Conferencia pronunciada por la Señora Le Monnier (Centro Del Lenguaje, Madrid) en el IVe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, Madrid, 1974*.*

A propósito de un caso de autismo — la historia de José, seis años, primer caso de autismo grave recibido en el Centro Del Lenguaje de Madrid en enero de 1973. Relato clínico de una intervención audio-psico-fonológica con voz materna filtrada y parto sónico: mejora espectacular tras algunas semanas, y luego regresión dramática ligada a la descompensación del medio familiar. Más allá del caso, un alegato a favor de la atención global —al niño, a la madre, al padre y al contexto— sin la cual la técnica no basta.

El Centro Del Lenguaje de Madrid

Es en el marco de una experiencia aún muy joven —que quisiera presentarles— donde tiene lugar la observación de un caso clínico realizada en el Centro Del Lenguaje de Madrid. Antes me sería agradable decirles algunas palabras sobre este Centro, que abrió sus puertas en enero de 1973, es decir, hace algo más de un año.

Algunas estadísticas les darán ante todo un panorama de lo que hacemos y de los diferentes tipos de pacientes que recibimos.

  • La dislexia y los trastornos escolares llegan muy claramente a la cabeza, ya que obtenemos una cifra del 38,3 % de los casos. Hemos apartado voluntariamente las zurderías, que entran, sin embargo, en gran parte en las dificultades escolares —y de las que hemos recogido un porcentaje del 13,9 %.

  • Cierto número de niños afectados por trastornos de la comunicación de tipo autismo, esquizofrenia, retraso de lenguaje, en los que obtenemos una cifra del 13,9 %.

  • La sordera con una cifra del 9,5 % en los retrasos globales con 8,5 %.

  • Hemos clasificado como trastorno psíquico ciertas deficiencias del género depresiones nerviosas, trastornos caracteriales, etc., para los cuales hemos recogido una cifra del 8,50 %.

  • Por último, la tartamudez de la que nuestro psicólogo ya les ha hablado, forma parte de nuestras preocupaciones por un 7,5 %.

Como pueden constatar, tenemos un abanico bastante amplio de casos para poder extraer ciertas generalidades sobre los resultados que obtenemos gracias a las técnicas de educación audio-vocal que utilizamos en nuestro Centro. Tengo a bien precisarles que aplicamos el método del Profesor Tomatis al que nos consagramos enteramente, para nuestra gran satisfacción, por lo demás, como lo prueban los resultados obtenidos.

El caso de José

El caso que hemos elegido es el de un niño de seis años que presenta trastornos muy importantes de la comunicación, que no hemos podido identificar nítidamente debido a la enorme variedad de síntomas expuestos. Se nos ha traído por autismo. Diremos por el momento que se trata de un niño psicótico cuya historia voy a intentar contarles brevemente, y al que denominamos «el caso de José».

Anamnesis

José nació el 1.º de octubre de 1966 en Madrid. Es el segundo hijo de una familia de dos niños. La madre deseaba una niña. Confiesa haber sido decepcionada cuando se le puso entre los brazos un frágil pequeño niño de 2 kg 500. Aún hoy no oculta sus pesares de no haber tenido una niña en lugar de José. En cuanto al padre, el sexo de su hijo no tenía ninguna importancia. Está muy feliz de saber que era un niño, que, sin embargo, a cada uno, se le parecía mucho.

El embarazo de la madre parece haber transcurrido sin incidentes notables, fuera de algunas náuseas y vómitos durante los primeros meses. José llegó 15 días antes de término: la ruptura prematura de la bolsa de huevo y la ausencia de dolores durante aproximadamente 24 horas decidieron al médico a provocar el parto. Se anota en el expediente del niño que hubo una hemorragia en la ruptura del cordón umbilical. La madre ignora si el niño gritó al nacer. No se le ha señalado nada anormal en la clínica del parto.

La evolución ponderal del niño parece haber sido satisfactoria. José se sentó a la edad normal. Comenzó a caminar hacia los doce meses. No hay retraso de lenguaje, según la madre. Ha balbuceado, hablado y estructurado sus frases normalmente. En cambio, en el plano caracterial, se notan grandes dificultades importantes desde la primera infancia —cóleras, gritos, inestabilidad, agresividad, sobre todo, respecto de los demás niños, cuya presencia no soporta. Todas estas dificultades se agravan desde el instante en que comienza la marcha.

José se aísla, permanece solo en un rincón, rehúsa toda comunicación. Es significativo hacer notar que tiene un juego de predilección que es tirar siempre de los cordones de las cortinas, reminiscencia sin duda de su vida intrauterina. No es afectuoso, no parece muy indiferente respecto de su hermano, que parece ignorarlo, un hermano mayor que, él, tiene vergüenza de él, que le rehúsa su afecto, su protección, negándose a defender a su hermano al que, según él, todo el mundo trata de idiota, de retrasado y de anormal.

Primer balance audio-psico-fonológico

El balance audio-psico-fonológico que se practica el día de la primera consulta revela enormes trastornos de autocontrol y problemas relacionales muy importantes. La madre señala que su hijo oye bien. De hecho, en el examen, se notan dificultades de escucha. José se toca los oídos continuamente, le gusta que se le hable fuerte. No se sobresalta cuando se le grita en los oídos. Necesita cierta energía sonora para ponerse en comunicación con el mundo exterior. El estudio de los circuitos de autocontrol del lenguaje permite constatar deficiencias muy numerosas. El niño no se oye, no se escucha. No controla lo que dice, y por ello sus expresiones son a menudo incoherentes.

El análisis de los sonidos es igualmente defectuoso respecto de las frecuencias verbales que le llegan. José no comprende lo que se le dice. Oye que se le habla, lo que dará lugar en él a una respuesta, pero esta no tiene a menudo ninguna relación con la pregunta planteada. Tal actitud impacienta a la madre, la angustia también. Maltrata al niño mismo, que no llega a comunicarse con su entorno. Se da cuenta de que no es comprendido, ni familiar, ni escolarmente. Se da cuenta de que no es comprendido, ni familiar, ni escolarmente, lo que provoca en él una mayor agresividad respecto de sus interlocutores.

No puede pues hablarse en José de sordera, sino de importantes dificultades de escucha y de autoescucha. En cuanto al lenguaje, fuera de la estereotipia verbal, del psitacismo que aparece con frecuencia, de una etimología marcada, se notan trastornos de fonación: el plus el protegido. Todas las actitudes traducen vibración y de fonación: el plus de protegido del timbre y del ritmo. El flujo verbal es a veces entrecortado, rápido, apresurado. El niño habla fuerte. Su voz es agravada en ciertos casos, estridente, sobre todo cuando grita. Sus expresiones son incoherentes.

Tras el estudio de los circuitos de control de la audición y de la fonación, hemos abordado el de la lateralidad. José no tiene ningún punto de referencia. Es ambidiestro. Sabe igual de bien (un poco mal) con su mano derecha que con su mano izquierda. Sus movimientos son a menudo incoordinados, bruscos, mal mandados. No puede situarse en el espacio ni en el tiempo. Parece perdido cuando se le plantean preguntas sobre su mañana, ayer, más tarde.

En el plano afectivo, se constata igualmente un retraso importante, trastornos profundos. Se trata de una fijación infantil con enuresis y onicofagia. La madre nos señala que José se muerde las uñas de las manos y de los pies. En el ámbito sexual, masturbación intensiva que marca un fuerte apego materno.

El comportamiento del niño denota una muy gran inestabilidad, una agresividad respecto del entorno, una falta de afecto en su entorno. José no tiene ningún cuidado de sí mismo. Está sucio. Su aspecto es descuidado. Le gusta revolcarse por el suelo. Su madre no le tiene ningún respeto ni por él mismo, ni por los demás. La madre nos señala que le gusta jugar con el agua, no para limpiarse, sino por razones que podemos fácilmente imaginar. En una piscina, dice ella, es un verdadero pez en el agua. Es feliz, se le siente a gusto. Las profundidades no le asustan, se sumerge sin temor, está libre y en su elemento. En cuanto ve un río, una alberca o una fuente, busca sumergirse, vestido si hace falta. Como todos los esquizófilos, José se complace en reencontrar las condiciones acuáticas de su vida intrauterina. Querría volver al seno de su madre del que, a decir verdad, jamás ha salido.

Fracaso escolar y hospitalización psiquiátrica

Abordemos ahora el problema de la escolaridad. A la edad de José (que tiene 6 años), lo será obligatoriamente. Tenía 4 años cuando entró por primera vez en una escuela municipal. Desde los primeros instantes, fue para él una tragedia. ¿Qué ocurrió? ¿Qué tratamiento recibió? Los padres lo ignoran. Una sola cosa es cierta. El estado de José se agrava. Un padre el maestro. Ya no puede expresarse, porque los padres dicen en los hospitales. Una visita de control un mes después hace diagnosticar «alienado mental». Los padres están desesperados, despavoridos, van de especialista en especialista, que hablan de trastornos caracteriales y acaban por dirigir al niño hacia un hospital, donde José sufre una psicoterapia. Pero su estado no mejora. Al contrario, su comportamiento parece agravarse. Cuando se le lleva al ala en clase, es relegado a las últimas filas, sin nadie que le tienda la mano.

Al año siguiente, cambia de maestro. Un maestro más humano, que parece comprender los problemas de José. Anima a los padres, se esfuerza por tranquilizarlos, los persuade de que José es como todos los demás niños, y que hay que ganarse su confianza. José no sabe ni leer, ni escribir. Jamás se ha adaptado al medio escolar. Manifiesta en la escuela una actitud de oposición a los trabajos de los maestros. Las enormes dificultades de orden afectivo que siempre amenazan su angustia no le dejan disponible al aprendizaje de la lectura y de la escritura. José tiene otras preocupaciones que las de saber qué es una U o una O. No se siente existir. No puede situarse en su entorno. Está perdido en este mundo en el que no se reconoce y se siente rechazado. ¿Qué le importa saber leer o escribir? Su problema no está allí, lo siente confusamente, pero los adultos no ven nada. Su único objetivo es hacerle escribir signos que para él no tienen ningún sentido. ¿Cuándo llegarán sus padres a comportar todo eso?

Programación del tratamiento

El padre parece desbordado por los acontecimientos. La madre está muy ansiosa, duda de la normalidad de su hijo. Está desarmada ante sus cóleras, su inestabilidad. Se siente impotente. Se vuelve neurótica y cree que todo el mundo la mira, que se la señala con el dedo. Se siente culpable. Señala que su infancia fue muy difícil, pero no da ninguna precisión. No lo sabremos sino más tarde, en ocasión de una visita de control.

He aquí, pues, resumido, el balance de partida que hemos podido elaborar sobre este niño. ¿Qué solución adoptar ante semejante cuadro clínico? Nuestra intervención va a consistir en permitir a José vivir tranquilamente con su entorno. La primera relación a restablecer es, por supuesto, su relación con la madre. Se trata, pues, de reconstruir la mamá madre-hijo, es decir, se trata de tratar al mismo tiempo los dos elementos del primer par cuya armonía constituye la base misma del deseo de comunicarse con el otro, el alter ego, trampolín del lanzamiento hacia el estado adulto. Proponemos pues a la madre un proceso psicosensorial bajo Oído Electrónico para el niño y para ella misma. Acepta dejarse tratar al mismo tiempo que su hijo.

Voz materna filtrada y parto sónico

Comenzamos entonces con sesiones de sonidos filtrados para hacer efectuar a José un recorrido a partir del período intrauterino. La voz de la madre se graba y luego se filtra más allá de 8.000 Hz a fin de devolver al niño las sensaciones de su voz fetal. Una cadencia de 6 sesiones por semana (3 veces 2 sesiones) se fija al inicio del tratamiento. Mientras su hijo está en sesión, la madre se beneficia de música filtrada en posición de relajación.

Veamos ahora cómo se va a desarrollar el proceso emprendido. Durante las seis primeras sesiones, José manifiesta una oposición violenta respecto de la educadora que se ocupa de él. La injuria, le da puñetazos, le escupe a la cara, lanza sus zapatos a los soportes, le da patadas, lanza gritos estridentes, le escupe a la cara. Rehúsa comer durante gran parte de las sesiones. A partir de la 10.ª, viendo que su comedia no es a ella, y viendo que su comedia no le devuelve eco, estalla en sollozos y acepta mantener el casco a lo largo de la sesión.

El comportamiento de José mejora a partir de ese momento. Es menos agresivo, lanza menos injurias: sus ganas de dar golpes desaparecen. Se interesa por juegos al tiempo que escucha la voz materna filtrada. Hace puzles, monta, se comunica con los demás niños del Centro. Tras 10 sesiones de VMF (voz materna filtrada), José ha cambiado mucho. Se ha vuelto más calmado, casi gentil. Su lenguaje se ha depurado, aunque ha permanecido incoherente.

Primeros progresos

Sus manías comienzan a desaparecer. Ya no se muerde las uñas; ya casi no hay enuresis. El sueño se ha vuelto apacible. El niño manifiesta una mayor necesidad de dormir. Le cuesta levantarse por la mañana. Su apetito disminuye. José come menos que antes. Su vida vegetativa se equilibra por fin, en una perspectiva de mejora.

Se nota en conjunto una progresión muy satisfactoria, la actitud del niño ha cambiado profundamente. Ya no estamos frente a un pequeño monstruo, sino frente a un pequeño niño calmado y razonable. En cambio, la madre permanece ansiosa. Querría que todo fuera rápido, todavía más rápido. Aprehende las vacaciones en el pueblo donde habitualmente se alojarán. José es la atracción del pueblo. Los demás niños lo incitan a hacer travesuras. Lo empujan a desnudarse y correr desnudo por las calles. Es pues en un estado de profunda inquietud que la madre contempla salir de vacaciones con su hijo.

Tras un mes de interrupción correspondiente a esas vacaciones, José vuelve a Madrid. Está totalmente transformado. Las vacaciones se han desarrollado bien, sin historia. Ha estado muy calmado. Ha adelgazado. Sus síntomas autistas han prácticamente desaparecido. Vuelve alegre al Centro, se pone el casco él mismo y hace sus sesiones en la mayor tranquilidad. Su relación con los demás niños se ha vuelto mejor, aunque aparezca cierta timidez. Observa lo que ocurre a su alrededor; se tiene la impresión de que reflexiona. Habla más y sus conversaciones se vuelven más sensatas.

El regreso a clase también se hace en buenas condiciones. José está aún en la misma clase, el maestro pidió seguirlo este año aún, advierte una mayor estabilidad. José ya no perturba la clase, está más tranquilo, más obediente. Al principio tenía miedo de sus progresos, está más tranquilo, más obediente. Al principio tenía miedo de sus progresos, pero ahora ha tomado confianza. Por primera vez, José llega a escribir siguiendo las líneas. Comienza también a aprender las tablas de multiplicación. Su actitud en clase ha cambiado, José está más presente, más gentil con sus compañeros.

Es entonces cuando emprendemos hacerle entrar en la fase lingüística. Tras algunas sesiones de parto sónico, le hacemos escuchar canciones, cantos gregorianos y algunas pequeñas palabras que comienza a repetir escrupulosamente. Viene siempre al Centro con placer. Por momentos, se le oye canturrear. Se vuelve alegre, sonriente, sociable. Busca a los demás niños, conservando, sin embargo, cierta actitud de timidez. Aún tiene miedo de ir hacia los demás, por temor sin duda a ser rechazado, su respuesta como lo ha sido a veces. Sea como fuere, José ha progresado. Su aspecto exterior está más cuidado. El niño está más limpio, más arreglado. Antes de dejar el Centro, ordena todo lo que ha desordenado, y aquella de la siente más tranquilo y conquistador, casi seguro de sí. El deseo de comunicar está verdaderamente desencadenado. José da la impresión de tener ganas de vivir, de hablar, de ser como todo el mundo.

Evolución favorable de la madre

Se nota al mismo tiempo una evolución favorable en la madre. Está más distendida, más feliz. Parece menos acosada, en el Centro está más liberada, reconociendo que su hijo va mejor. Habla con mayor gusto, se halla más despierta, más equilibrada. La actitud materna se ha pues completamente transformado. Su hijo está más cerca de ella, es más afectuoso.

La regresión — el drama familiar

Proseguimos pues la programación a fin de ir más lejos. Sin embargo, a partir de la 90.ª sesión, cierta inquietud se manifiesta en José. Se trata, de nuevo, se le siente nervioso, preocupado. Recomienza a gritar durante las sesiones. La educadora tiene dificultades para hacerle repetir las palabras que oye a través del Oído Electrónico. Ya no obedece, riñe con los demás niños; vuelve a ser agresivo. Se pone de nuevo a jugar con la luz, la enciende y la apaga permanentemente. Su lenguaje se deteriora rápidamente. Las ideas fijas, obsesivas, vuelven a la superficie. El niño repite sin cesar una frase cuyo significado se nos escapa: «Don José y los del comedor aquí». No logramos elucidar el misterio. La madre no parece saber más. ¿Quiénes son, pues, estos personajes del comedor de los que habla José y que parecen perturbarlo, obsesionarlo? ¿Qué quiere expresar repitiendo esta frase casi sin cesar? José es el acontecimiento que ha podido provocar tal revolución en este pequeño niño que comenzaba a desplegarse, a abrirse al mundo exterior.

Pero estamos incontestablemente ante un fenómeno de regresión que no llegamos a explicar. Preguntamos a la madre en varias ocasiones si ha notado algo anormal en la vida cotidiana de su hijo. No se ha dado cuenta de nada. Constata, sin embargo, que el niño va menos bien y que ella misma recomienza a estar inquieta, nerviosa y deprimida. Su angustia reaparece, José ya no es el mismo, se diría. Su aspecto físico se ha vuelto descuidado. Su atuendo está desordenado. Sus problemas sexuales reaparecen. Se masturba de nuevo y la enuresis reaparece. Pasa su tiempo silbando a su padre, como hacen algunos niños autistas. Sus posibilidades de atención han desaparecido. Está inatento, ya no participa en la vida de su entorno, se vuelve infeliz, encerrado en su universo de desesperanza.

Estamos en plena debacle. En el curso de una visita de control, en la 125.ª sesión, nos hallamos ante una madre terriblemente angustiada, nerviosa, desesperada. José vuelve a su estado anterior. Ya no sabe qué hacer, está despavorida. Ante semejante actitud, intentamos aclarar el problema. Le explicamos que ese cambio de rumbo, esa regresión, esa caída solo pueden deberse a un acontecimiento importante sobrevenido en la vida afectiva de su hijo. Buscamos en vano. La madre no nos parece haber cambiado en nada, es la ausencia de su marido desde hace un mes aproximadamente.

El padre ausente

El padre, siendo militar, ha recibido la orden de sus superiores de seguir estancias especiales que lo obligarán a vivir en régimen de internado en el cuartel de Madrid. Solo puede salir para el fin de semana.

Para no permanecer sola en casa, la madre de José ha decidido hacer venir a sus padres con ella. Como ha comenzado a trabajar fuera, piensa que ellos podrán vigilar a los niños durante su ausencia. Es bueno notar que la madre de José ha tomado la iniciativa de hallar una actividad fuera de casa a fin de ayudar al mantenimiento del hogar. Sintiéndose menos angustiada, más tónica, a raíz de las sesiones de música filtrada de las que se ha beneficiado en el curso de las semanas precedentes, ha tomado conciencia de sus responsabilidades, ha decidido compartir con el padre las cargas del hogar. Se trata aquí de un excelente proceso que, sin embargo, no parece haber recibido la adhesión del entorno familiar, y en particular la de la abuela materna. Esta última acepta venir a ocuparse de los hijos de su hija pero no para de decirles que José es un niño anormal, que pierde su tiempo en querer hacerlo tratar, etc. La madre de José toma confianza. En el curso de una larga conversación que hemos mantenido con ella, nos hace comprender que su madre es muy posesiva y muy autoritaria, y que esto explica en parte por qué nos había señalado al inicio que su infancia había sido muy difícil. Notamos que no se atreve a decir más, pero que existen grandes problemas relacionales entre ella y su madre. Esta madre parece mantener a la hija bajo su tutela. El hecho de verla volverse adulta, de verla tomar decisiones importantes, no le conviene. Se esfuerza pues por destruirla de nuevo para poder retomar su dominio sobre ella. La madre de José, que no es aún lo bastante fuerte para poder luchar contra tal proceso, se hunde y vuelve a ser una niñita bajo el yugo de la «Mamá». Y es el drama para José, que ve desvanecerse la imagen de la verdadera madre, de la buena madre que comenzaba a elaborarse ante él. Todos los sistemas son nuevamente destruidos y el niño, en plena angustia, no teniendo ya nada a lo que aferrarse, recobra su universo esquizoide que lo aleja del mundo exterior.

Tras este relato que nos aporta algunas aclaraciones, pedimos a la madre, explicándole con dulzura lo que acaba de ocurrir en la vivencia del niño, alejar a sus padres del hogar y retomar su lugar de madre. Parece comprender perfectamente estos argumentos y promete hacer lo necesario para restablecer el equilibrio en la casa. Al mismo tiempo, retomamos aclaraciones en cuanto a la programación a observar para el tratamiento de José. Retomamos sesiones de voz materna filtrada y en audición fetal a fin de calmar a José, de aportarle el apaciguamiento que necesita tras tal tormenta.

Advertimos que el niño está triste, que su atuendo está descuidado, que su lenguaje está lleno de injurias, de groserías. Se comporta un poco como un niño brutal, rebelde. Lanza gritos, destruye, golpea, babea. Las sesiones bajo Oído Electrónico vuelven a ser muy agitadas. José está muy despierto, su casco ya no se sostiene, parece encadenado y, en una etapa de liberarse, aúlla su angustia y su angustia.

La madre también está muy nerviosa. Se siente cada día más ansiosa. Ya que comienza a gritar a su hijo durante las sesiones, se despavorida, mira a la gente a su alrededor, intenta dar explicaciones. Antes que hacer sesiones filtradas, prefiere permanecer en la sala de espera, inhibida, postrada. Ya no soporta ni en posición sentada, ni en posición tendida en la sala filtrada. No para de decir que está enferma.

El derrumbamiento

Es cierto que está enferma, y ese es el nudo del problema. La madre de José acaba de abdicar ante una imagen materna captativa devastadora. Acaba de destruir lo que ella representaba para José de securizador, de armonioso, de fuerza, de reconfortante. Acaba de retirarle todos sus soportes, todo el andamiaje que se había construido para permitir al niño acceder por fin a un nivel de existencia que le permitiera volverse un pequeño niño semejante a los de su edad.

Hay que recomenzarlo todo, pero ¿tendrá la madre de José el coraje? ¡No! Ante esta derrota, dobla la rodilla. Pide interrumpir el tratamiento por motivo de salud. Ya no tiene la fuerza para luchar, prefiere refugiarse en su enfermedad, en la depresión. Está al cabo de las fuerzas, abandona.

Intentamos ayudarla y le telefoneamos algunas semanas más tarde para pedirle noticias y para proponerle un balance de control en presencia del Profesor Tomatis. Acepta a duras penas, incapaz de tomar una decisión, y se presenta en la consulta del 16 de febrero. Nos hallamos entonces en presencia de una mujer en plena angustia. Tiembla ante nosotros, habla, está desesperada. El síndrome de gran depresión es manifiesto. La personalidad está aniquilada. La madre de José es presa del pánico, no va y ya no puede salir adelante. Se siente mal, tropieza; el suelo se le escapa bajo los pies. Tiene la impresión de que todo el mundo la observa. Este empuje de agorafobia va creciendo y la obliga a permanecer cada vez más en casa, donde ya no halla ninguna seguridad junto a quienes están a su lado. Ella come mucho para desangustiarse y por ello ha engordado de manera muy sensible. Sabemos además que los padres viven aún con ella, no ha querido aún alejarlos de su hogar. Prefiere el estado de salud de su padre, que parece, parece, muy enfermo. Lo considera como un pobre ser desamparado (y que se refugia tal vez en la enfermedad para escapar al dominio de su mujer). Ha perdido el gusto por vivir, por hacer esfuerzos. Está cansada, está cansada. Ha perdido el sentido de la lucha. Toma algunos tranquilizantes para intentar apaciguar su tasa de angustia pero señala que no le hacen ningún efecto.

En cuanto a José, ausente en esta conversación, la madre nos señala que se ha refugiado en su estado inicial. Todos sus síntomas de antaño han reaparecido. De nuevo es cruel, inestable, grita sin cesar, prácticamente ya no se expresa, sus expresiones son de nuevo incoherentes. La madre es incapaz de tomar una decisión, se deja ir, se contenta con tener pena de sí misma. Es una mujer desesperada a la que el Doctor Mellado propone un tratamiento médico que acepta.

Un mes más tarde, la madre de José viene a visitarnos de nuevo al Centro y, en cuanto se halla en nuestra presencia, estalla en sollozos. Está conmovida de sentirse, pero aún no restablecida. Distendida y en confianza, nos hace el relato de las cosas que han ocurrido, y de su relación maternal. Está nuevamente en una actividad profesional que la ocupa de 9 h a 14 h 30. Durante estas horas, su espíritu ocupado por su trabajo se evade, sus problemas se atenúan y son relegados a segundo plano.

Al regresar a su domicilio, es el retorno a la realidad; se siente de nuevo incapaz de asumir su papel de ama de casa. Su madre está allí, todo está organizado en la casa. Todo se decide en su lugar, la madre que nunca la ha querido es la mayor de dos niños. La hermana menor tiene un acceso siempre a todas las atenciones de la madre, allí amada, mimada, adulada. Es la más bella, la más joven. La madre de José ha sufrido mucho, tenía tanta necesidad de afecto. La guerra llegó y la situación apenas mejoró. Era considerada como podía soportarlo todo, soportar todo tanto en el plano físico como en el plano afectivo. Los años no se han calmado bien que mal, mas más bien mal que bien, espera el papel que iba a desposar algunos años más tarde. Una verdadera lucha se entabló entre las dos suegras. Todos los medios fueron empleados para impedir este matrimonio: era un muchacho indigno de ella, sin cualidad, ¡que se habría podido obtener un matrimonio, una verdadera mésalliance! Ni un instante las numerosas cualidades morales de este muchacho son mencionadas. Por primera vez en su vida, la madre de José pudo imponer su voluntad. Fue el matrimonio y, ahora, ya no es capaz, ha abdicado durante mucho tiempo, vuelve a ver un complejo de inferioridad respecto de esa madre autoritaria y entera. En cuanto al padre, el único comentario hecho sobre él ha sido: «es un buen hombre», que es un cumplido, ay, poco halagador.

Conclusión — la necesidad de una atención global

Tras estas aclaraciones sobre este conjunto familiar, hemos propuesto a la madre de José concertarnos una entrevista con su propia madre a fin de hacerle comprender las responsabilidades morales. La hija tiene miedo de las reacciones de su madre, pero acepta fundamentalmente nuestra propuesta, advirtiéndonos, sin embargo, de que su madre se comportará de manera negativa, por no decir insultante, hacia los miembros de su familia y los miembros de nuestro Centro; nos suplica no tener en cuenta los comentarios que pudieran hacerse.

Dos días más tarde, tenemos la sorpresa de tener la visita del padre de José. Nos hallamos ante un hombre profundamente conmovido, inquieto y consciente de los progresos que José había realizado, y asombrado por su regresión. Acepta terriblemente la interrupción del tratamiento de su hijo y solo tiene el deseo de ver su estancia terminarse para poder él mismo traer a su hijo de regreso al Centro. Es consciente de todos los problemas familiares. Sabe de la suegra, se contenta con una mirada significativa de que lo comprendemos por nosotros mismos, ya que esta está decidida a venir al Centro a verla ella misma. El padre de José es un hombre pasivo que evita toda discusión. Los gritos, la violencia, lo horripilan. Es un hombre tranquilo que acepta su destino. Cuando está en casa, dedica todo su tiempo a José; salen mucho y les gusta pasear juntos. José está muy distendido en su compañía, se conduce casi normalmente. Adondequiera que vaya, su padre lo acompaña. Esta posición del padre exaspera a menudo a la madre, que quisiera a veces salir sola con su hijo.

En el curso de la conversación que tuvo lugar la misma noche de la visita del padre, podemos medir hasta qué punto la situación era trágica y dramática. Nos hallamos ante una agresividad desbordante, ante un orgullo inexplicable que se limita a escuchar hablar, una mujer que lo sabe todo y que no tiene nada que aprender de nadie. No tiene sino desprecio para su entorno. «Soy una fuerza de la naturaleza», dice tener orgullo. Sin ella, su hija jamás podría sobrevivir a tal situación. Su yerno un pobre incapaz, un loco que la esperanza no cree en. La curación de su hijo. «Jamás he visto la menor mejora en mi nieto, diría incluso lo contrario, que va de mal en peor; lo que llaman ustedes progresos no son las mejoras que esperamos. Este niño, durante mi ausencia, había adelgazado. Soy la única que sabe cuidarlo. Bajo mis ojos, soy yo quien lo alimenta y soy yo quien lo quiere por dos mujeres, así que soy yo quien me ocupo de todo.»

Ninguna conversación era posible. Era un monólogo penoso y doloroso que no conducía a nada. Nos dejó diciendo: Certifiquen y firmen que pueden curar a José y estoy dispuesta a todo, pero estoy tan segura de que no hay nada que hacer. José es un autista, como habría dicho que José era japonés o bantú.

El abandono — y su enseñanza

La historia se termina así. No hemos vuelto a ver a José ni a sus padres. Imaginamos la evolución de la situación. Lamentamos no poder intervenir junto a esta familia en angustia.

Los primeros resultados nos han persuadido de que podríamos haber hecho algo en la medida en que hubiéramos estado en condiciones de tratar a fondo a la madre de José con su propia madre y en la medida en que la abuela materna hubiera aceptado soltar las amarras que mantenían a su hija prisionera.

Es aquí donde abrimos la discusión y donde pedimos a cada uno darnos una opinión en función de su propia experiencia terapéutica respecto de los niños que presenten trastornos similares a los de José. No podría tratarse de alejar de la simpatía de su propia madre, el contexto familiar que es la base misma de la enfermedad del niño. No es José quien está enfermo, es la madre que permanece bajo el dominio de su propia madre, es la abuela quien, pese a su ausencia aparente, parece haber dimitido, es la verdadera maestra, una verdadera esposa, es la abuela materna la que no ha sabido hacer de su hija una verdadera madre adulta. Todo el entorno familiar debe ser puesto en cuestión en el estudio de este expediente que vengo a someter para que de su discusión brote la luz.

¿Qué hay, pues, que hacer ante semejante situación? Hemos pensado que sería bueno en primer lugar alejar al niño del medio familiar que es la causa de su miseria y colocarlo en un internado que aplique las mismas técnicas. Durante ese tiempo de reequilibrio psíquico de José, podríamos tomar a la madre en tratamiento en el Centro Del Lenguaje de Madrid para intentar resolver su propio problema interior. Tomando la voz de su madre, podríamos hacerle hacer el recorrido necesario desde su vida intrauterina llevándola a un verdadero estado de adulta que le permita asumir su papel de madre y de esposa. Por el momento ha renunciado. Prefiere volver a ser la niña pequeña de su madre.

Del mismo modo que en el plano moral se llama a la esposa de su marido y a la madre de sus hijos, habría que restaurarle su personalidad para darle suficiente fuerza para vivir, suficiente tono para trabajar y luchar. Sería bueno también ver al padre, mantener algunas conversaciones con él para hacerle tomar conciencia de su papel de padre y de esposo. Quizá pudiera también —pero esto es mucho más dudoso en cuanto al resultado— invitar a la abuela materna a venir a hacer sesiones de música filtrada y partos sónicos musicales para hacer disminuir su ego y su estado de posesión. En cuanto al abuelo, preferimos dejarlo en su sillón de anciano enfermo, pues correríamos el riesgo de hacerle más mal que bien. Se ha refugiado en la enfermedad, dejémoslo morir en paz. Pero escribamos el cuadro del fin, hay el del comienzo, estallido de este pequeño Ser que tiene derecho a la vida, este pequeño José al que debemos intentar salvar.

Les dejo ahora con sus reflexiones y les agradezco de antemano todas las sugerencias que tengan a bien hacernos para intentar desatar el nudo que tanto nos preocupa. Gracias de nuevo.

— Señora Le Monnier, Centro Del Lenguaje (Madrid). Conferencia pronunciada en el IVe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología, Madrid, 1974.