Nuevos medios de puesta en condición psicológica de los deportistas
Nuevos medios de puesta en condición psicológica de los deportistas (INSEP 1974)
Conferencia del Pr. Alfred Tomatis pronunciada el 17 de abril de 1974 en el Institut National des Sports (INS) de París*, ante los Directores Nacionales de las diferentes disciplinas deportivas. Conferencia ofrecida a petición de la Subsecretaría de Estado de Deportes, organizada por el Delegado del Comité National de la Recherche Scientifique (CNRS).*
Nuevos medios de puesta en condición psicológica de los deportistas: ¿cómo puede el oído —y muy especialmente la musculatura del oído medio— convertirse en factor determinante del entrenamiento, junto al músculo, al aliento y a la técnica?
Introducción
Voy a hablarles de técnicas que permiten incrementar las condiciones fisiológicas y psicológicas de los deportistas.
Lo hago tanto más gustosamente —y me resultará tanto más fácil— cuanto que se trata de un entrenamiento muscular. Ustedes están especialmente informados de estos problemas; por ello seguirán tanto mejor mi exposición cuanto que se trata de llegar a ser, en un momento dado, en cierto modo dueño de la musculatura del oído, hasta el punto de ser de ella un atleta.
El oído cuenta, en efecto, con dos pequeños músculos siempre presentes:
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el músculo del martillo, cuya función es tensar el tímpano;
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el músculo del estribo, que debe regular las presiones del oído interno —el cual es una vesícula líquida.
Las ventajas que de ello debe sacar quien tiene la suerte de llegar a ser dueño de esta musculatura son innumerables. Estos músculos atañen a:
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la lateralidad (y la dislateralización);
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la memoria;
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la concentración;
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la atención;
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el autocontrol;
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la fatigabilidad;
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las tendencias depresivas;
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las dificultades relacionales con el otro —en el seno de un mismo equipo.
A raíz de quince años de investigaciones, pero también de aplicaciones prácticas sobre miles de casos, podemos hoy afirmar que nuestras técnicas audio-psico-fonológicas nos permiten —mediante una serie de tests originales— registrar no solamente la lateralidad de un sujeto, sino también obtener curvas que nos dan indicaciones preciosas sobre su psiquismo.
Y más todavía: mediante inyecciones sonoras podemos modificar estas curvas:
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lateralizando el cuerpo al máximo, permitir alcanzar más rápidamente la tecnicidad y la eficacia que el deportista necesita;
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paralelamente, desencadenar una recarga neurónica que provoque una reserva de energía, una concentración nerviosa mayor y una capacidad de directividad incrementada.
I. La imagen del cuerpo
La imagen del cuerpo, en el deportista, es lo que le permite tener la noción de un instrumento puesto a su disposición —un instrumento que es el cuerpo mismo, y que le permite jugar.
Cada individuo, en un momento dado, tiene la noción de existir a través de su cuerpo. Esta imagen se construye a partir de lo que mejor funciona: puede ser la cabeza, pueden ser también los pies. En el futbolista, por ejemplo, la imagen del cuerpo privilegia más los miembros inferiores que en el intelectual que permanece todo el día encerrado en su gabinete de trabajo. En el arquero, es a otro nivel donde se sitúa la mayor maestría neurónica.
En cierta medida, la imagen del cuerpo del futbolista integra el balón; la del arquero, el arco. Hay verdaderamente interacción de lo mental y del cuerpo.
Ocurre que cada vez que un sujeto se ve obligado a entrar en la imagen de sí mismo, no puede tomar sino los trayectos existentes, que son los trayectos de sus nervios. Es el sistema nervioso el que da la sensibilidad al aparato óseo, al paquete muscular que va a ser puesto a contribución para practicar un deporte. Así, el jugador muy ejercitado habita plenamente su cuerpo; por su voluntad, puede malabarear hasta la precisión extrema del juego de todos sus miembros.
Teorías muy antiguas habían registrado estos procesos. Por ejemplo, el Zen en el tiro con arco: el arquero acaba por ser la flecha misma; su imagen del cuerpo es entonces tan elaborada, tan completa, que llega a integrar el arco, la flecha e incluso el blanco. Lo mismo ocurre en el tiro con armas de fuego, cuando se alcanza el nivel del «tiro instintivo».
Pero sin llegar a las teorías del Zen —cuando uno está al volante, sus límites se extienden a la distancia entre ejes del coche sobre la carretera; sus ruedas están integradas, el volante forma parte de uno mismo. Observen, por lo demás, con qué habilidad cabe ir hacia atrás, hacia adelante, cuando a primera vista parece casi imposible. Es porque hemos integrado en nuestra imagen la imagen del automóvil. Si cambiamos de coche, resulta más difícil: habrá que rehabituarse.
Esta integración ideal disponemos ahora de medios para crearla, facilitarla, desarrollarla.
II. La lateralización
Verificamos en primer lugar, mediante tests de lateralidad, si el individuo tiene un buen dominio de todas sus coordinaciones. Las pruebas atañen a:
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el lenguaje: movilidad de la cara;
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las impulsiones: miembros superiores, miembros inferiores, pinza, tronco;
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la designación del esquema corporal: sobre uno mismo (oído, nariz, ojo, mano, boca), sobre otro (oído, mano, ojo, mano);
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la autoinformación: audición (prueba en la consulta, prueba electrónica), visión (cono ABC, tubo-rollo, cartón perforado);
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la actividad de la mano: escritura corriente y simultánea, dibujo, precisión (enhebrar una aguja, cortar con tijeras, bobinar hilo), fuerza (lanzar una pelota, clavar un clavo, sostener un paraguas), velocidad (barajar las cartas, repartir las cartas, diadococinesia), espontaneidad (peinarse, decir adiós, dar un puñetazo);
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la actividad del pie: chutar, trazar un cuadrado.
Algunos perfiles tipo
Diestría homogénea («Paul») — todas las informaciones que llegan se aplican al lado derecho. Caso muy raro. Quien ha llegado a esta diestría homogénea es un ser ya muy excepcional. Si un sujeto accede a este nivel, se tiene la certeza de que posee un dominio total de sí mismo, de su instrumento-cuerpo: dominio de su actividad, de su concentración, de su memoria y de sus maneras de apuntar con su escucha —y por ello, de una coordinación casi perfecta de todos sus movimientos.
Zurdería homogénea («Alain») — el opuesto simétrico. Más vale ser zurdo homogéneo que nada: es el antagonismo del diestro homogéneo, con un psiquismo diferente. El sujeto toma el envés de lo que hacen los demás —no tanto por haberse vuelto opositor, sino por haberse vuelto desfasado respecto de lo que hace el lado derecho, a causa del enorme desfase entre información derecha e información izquierda (el zurdo utiliza nervios mucho más largos).
Dislateralidad psicosensorial («Georges», «André») — la motricidad es zurda, pero la sensorialidad (visión, audición, lenguaje) está en espiral, en zigzag. Es un ser extremadamente deshecho en todo —un sujeto que presenta una dislateralidad psicosensorial con grandes dificultades manifiestas en todos los niveles: escolaridad, memorización, concentración, habilidad corporal. Sea cual sea su potencialidad subyacente, siempre está en desventaja: estas inversiones alargan todos sus circuitos neurónicos y le obligan a un gasto de energía considerable a nivel del córtex.
Dislateralidad audio-vocal («Gilles», «René») — la motricidad es zurda, pero la audición y el lenguaje están mal posicionados. Todo se halla dislateralizado en el plano del lenguaje, el lenguaje a la izquierda pasando a la derecha, y esta dislateralidad se extiende también a la audición.
Campeones y homogeneización
Entre los campeones que hemos tenido ocasión de examinar, hemos visto curvas que no estaban lejos de las de los dislaterales. Dado que se trataba de campeones que alcanzaban performances internacionales, pude decir sin equivocarme que, homogeneizándolos, sus performances iban a estallar inmediatamente —en cuanto a velocidad, rapidez, precisión, gesto. Y es lo que ocurrió.
En cuanto permitimos a estos jóvenes integrar rápidamente una homogeneidad subyacente, pudieron sacar el máximo de sus potencialidades —mediante tomas de conciencia realizadas a diferentes niveles.
Entendámonos bien sobre la palabra «lateralidad». Se ha vuelto un término que todo el mundo utiliza. Muchos imaginan que todo está dicho cuando se ha afirmado que un sujeto que escribe con la mano derecha o izquierda está lateralizado a derecha o a izquierda. Es mucho más complejo: en el hecho de ser diestro o zurdo hay toda una dinámica, fenómenos sensoriales, que van desde los automatismos simples a la percepción de los movimientos, desde la simple percepción a la conciencia de lo que va a habitar, en un momento dado, un órgano sensorial.
III. La acción de los sonidos
El oído, órgano de recarga nerviosa
El oído no es solamente un órgano sensorial: es también —y tal vez sobre todo— un órgano de recarga cortical. Los sonidos agudos, en particular, distribuidos según un cierto ritmo y al nivel apropiado de la cóclea (donde las células ciliadas de Corti son más numerosas), procuran al córtex una carga considerable. Esta carga puede verificarse mediante electroencefalograma y mediante medición de las tasas de vigilancia, que se acrecientan paralelamente.
El oído asegura también, por su parte vestibular, la equilibración y la verticalidad, así como el tono general, la cinética y la imagen del cuerpo. Todos los músculos del cuerpo sin excepción están bajo el control directo o indirecto del nervio vestibular.
Cómo actuar sobre el oído
Para actuar sobre el oído —y, por tanto, sobre el conjunto del sistema— utilizamos un aparato denominado Oído Electrónico. Es un montaje electrónico que comprende una conmutación entre dos canales (uno que favorece los graves, que distiende los músculos del oído medio; el otro que favorece los agudos, que los pone en tensión). El conjunto funciona como una verdadera gimnasia de los músculos del martillo y del estribo.
Al deportista se le coloca bajo casco; escucha sonidos cuidadosamente elegidos —voz materna filtrada, música mozartiana, cantos gregorianos, sibilantes filtradas— según un programa adaptado a su perfil de lateralidad y a sus objetivos. Cada sesión dura aproximadamente 30 minutos; un ciclo de entrenamiento completo puede comportar de 60 a 100 sesiones repartidas a lo largo de algunas semanas o algunos meses.
La acción de los sonidos propiamente dicha
Los sonidos así distribuidos desencadenan, en el deportista:
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una mejora de la lateralidad auditiva y —por vía de consecuencia— de la lateralidad motora;
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un refuerzo de la postura, de la verticalidad, de la imagen del cuerpo;
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una recarga cortical que aumenta la vigilancia, la concentración, la memoria, y disminuye la fatigabilidad;
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una disminución del miedo escénico y de las inhibiciones ligadas a la emotividad —gracias en particular a la acción desangustiante de los sonidos filtrados;
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una mejora de la coordinación motora, de la rapidez del gesto, de la precisión.
El entrenamiento auditivo
El entrenamiento auditivo es progresivo. Se comienza por sonidos filtrados (que recrean las condiciones intrauterinas), se pasa por el parto sónico, luego por una fase activa en la que el sujeto —bajo casco— repite textos o sonidos cebo, cuya emisión de su propia voz oye simultáneamente refiltrada y lateralizada a la derecha por el Oído Electrónico. Se entrena así a ponerse en la postura audio-vocal del diestro homogéneo —sean cuales sean sus posicionamientos motores iniciales.
Los sonidos de carga
Se denomina sonidos de carga a los sonidos ricos en frecuencias agudas (más allá de 2.000 Hz) que aportan al córtex la energía necesaria para todas las funciones elevadas del sistema nervioso. Estos sonidos provienen en particular:
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de la música de Mozart —que presenta un espectro armónico excepcionalmente rico en la zona de los agudos;
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del canto gregoriano —que tiene la particularidad de utilizar los ritmos fisiológicos (respiratorios, cardíacos) siendo a la vez rico en armónicos elevados;
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de ciertas rondas y canciones folclóricas según la lengua étnica del sujeto.
IV. Debates
¿Permite este método fabricar campeones?
Respuesta: no se fabrica un campeón a partir de la nada. Pero a partir de un deportista ya dotado, ya entrenado, cabe hacer estallar sus performances suprimiendo los bloqueos que lo retienen por debajo de sus posibilidades. El método libera un potencial que ya existe, pero que se halla trabado en su expresión por dislateralidades, defectos de postura de escucha, cargas afectivas no metabolizadas.
Los tests de cribado
Para los jóvenes deportistas prometedores, los tests de escucha y de lateralidad que proponemos son excelentes herramientas de cribado. Permiten identificar a aquellos que —más allá de sus aptitudes físicas— poseen o pueden adquirir la homogeneidad psicosensorial que distingue a los futuros grandes. Permiten también orientar el trabajo de entrenamiento hacia los puntos débiles específicos de cada sujeto.
Pérdida de la individualidad
Un temor surge a menudo: al homogeneizar a los deportistas, ¿no se corre el riesgo de hacerles perder su individualidad, su singularidad, que constituye a menudo su fuerza? Respuesta: no. Homogeneizar la postura audio-vocal no es uniformizar el carácter, el estilo, la manera. Al contrario: al liberar al sujeto de sus bloqueos, se le permite expresar más plenamente su singularidad. El deportista se vuelve más él mismo, no menos.
La agresividad
El deporte de competición exige cierta agresividad. El método Tomatis no suprime esa agresividad: la canaliza. Al disminuir la angustia de fondo, permite al deportista movilizar su agresividad de forma más eficaz, más selectiva, menos parasitada por tensiones inútiles. La agresión se vuelve acción.
La ambidextría
En ciertos deportes, la ambidextría es un activo (boxeo, esgrima, ciertos deportes colectivos). El método Tomatis no enseña la ambidextría como un fin en sí, sino que prepara para el uso voluntario y consciente del lado izquierdo tras haber establecido sólidamente la lateralidad derecha. El deportista se vuelve así capaz de jugar también con la izquierda, sin por ello perder la directividad de la derecha.
Conclusión
La audio-psico-fonología abre, en el ámbito deportivo, un campo de aplicación que no se limita a la «preparación mental» tal como suele entenderse. Propone una refundación neurofisiológica de la preparación del deportista, a partir de una intervención directa sobre el oído y sobre los circuitos cibernéticos de la postura, de la lateralidad, de la recarga cortical.
Lo que proponemos a los directores nacionales es la ocasión de poner a prueba estas técnicas en el marco concreto de la preparación de los deportistas de alto nivel —y de medir, sobre el terreno, sus efectos en términos de performance, de recuperación, de confianza, de cohesión de equipo.
Cuando los entrenadores hayan comprendido que en lugar de hacer hacer a sus futuros campeones ejercicios físicos durante 14 horas al día, sería preferible reservar un poco de tiempo para la puesta en marcha de un sistema de alto nivel capaz de organizar y dinamizar la inversión corporal —entonces tendremos derecho a asistir no solamente a notables demostraciones del cuerpo que juega con su fuerza y con su habilidad, sino también a un verdadero diálogo del ser con el universo entero a través de un cuerpo enteramente dominado.
— Pr. Alfred A. Tomatis. Conferencia pronunciada el 17 de abril de 1974 en el Institut National des Sports (París) por invitación de la Subsecretaría de Estado de Deportes y del CNRS.
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