki en 1961, publicada en 1962 por Mouton & Co en los Proceedings del congreso (pp. 389-399). Tomatis formaliza allí, ante un auditorio de fonetistas y lingüistas, el tríptico Audio-psico-fonación: el lenguaje como circuito cerrado de autoinformación regido por la cibernética, el papel director de un oído único, el mecanismo del «delayed feed-back fisiológico» en la tartamudez, y el paralelismo estricto entre escotomas auditivos y escotomas vocales, demostrado por el deslumbramiento audiométrico.

Audición y fonación — Su reacción y sus contrarreacciones

por A. TOMATIS

Proceedings of the Fourth International Congress of Phonetic Sciences, Helsinki 1961 — Mouton & Co, 1962, pp. 389-399.


Nuestra comunicación quiere inscribir en el orden del día la audición y la fonación, que pretende abordar no ya como dos entidades a estudiar —tan a menudo tratadas y tan profundamente estudiadas— sino como un todo, como un conjunto en el que se imbrican, en una intimidad sólidamente armada, su acción y sus reacciones.

Habríamos preferido dar a esta breve exposición el título de «introducción a la audio-psico-fonación», pero el temor a imponer un neologismo, sin iniciación previa, nos ha hecho inclinarnos hacia una definición más familiar, aunque menos precisa. Seguimos, no obstante, persuadidos de que el tríptico «Audio-psico-fonación», que adoptamos desde hace tiempo, circunscribe de manera más satisfactoria el objeto mismo de nuestro trabajo. Por añadidura, define con exactitud las fronteras de un departamento que conviene anexar a las ciencias fonéticas.

Considerar, en un mismo individuo, la audición y la fonación como un todo, sellar su unión mediante un vínculo psicológico, equivale a concebir el lenguaje bajo un aspecto bastante nuevo.

Es así como, habitualmente, el lenguaje, y en particular el lenguaje oral, objeto particular del presente estudio, recurre a nociones de información, de comunicación en dirección a otro, ya sea un informado. Este replica a su vez con posibilidades semejantes, motivando así la puesta en marcha de un circuito cerrado cuyos polos extremos son el informador y el informado, que, alternando sus papeles, actúan ya como emisor, ya como receptor. Lo cual se manifiesta, en el plano de la información, mediante un bucle cibernético, de complejización más elevada, cuyo esquema más simple se reproduce a continuación.

Pone de manifiesto el papel del informador, provisto de un córtex y de una boca en funcionamiento, y el del oyente, provisto del oído en funcionamiento, su córtex y la boca, para intervenir en la respuesta en cuanto informado, dirigiéndose al oído del nuevo informado, que no es sino nuestro primer locutor.

Así, en un juego de vaivén, suerte de tenis sónico, podemos devolver la pelota acústica con más o menos agilidad, habilidad, destreza. Esa traza, lo que sabemos emitir, lo que sabemos recibir, es el mensaje.

Sin embargo, en la información, el primer informado no es ya el informador mismo. Tal es el punto esencial que aquí deseamos desarrollar. Cierto, no nos extraviaremos

[Fig. 1 — Bucle de información: Informador (Córtex → Boca) → Oído → Córtex Informado, y retorno simétrico en sentido inverso.]

en el esquema n.º 1, vemos que el mensaje, lanzado en el espacio, se dirige hacia el oído a la escucha, pero ese mensaje solo tiene sentido porque ha sido controlado en todo momento en sus diferentes parámetros. Se emite con una intensidad que debe ser suficiente para alcanzar el oído del informado; además, el timbre de voz que se le otorga debe ser idéntico al del locutor; la entonación hace aparecer tantas inflexiones como el sujeto parece desear; el ritmo, volviéndose más o menos lento, más o menos entrecortado, traduce la intención del informador; la coherencia del discurso, en fin, denota hasta qué punto el lenguaje ha sufrido un control de todos estos elementos.

Así pues, la noción que se ha de extraer es la de la autoinformación. Hace aparecer la puesta en función del autocontrol en el papel esencial de instaurar una regulación. El locutor obedece, por tanto, igualmente a las reglas impuestas por esta regulación cibernética, cuyo estudio revela cuánto hay de mecánico en la fisiología del lenguaje.

El circuito audio-psico-fonación se descompone esquemáticamente en varios tramos.

  • a) El primero, el más elevado en la cadena, es el que motiva el acto hablado. Lo denominaremos el córtex. Huelga decir que esta denominación simbólica solo tiene por objeto designar el encéfalo entero, sin prejuzgar ninguna localización. Representa, en su conjunto, la inteligencia, el acto voluntario de puesta en marcha del sistema.

  • b) El segundo tramo es el de la fonación, que corresponde al acto hablado. Pone en obra, en su mecanismo, numerosos órganos electivamente destinados a fines digestivos o respiratorios, que sabe unir gracias a una trascendente adaptación con vistas a una información acústica articulada.

  • c) El tercer tramo es puramente físico. Depende de las cualidades acústicas del aire que nos rodea y cuyas infinitas modulaciones sabemos explotar con fines de información. Es el instrumento fonético por excelencia, y es en

[Fig. 2 — Bucle de autoinformación: Córtex / Centro fonación → Boca → Información; en retorno Oído → Centro Auditivo → Autoinformación.]

el arte de utilizarlo donde el hombre ha constituido el lenguaje oral. ¿No es el hombre el animal más adaptado a las posibilidades de explotación acústica del medio en que vive?

  • d) El cuarto tramo realiza el captor de nuestro bucle cibernético. Gracias a él, el mensaje sónico lanzado hacia otro es controlado por el locutor. Gracias a él, el informador toma así conciencia de su papel de «kybernetes», de piloto, en el acto hablado; puede así regularlo con precisión en sus diversos parámetros; asiste al desarrollo controlado de la película acústica que se desenvuelve ante él, y en la cual desea imprimir el fluir de su pensamiento.

El papel director de un oído único

Este último tramo aparece, en su conjunto, como el órgano esencial de la autoinformación. Por ello lo estudiaremos por sí solo, en cuanto regula el «feed-back» de la fonación, totalizando él solo múltiples funciones. Es él quien controla la intensidad, el timbre, el ritmo, la modulación, la expresión, etc.

Es a la clínica y al laboratorio a quienes hay que recurrir para abordar estos problemas. Desde hace varios años, nos hemos dedicado a estudiar clínicamente el papel del oído en la patología del lenguaje, en los trastornos de la fonación, en los déficits de la emisión vocal, labor que nos ha permitido elaborar las teorías que sostienen las hipótesis que hemos podido verificar en el curso de experiencias de laboratorio.

No sin motivo hemos aludido, en el párrafo precedente, al papel del oído —y no de los oídos— como elemento de control paralelamente a la audición. Es cierto que existen dos captores auditivos paralelamente estructurados, idénticos en sus mecanismos propios, pero no por ello deja de ser verdad que un solo oído sirve para controlar el sonido emitido. Ese único oído reside a la derecha en el diestro, a la izquierda en el zurdo. Se denomina el oído director, sede del «viso», sonido, frase, análisis; él solo verifica el valor rítmico de una frase; él solo impone, desde la entrada del bucle de control, sus características de modulación.

Vamos pues a detenernos un poco más extensamente en este oído dominante, cuyas perturbaciones acarrean siempre trastornos importantes de la emisión vocal.

Su exclusión acarrea ipso facto una alteración de la voz. Así, el hecho es espectacular en el cantante profesional. Sean cuales sean la antigüedad y la perfección de su técnica, sean cuales sean los hábitos adquiridos, bajo el uso de los pistones, la facilidad y la cualidad se desvanecen, la justeza se vuelve imposible de conservar, el ritmo se altera, pierde su cualidad, el ritmo se altera y se ralentiza considerablemente sin que el ejecutante sometido a tal prueba pueda corregir semejante reacción. Si, por el contrario, el otro oído, no director, se encuentra eliminado por el mismo procedimiento, no se advierte ninguna modificación, ninguna alteración de la emisión. Tal vez se note incluso una mejora, una mayor facilidad.

Así, en el profesional de la voz, cuando se trata de apuntar con precisión los sonidos que es capaz de emitir, podemos constatar que:

  • por una parte, el ritmo resulta modificado: algunos cantantes llegan hasta forzar la línea melódica;

  • por otra parte, la alteración del timbre denota un control de mala calidad para ciertas bandas pasantes.

La experiencia resulta aún más llamativa cuando se realiza sobre la voz hablada, por deslumbramiento del oído director de un sujeto normal, dotado de una voz de buena calidad. Es también el laboratorio el que nos ha permitido poner en evidencia las perturbaciones, que acarrean ya un trastorno del ritmo, ya un trastorno del timbre. Por supuesto, estas dos categorías se imbrican a menudo y se ofrecen en todas sus imágenes mezcladas. Nos proponemos aquí evocar estos dos grupos para hacer al menos vislumbrar su mecanismo.

Los trastornos del ritmo

Aparecen sobre todo cuando el oído director, es decir, el captor funcional, se halla totalmente excluido. Su eliminación introduce efectivamente lo que hemos resumido con la expresión «Delayed feed-back fisiológico». Queriendo mostrar con ello el papel desempeñado en la fisiología por el captor en cuestión, nos hemos apoyado en la experiencia contemporánea que Lee y J. Black habían descubierto, provocando un retardo de la palabra con ayuda de registradores de cabeza móvil, montaje que les permitía las mismas alteraciones, por simple supresión del oído dominante, sin necesidad de recurrir a la instrumentación de estos investigadores. Dos esquemas muy simples harán comprender mejor el mecanismo de este delayed feed-back.

El retardo, el tiempo de retorno, el plazo, por emplear los términos usuales, introducen de hecho en el bucle de control de la audición una gama variable de trastornos que pueden explicar el nacimiento de los trastornos del lenguaje bajo las diferentes formas correspondientes a su grado de gravedad, desde el simple farfullo hasta la tartamudez más severa. Traducen también, en nuestro

[Fig. 3 — Circuito audición-fonación normal en un sujeto diestro: oído derecho → centro auditivo izquierdo → órganos fonatorios.]

[Fig. 4 — Circuito audición-fonación en un sujeto diestro que ha perdido su oído director: se advierte la «transferencia transcerebral».]

bucle de retorno, imperfecciones que hacen surgir incidencias que se escalonan desde el simple fallo hasta el bombeo más característico.

Los trastornos del timbre

Aparecen en cuanto se toca el oído director de manera parcial, es decir, en cuanto se le suprime tal o cual banda pasante por cualquier procedimiento (filtro paso-alto o paso-bajo, por ejemplo).

La respuesta no se hace esperar. Inmediatamente, el timbre de emisión se modifica en función de la banda suprimida en el captor. El paralelismo es tan acusado que no es demasiado aventurado decir que la emisión no es sino el reflejo de lo que el captor auditivo oye. Que se supriman los agudos del receptor, y la voz se agrava; que se le otorguen agudos al contrario, y la voz se ilumina.

El conjunto se desplaza siguiendo la voluntad del operador. Cabe ilustrar este fenómeno estudiando simultáneamente la curva de respuesta tras alteración por filtros, y el espectro de la voz correspondiente a su nuevo autocontrol. Se constata entonces una superposición de la curva de envolvente de los sonidos emitidos. El escotoma auditivo se traduce en un escotoma vocal, lo que permite extrapolar sobre la fijación truncada en la fonación. Las figuras 5 y 6 muestran el efecto de la audición truncada sobre la fonación.

Ante tales resultados experimentales, no quedaba sino extrapolar al plano clínico y terapéutico.

La clínica nos ha revelado que:

  • a) los trastornos del ritmo están esencialmente ligados a la no utilización del oído director, ya sea porque la lateralidad ha sido contrariada, ya porque permanece mal definida, como en una «ambisacusia» que hace imposible la determinación del captor funcional;

  • b) los trastornos del timbre van siempre asociados a una mala utilización del oído director, o a una deficiencia del mismo.

  • c) hay que aproximar a este último trastorno los defectos articulatorios que el niño adquiere, no por mal mecanismo, como a menudo se está tentado de creer, sino por un mal funcionamiento del captor auditivo. La respuesta fonética deja aparecer distorsiones, pero estas no son otras que las del captor.

La terapéutica será simplemente, en la práctica, lo que el laboratorio nos ha permitido extraer.

Un oído director no sabe entrar en función: basta con ponerlo en ella y todos los ritmos se adquieren.

Un oído director entra mal en función, pero puede abrir correctamente su diafragma: que se le ayude y el timbre aparece correcto, los defectos articulatorios se enmiendan.

Es notable ver hasta qué punto el oído puede, tras esta suerte de reeducación, modificar su manera de oír. Asimismo, la adquisición de una buena voz, conforme a estas técnicas, se traduce en un modelado de la percepción auditiva, como lo atestiguan las modificaciones audiométricas.

Tales experiencias nos han llevado a definir las bandas pasantes de las diversas preparaciones auditivas a partir de las cuales se permite poner a punto métodos de integración acelerada de las lenguas extranjeras.

Así pues, las diferentes aplicaciones que hemos introducido en el ámbito terapéutico desde hace varios años nos han revelado el papel esencial del autocontrol auditivo en la elaboración del lenguaje. La eficacia de las técnicas utilizadas a tal efecto, ya se trate de corregir malos hábitos, de reeducar tartamudeces, de estructurar un lenguaje o de devolver la voz a los profesionales del canto, constituye la prueba experimental más manifiesta.

Pensamos, por tanto, que sería de interés, para las ciencias fonéticas, tener en cuenta la considerable importancia del factor auditivo en los problemas de la fonación.

Por ello, a todos los fonetistas, a todos los lingüistas cuya principal preocupación es estudiar lo que sale de una boca, les pediremos que piensen en lo que oye esa boca que habla.

París


[Fig. 5 — Audiograma y fonograma normales del sujeto; se nota el paralelismo de ambas envolventes.]

[Fig. 5bis — Audiograma y fonograma tras deslumbramiento; se advierte que el escotoma auditivo acarrea el mismo escotoma vocal.]

[Fig. 6 — Sonograma normal del sujeto.]

[Fig. 6bis — Sonograma tras escotoma.]

[Fig. 7 — Audiograma antes y después de la reeducación.]


Fuente: Tomatis A., «Audition et phonation — Leur réaction et leurs contre-réactions», en Proceedings of the Fourth International Congress of Phonetic Sciences, Helsinki 1961, La Haya, Mouton & Co, 1962, pp. 389-399. Tirada aparte (offprint), paginación 213-224. Documento digitalizado proveniente de los archivos personales de Alfred Tomatis.

Nota del editor: la transcripción se ha establecido a partir de un ejemplar impreso en 1962, algunos de cuyos pasajes presentan incertidumbres de lectura (caracteres empastados, erratas de origen). Las construcciones raras o inhabituales se han conservado tal cual cada vez que el sentido permanecía claro, a fin de preservar la voz del autor.

Páginas ilustradas del documento original

Páginas del facsímil PDF que contienen figuras, esquemas o audiogramas. Según la maquetación original, algunas páginas pueden aparecer orientadas en horizontal.

Página 8 del facsímil

Página 8 del facsímil

Página 9 del facsímil

Página 9 del facsímil