Consideraciones sobre el test de escucha
Consideraciones sobre el test de escucha — Amberes 1973 / Amiens 1974
Documento fundamental del Dr A.A. Tomatis, tirada de cuarenta y ocho páginas editada por la Société d’Audio-Psycho-Phonologie (4 rue Cozette, 80000 Amiens) en junio de 1974. Este volumen recoge las palabras pronunciadas por Tomatis durante el IIIe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología (Amberes 1973), a raíz de una larga conversación de preguntas y respuestas con sus alumnos. La obra presenta primero la pasación del test de escucha (búsqueda de los umbrales en conducción aérea y ósea, estudio de la espacialización, estudio de la selectividad, búsqueda del oído dominante mediante audio-laterómetro), luego ofrece —en veintidós preguntas— la interpretación clínica y simbólica del test: curva fisiológica ideal, tripartición visceralidad / lenguaje / espiritualidad, lectura materna (oído izquierdo) y paterna (oído derecho), correspondencias somáticas (125 Hz = sexualidad, 250 Hz = colon, 500 Hz = intestino delgado, 1.000 Hz = estómago…), diagnóstico diferencial de las sorderas de transmisión, de percepción y mixtas, lectura de las curvas del depresivo, y posturas de escucha de los agudos. Referencia permanente del practicante desde hace cincuenta años.
*CONSIDERACIONES SOBRE EL TEST DE ESCUCHA
por
A. A. TOMATIS
SOCIÉTÉ D’AUDIO-PSYCHO-PHONOLOGIE
4, rue Cozette — 80000 Amiens
Junio de 1974*
Palabras recogidas durante el IIIe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología (Amberes 1973) a raíz de una conversación con el Profesor Tomatis.
En su obra «Éducation et Dyslexie», el Profesor Tomatis ha presentado el test de escucha como el test más importante del balance audio-psico-fonológico y como el que debe determinar las posibilidades de escucha del sujeto: autoescucha y escucha del otro. En el curso de las páginas que le ha consagrado en el capítulo titulado «Balance Audio-Psico-Fonológico», ha definido las diferentes pruebas que componen este test. Vamos pues solamente a recordar rápidamente en qué consisten y cómo se efectúan.
Para mayores detalles, les remitimos a la obra del Profesor Tomatis: «Éducation et Dyslexie», Éditions ESF, Colección «Sciences de l’Éducation».
I. — Pasación del test de escucha
a) Búsqueda de los umbrales
Para efectuar este test, nos servimos de un aparato que contiene un generador de frecuencias llamado «Hearing Test», que emite sonidos puros que se extienden de 125 a 8.000 hertz, de octava en octava, pasando por los valores 1.500, 3.000 y 6.000 hertz, y cuya intensidad puede variar de 5 en 5 dB, de –10 a +100 dB.
Este test tiene por fin determinar 4 parámetros:
Se trata de buscar, por una parte, los umbrales de audibilidad mínimos en conducción aérea, penetrando el sonido en el conducto externo del oído por intermedio de auriculares; por otra parte, los umbrales obtenidos por conducción ósea con ayuda de un vibrador que excita la mastoides. Los resultados se consignan en dos rejillas correspondientes a la curva del oído derecho y a la del oído izquierdo. Es de notar que el lugar de estos dos diagramas se invierte, estando la curva derecha a la izquierda y la curva izquierda a la derecha, siguiendo un proceso de observación habitualmente aplicado en fisiología.
En abscisas se llevan las frecuencias de 125 a 8.000 hertz, y en ordenadas las intensidades en decibelios que se leen de arriba a abajo. Se obtienen así dos curvas aéreas, la del oído derecho y la del oído izquierdo, representadas generalmente en azul, y dos curvas óseas trazadas generalmente con lápiz rojo. Cuando no intervienen colores, se indica la curva aérea (CA) en trazo continuo y la curva ósea (CO) en línea de puntos.
b) Estudio de la espacialización
Durante la búsqueda de los umbrales, se anota al mismo tiempo el poder del oído para localizar los sonidos en el espacio. Las inversiones o confusiones de sonidos se anotan a nivel de cada frecuencia mediante un pequeño trazo colocado en la parte baja de cada rejilla. Para recoger estas confusiones o inversiones de sonidos, se pide al sujeto, durante la búsqueda de los umbrales, levantar la mano del lado donde oye el sonido, y levantar las dos manos cuando oye el sonido de ambos lados o cuando no puede determinar la dirección.
c) Estudio de la selectividad
Esta investigación tiene por fin detectar la apertura o el cierre de la selectividad auditiva. Esta selectividad ha sido definida por el Profesor Tomatis como la facultad que posee un oído de percibir una variación de frecuencias en el interior de un espectro sonoro y de situar el sentido de esa variación.
Para hacer pasar esta prueba se efectúa, para cada oído, en conducción aérea, y a un nivel de unos 40-60 decibelios, un barrido de las frecuencias partiendo generalmente de los agudos, y se pide al sujeto indicar si el sonido percibido es más agudo, más grave o de la misma altura que el precedente.
Los errores se indican, en la parte alta de la rejilla, a nivel de las frecuencias mal analizadas, y el bloqueo de la selectividad se indica con trazos rayados a partir de la frecuencia más grave que se ha marcado con un trazo.
d) Búsqueda del oído dominante
La última prueba del test de escucha se realiza con ayuda del audio-laterómetro. Este estudio permite medir, cifrar el grado de lateralización del sujeto. Es en su obra «Éducation et Dyslexie» donde el Profesor Tomatis describe el audio-laterómetro y su uso (página 129). No volveremos sobre ello aquí, contentándonos con señalar que se indican dos cifras en el diagrama, la del oído izquierdo (es decir, la de la derecha) variando según la lateralización auditiva. Si esta se hace en favor del oído izquierdo, tendremos en el diagrama correspondiente a este oído (es decir, el diagrama de la derecha) una cifra que va de 10 a 40. Cuando esta cifra es 50, no hay dominancia auditiva. Cuando es superior a 50, es el oído derecho el que domina.
Así, tras la pasación del test de escucha, nos hallamos en presencia de dos rejillas que contienen cada una dos curvas, una azul y una roja (o una curva en trazo continuo y una curva en línea de puntos), completadas por la indicación de las inversiones o confusiones de sonidos, por datos sobre la selectividad y al mismo tiempo por dos cifras que corresponden a la prueba del audio-laterómetro.
Registrar correctamente este test no basta. Se trata a continuación de interpretarlo convenientemente, lo que exige una larga práctica.
II. — Interpretación del test de escucha
Este proceso es difícil de realizar. Es una de las partes de las teorías e investigaciones del Profesor Tomatis a la vez de las más complejas y, sin embargo, totalmente primordiales para la buena aplicación de las técnicas utilizadas en el ámbito de la Audio-Psico-Fonología.
Vamos, mediante la alternancia de preguntas y respuestas, a tratar, sin embargo, de clarificar y de delimitar el problema.
Primera Pregunta
¿Podría usted definirnos exactamente lo que entiende por un test de escucha e indicarnos qué diferencias fundamentales puede haber entre un test de escucha y un audiograma?
Profesor Tomatis: Pienso, en efecto, que existe una diferencia importante entre un audiograma y un test de escucha. El material que este último aporta en diversos planos permite reagrupar una cantidad considerable de elementos que dan al clínico experimentado una sustancia preciosa para el establecimiento del diagnóstico.
Este test se diferencia del simple audiograma que mide en cierto modo la audición del sujeto. Este último resultado nos interesa, ciertamente, pero no es el elemento esencial buscado. En efecto, repito una vez más que conviene distinguir bien la escucha de la audición. Oír no implica por ello la presencia de un campo consciente. Oír es, en cierto modo, sufrir un sonido o un mensaje que se nos dirige. Escuchar es desear aprehender ese sonido o ese mensaje. Se trata aquí de dos posturas diferentes.
La audiometría no es ciertamente para descuidar, pero el espíritu con el que se realiza puede hacer variar las interpretaciones según el aporte clínico o psicológico que sea capaz de poner a nuestra disposición. Esta prueba sigue siendo esencial en materia de investigación sobre la audición. Es, para el otólogo, un examen fundamental a partir del cual se dibujan los datos etiológicos de un trastorno de la función auditiva. De ella depende, además, el pronóstico que va a orientar el modo de terapia médica o quirúrgica, o bien protésica, o incluso reeducativa. Cabe, pues, a partir de estos datos, aplicar las reglas de cuidados destinados a restablecer una función deteriorada.
El test de escucha sabe integrar estas informaciones en el marco de un proceso psicológico que va a permitir detectar si el sujeto desea o no servirse de los materiales que tiene a su disposición en el plano perceptivo. Todo el mundo conoce esos leitmotivs tantas veces reiterados: «tienen oídos y no oyen; oyen pero no saben escuchar». Hay una gradación que se instituye entre oír y escuchar; y el test de escucha permite justamente conocer el uso que un sujeto sabe hacer de su audición. El audiograma da una curva determinada, pero no indica si el individuo examinado sabe verdaderamente servirse de esa curva para comunicarse con los demás a través de su autocontrol. En materia de visión, tienen ustedes las mismas gradaciones. Pueden hallarse ante un ojo perfecto, ante la mejor retina del mundo; eso no les permitirá, sin embargo, detectar si el sujeto sabe bien apuntar con el fusil o si sabe pintar. Existe, pues, una dimensión de gnosis que aporta un dato complementario. Así, en Audio-Psico-Fonología, se constata que una mala curva puede ser muy bien utilizada y aportar al sujeto posibilidades de escucha de las que están desprovistos muchos bien-oyentes. He visto gente que, basándose en su audiograma, es considerada sorda y que, sin embargo, llega a escuchar fijando su atención. Hay, pues, una dimensión de atención, de adhesión que se instituye en la escucha, una toma de conciencia que se imbrica con la audición misma. El test de escucha se sitúa, pues, a un nivel más elevado que el del audiograma mismo. Es ante todo un test psicológico, mientras que el audiograma sigue siendo una prueba de orden fisiológico, o incluso anatómico.
Segunda Pregunta
¿Considera usted, pues, que hay una diferencia esencial entre oír y escuchar?
Profesor Tomatis: Sí, pienso que es necesario saber discernir estas dos funciones esencialmente distintas, aunque evolucionen aparentemente sobre terrenos idénticos. Si bien es cierto que una y otra de estas dos facultades cubren un mismo territorio, no lo es menos que divergen en su modo de acción, en función de las motivaciones subyacentes. Oír es el resultado de una percepción que responde a una estimulación que viene del exterior. Escuchar se basa, ciertamente, sobre una estimulación que toma su fuente en el exterior pero debiendo ser interior, intencionalmente buscada. Las nociones de captor, de elección, de filtro, van entonces a aparecer. El elemento consciente se vuelve así el factor esencial sobre el que reposa toda la diferencia entre estas dos actividades que evolucionan en paralelo y de las cuales una de ellas, la escucha, se sitúa en un plano superior, ya que recurre a una característica específica del hombre en su recorrido humano.
Ver y querer ver son dos mecanismos totalmente diferentes, utilizando el segundo al primero. Querer ver es apuntar. Lo mismo ocurre para oír y escuchar. La escucha resulta del querer oír y es el equivalente del apuntar. La escucha es al oído lo que el apuntar es al ojo. Esta distinción debe estar constantemente presente en el espíritu del audio-psico-fonólogo. Le corresponde, a través de los resultados que le ofrece la audiología pura, salvaguardar los datos psicológicos que van a permitirle establecer su diagnóstico y orientar su modo de acción.
Tercera Pregunta
Usted ha hablado en varias de sus publicaciones de una curva ideal que parecería ser aquella hacia la que todo oído debería tender para bien escuchar. Esta curva tiene una forma ascendente entre 500 y 2.000 Hz, que corresponde a una pendiente de unos 6 a 18 dB/octava, después un domo entre 2.000 y 4.000 Hz, y enseguida una ligera bajada. Esta curva, por lo demás, la encontramos en su libro «L’Oreille et le Langage» cuando habla del oído musical. Tal vez podría decirnos a qué corresponde esta curva en el plano fisiológico.

Curva fisiológica ideal: ascenso regular entre 500 y 2.000 Hz (pendiente de unos 6 a 18 dB/octava), domo entre 2.000 y 4.000 Hz, ligera bajada a continuación.
Profesor Tomatis: En el plano de la física pura, indica las respuestas del oído cuando este funciona bien. Responde, de hecho, a la curva de Wegel llamada «curva en limón», invertida. Efectivamente, la curva de Wegel es la curva de respuesta obtenida cuando se ponen en abscisas las frecuencias y en ordenadas ascendentes las intensidades. Un primer umbral se obtiene, en la parte baja, según un mínimo que comienza en las frecuencias graves a unos 40-50 dB, se acerca a continuación a la curva de las abscisas entre 2.000 y 3.000 Hz y vuelve a ser ascendente a 40-50 dB en los agudos entre 8 y 10.000 Hz. Esta curva se completa y toma la forma de limón —según la expresión gráfica que se le confiere— cuando se envían sonidos de intensidad creciente y se obtiene entonces una curva de los umbrales máximos que se determinan allí donde el oído comienza a sufrir, de ahí el nombre de «umbrales del dolor».

Curva de Wegel llamada «curva en limón»: campo de audibilidad delimitado abajo por el umbral de audibilidad y arriba por el umbral del dolor.
Estos umbrales comienzan en los graves igualmente a 50-60 dB, alcanzando la primera curva, después llegan a 120 a 130 dB entre 2.000 y 3.000 Hz para caer luego en los agudos alcanzando igualmente la primera curva.
La línea mediana que se sitúa en torno a 50-60 dB, que es lineal, representa una zona llamada «Zona de Munsen». Responde a la dinámica del oído, es decir, a su zona óptima de funcionamiento sin distorsiones. En todas las demás zonas, como se puede ver, el oído actúa como un filtro cuyas pendientes son variables en función de la intensidad, con un lugar de rotación situado entre 1.000 y 2.000 Hz. Para paliar estas distorsiones siempre difíciles de integrar en la lectura de los esquemas, los americanos han estandarizado los audiogramas del tipo de los que todos utilizamos, invirtiendo la imagen de Wegel y enderezando los mínimos para obtener una línea recta. Estas normas conservan, no obstante, una zona preferencial entre 1.000 y 2.000 Hz (es la giba que conocemos bien) pese a las compensaciones de 30 a 40 dB acordadas en la curva, en los graves y los agudos.
Existe, pues, una suerte de curva fisiológica ideal que conviene buscar. Pero no crean que, cuando la hayan adquirido, se les dará alcanzar el campo consciente. Sin embargo, es seguro que si no tienen ese oído excepcional, corren el riesgo de no ser músicos, de no poder reproducir sonidos de calidad. Si un violinista no tiene ese oído, no podrá tocar. Dicho de otro modo, es indispensable para quien deba alcanzar cierto plano, pero no es suficiente.
Pienso, pues, que se trata de una curva de respuesta físico-acústica cuya presencia es necesaria para la elaboración de los procesos de escucha. ¿Por qué no existe en todos los individuos? De hecho, los niños al venir al mundo la tienen en potencialidad. Pero los dramas de la vida, los reveses afectivos, las prohibiciones parentales, sociales, y a veces las miserias fisiológicas hacen que el niño se cierre al mundo de la escucha, al universo de la comunicación. En su deseo de no escuchar más, introduce distorsiones, fadings; alarga los circuitos de respuesta para poder alejarse de quienes le hacen sufrir, de quienes no quiere encontrar. Pero permanece prisionero de sus «trucos», de sus «mañas» que le han permitido, en un momento dado, defenderse contra las agresiones del mundo exterior. Va así a hallarse encerrado en un huis-clos del que ya no podrá salir. En el plano del test de escucha, se notan entonces distorsiones, carencias respecto de la curva ideal que se halla subyacente en todo individuo. Se trata, pues, de corregir estas distorsiones, de suprimir estas carencias, mediante técnicas apropiadas destinadas a liberar al ser aprisionado en sus cadenas de no-escucha.
La adquisición de esta curva ideal corresponde a la armonización del juego de dos músculos del oído medio que permiten regular permanentemente la presión interna de la vesícula laberíntica haciendo intervenir los fenómenos de menor impedancia. Se denomina impedancia en electroacústica o en mecánica al proceso de resistencia mínima. Hay, pues, lugar a hallar, a lo largo del recorrido del sonido a través del oído, lugares de impedancia mínima que permitan obtener una respuesta ideal. Ahora bien, ocurre que todo el aparato auditivo, desde el conducto externo hasta la vesícula interna, responde a esta curva ideal. Es aquí una maravilla de la naturaleza, una más. El oído humano está, pues, hecho, adaptado, modelado para oír y para escuchar. Las distorsiones que se instalan, los bloqueos que se instituyen, las fallas que aparecen no están allí sino para frenar la motivación, para impedir el intercambio, para perturbar el diálogo, para turbar la comunicación.
Cuarta Pregunta
Si se escucha de esta forma ideal, que corresponde a una cierta tensión de los músculos del martillo y del estribo, se obtiene, según sus escritos, una amortiguación de los graves y una percepción fina de los agudos. ¿Cuál es, pues, el papel del tímpano en estos procesos de escucha?
Profesor Tomatis: El tímpano se pone en un cierto estado de tensión para desempeñar el papel de un diapasón que hace vibrar toda la caja craneal por intermedio del sulcus tympani. Es toda la caja craneal la que vibra y transmite el sonido a la vesícula laberíntica, y no la cadena osicular, que se tiene la costumbre de considerar como vehículo del sonido. La cadena osicular es un conjunto que desempeña el papel de adaptador, de regulador, y no de transmisor.
La conducción del sonido por el aire y luego por el hueso debe, pues, ser estudiada de manera complementaria a fin de poder determinar a continuación la postura de escucha del sujeto.
Quinta Pregunta
¿Qué diferencia hay, pues, entre la curva aérea y la curva ósea?
Profesor Tomatis: Hace usted bien en plantearme esta pregunta, que es muy importante. Le responderé inmediatamente que la curva aérea permite precisar la manera en que el sujeto escucha el mundo exterior y, en particular, al otro, a su interlocutor, a quien le habla. La curva ósea da información sobre la manera en que el sujeto escucha su vida interior, su universo vegetativo, su conciencia. Es la curva de la autoescucha, del autocontrol, de la escucha interior.
De hecho, no debería haber sino una sola curva correspondiente a la unión de las dos escuchas: la escucha exterior y la escucha interior. No hay en realidad sino una verdadera curva ideal. Se han desfasado voluntariamente las calibraciones de las dos curvas (aérea y ósea) para poder distinguir las diferentes respuestas e interpretar las distorsiones. Cuando la escucha es perfecta, las curvas aérea y ósea se confunden, pero para facilitar el análisis de los resultados se han determinado curvas paralelas, debiendo la curva aérea estar por encima de la curva ósea.

Ideal de escucha: la curva aérea (CA) debe hallarse por encima de la curva ósea (CO), paralelas una a otra. Toda diferencia aire-hueso revela un dilema entre la escucha exterior y la autoescucha.
Es bien evidente que este resultado raramente se logra. Se constatan las más de las veces distorsiones entre las dos curvas, y estas diferencias son muy interesantes de observar. Lamento verdaderamente que, entre los especialistas de la audición, muchos no presten atención a estas diferencias, que aportan, sin embargo, elementos muy preciosos para el establecimiento del diagnóstico. Cuando hay distorsión entre las dos escuchas, cuando hay, pues, problema en el interior del ser mismo, se constatan diferencias irregulares entre la conducción aérea y la conducción ósea, que indican que el sujeto oye del exterior de manera diferente que para su vida interior. Hay desfase, hay dilema. Cabe hallarse ante una muy buena curva de la escucha exterior (conducción aérea) y tener en autoescucha (conducción ósea) distorsiones importantes; viceversa, las perturbaciones pueden dibujarse a nivel de la conducción aérea mientras que la conducción ósea indica una escucha interior de gran calidad. Es, pues, importante estudiar la posición relativa de una curva respecto de la otra, traduciendo las diferencias aire-hueso (CA/CO) en este caso compensaciones.
Sexta Pregunta
¿Cuál es, pues, la actitud que adoptar ante un test de escucha en el plano de la interpretación? ¿Cuáles son las informaciones que pueden aportarnos la curva aérea y la curva ósea, y cuáles son las consideraciones que cabe retener del estudio del diagrama del oído derecho y del oído izquierdo?
Profesor Tomatis: Es evidente que este análisis solo puede hacerse globalmente, casi instantáneamente, a raíz de una gran práctica. Ocurre con el test de escucha como con todos los demás tests. Su interpretación exige un largo, paciente, minucioso aprendizaje para que se perfile, más allá del cúmulo de las informaciones recogidas, la visión global de lo que esta prueba es capaz de aportar. De hecho, con el tiempo, el evaluador experimentado debe poder, de un solo vistazo, captar la totalidad de los planos sucesivos que se dibujan, bajo el esquema de las curvas obtenidas, a fin de que una síntesis permita establecer las conclusiones necesarias. Pero ¿no es esto propio de todos los tests que se utilizan en psicología?
Ante un test de escucha, hay pues lugar a considerar varios parámetros y a estudiar sus relaciones entre sí. Vamos a comenzar tomando algunos cuyo análisis profundizaremos con ejemplos precisos. Estamos, pues, en presencia de diversos datos que me permito recordarles:
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curva aérea (CA)
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curva ósea (CO)
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relación entre CA y CO para cada oído
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relación entre CA y CO de un oído al otro.
A fin de ir más a fondo en este trabajo de interpretación, abordaremos nuevos elementos de análisis que se centrarán, por una parte, en el significado del diagrama del oído izquierdo (el que está a la derecha en nuestros esquemas) y del diagrama del oído derecho (a la izquierda en los esquemas) y, por otra, en la tripartición de cada uno de los diagramas en función de las frecuencias.
1.º) Significado de los diagramas derecho e izquierdo
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Todo lo que tiene relación con el oído izquierdo corresponde a la afectividad, al apego al pasado, a la madre. La izquierda es la madre, lo saben ya desde hace tiempo.
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Todo lo que tiene relación con el oído derecho corresponde a la dinámica, al devenir, al padre. La derecha es el padre; tampoco aquí les enseño nada.
2.º) Puesta en evidencia de diferentes zonas en el interior de cada diagrama
Hay lugar a dividir cada diagrama en tres zonas que vamos a estudiar sucesivamente, de 125 a 8.000 Hz. Estas bandas sonoras se reparten de la manera siguiente:
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De 125 a 1.000 Hz
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De 1.000 a 3.000 Hz
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De 2.000 a 8.000 Hz
Corresponden a diferentes factores que les esquematizo aquí.
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la zona que va de 125 a 1.000 Hz es la que se refiere al elemento corporal y, más especialmente, a la visceralización del ser, a su ego, a su inconsciente.
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la zona que va de 1.000 a 3.000 Hz es esencialmente la del lenguaje, de la comunicación con el otro.
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la zona siguiente que va de 3.000 a 8.000 Hz, es decir, la que se sitúa en la zona de los agudos, de los armónicos elevados, es la que corresponde a la espiritualidad, a la intuición, al ideal del sujeto, a sus aspiraciones.

Tripartición frecuencial de los dos diagramas: visceralidad física (125-1000 Hz), lenguaje / lógica / emotividad (1000-3000 Hz), espiritualidad / intuición (3000-8000 Hz).
3.º) Precisiones sobre la zona de la visceralidad
Tendrán siempre, en sus interpretaciones, que tener en cuenta este reparto a nivel de los dos oídos y en una relación de uno a otro, ya que el significado de los análisis del oído izquierdo será diferente del del oído derecho en el plano simbólico. Así, la zona situada a la derecha en el diagrama del oído derecho (espiritualidad) deberá considerarse de cierta manera respecto de la zona situada a la derecha en el diagrama del oído izquierdo (que corresponde, sin embargo, igualmente a la zona de espiritualidad). Para que puedan comprender mejor lo que les estoy explicando, vamos a apoyarnos en algunos ejemplos. Pero antes quisiera darles ciertas precisiones relativas a la zona llamada «de la visceralidad», la que corresponde a los sonidos graves. Vamos a distinguir diferentes territorios:
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a 125 Hz es la sexualidad
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a 250 Hz el colon grueso
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a 500 Hz el intestino delgado
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a 1.000 Hz el estómago
Vengamos ahora a los ejemplos:
1.º) Si se hallan ante dos curvas con picos a la izquierda y no a la derecha, pueden ya concluir que el sujeto vive una dinámica que no sigue su afectividad. Vive casi fuera de sí, fuera de su yo profundo. Eso puede ocurrir en ciertas circunstancias. Supongan que un sujeto haya entrado en una habitación en la que había gases sofocantes y haya tenido una crisis de asma súbitamente, a causa de esta intoxicación pasajera. Podrán entonces constatar una modificación de su voz y, si le hacen pasar un test de escucha, una alteración de sus curvas: un pico a 1.500 Hz en el oído derecho, mientras que no ocurre nada en el oído izquierdo.

Ejemplo: pico a 1.500 Hz únicamente en el oído derecho — crisis de asma pasajera, sin bloqueo afectivo subyacente (abajo). Arriba, dos curvas de referencia.
En cambio, si tengo un pico a 1.500 Hz en el OI y en el OD, sé que se trata de un estado asmático (o al menos un terreno alérgico) sobre un bloqueo afectivo. Hay un problema con la madre. No pudiendo atacarse a ella, el sujeto va a traumatizar en sí lo que ha integrado como siendo la madre, aquí el árbol respiratorio. Puede hacer un asma pulmonar (sofocación) o laríngeo (tos seca, sobre todo de noche) o nasal (catarro de heno, rinitis, etc.).
2.º) Tomo otro ejemplo. Constato un pico a 250 Hz a derecha y a izquierda. Se trata, pues, de un trastorno a nivel del colon en un sujeto que vive somáticamente (OD) una colitis de origen afectivo (OI).

Ejemplo: picos a 250 Hz a derecha y a izquierda — colitis de origen afectivo (OI) somatizada a la derecha (OD).
Si este pico a 250 Hz aparece únicamente en el diagrama del OI y no en el del OD, eso significa que hay una colitis subyacente de origen afectivo (vulnerabilidad a nivel del colon) que no está por el momento manifestada, ya que el pico no está presente en el diagrama del OD, mas que arriesga surgir de un momento a otro.
Si, en cambio, este pico a 250 Hz se hace sentir únicamente en el diagrama del OD, eso significa simplemente que el sujeto ha comido mal la víspera, que le duele el vientre. No vive esta perturbación en el plano afectivo. No es una reacción profunda.

Pico a 500 Hz: trastorno del intestino delgado. Según que el pico aparezca solo en el OD (mal comido la víspera), solo en el OI (vulnerabilidad afectiva latente) o en ambos (sufrimiento afectivo somatizado), la lectura difiere.
3.º) Como tercer ejemplo, tomamos una curva con un pico a 500 Hz. Sé entonces que el sujeto tiene un problema a nivel de su intestino delgado. Puedo interpretar estas curvas de la misma manera que precedentemente según que el pico se manifieste en ambos diagramas a la vez, o solo en el del OI y en el del OD.
Es interesante notar que hay, pues, una diferencia de reacciones en los diagramas según se trate del intestino grueso o del intestino delgado. Existe incluso una diferencia notable en el plano vocal en función de estas perturbaciones. Cuando uno está bien ejercitado, puede saber, solo con oír la voz de un sujeto, si sufre de su colon o de su intestino delgado. Eso es normal, ya que se trata de bandas pasantes diferentes, en el plano audio-vocal. Me ha ocurrido hacer, con colegas gastroenterólogos, experiencias sobre la voz de sus pacientes grabada en una cinta magnética. A la escucha de esta, he podido decir a qué nivel sufría el sujeto en el plano digestivo, y eso casi sin ningún porcentaje de error. Pensé entonces que modificando la voz del sujeto se podría ciertamente mejorar su estado digestivo. Pero eso es otra cuestión sobre la que no me extenderé hoy. Continúo dándoles ejemplos.
4.º) Si ahora tienen un pico a 1.000 Hz, se hallan en presencia de un trastorno que toca el estómago. De la misma manera van a estudiar los diagramas del OI y del OD a fin de ver si se trata de un trastorno agudo (OD) o de una historia crónica (OD + OI) de orden afectivo o de una vulnerabilidad (OI) que arriesga manifestarse a la menor falla del organismo.
Hemos podido así hacer un recorrido sobre la zona dicha «visceral», la zona del cuerpo, la zona del ego. Cuando tienen picos en esta región, eso no quiere decir que se trate de un ser visceral, sino que significa que no sabe desembarazarse de su universo orgánico, de los ruidos de sus vísceras, de los mensajes que su ego intercepta como siendo una señal. Oye a veces su deglución o su corazón o su respiración; vive así todo un universo de angustia que le obliga a permanecer demasiado preocupado de sí mismo. ¿Por qué su corazón no se detendría súbitamente?, ¿por qué su respiración ya no es la misma?, ¿por qué su intestino hace tal ruido? Su vida orgánica toma tal importancia que el diálogo con el otro pasa a segundo plano. Por lo demás, se trata las más de las veces de personas que no saben escuchar lo que se les dice, que hablan de sí mismas permanentemente de sus males, de sus achaques. Ven, pues, que estas indicaciones son interesantes. Permiten conocer el estado psicosomático del sujeto y estar informados del universo interior sonoro en el que vive.
Cabe, por supuesto, analizar de la misma manera la zona siguiente, que es la del lenguaje y que se sitúa entre 1.000 y 2.000 Hz. Deben examinar lo que ocurre en esta región a derecha y a izquierda, buscar si hay un escotoma o si, por el contrario, existen picos que pueden expresar una agresividad, más o menos sostenida, más o menos expresada, según que el pico esté situado solo en el OI o en ambos oídos. Esto es un elemento importante en el plano del pronóstico. Van a poder en efecto señalar a la madre que, en el curso de la educación audio-vocal a la que va a ser sometido su hijo, este tendrá tal o cual reacción. Si hay, por ejemplo, en el OI, un pico a 1.500 Hz, voy a poder decirle que la reacción será del tipo respiratorio. El niño se pondrá a sofocar o dará la impresión de respirar mal; a veces incluso una crisis de asma (nasal, faríngea o pulmonar) se desencadena. Si el pico está a 250 Hz en el OI, pueden señalar a la madre que su hijo sufre del vientre. La verán poco sorprendida por esta afirmación pero, al preguntarle, la oirán decir que su hijo tiene diarrea o está estreñido desde hace algunos días. Cuando veo un pico a 250 Hz, no puedo decir cuál es el trastorno digestivo, pero puedo estar seguro de que hay un problema a ese nivel, sé que ese niño, su vientre le habla; es el lenguaje que expresa, y es ahí donde habrá reacción durante el tratamiento en el plano somático.
Séptima Pregunta
¿Y la agresividad? ¿Cómo aparece en los diagramas?
Profesor Tomatis: Otro fenómeno interesante permite ver si esta agresividad está expresada o no: es la apertura o el cierre de la selectividad. Cuando tienen en el diagrama picos enormes de agresividad pero se hallan ante una selectividad cerrada, pueden deducir que todo eso fermenta; pero el universo circundante es tan dominante que el niño está comprimido; no puede decir nada; siempre es dócil como un cordero. Cuando anuncio a la madre o a la familia que el niño es agresivo, se me responde: «no es posible, es el niño más dócil que se pueda encontrar». Si la madre es muy poderosa, se constata en el curso de la educación que todo eso se arregla poco a poco, que las curvas se modifican, pero se advierte también que no ocurre nada, ya que el telón no se ha abierto. En cambio, la agresividad se manifiesta cuando la selectividad se abre antes de que todo esté arreglado; se anotan entonces reacciones vivas respecto de la madre, pues siempre es a ella a quien el niño apunta en primer lugar, haciéndola responsable de todos sus males. Será preciso, pues, que resuelva ulteriormente sus problemas con ella antes de abordar otros diálogos y, en particular, el que debe entablar con su padre.
Si están, por ejemplo, ante un test de escucha cuya selectividad está cerrada por ambos lados, saben inmediatamente que el sujeto no tiene contacto con su madre y que, por ello, el padre no es encontrado. Deben pues poner inmediatamente al paciente en sonidos filtrados a partir de la voz materna hasta que se abra la selectividad. Ven así abrirse el telón en el oído izquierdo (el de la imagen materna —esquema de la derecha) y se disponen a descubrir el diálogo con el padre. Pero hay que decirles, sin embargo, que, mientras no hayan abierto la selectividad del oído derecho (esquema de la izquierda), mientras tengan aún bloqueos en los agudos, el problema de la madre no está del todo resuelto. En resumen, podemos decir que la imagen materna, en cuanto a la selectividad, se reparte por una parte sobre el conjunto de las frecuencias del diagrama del oído izquierdo y, por otra, en la zona de los agudos del esquema del oído derecho (que es, sin embargo, el de la imagen paterna).

a) Selectividad cerrada en ambos lados: ningún contacto con la madre, el padre no es encontrado. Indicación inmediata de puesta en sonidos filtrados a partir de la voz materna.

b) Tras 20 sesiones de Voz Materna filtrada — c) Tras 40 sesiones: el oído izquierdo se ha abierto, mas el lado derecho del oído derecho permanece bloqueado a partir de 4.000 Hz, signo de que el problema maternal no está del todo resuelto.
Octava Pregunta
¿Podría explicarnos por qué, en el curso del estudio de la selectividad, un sujeto comete un error, por ejemplo, entre 500 y 1.000 Hz, se dice que la selectividad está bloqueada completamente a partir de ese valor?
Profesor Tomatis: Efectivamente, cuando hay deficiencias de análisis en una zona situada en los graves, hay muchas posibilidades de que la potencia selectiva de los agudos sea inexistente. Puedo afirmarlo por experiencia, pero todavía me es difícil decirles por qué. Lo cierto es que el sujeto no puede utilizar las bandas situadas por encima de la zona no selectiva. Esta es una suerte de barrera que confina al sujeto en la zona de los graves. Cabe, por lo demás, observar que su voz es agravada, que carece de armónicos elevados.
Dicho de otro modo, ya se trate de un bloqueo total de la selectividad, ya se trate solamente de un bloqueo entre 500 y 1.000 Hz, por ejemplo, el resultado es el mismo. No habrá posibilidades de análisis selectivo en las zonas situadas por encima de las frecuencias bloqueadas. Es cierto que, en el plano reeducativo, será más fácil y más rápido obtener una apertura cuando solo haya un cierre parcial. En cuanto la barrera sea retirada entre 500 y 1.000 Hz, por retomar el mismo ejemplo, todas las demás zonas se encenderán muy rápidamente y el sujeto podrá beneficiarse de toda su vitalidad subyacente, que se hallaba entonces en estado de sueño. Mientras que cuando la selectividad está bloqueada en el conjunto de las frecuencias, el trabajo es más largo. Hay que desbrozar poco a poco las zonas incultas y darles vida.
Ocurre con la selectividad como con ciertos escotomas situados en la zona de los graves. Estos constituyen una misma barrera que impide al individuo ir más allá de la zona «escotomizada». El sujeto no utilizará la franja sonora correspondiente a los agudos. Hablará siempre grave; si canta tendrá dificultades para «subir», como se dice en el oficio. También aquí podrán intervenir rápidamente pues, en cuanto el escotoma sea colmado, todas las posibilidades subyacentes brotarán en un haz deslumbrante, y verán entonces la voz encenderse de manera sorprendente.
Este fenómeno es más fácilmente detectable para la voz cantada que para la voz hablada. Cuando tienen un escotoma de 15 decibelios a 500 Hz, el sujeto puede tener dos voces cuando canta. Puede expresarse perfectamente en los graves y luego, en un momento dado, salta por encima del escotoma y se halla en otro registro. Me ha ocurrido ver entrar en mi consulta a cantantes que venían a consultarme porque súbitamente creían dar un sol, y era el contra-mi el que salía. Eso se debía a un escotoma. Las he puesto bajo Oído Electrónico y, en cuanto he podido devolverles un control de calidad (suprimiendo el escotoma), han podido volver a cantar sin encontrarse ante fenómenos tan sorprendentes como desagradables.
Novena Pregunta
Para el test de selectividad, advertimos que muy a menudo los niños no comprenden lo que se les pide. Por más que se les explique lo que es un sonido grave y un sonido agudo, responden indiferentemente sin percibir la distinción. ¿Qué hay que hacer entonces?
Profesor Tomatis: Hay ante todo que retomar los principios esenciales relativos a esta prueba. Advierto que algunos de ustedes prefieren agradar al paciente enviándole varias veces sonidos hasta que reconozca una diferencia. En realidad, ustedes se agradan, pero falsean el test y no prestan servicio al sujeto examinado. Lo más importante es que, en un momento dado y de manera bastante rápida, el sujeto reciba una información, después otra que deberá situar respecto de la precedente. Si se equivoca, no tiene ninguna importancia. Solo deben consignarlo. Es cierto que si recomienzan 30 veces, acabará por no equivocarse, pero no es lo que ocurre en la vida. Cuando un individuo recibe una palabra, después otra, se halla en la obligación de analizar rápidamente la cadena verbal. También aquí, si le repiten diez veces la misma palabra, es seguro que acabará por comprenderla, pero este fenómeno no interviene en la dinámica de la frase.
En lo que concierne a los niños, es normal que el test sea más difícil de hacer pasar que para un adulto. Pero esto es cuestión de pedagogía. Hace falta que el educador aprenda a expresarse para que el niño comprenda lo que se le pide. Y si no comprende las consignas, es que, en la vida, tampoco percibe la diferencia sutil que hay entre una palabra y otra. No sabe lo que significa «más alto», «más bajo», porque no tiene imagen del cuerpo, porque está dislateralizado. Sus respuestas son características de una imposibilidad de analizar las informaciones que le llegan. En algunos centros que se ocupan de débiles, los educadores se quejan a veces de no poder pasar las consignas. «No comprenden lo que se les pide, lo que es alto y lo que es bajo», dicen hablando de los niños que deben evaluar. Después un día, en un balance de control, advierten que el niño percibe una diferencia entre 500 y 125 Hz —es porque en ese momento comienza a integrar lo que se le pide, comienza a comprender lo que se le dice.
Deben pues atenerse a las respuestas que les da o que no les da en primer análisis. La cadena hablada está hecha de miles de fonemas que se debe saber distinguir para que la palabra alcance su verdadero significado. El test de selectividad está justamente hecho para que se reconozcan las posibilidades auditivas del sujeto respecto de un sonido puro que es una simplificación enorme respecto de una palabra. Un sonido «puro», como su nombre lo indica, es un sonido despojado de toda ambigüedad que debe ser fácil de distinguir de otro y de situar respecto de ese otro. Si, pues, el individuo no puede efectuar esa operación selectiva entre sonidos puros, ¿cómo quieren que pueda distinguir las sutilezas, las infinitas variaciones, los múltiples colores que reviste una palabra en el interior de una frase?
El oído humano tiene posibilidades de análisis excepcionales. Puede percibir a 1.000 hertz una diferencia de 3 hertz; puede también detectar el sentido de esa variación, reconocer si se trata de un sonido de 997 hertz o de 1.000 hertz, situándolos en la escala de las frecuencias. En consecuencia, puede fácilmente distinguir la diferencia que existe de una octava a otra; hay, en efecto, un mundo entre los dos sonidos puros que se envían al oído del sujeto.
Décima Pregunta
Hasta aquí hemos hablado sobre todo de los niños. Pero a menudo encontramos las mismas dificultades en lo que concierne a los adolescentes y a los adultos. Responden indiferentemente al test de selectividad «más grave, más agudo, más grave, más agudo», como si no quisieran comprender lo que se les pide. ¿Habría otras consignas que pasar?
Profesor Tomatis: No. Deben atenerse a lo que se les ha enseñado para la pasación de este test. Y no deben, cueste lo que cueste, hacer que las respuestas sean buenas. De nada sirve recomenzar la prueba so pretexto de que la persona no ha comprendido lo que se le pide. Algunos adultos, para no parecer estúpidos, para fingir saber distinguir un sonido de otro, responden cualquier cosa en el examen. En realidad, no saben discernir la diferencia; confunden a menudo altura e intensidad; tienen muy pocas posibilidades selectivas respecto de ciertos sonidos y, particularmente, en la zona de los agudos, que es la más sutil. Pero no quieren convenir en ello. Déjenlos en su postura y consignen los errores.
Lo que he visto más sorprendente en este género de investigaciones son las respuestas recogidas en algunos cantantes, músicos o bailarines. Un tenor tiene posibilidades selectivas diferentes de las de un bajo, igual que un violinista se pasea en zonas diferentes de las de otro instrumentista, por ejemplo. En cuanto a los bailarines, tienen en general un oído muy pobre. Prácticamente no oyen nada, en el plano de la selectividad, por encima de 500-1.000 Hz. Solo perciben los ritmos inherentes al cuerpo. Algunos se vuelven bailarines célebres porque justamente llegan a cortar la zona de la melodía. No son grandes músicos; son grandes rítmicos.
Undécima Pregunta
¿Mediante qué test ha podido usted determinar que los niños tienen un oído musical?
Profesor Tomatis: Mediante la contrarreacción a nivel de la voz. Los niños cantan todos, cantan afinado, reproducen inmediatamente la música. Hablo, por supuesto, de los niños normales que no han tenido traumatismos afectivos importantes. No sé si han observado ya a un niño ante un tema musical. Lo integra, lo reproduce cantando o tocando un instrumento, lo baila, lo mima, lo vive. Es la música. Forma parte integrante de su cuerpo. Y por eso la educación por la música, en particular en clase de maternal, es tan importante. Se olvida un poco demasiado en la actualidad este principio de base porque se quiere ante todo intelectualizar la enseñanza, se quiere hacer de los niños seres llenos de conocimientos. Y es entonces cuando las dificultades comienzan. La inteligencia debe madurar dulcemente sobre un cuerpo dispuesto a recibir el lenguaje.
El niño, de partida, tiene un oído musical, sin distorsiones, sin deformaciones. Nuestro error es querer plaquear demasiado rápido sobre ese sistema nervioso aún frágil conocimientos, una semántica que va a aportar perturbaciones de orden psicológico. Los problemas, los complejos, llegan entonces a grandes pasos. Los niños menos vulnerables son los débiles. No pudiendo acceder al mundo de la inteligencia, permanecen niños sensibles a la música, que aprecian mucho, que reproducen fácilmente. El niño más dotado querrá ir más lejos, querrá entrar más rápido en el universo lingüístico que le atrae y hacia el cual los mayores (padres y maestros) intentarán arrastrarlo. Y es a partir de ese momento cuando las distorsiones aparecen. Para no oír ciertas cosas desagradables, ciertas voces, el niño va a escotomizar, va a truncar su diafragma auditivo, va a alejarse de la comunicación eligiendo los circuitos más largos. Se volverá entonces un zurdo auditivo, hacia el cual perderá todas sus posibilidades de escucha del lenguaje y, por supuesto, de la música. Comenzará a cantar desafinado y, como se reirán de él, callará por mucho tiempo.
Duodécima Pregunta
Los picos de agresividad de los que ha hablado hace un momento, ¿aparecen en la curva aérea o en la curva ósea?
Profesor Tomatis: En general, es en ambas curvas donde se encuentran estas asperezas, pero, en algunos casos, hay compensación de la curva aérea respecto de la curva ósea. Cabe muy bien, se los repito, morir interiormente al tiempo que se da la impresión —al menos durante cierto tiempo— de asumir el presente. Pero esta actitud de aparato acaba por caer, y es entonces el drama. Hay que desconfiar de las personas que compensan, pues un día es el «break-down». Cabe así prever este estudiando la curva del sujeto, en las relaciones que existen entre la CO y la CA.
Decimotercera Pregunta
¿Qué informaciones puede darnos una curva plana, rectilínea?
Profesor Tomatis: Una curva recta no permite el análisis. Eso parece corresponder a una no diferenciación de octava en octava. Para que el oído pueda distinguir variaciones, hace falta que haya intervalos, suertes de peldaños que permitan detectar las diferentes alturas de sonidos. En el plano fisiológico, cabe intentar explicar este fenómeno de la manera siguiente. El menor ruido grave enmascara todos los demás. El oído interno es un aparato que funciona a presión constante; es un manómetro, un acelerómetro, de modo que en cuanto hay una frecuencia grave y que, por ello, no existe bastante tensión para suprimirla, esta frecuencia grave borra todas las demás. Se trata aquí de un fenómeno de máscara.
El sujeto que presenta una curva plana no oye en realidad sino los graves y no puede hacer análisis a nivel de los agudos. Notarán que tal curva se encuentra en personas que poseen una voz agravada, sin timbre. Se halla bastante a menudo en los débiles, en los sujetos que tienen pocas posibilidades de análisis en el plano cortical. Por el hecho de que no pueden servirse de los sonidos agudos para cargar su córtex, cabe comprender, en cierta medida, sus dificultades de integración, de comprensión.
La presencia de una pendiente ascendente es necesaria para que el oído pueda bloquear las frecuencias graves, atenuarlas, a fin de que la parte proximal de la cóclea se utilice, más particularmente en la zona consagrada al lenguaje. Esto es específico del oído humano. Las audiciones de algunos animales son, en cuanto a las bandas pasantes, mucho más desarrolladas que la nuestra: el delfín, por ejemplo, oye hasta los 200.000 hertz, ciertos murciélagos, ciertos vampiros hasta los 150.000 hertz; un perro oye hasta los 45.000 hertz. Pero estas son performances que representan poca cosa respecto de la facultad que tiene el oído humano de oír el lenguaje. Y esta parte de análisis fino exige que no se vea estorbada por la percepción de las frecuencias graves.
¿Por qué esta zona del lenguaje es muy importante? Porque representa de hecho la imagen del cuerpo. Si intentan hacer un cuadro de las frecuencias, advierten que los sonidos más graves (16 a 20 períodos) corresponden a la parte baja del cuerpo del hombre. Y si prosiguen este análisis en el lenguaje, constatan que cada longitud de onda toca, informa a una parte del cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, correspondiendo los sonidos graves a la parte baja, y los sonidos agudos (ondas cortas) a la parte alta. Repartidas de esta manera, las frecuencias del lenguaje se hallan, pues, adaptadas al cuerpo humano a fin de poder informarlo en totalidad.
¿Es el lenguaje el que ha esculpido el cuerpo humano? ¿O es este el que ha obligado al lenguaje a confinarse en zonas de frecuencias que permitan el control del esquema corporal? Optaré por la primera hipótesis, recordando que el hombre es hijo del sonido, y aficionado a reflexionar a menudo sobre una de las grandes frases de Hermes Trismegisto: «Es el sonido el que ha fabricado el oído. Y si quieres conocer el sonido, aprende primero a estudiar el oído». En materia de lenguaje, los hombres esculpen su cuerpo en función de los sonidos que emiten. Estos sonidos se hallan, por lo demás, fuertemente influidos por las características acústicas del lugar. Me ocurre a menudo evocar el fenómeno del hombre americano de Estados Unidos. Está hecho de una mezcla muy variada de pueblos venidos de Inglaterra, de Alemania, de Francia, de Italia, etc., y que presentan todos distinciones lingüísticas bastante acusadas. En la atmósfera común acústica del continente americano se ponen todos a nasalizar (mientras que el italiano y el inglés, en particular, no tienen ninguna nasal en su lengua) como el indio del lugar. Toman la misma psicomorfología que este; su rostro se aplana, se vuelven altos; dicho de otro modo, toman otra imagen del cuerpo en función de los sonidos que emiten.
Hay, pues, una contrarreacción muy importante: lenguaje, esquema corporal. Por eso cabe leer en un test de escucha la imagen del cuerpo integrada, desde los pies (frecuencias graves) hasta la cabeza (frecuencias agudas).
Decimocuarta Pregunta
¿Puede usted darnos precisiones sobre este análisis de la postura corporal en función del test de escucha, haciendo intervenir la columna vertebral?
Profesor Tomatis: Sí. La postura misma se halla sometida a las contrarreacciones auditivas, mediante el juego de los haces nerviosos que emanan de los utrículos y de los sáculos en dirección a las raíces anteriores de la médula. Es por dos vías que cada raíz motora, manteniendo bajo su férula toda la musculatura corporal, se halla ella misma dependiente cibernéticamente del control vestibular.
Estos haces que cito de memoria sin querer cargar esta exposición son, se los recuerdo, los haces vestíbulo-espinales homolaterales o Deitero-espinales y los vestíbulo-espinales heterolaterales que emergen del núcleo de Roller. Notemos aquí, de paso, un hecho que creo esencial y que se olvida demasiado a menudo: los haces homolaterales, es decir, directos, por tanto, no decusados, son con mucho los más importantes. Se trata aquí de un punto capital en el plano de la lateralidad.
Por tanto, gracias a los circuitos vestibulares, una acción dinámica y estática va a reflejarse sobre la postura de conjunto de la columna. A esta función de sometimiento permanente vestíbulo-corporal se añade otra, no menos importante, que halla su fuente en el conjunto vestibular que, surgido del mismo punto, el ganglio de Scarpa, irradia por vía ascendente hacia los núcleos del techo, de Schwalbe y de Bechterew. Es gracias a este último conjunto como las vías óculo-cefalogiras se hallan situadas bajo la tutela vestibular. Ven, pues, su importancia. No me detendré más en ello, haciéndoles, sin embargo, notar que los III, IV y V pares están ligados entre sí en sus actividades de las que depende estrechamente el juego del II par craneal, es decir, el nervio óptico.
Esta dinámica y esta estática corporales son tanto más vestibularmente controladas y, en consecuencia, reflejadas en nuestros tests cuanto que todos los elementos neurológicos a los que aludimos tienen sus contrarreacciones sensoriales protopáticas (es decir, en el ámbito de los mecanismos inconscientes) a nivel de las partes arcaicas del cerebelo, mediante los haces sensoriales de Flesching y de Gowers.
La cortización de este conjunto, es decir, el despertar de la conciencia epicrítica de esta imagen subyacente inconscientemente conducida y deliberadamente arrastrada en mecanismos que esculpen sus contornos, aparece con el sistema coclear. El perfil audiométrico toma entonces otra dimensión, la que le conocemos, ya que este complemento indispensable que es la cóclea está allí para transformar el análisis del impulso mecánico recibido por la vesícula laberíntica en actividad acústico-sonora. Lo que no hace el sordo, lo recuerdan; es incapaz de proceder a esa traducción. Así, gracias al córtex en su parte reciente y al empuje del cerebelo del mismo nivel temporal, estos pisos neoformados evolucionan de manera concomitante con el neo-oído: la cóclea.
Toda lectura de la curva de escucha va, pues, a quien sepa descifrarla, a revelar los mecanismos de las contrarreacciones psicosomáticas en cierto modo, mediante el juego musculoóseo. Habría ciertamente un libro que escribir sobre tal propósito, pero nos contentaremos aquí con evocar las grandes líneas. Recordemos primero que podemos contemplar varias clases de interpretaciones por el hecho de que cada parte del cuerpo representa a su escala el conjunto del cuerpo. Cabe pues haber tantos desarrollos como artículos a detallar. Tomemos como ejemplo los trabajos de Nogier de Lyon que puso a punto la auriculoterapia a partir del pabellón del oído. Este médico que ha descubierto en el pabellón un conjunto de puntos que corresponden a diferentes lugares del cuerpo ha podido tener así, gracias a la acupuntura, una acción muy precisa sobre el organismo tomado en su totalidad. Lo mismo ocurre con la cóclea, que tiene una representación metamérica y segmentaria de todo el cuerpo.
Abordaremos hoy la representación de la columna vertebral y la de la cabeza. Le adjuntaré un análisis rápido de la actividad interna vagal, recordándoles que el nervio vago o neumogástrico o X par sigue siendo fuertemente solidario de la tensión timpánica, por tanto, de la escucha. Las curvas se van a leer a partir del trazado aéreo y del trazado óseo. Sin embargo, nos detendremos más en la curva ósea en lo que respecta a la conducción ósea corporal, que marca en cierto modo una «interioridad».
Yendo de los graves hacia los agudos, encontraremos los puntos siguientes:
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125 Hz: la pelvis y los pies — los órganos genitales
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250 Hz: unión pelvis-lumbares — el colon — la rodilla
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500 Hz: unión dorso-lumbar — el intestino — el codo
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1.000 Hz: la región medio-dorsal — el estómago
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1.500 Hz: la parte dorso-cervical — el pulmón
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2.000 Hz: la región cérvico-occipital
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3.000 Hz: el cráneo en su parte alta
Habría ciertamente que desarrollar la lectura de toda la patología inherente a estos fenómenos que nos revelan las incidencias psicosomáticas de las colitis, de las afecciones del delgado o de las agresiones del estómago del tipo ulceroso, o un eczema de la rodilla, del codo o de los asmas, en suma, otras tantas fijaciones psicológicas sobre el cuerpo, vuelto en la circunstancia la válvula de regulación de los desajustes psíquicos que no pueden disolverse y resolverse de otra manera.
Sería interesante contemplar una nueva rejilla del test de escucha que tuviera en cuenta estas diferentes consideraciones. A fin de poder estudiar la posición del cuerpo en función de las frecuencias, cabría prever una lectura vertical y no horizontal. El hombre estaría así representado en su actitud general corporal tan íntimamente ligada a su actitud psíquica. Pero no se trata aquí sino de una idea proyectada que hay lugar a profundizar a fin de que cada uno de nosotros pueda proponer un nuevo diagrama.
En cuanto a la posición de la cabeza, también allí la curva ósea tomada en su conjunto revela la postura de la caja craneal en función de la postura de escucha. Si los graves son dominantes hasta 500 Hz, por ejemplo, la parte frontal está, en consecuencia, más elevada que la parte occipital. Dicho de otro modo, el plano que pasa por el punto culminante de la frente está más alto que el vértex. En cambio, si la curva es ideal, ascendente a 6 dB/octava, el vértex toma su lugar y se vuelve el punto culminante, como su nombre lo designa.
Decimoquinta Pregunta
¿Podría darnos algunas precisiones sobre las sorderas orgánicas y sobre las que tienen un origen psíquico?
Profesor Tomatis: Es, en efecto, necesario escindir bien estas dos clases de hipoacusia. Es a veces difícil saber si se trata verdaderamente de una dificultad de escucha debida a una discapacidad orgánica o de un rechazo a oír de origen psicológico. Pero, dado que no hay que pasar por alto una cosa grave, es bueno ser prudente en el plano del diagnóstico.
Cuando se hallan ante una sordera unilateral o bilateral, es decir, cuando constatan un déficit importante, ya en la conducción aérea, ya en la conducción ósea, ya en ambas, deben pensar inmediatamente en hacer verificar el oído del sujeto por un especialista otorrinolaringólogo, a menos que el paciente tenga consigo un informe que dé cuenta de las enfermedades y de las intervenciones que ha tenido en este ámbito y que justifiquen la sordera.
Voy pues a examinar con ustedes esquemáticamente los diferentes casos de alteración auditiva de origen orgánico, que se agrupan en tres tipos de sorderas:
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la sordera de transmisión
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la sordera de percepción
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la sordera mixta
a) La sordera de transmisión
Corresponde a una modificación del aparato dicho «de transmisión». Habitualmente se ha convenido en agrupar bajo este vocablo todos los elementos que tienen por función transmitir a la vesícula laberíntica los sonidos venidos del exterior. Conviene, pues, buscar cuáles son los obstáculos que pueden surgir en la vía del sonido, que, teniendo en cuenta la distribución clásica, pasa por el oído externo y el oído medio para llegar al oído interno. Personalmente, considero que no hay sino dos bloques: el oído externo y el oído interno, siendo el oído medio el lugar intermediario entre los mecanismos del oído externo y los del oído interno. La perturbación dicha «de transmisión» va, pues, a intervenir a nivel de estos dos pisos.
Los obstáculos por prever pueden ser de varias clases y alcanzar:
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ya el canal auditivo externo: tapón de cera, osteoma del conducto, otitis externa con forúnculos, eczema, etc.
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ya el tímpano por engrosamiento o pérdida de sustancia
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ya la caja del tímpano: otitis media, serosa, sanguínea o purulenta, e incluso seca
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ya la cadena osicular: osteítis de los huesecillos y, sobre todo, soldadura de la platina del estribo (otoesclerosis)
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ya los anejos: la trompa de Eustaquio (catarro tubárico) y las cavidades mastoideas (mastoiditis)

Sordera de transmisión: la curva ósea (en línea de puntos) permanece normal, mientras que la curva aérea (en trazo continuo) se hunde paralelamente. La relación CA/CO está invertida.
En el caso de sordera de transmisión, la curva ósea permanece normal, mientras que la curva aérea se hunde, permaneciendo generalmente paralela a la curva ósea. La relación CA/CO (aire/hueso) está, pues, invertida. Dicho de otro modo, el aparato de Corti funciona bien —lo que revela la conducción ósea— pero el aparato destinado a transmitir el sonido hasta el piso interno es defectuoso.
No hay apenas otra solución que suprimir el obstáculo. Le corresponde al otólogo intervenir, a él le corresponde la primacía de los cuidados que, desde la simple extirpación del tapón de cera, pueden llegar hasta la movilización del estribo. La cirugía de la sordera está actualmente muy a punto y da resultados excelentes. No deben pues dudar, cuando se hallan, por ejemplo, ante una otoesclerosis, en dirigir al paciente a un especialista capaz de desbloquear el oído.
De nada sirve intentar reeducar a un otoesclerótico. Cabe, sin embargo, ayudarle cuando la conducción ósea comienza a hundirse, a fin de que la intervención ulterior sea más eficaz. Cabe sobre todo ser útil tras la intervención —dos a tres meses después— permitiendo al oído liberado aprender a escuchar, a analizar, a discernir los sonidos que ya no oía desde hacía años. Les señalo ciertos trastornos que aparecen tras la intervención, sobre todo cuando el oído izquierdo ha sido operado antes que el oído derecho. Les recuerdo que la otoesclerosis es una alteración de la audición a menudo bilateral. Cuando el cirujano interviene, opera primero un oído, en general el más deficiente, y unas semanas o meses más tarde el otro oído.
Hay, por supuesto, interés en hacer operar en primer lugar el oído derecho, que es, lo saben, el más importante en el plano de los controles del lenguaje, de la memoria, de la concentración, etc. Mas cuando, por una razón bien precisa, el especialista comienza por el oído izquierdo, deben sostener al paciente poniéndolo bajo Oído Electrónico a la espera de la liberación del oído derecho. Le oirán decir, tras la intervención de su oído izquierdo, que oye mejor, ciertamente, pero que no ha encontrado del todo su equilibrio, o que tiene migrañas, o que tiene lagunas de memoria, o que no logra concentrarse, o que tiene a la vez varios de estos síntomas. Su papel consistirá en hacerle pasar una programación adaptada que le permita, por una parte, armonizar su audición izquierda y sostener, por otra, su oído derecho a la espera de que sea operado. Si, por una razón u otra, este no puede ser operado, es decir, si el paciente debe contentarse con oír principalmente por el oído izquierdo, pueden también intervenir bajo Oído Electrónico, mediante curas regulares, haciendo trabajar sobre todo su oído derecho con música filtrada y ciertas sibilantes. Para los textos, habrá siempre interés en poner el equilibrio a 10 o a 7 para que la persona perciba bien las frases y no se desanime.
He aquí, pues, lo que se puede decir brevemente de la sordera de transmisión y de los medios de tratarla. Es cierto que, en este caso, el otólogo tiene su palabra que decir. No se trata para nosotros de invadir su terreno, sino al contrario. En muchos casos, es el único habilitado para tomar la dirección de las operaciones. Sin embargo, sería deseable que se preocupara a su vez de las diversas prolongaciones que pueden darse a las investigaciones habituales. Existen, en efecto, más allá de su arsenal terapéutico, técnicas que pueden ayudar al paciente, ya antes, ya después de su propia intervención, con vistas a mejorar el poder de escucha. Me ocurre a menudo derivar otoescleróticos a un gran especialista de Béziers que opera de manera notable y que obtiene resultados excepcionales. En cuanto la audición del paciente está en estado de funcionamiento, puedo entonces, con algunas sesiones de educación auditiva, perfeccionar el trabajo en el plano de la escucha, enseñando al sujeto recién operado a apuntar los sonidos, a analizarlos de cierta manera, a converger en cierto modo y a utilizar su oído con fines de comunicación.
Nuestras técnicas pueden ser también apreciables cuando se trata de protetizar a un otoesclerótico. Fuera de la intervención de la que acabamos de hablar, existe, en efecto, otro medio de ayudar al paciente a oír: la prótesis auditiva. Para algunas personas cuyas curvas presentan enormes distorsiones, conviene contemplar algunas series de sesiones de educación bajo Oído Electrónico a fin de armonizar las curvas y elevar eventualmente los umbrales. El sujeto se vuelve entonces mucho más fácilmente protetizable, por el hecho de que las distorsiones han desaparecido. Algunos protesistas nos envían a sus clientes para que se beneficien de nuestras técnicas antes de comprar un aparato. Eso les evita verlos volver, insatisfechos de su prótesis y furiosos por no oír bien.
b) La sordera de percepción
es el segundo tipo de sordera que vamos ahora a estudiar. La alteración no va a jugar, en este caso, sobre la relación CA/CO, sino sobre la forma misma de la curva, que se halla globalmente modificada por alteración de las frecuencias agudas.

Arriba: sordera de percepción, alteración global de la curva por caída de los agudos (deficiencia coclear). Abajo: sordera profesional caracterizada por una V a 4.000 Hz típica de la exposición a los traumatismos sonoros.
Para este género de hipoacusia, es el aparato de percepción el que está afectado. Hay deficiencia coclear. Esto es cierto a un detalle cerca, sin embargo. En efecto, una alteración de la mecánica estapedial por defecto de tonicidad del músculo del estribo puede determinar una curva del mismo tipo. El interés es detectar esta eventualidad, pues desemboca en perspectivas de recuperación, lo que no es desdeñable.
En esta categoría de sorderas se inscriben todas las alteraciones tóxicas, medicamentosas (estreptomicina, kanamicina, etc.) u otras (alcoholismo, tabaquismo, sífilis, virus, rubéola, etc.) y los traumatismos sonoros con aparición de una sordera del tipo profesional caracterizada por una V a 4.000 Hz que conocen bien. Esta alteración va poco a poco a evolucionar y alcanzar las frecuencias medias, modificando las posibilidades de escucha a nivel del lenguaje. La persona acabará por oír pero por no comprender ya lo que se le dice.
c) La sordera mixta
representa la tercera categoría de sordera. Como su nombre lo indica, pertenece al tipo que asocia las dos anomalías precedentes, es decir, que es una imbricación de uno y otro de estos dos procesos de la patología otológica. Sus características revelan, en efecto, trastornos de los mecanismos de transmisión unidos a alteraciones de los fenómenos de percepción. La aproximación de estas dos perturbaciones fáciles de trazar se lee en el grafismo mediante una inversión de la curva aire-hueso —como hemos descrito en el estudio de las sorderas de transmisión— y mediante la caída de los agudos que afecta a ambas curvas CA y CO, permaneciendo estas, por supuesto, paralelas como lo exige la sordera de transmisión.

Sordera profesional en curso de evolución (arriba) y luego sordera ya muy acusada (abajo) — se vuelve difícilmente recuperable y no protetizable.

Sordera mixta: imbricación de una sordera de transmisión (inversión CA/CO) y de una sordera de percepción (caída de los agudos en ambas curvas, que permanecen paralelas).
Así, hemos podido abordar el estudio de las sorderas llamadas de origen orgánico. Solo les he dado, en la circunstancia, las claves principales que permiten detectar, en sus grandes líneas, los rasgos esenciales que deben atraer la atención del educador a fin de que este pueda dirigir hacia el especialista otólogo tales anomalías que no son de su competencia. Es preciso, sin embargo, que sepan que, en algunos casos, es posible hacer actuar nuestras técnicas, pero solo una gran práctica puede ayudar a efectuar diagnósticos diferenciales sobre estas anomalías.
Una tentativa de educación auditiva bajo Oído Electrónico durante algunas sesiones, una veintena aproximadamente, puede, sin embargo, constituir uno de los mejores medios de eliminar las causas de errores. Mediante las modificaciones rápidas que pueden intervenir sobre las dos curvas o sobre una de ellas, cabe saber si el origen orgánico es determinante o no. Así, para algunas sorderas de transmisión no características de la otoesclerosis, ocurre que las curvas «se mueven», lo que prueba que la cadena osicular puede aún ser movilizable por los medios reeducativos. Este hecho se constata a menudo en los niños, cuyos casos de otoesclerosis son por lo demás muy raros. Es posible entonces pensar en una sordera de origen psíquico, en un rechazo a la escucha que cede luego al proceso psicosensorial que cabe realizar bajo Oído Electrónico con ayuda de una programación adaptada. En cambio, si el proceso de osificación ha rebasado los límites, les será imposible intervenir sobre la conducción aérea, que permanecerá fija mientras que la conducción ósea, como les he dicho hace un momento, podrá mejorar a veces de manera sensible, permitiendo así una mayor eficacia de los medios a prever, cirugía o prótesis.
Antes de abordar con ustedes las demás sorderas, las de origen psicológico, quisiera decirles algunas palabras sobre los trastornos asociados que acompañan a estos diferentes géneros de sorderas: cefaleas, zumbidos, vértigos, náuseas, etc. En todos los casos, pueden aliviar al paciente, lo que ya es mucho. Una educación bien llevada debe hacer desaparecer, 9 veces sobre 10, estos diferentes trastornos, mediante reequilibración de todo el aparato vestibular y tonificación del tímpano.
Sorderas psicológicas
Vengamos ahora a las sorderas psicológicas. «Nadie es más sordo que quien no quiere oír». Todos conocen este leitmotiv y todos lo viven cada día al reeducar a niños y adultos que han decidido deliberadamente no escuchar más, que han cortado la comunicación con el entorno. Les recuerdo que un ser humano dispone de varios medios para desconectar su escucha. Pueden constatarlo al estudiar los diagramas correspondientes a esta política de no comunicación. He aquí algunas grandes líneas:
a) El sujeto puede ante todo bajar los umbrales de su audición a fin de no oír ya muy distintamente. Se hallan entonces ante una hipoacusia, ligera o ya acusada, que afecta a ambos oídos o a uno de ellos. El hecho de que sea el oído izquierdo o el oído derecho les da ya indicaciones sobre el problema afectivo de origen parental que está en la base de esta hipoacusia.
b) El individuo ha decidido cerrar los telones a fin de no ver ya lo que ocurre en el exterior. La selectividad está bloqueada, ya sobre el conjunto de las frecuencias a derecha y a izquierda, ya sobre una parte solamente de la escala sonora para ambos oídos o para uno de ellos. Hemos abordado esta cuestión hace algunos instantes al evocar el problema de la selectividad.
c) Un tercer «truco» consiste en barajar las cartas, en no saber ya de dónde viene el sonido, en vivir en la confusión. Es el barullo que caracteriza los trastornos de espacialización que son objeto de la tercera prueba relativa al test de escucha.
d) Por último, está la posibilidad de poner al otro a distancia eligiendo los circuitos más largos, es decir, tomando el camino de la zurdería auditiva. Ven entonces, en el audio-laterómetro, el circuito audio-vocal izquierdo volverse dominante.
He aquí, pues, lo que podemos decir hoy, en el marco de este Congreso, sobre las diferentes sorderas que dependen de un origen orgánico o de un origen psíquico. Es bien evidente que solo hemos podido evocar algunas grandes líneas. Sería necesario profundizar ulteriormente estas cuestiones en algunas reuniones que permitirían realizar estudios de casos bien precisos.
Decimosexta Pregunta
¿Qué hay que hacer para una persona que, tras una operación, oye siempre acordeón?
Profesor Tomatis: Habría ante todo que precisar si los ruidos internos que oye son realmente característicos de una música tocada por un acordeonista, en cuyo caso podremos pensar en un fantasma, en una alucinación sonora, o si se trata de acúfenos que recuerdan tal vez vagamente un ruido de acordeón pero que se acercan sobre todo a los zumbidos o silbidos de oído habitualmente encontrados en algunos casos de sordera.
Ocurre que la intervención, aunque restablece la función auditiva, no suprime completamente los trastornos asociados que presentan dificultades de escucha. No debemos dejar pasar esta oportunidad y debemos poner todo en obra para que estos diferentes síntomas desaparezcan. Sin duda han encontrado a menudo, en virtud de su actividad, personas que sufren zumbidos y vértigos, y conocen el infierno en el que viven estos pacientes. Es absolutamente espantoso oír ruidos internos permanentemente y vivir en un estado vertiginoso constante.
Si retenemos la otra hipótesis, la de alucinaciones sonoras, debemos, por supuesto, tomar otra actitud y proseguir las investigaciones en el plano psicológico. Un proceso psicosensorial bajo Oído Electrónico puede ser también muy eficaz al devolver al individuo el deseo y la posibilidad de comunicarse con el mundo exterior, de dialogar con su entorno, de pensar en los demás y no de encerrarse en una actitud egótica que le vale algunas interpretaciones bastante inesperadas.
Esta pregunta me recuerda una experimentación hecha en Sainte-Anne hace una quincena de años. Yo había pedido examinar a los alucinados a fin de conocer sus facultades auditivas. Es entonces cuando tuve la sorpresa de constatar que estos enfermos mentales tenían en realidad dos umbrales de audición. El primero, muy sutil, muy fino, provocaba respuestas tales como «mira, ya está, la reconozco la voz que me habla todas las tardes, que me dice esto, que me dice aquello». Después, insistiendo para llegar a un umbral más intenso, obtenía reflexiones como «¡Ah!, oigo ruido», con algunos comentarios del género de «está claro» o «está sombrío» o «está azul» o «está rojo» o «está graso», etc.
Hay, pues, para estos pacientes dos clases de referencias auditivas que, por lo demás, existen en todo el mundo pero que no interpretaremos de la misma manera. El primer umbral, tan sutil, tan tenue, es el del ruido molecular, del movimiento browniano que cabe alcanzar poniéndose en postura de escucha. Es el que nos recarga, que nos es necesario para alcanzar ciertas zonas del pensamiento, pero que no es en nuestra casa imperativo. El segundo, más pesado, más material, se sitúa a un nivel más bajo y se une a las preocupaciones comunes del mundo sonoro.
He aprendido mucho viviendo con y reeducando a algunos de ellos. Sus diferentes reflexiones sobre lo que oían me han permitido dar grandes pasos en la investigación. Cuando me decían: «Es un sonido de campanilla», «es la campana del pueblo que suena», «es el ruido del mar», «es el ruido de las olas»… pensaba que tenían razón y que percibían cosas que nuestra ratio ya no nos permitía oír. He podido así dialogar con ellos en un plano totalmente diferente del que se encuentra habitualmente en el universo conversacional, y he podido, también gracias a nuestras técnicas, bajar sus umbrales de tal suerte que pudieran ponerse al nivel del común de los mortales. Cuando la conexión se ha hecho, la alienación, por supuesto, ha desaparecido, ya que las referencias se han vuelto las mismas. He sacado a varios del hospital…
El problema de las interpretaciones sonoras a partir de un ruido y a veces de un sonido puro me hizo pensar entonces en un test del que hablé hace algunos años en una de mis conferencias y que pudo realizar y publicar una psicóloga suiza cuya referencia bibliográfica podré darles si lo desean. Se trataba de hacer una suerte de Rorschach sonoro a partir de ciertos ruidos determinados de antemano y de anotar las diferentes interpretaciones. Los resultados han sido muy reveladores del universo psíquico de los individuos. Sin duda les ha ocurrido preguntarse qué ocurre cuando oyen un ruido en la noche, y se han llevado ciertamente un buen susto cuando no se trataba sino de una puerta que se cierra de golpe o de una viga que cruje.
Pienso pues que hay un gran trabajo por hacer en esta dirección, y les invito a todos a pensar en esta prueba sonora que puede dar indicaciones extraordinarias sobre el mundo interior de los pacientes que tenemos a nuestro cargo. Todas sus sugerencias serán bienvenidas a fin de que podamos poner a punto una batería completa que permita hacer estadísticas a partir de los resultados obtenidos en cada Centro.
Decimoséptima Pregunta
¿Qué debe pensarse cuando se halla uno ante un sujeto que tiene un excelente oído derecho pero que, en cambio, tiene un oído izquierdo deficiente cuya curva aérea comienza a descender a partir de 3.000 Hz hasta 60 decibelios y cuya curva ósea se sitúa por encima haciendo zigzags?
Profesor Tomatis: Si de antemano han eliminado la hipótesis de una historia orgánica (antigua otitis con paracentesis, traumatismo del oído, etc.), deben, por supuesto, pensar en un origen psicológico.
La primera reacción podría ser esta: «Es el oído izquierdo, no es pues grave, ya que el oído derecho está intacto». Todos sabemos que el oído derecho es esencial en todos los procesos de control, pero eso no quiere decir que el oído izquierdo no tenga importancia alguna. Debe haber siempre, lo repito, armonización entre la izquierda y la derecha. Es, pues, el problema de la lateralidad el que surge de nuevo con sus símbolos y sus múltiples implicaciones.
Puesto que se trata del oído izquierdo, deben pensar de entrada en un problema de relación maternal. Hay apego a la madre, de modo que la dinámica, el devenir, el padre, que representa la derecha, siguen siendo un mito. Hay un bloqueo, hay fatiga. En cuanto el individuo quiere avanzar, hacer proyectos, lanzarse en un nuevo asunto, se ve detenido, retenido. Comienza todo, no termina nada. Es la política del fracaso. Permanece atrapado en su problema maternal y, mientras no haya resuelto este, no podrá ir más lejos.
Cuando digo que hay bloqueo a nivel de la madre, eso significa problema relacional interno, asunto del ego, del yo, del inconsciente respecto del «yo» trascendental, del «yo» de la «En verdad, en verdad os lo digo» de la plena conciencia. Allí nos paseamos en el «Yo no puedo avanzar, yo estoy cansado, yo esto, yo aquello». Son las olas del inconsciente las que se asoman. Es el inconsciente el que se expresa y no la conciencia. En cuanto esta aparece, las dos curvas toman la forma que conocen bien y de la que nos hemos entretenido en varias ocasiones en el curso de estas jornadas de trabajo.
¿Qué hay, pues, que hacer ante tal expediente? La importancia del problema maternal exige, por supuesto, que se emprenda en primer lugar una educación en audición intrauterina a partir de la voz de la madre. Los partos sónicos deberán seguir este período fetal y ser distribuidos de manera bastante intensiva a fin de que el sujeto pueda finalmente desengancharse del núcleo materno. La fase siguiente no deberá consistir en intentar hacer «subir» el oído izquierdo manteniendo el equilibrio a 7 (cordón a la derecha) o colocando el cordón a la izquierda con el equilibrio a 1. Habrá que, al contrario, lateralizar rápidamente a la derecha, y tendrán la sorpresa de ver que el oído izquierdo mejora sensiblemente. En efecto, es necesario pensar que existen enormes contrarreacciones biauriculares, en particular por uniones bulbo-protuberanciales, como el haz de Rasmussen, que tiende un puente entre las dos cócleas.
Decimoctava Pregunta
Creo haber comprendido que el niño pierde muy rápidamente tras su nacimiento una parte de la percepción de los agudos. ¿Es esa la razón por la que se filtra la voz del padre en una zona bastante grave, entre 300 y 800 hertz, creo?
Profesor Tomatis: La apertura diafragmática de la audición del niño se hace de manera muy progresiva. Es cierto que en su nacimiento, a partir del X día más exactamente, es decir, a partir del momento en que la trompa de Eustaquio abandona su líquido, el niño se halla sumergido en un «negro» sonoro que ya no le permite oír las frecuencias elevadas que percibía perfectamente durante su vida fetal. No sabe aún tirar de su musculatura en medio aéreo a fin de recuperar su percepción de los grandes agudos, y su oído deberá efectuar durante años un trabajo de acomodación, de convergencia, a fin de reencontrar las altas esferas de la comunicación. Habrá que esperar a la edad de 4-5 años para verlo pronunciar muy convenientemente las sibilantes.
En lo que concierne al encuentro con el padre en una aproximación que no corresponderá aún al verdadero diálogo que el niño entablará mucho más tarde, tenemos en cuenta esta apertura progresiva y filtramos la voz paterna de tal suerte que aparezca primero en una banda que va de 300 a 800 Hz, después de 300 a 2.000 Hz, después de 300 a 4.000 Hz; finalmente abrimos totalmente el telón cuando las etapas precedentes no han provocado deslumbramiento o reacciones vivas en el niño.
Les recuerdo que este período de encuentro con la voz paterna marca una etapa muy importante en el camino de la realización del ser. Si el problema maternal está totalmente liquidado y si, tras una preparación lingüística efectuada con ayuda de una programación hábilmente establecida, el diálogo con el padre puede instituirse, la partida está ganada. El ser lanzado en una dinámica de vida excepcional podrá asumir todas las dificultades de la existencia con una fuerza sorprendente.
Pero todos sabemos que las cosas no siempre ocurren tan bien y que esta famosa etapa «paterna» es una de las más difíciles de franquear. Debe ser abordada por el educador de manera muy prudente a fin de que la confrontación no sea dramática y no conlleve fenómenos de regresión, de repliegue interior que harán perder tiempo. Pienso, por lo demás, que la primera aproximación debería hacerse en voz paterna filtrada a 8.000 Hz, a esa alta altitud donde los problemas se resuelven en otro plano. Pero esto no es sino una hipótesis de la que les hablaré de nuevo en cuanto la hayamos experimentado.
Decimonovena Pregunta
Puesto que el niño pierde sus agudos al nacer y que ya no oye sino los graves, ¿cómo es que tiene una voz aguda y a veces incluso muy aguda?
Profesor Tomatis: No hay que confundir una voz aguda con una voz frágil, puntiaguda, tenue. El niño tiene, en realidad, una «pequeña» voz que se inscribe en una banda estrecha. Hay pocos armónicos en una voz de niño. Lo constatan, por lo demás, cuando oyen a ciertos pequeños cantantes intentar «subir» en los agudos. Sus notas elevadas son a veces un poco rígidas y carecen de ese haz armónico tupido, rico, que se encuentra en algunos adultos.
La voz del niño pequeño es monoarmónica o monobanda. Revela una apertura diafragmática auditiva aún estrecha, que se parece, por lo demás, a la de los «contratenores», que son, sin duda lo saben, cantantes que pueden «subir» muy alto en la gama. He conocido a uno de ellos, que tenía una voz muy excepcional, y, cuando lo oí, pensé que iba a hacer estallar todos mis tubos catódicos durante el análisis de su voz. Ahora bien, no superaba los 1.500 hertz. Cantaba divinamente Mozart pero lo hacía en una banda estrecha, que era la de su registro.
Vigésima Pregunta
¿Qué ocurre cuando se hace pasar un test de escucha a un sujeto que se mantiene como es debido para oír los agudos? ¿Las respuestas son diferentes según la postura del paciente?
Profesor Tomatis: Sí, ciertamente, pero cuando se hace pasar un test de escucha a un individuo, es para conocer su postura en la vida corriente, que es la mayoría de las veces una actitud de no-escucha. Es evidente que sus respuestas serán diferentes si se le pide mantenerse bien erguido, colocar su cabeza de cierta manera correspondiente a la percepción fina de los agudos, etc. Pero, dado que no es su actitud habitual, este proceso no tendrá sino el valor de una experiencia.
Ustedes mismos han constatado ciertamente, durante un concierto, por ejemplo, cuán diferente es la música si la escuchan en «postura de agudos» o si se desploman en su sillón. Volvemos a hallar entonces los comentarios que hicimos recientemente sobre el lugar de la cabeza en el test de escucha. La percepción de los agudos determina cierto trazado mientras que la percepción de los graves determina otro. La primera, correspondiente a la tensión máxima del músculo del estribo, se halla en las experiencias hechas por los americanos, Möller, Schmitt y Reger, con una curva de 12 dB/octava, mientras que la segunda recurre a un relajamiento de la musculatura estapedial y sumerge al ser en el universo depresivo de los sonidos graves.
El ideal, por supuesto, es estar constantemente en postura de escucha de los sonidos agudos. Eso supone una puesta en condición que exige cierto entrenamiento. Acabo de evocar hace un instante los trabajos efectuados por un equipo de investigadores que han acabado por demostrar que cabe condicionar los oídos humanos a oír de varias maneras, lo que de hecho me esfuerzo en decir desde hace 25 años. Han encontrado que, tirando de los músculos del martillo y del estribo, podían determinar una pendiente de al menos 15 decibelios entre 250 y 1.000 Hz.
Esta tensión de los músculos del oído medio debe pues buscarse permanentemente y en cualquier circunstancia. Si están sumergidos en un universo sonoro desagradable, disarmónico, rico en frecuencias graves, o si están obligados a oír cosas sin interés o dichas de manera agresiva, deben arreglárselas para ponerse en postura de escucha de los agudos a fin de recargarse y de beneficiarse del máximo del entorno sonoro al tiempo que evitan el lado negativo. Personalmente, lo hago siempre en avión a fin de llegar fresco y dispuesto al lugar donde la mayoría de las veces debo consultar inmediatamente o dar una conferencia. Me las arreglo siempre para ponerme en postura de escucha de los agudos durante el trayecto, mientras veo a mi lado gente derrumbada que está aniquilada por las frecuencias graves y las vibraciones que transmite el aparato.
¿Por qué son tan peligrosos los sonidos graves? Porque exigen del cuerpo más gasto energético del que el córtex recibe de estimulaciones. Sonidos como los del tam-tam, por ejemplo, tienen justamente por fin hacer mover el cuerpo y colocar al individuo sometido a este estado segundo en una suerte de hipnosis que lo pone a merced del brujo. Mientras que los sonidos agudos, como los que se hallan en los cantos gregorianos, recargan al sujeto, lo conducen hacia la conciencia, sin por ello arrastrarlo a una imagen corporal móvil. Terminemos hablando de los cantos militares, que alían los dos procedimientos: recargan a los sujetos al tiempo que los hacen marchar como un solo hombre.
Vigesimoprimera Pregunta
¿Existe una curva característica del depresivo?
Profesor Tomatis: Sí, igual que existe una curva característica del paranoico, del reivindicador, etc. La del depresivo tiene esa forma general de una curva descendente de los graves hacia los agudos, que es la inversa de la curva de recarga. Varias eventualidades pueden, por supuesto, presentarse según que el individuo compense o no su estado depresivo. Pueden entonces tener el siguiente esquema, en el que constatan el estado depresivo a nivel de la curva ósea. En cambio, la curva aérea da el cambio y permite al sujeto aguantar aparentemente.
No hay que confundir la depresión y la fatiga. A menudo un individuo viene a verlos porque se siente deprimido. De hecho, está agotado y ya no sabe recargarse. Se hallan entonces en presencia de un trazado en el que la curva ósea no es descendente.
Por regla general, pueden concluir en la presencia de un estado depresivo cuando ven la curva ósea descender de los graves hacia los agudos.
Vigesimosegunda Pregunta
¿Cuál es el soporte que puede hacer la unidad de todo esto? ¿Es un soporte neurónico o un soporte psicológico?
Profesor Tomatis: Teniendo en cuenta el plano en el que arriesga colocarnos tal pregunta, sería un tanto ilusorio querer responder a ella sin tener al menos que entrar en una diatriba filosófico-psico-fisiológica sin salida. Recordamos el diálogo sin fin que opuso a Aristóteles y a Anaxágoras en lo que concierne a la prevalencia del cerebro y de la mano. ¿Cuál de los dos órganos permitió al hombre ser lo que es? Nadie puede responder a ello.
Lo mismo ocurre en lo que nos concierne. En la perspectiva en la que nos sitúa la pregunta planteada, el psiquismo es tan necesario como el sistema nervioso, su instrumento, como el violín es necesario al violinista. El uno tiene necesidad del otro para responder a una instancia superior, que es la música en la circunstancia. Para nosotros, es la llamada hacia la trascendencia la que fija nuestra atención en torno a la escucha, arrastrando al hombre hacia su campo consciente.
Promovido en cierto modo por una organización compleja neurónica a la cual no podría escapar, el ser humano se halla así debiendo responder, a su escala, a motivaciones que se manifestarán en él mediante un deseo de comunicar, de comprender, de conocer. De hecho, estas motivaciones no serán sino inyecciones venidas de no se sabe dónde, verdaderas incursiones de la conciencia que actúan como primera manifestación de la vida que anima al ser.
Conclusión
Esta sucesión de preguntas podría prolongarse al infinito, tan inmenso es el campo de investigaciones relativas al test de escucha. Por ello parece inútil, tras este primer estudio, insistir sobre el valor de tal prueba, que reviste una importancia considerable.
Queda, ciertamente, mucho por hacer, y el Profesor Tomatis es profundamente consciente de ello. Si hemos tenido a bien recoger las informaciones que nos ha querido transmitir en ocasión de nuestro IIIe Congreso Internacional, es porque consideramos igualmente esencial la interpretación del test de escucha.
Estas investigaciones, tan ricas de enseñanza para la audio-psico-fonología, deben pacientemente retomarse, ampliarse, apoyarse con una amplia práctica, a fin de que los trabajos emprendidos en esta dirección tengan una prolongación eficaz en el ámbito del diagnóstico y de la terapia.
Numerosos encuentros ulteriores centrados en el mismo propósito y realizados en torno a estudios de casos muy diversificados permitirán elaborar, en los años venideros, una obra completa sobre la interpretación del test de escucha cuyo interés no podrá escapar a todos los que se ocupen de los problemas de la relación del ser humano con su entorno.
Fuente: A.A. Tomatis, «Considérations sur le test d’écoute», tirada editada por la Société d’Audio-Psycho-Phonologie, 4 rue Cozette - 80000 Amiens, junio de 1974, cuarenta y ocho páginas. Palabras recogidas durante el IIIe Congreso Internacional de Audio-Psico-Fonología (Amberes 1973). Documento digitalizado proveniente de los archivos personales de Christophe Besson.