Comunicación presentada al Congreso de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie*,* Burdeos, 22 de noviembre de 1981*, por el* Dr J. Raynaud*.*

¿Adónde se ha ido mi cuerpo? El hiato ideológico-ontológico —a propósito de las teorías sobre el lenguaje y sobre el aprendizaje. Frente a una ciencia occidental que ha evacuado el cuerpo de la cuestión del lenguaje, el autor confronta el mentalismo de Chomsky, el materialismo dialéctico de los soviéticos (Sechenov, Pavlov, Léontiev, Luria), la antropología marxista de Morin y Piattelli-Palmarini, y la antropología del gesto de Marcel Jousse, para alcanzar la práctica audio-psico-fonológica de Tomatis: la palabra como símbolo sonoro resonante*, fundada en la voz materna y la función simbólica, irreducible a toda explicación puramente genética o estrictamente materialista.*

El permiso dado al cuerpo por la lingüística

El Señor Vendryès era profesor de lingüística, y es él —se me ha dicho— quien dijo un día: «De una vez por todas, ya no se hablará de problemas del origen del lenguaje

Parece que actualmente, en nuestra cultura occidental —subrayo la palabra— este principio se respeta estrictamente. Podemos demostrar que esto está en el origen del mantenimiento de una ambigüedad grave, ambigüedad derivada de la existencia de la propia ciencia lingüística.

Esta ambigüedad es grave por el hecho de que las ciencias humanas, al menos en nuestro sistema occidental, ya no se interesan efectivamente por el origen del lenguaje, admitiendo que el problema está resuelto, que es la ciencia la que lo resolverá. La ambigüedad reside, según nosotros, en el hecho de que se trata solamente allí de una simple hipótesis, admitida implícitamente como verdad primera, sin que su carácter hipotético sea jamás puesto en cuestión: es decir que no solamente uno ya no se interroga sobre los orígenes, sino que se admite que el problema está resuelto.

Ahora bien, la manera en que se responde a la cuestión del origen del lenguaje hablado —ya lenguaje innato, autogenerado por el animal-hombre, producto de una evolución dichosa, por tanto lenguaje objeto del mundo como el hombre mismo; ya lenguaje adquirido, recibido, al menos portador de valores trascendentales al mundo material, haciendo del hombre animal un ser excepcional— no es en absoluto neutra y marca profundamente el destino de la gente. Por tanto, esta cuestión debe ser tomada en consideración en las ciencias humanas.

Es decir que hay que rechazar la ambigüedad sugerida por una ciencia que comienza, no obstante, a interrogarse sobre su finalidad última y sobre sus orígenes, a interrogar también sobre la necesidad de una ética científica en la peligrosa marcha hacia el progreso. Esta será nuestra actitud.

El rodeo por los otros «lenguajes»: una huida

Pero el Señor Profesor Vendryès salvaba su caso, si cabe decir, y escribió: «Hay varias especies de lenguaje. Hay el lenguaje olfativo y el lenguaje táctil, el lenguaje visual y el lenguaje auditivo. El lenguaje visual es probablemente tan antiguo como el lenguaje auditivo.»

Es un poco como si esta afirmación hubiera hecho su camino… Desde entonces, el psicosociólogo Mac Luhan ha mostrado bien que la dialéctica lenguaje oral – lenguaje escrito repartía el mundo.

Pero ¿debemos resolvernos tan fácilmente a tal partición? Además, ¿se escribirá en términos que describan claramente lo que el Profesor Vendryès ha hecho en la línea de su primer principio, permaneciendo prisionero de esta dialéctica del ojo, de la lengua escrita, y estrictamente ligada al mundo occidental, racionalizante y analizante —que se olvide que el hombre es ante todo y por encima de todo ser parlante?

Ser prisionero de la lengua escrita es sencillamente ser prisionero de la lingüística también; esperamos mostrar que lo que se puede decir del lenguaje y de la palabra no se limita a los aportes de una lingüística ella misma compartida.

Pero de otro modo, como hace el profesor Vendryès, tantos lenguajes, es de todos modos remitir al cuerpo. Y es bien a través de su cuerpo como el hombre puede conocer el mundo y al otro… Cuestión central, pues, para lo que concierne al lenguaje, que plantea igualmente el problema del origen.

Las teorías en presencia — buscar el cuerpo

La bio-antropología, cuyos desarrollos son recientes —por iniciativa de E. Morin y M. Piattelli-Palmarini— resume las tesis más avanzadas de los más competentes en las ciencias biológicas y humanas. Ahora bien, si no en biología, ¿podemos esperar encontrar el cuerpo y la manera en que el lenguaje es generado?

Las palabras-maestras de las respuestas aquí dadas en un trabajo que se da por objetivo la unidad del hombre son fáciles de extraer. Todo gira en torno al problema de los universales y de la búsqueda de los sistemas autoorganizadores. El modelo es el de la genética. El problema de los orígenes se resuelve mediante la adopción de la perspectiva darwiniana y de la intervención del azar, azar primero genético que ha llevado al hombre a su forma hablante.

Todo puede resumirse en torno a una concepción que cabe describir como mentalista: «El problema del conocimiento y del pensamiento es de esencia sintáctica.» Basta pues con atención por las ciencias, ciencias biológicas y ciencias humanas, de los sistemas de funcionamiento del psiquismo humano que tienen universales, en la base de los principios de funcionamiento del psiquismo humano que tienen universales, en la base de los principios de funcionamiento del psiquismo humano —los famosos «sistemas autoorganizadores» en los que se hallaría la solución última de los procesos existenciales y cognoscentes del hombre.

La opción Chomsky: el lenguaje como estructura innata universal

Lo esencial está aquí en un modelo inspirado por la genética que sugiere que el microcosmos de las estructuras moleculares microscópicas dicta sus leyes al macrocosmos —es decir, al cuerpo y a sus determinismos esenciales.

En el plano del lenguaje, es la adopción de la perspectiva Chomsky sin ninguna ambigüedad, es decir, que los universales son sintácticos, comunes a todas las lenguas, inscritos genéticamente en el código de una estructura profunda universal. A partir de allí, las estructuras superficiales, es decir, las diferencias lenguas a lenguas, solo se explicarían por las diferencias entre los entornos culturales diversos.

El lenguaje hablado es aquí contingente respecto de una sintaxis inscrita genéticamente, base del lenguaje y del pensamiento.

Las teorías psicoanalíticas esencialmente freudianas son integradas en este modelo de autoorganización del hombre, mediante el sesgo de una universalidad del Edipo, de una autoorganización del deseo, en la base del funcionamiento de la máquina humana a través de la palabra, el modo de autogeneración del deseo, esencial motor del hombre, representa, parece, una tesis que ha hecho huir e implícita al psicoanálisis, idea cuyo alcance nos parece considerable.

En suma, estamos en presencia de un nuevo mito prometeico, racionalista y científicamente construido por biólogos, sociólogos y psicólogos convencidos de la universalidad del lenguaje y muy influidos por el darwinismo, el marxismo, el freudismo, el racionalismo metódico.

La perspectiva opuesta: la lingüística soviética

Nuestro compromiso de audio-psico-fonólogo, si hubiera que elegir, ¿debería hacernos inclinarnos hacia la perspectiva materialista marxista desarrollada por los soviéticos?

En efecto, la importancia y la primacía del lenguaje hablado se afirman sin cesar, mientras que en Occidente la palabra se relega a segundo plano.

Además, el gesto, en la base del pensamiento-lenguaje, reintroduce con toda evidencia el cuerpo en función. Si la referencia a Piaget es frecuente en Léontiev, contra las distinciones graves sajo-no esenciales en la transmisión por el sentido del sentido. Según él, son esenciales mas universales-repartidas sobre el globo, es universal del que los bio-antropólogos occidentales no hablan en absoluto —se olvida, entre nosotros, en Francia.

Por último, por mi parte y muy profundamente, el genio ruso desborda muy ampliamente la ideología marxista-leninista… y pienso poder demostrarlo.

La teoría soviética del reflejo — Sechenov, Pavlov, Léontiev

Sechenov: la sensación como acto reflejo

Léontiev cita extensamente a Sechenov a propósito de su teoría del reflejo psíquico. Nos parece de una indeleble incontestable y representa un sustrato necesario como un aliento para nuestra investigación ya emprendida.

La idea central de Sechenov es, en efecto, que la sensación es un fenómeno psíquico en reacción con la realidad material. El esquema del acto reflejo se conserva aquí y la sensación debe ser considerada como un fenómeno que solo puede surgir en la composición de un acto reflejo, con sus consecuencias motoras, en particular.

Sechenov distingue receptores próxicos (es decir, motores organizados, de contacto y receptores a distancia como los receptores visuales y auditivos).

Nos dice que un ojo inmóvil es tan ciego como una mano estereognósica. Sechenov afirma: sin la participación del movimiento, nuestras sensaciones y nuestras percepciones no tendrían la cualidad de objetividad, es decir, de relación con los objetos del mundo exterior, que solas hacen de ellas fenómenos psíquicos.

Subraya que «todas nuestras ideas sobre el mundo circundante, tan complejas y tan ricas científicamente, se fundan en última relación con los elementos que nos son proporcionados por nuestros músculos».

Pavlov: estructuración cortical por señalización

Esta tesis desemboca en el concepto de analizador a nivel cerebral de Pavlov: el cerebro se estructuraría a través de esta concepción de una función de los analizadores, formando así verdaderos sistemas funcionales capaces de tratar los diversos agentes actuantes, discriminarlos y sintetizar los elementos en forma de un significado de señalización.

Luria: centralidad del lenguaje hablado en el córtex

Luria, por su parte, ha mostrado bien cómo a nivel cerebral esta concepción, central por lo demás sobre el lenguaje hablado, permite elucidar cierto número de mecanismos cognitivos parciales implicados en la lectura, la escritura, la palabra, mecanismos aún poco significativos y difícilmente reducibles.

Pero en esta concepción, «el trabajo del cerebro, este órgano del psiquismo, está aún estrictamente determinado por las relaciones objetivas de las propiedades existentes del mundo exterior, y refleja de manera adecuada estas relaciones».

El riesgo de una deriva materialista

Aquí, hay que ser claro: no podemos aceptar la afirmación tan absoluta, aplicación pura y simple de la ideología marxista materialista. Escapa aquí la cuestión central del lenguaje, la de la capacidad simbólica del hombre, específica, única e inexplicada, a este día, y que —según nosotros— escapa por su esencia a los determinismos materialistas, es decir, a un determinismo exclusivo por el medio.

Permanecemos, por supuesto, en esta opción sobre el tema.

Convergencias con Tomatis: Léontiev sobre el oído

Cabe ilustrar la concepción de Sechenov a través del ejemplo siguiente. Al palpar el objeto y al seguir sus contornos, la mano reproduce sus dimensiones y su forma, y por intermedio de las señales que parten de su aparato motor cierra su moldeado en el cerebro. Al final del desarrollo, la retina del ojo recortado pone, propiamente hablando, la retina de un ojo inicialmente instruido por la mano.

Esta concepción, incontestablemente, permite reintroducir el cuerpo en toda su materialidad funcional en su relación con lo real.

Pero no se puede pasar prueba, en esta concepción, a una dinámica del movimiento —toque— ojo, y el problema del oído no se aborda plenamente en lo que nos toca para el interés privilegiado de esta concepción, que se distingue del Occidente alojado en una dinámica de lo oculótropo visual y de lo mental, por ejemplo lo que está entre Freud y Piaget.

La cuestión está bien planteada por Léontiev: «Uno de los sentidos motores es, sin duda, el órgano auditivo; el oído es, en efecto, un sentido libre, aislado del sistema de la praxis, del aparato de los movimientos musculares externos, es el ejemplo mismo de un órgano contemplativo.»

Cabe objetar aquí 2 cosas capitales:

  1. El vestíbulo forma parte del oído y participa en el equilibrio del cuerpo, en el mantenimiento de la posición de la cabeza en el espacio, en la postura en general, en la percepción de los ritmos, y mantiene estrechos vínculos con los cerebelos coordinadores de los movimientos de los miembros;

  2. El oído controla la fonación como un captor —es decir, que a través de la musculatura del nasofaringe, de las cuerdas vocales, de la respiración, controla la emisión y la vibración del aire que crea los sonidos a través del ritmo-melodía de la palabra, como lo ha mostrado bien Tomatis. Lo que equivale a decir que sin oído, el hombre no puede corrientemente devolver el sonido.

Por lo demás, lo que Léontiev desarrolla extensamente sobre el oído constituye incontestablemente la base experimental de nuestra práctica audio-fonológica, lo cual hace que podamos hacer de él uno de nuestros más grandes iniciadores. Retomo a propósito este término de resonancia dostoyevskiana…

Sordera tonal y oído musical

En efecto, en su capítulo sobre «lo biológico y lo social en el psiquismo del hombre», Léontiev subraya que el hombre se diferencia del animal por su capacidad de crear significación.

Léontiev desarrolla en detalle toda una experimentación muy precisa y muy científica sobre el oído tonal, caracterizando el oído musical y el oído tímbrico, caracterizando así por el oído en el lenguaje hablado.

Eso parece significar que para él lo biológico y lo social en su relación con el psiquismo del hombre pasan por todo este problema de la sensación auditiva. El análisis se centra en la capacidad de diferenciar las alturas de sonido, es decir, el oído musical.

Muestra que la sordera tonal, es decir, la incapacidad de diferenciar las alturas de sonido, es un problema frecuente en el hombre. Experimenta cómo se puede analizar esta capacidad del oído de manera absoluta mediante los sonidos puros y de manera más fisiológica haciendo intervenir el factor timbre, lo que solicita todo el hecho de la percepción de fases de alturas, para un cierto número de pacientes están al dominio. Vale establecer ahí, con toda evidencia, las condiciones de funcionamiento del oído en el lenguaje hablado.

Demuestra de manera científica, situándose en la teoría reflexológica de Sechenov, que bajo la influencia de la acción —es decir, haciendo cantar al propio paciente las alturas a oír y a discriminar— se mejora considerablemente las capacidades de discriminación de su oído.

Eso es el fundamento de nuestra práctica que Tomatis ha codificado anteriormente y ha introducido la realidad de la lateralización del oído.

Jakobson, Tomatis y la voz materna

Por último, hay que recordar que en 1960 apareció el libro de Jakobson sobre «La armazón fónica del lenguaje», que toma pie de la lingüística fundamental de las ideas de Léontiev, contra una de las distinciones graves sajo no esenciales en la transmisión por el sentido del sentido. Según él, son esenciales mas universales-repartidas sobre el globo, es universal del que los bio-antropólogos occidentales no hablan en absoluto.

No podemos olvidar por lo demás que es Tomatis quien, el primero, ha propuesto, en la perspectiva de la escucha, examinar la capacidad de distinguir las alturas y las frecuencias agudas, capacidad sin gran alcance en el plano de la comunicación.

Capacidad actualmente todavía generalmente descuidada en el examen clínico del oído, cuya experiencia específica nos muestra que desempeña significativamente en el aprendizaje de la lengua materna, como de las lenguas extranjeras.

Por último, siempre con referencia a Léontiev, cabe notar que ahora se ha establecido que las variaciones de sentido, en la emisión como en la recepción, parecen portadas por preeminencias esenciales a una comunicación total en el sentido, semántico-lingüístico, integrado por el hemisferio cerebral izquierdo, y de la puesta afectivo-expresiva de la palabra integrada por el hemisferio cerebral derecho.

La voz es bien, para Jakobson, un elemento esencial «que plantea el problema de las inscripciones entre código verbal hasta los constituyentes últimos» fonéticos, por supuesto, y procesos neurológicos centrales.

Incontestablemente, Léontiev y los investigadores soviéticos nos conducen a la idea de un cerebro que se estructura en la interacción con la realidad, en la cual la percepción auditiva concierne al cuerpo con implicación motora, la lengua hablada, tomada de la motorialidad y del movimiento desempeñan un papel fundamental y determinante en su estructuración.

Es importante notar que las ideas de Wernicke sobre la lateralización de la mano se reconstituyen en esta afirmación.

Pero Léontiev y los sabios soviéticos no hablan, al menos a nuestro conocimiento, de la voz de la madre.

La voz materna — clave del aprendizaje y de la lateralización

Tomatis es el único en haber atraído la atención sobre la misteriosa diferencia de longitud de los 2 nervios laríngeos, algunas de las cuerdas vocales, únicos músculos bilaterales que son disimétricos, siendo el izquierdo más largo que el derecho.

Eso implicaría en la madre un mando asimétrico de las cuerdas, el influjo sobreviene más tarde a la derecha que a la izquierda.

Asimismo, Husson, que no es soviético, pero, a nuestro conocimiento, ha hecho trabajos de Mac Léontievici, antenatales, que muestran que la mitad de los más largos, a la izquierda, hiperrofia al funcionamiento de auto-bajo-de-en parientes que llevan el desfase del influjo, por la longitud, o compensado exactamente por la aceleración de producción evolucionando.

Hay que demostrar bien aquí, su no-ortografía en el curso de un mecanismo que provoca el aprendizaje, la acción de la palabra.

Ascendentes que desemboca en su construcción, por tanto una armonización del funcionamiento del lenguaje mientras que los hemisferios adquieren a individualizar y un nuevo, a una experiencia funcional, lateralización dominante, centrada en el problema de la palabra y del hemisferio cerebral izquierdo.

2 cosas aparecen notables aquí:

  • la importancia de los efectos retroactivos motores por la palabra que Léontiev ha subrayado;

  • el hecho de la palabra de la madre, que regula del suministro entre un misteriosamente diacronizado en el plano motor y la asimetría de longitud de los 2 laríngeos.

Pero, para volver a Léontiev, su conclusión sobre el capítulo sobre «lo biológico y lo social en el psiquismo del hombre» no ha desembocado como podríamos esperarlo en estas cuestiones esenciales relativas al sec, el cuerpo y el lenguaje…

Dos afirmaciones masivas

El crítico-materialista se aleja en el capítulo sobre el sec y el cuerpo:

  1. «Las facultades del hombre no están contenidas virtualmente en su cerebro. Si el cerebro encierra virtualmente, no son tales o cuales aptitudes específicamente humanas, sino que es solamente la aptitud para la formación de las aptitudes.»

  2. «Es el mundo lo que aporta al hombre lo que tiene de verdaderamente humano. El proceso de apropiación se efectúa en el curso del desarrollo del cuerpo y del psiquismo, referido al desarrollo del sujeto y de su vida; estos procesos están determinados por las condiciones históricas, concretas, sociales en las que vive y la manera en que vive la forma en esas condiciones.»

Sea bien claro que, vistas estas afirmaciones nos parecen inaceptables y un poco nos es opinión, como también torpe para no ceder a la realidad.

En efecto, si el hombre tiene realmente la capacidad de crear lenguaje y simbólica, se trataría de algo que es medio de una relación personal. Eh es decir que por la dinámica individual, más o menos consciente de evolución del hombre, cada hombre se crearía desde un punto nuevo, específico en un sentido verdadero, es la dialéctica de realidades del mundo social y concreto del llevar.

Eso es particularmente evidente en los grandes desnudos, inmortal en lucha, donde aporte trascendental al mundo se ha hecho evidente y no puede abatirse en, a priori, sin ningún otro en el mundo.

La función simbólica — más allá del materialismo

Asimismo podemos, en su lugar, elegir entre las teorías mentalistas, el fundamento reductor y de la bio-antropología y de las teorías reflexológicas soviéticas contundentes con la psicología absoluta.

Tenemos que formular ahora nuestra propia teoría sabiendo que somos aquí acusados del peligro de la ideología, redoblantes falsa pues desviando sus sistemas fundamentales de la realidad compleja y nos presencia, realidad que no puede ser común indignamente.

Esta teoría, según nosotros, debe:

  • respetar e integrar las verdades parciales ya recortadas por la ciencia;

  • redescubrir la idea de la ruptura fundamental que permanece en el fondo de todo proceso de conocimiento y dejar la vía abierta a una nueva teoría mejor fundada;

  • ir con una dinámica de los buenos sentidos (del buen sentido) donde a otra, no puede ser difícil sino instintivamente de la vida abierta, derivando del poder entrar en todo momento.

Así, nuestra teoría debe fundarse en una concepción personalista del hombre.

La madre, la fusión primordial y el don de la palabra

La referencia obligada a la persona remite a todo el problema de la máscara a través de la cual pasan los verdaderos sentidos.

El hombre quiere pues primero ser viviente, y el cuerpo resuena a las estimulaciones del mundo. Se reanima más o menos perfectamente de estas estimulaciones, y eso en función de su historia personal característica única, y resuena ante todo al sentido de la voz, verdad ahora poco discutible.

Es la madre quien transmite el don de la palabra, quien guarda el privilegio de iniciadora primordial, como primera de la diferenciación de la persona, a través de sus capacidades de alumbramiento y de escucha.

He aquí la madre persona única, portadora de la Ley del mundo a través de la lengua de una cultura dada, y el carácter fundamental de la persona a los trayectos, es, en esta interacción extraordinariamente compleja y problemática, entre una palabra de mujer y un oído de niño, donde el cuerpo entero de los niños aparece receptor de los sentidos y creador de sentido.

La madre será primero mediadora de las relaciones con el medio y el Padre. Los otros y ella inculcan incontestablemente esa capacidad de resonancia que funda la persona.

La cascada gigante cuestión, totalmente ligada a la precedente, es a continuación la del acceso a la función simbólica, atributo fundamental, esencial, universal de la persona humana, de la persona parlante.

La función simbólica en propio

Problema mucho más importante a plantear que el pensamiento central del hombre y de la indagación que parecen ser o tener.

¿Cómo está liberado a la aptitud para estructurar aptitudes, como nos decía sus rusos-marítimos, casos de ideal genética nos él primordial. La función autoorganizadora del conocimiento, guantes de conocimiento a nivel del pensamiento parlante.

Hipótesis así contradictorias a la una o a la otra al menos evidentes:

  • la primera niega el aspecto personalista de la conciencia individual, la otra eleva artificialmente el pensamiento del cuerpo biológico sordo a los aparentemente repetitivos de la realidad, actuando sobre los aparentemente repetitivos de la realidad, actuando sobre las capacidades sensoriomotoras.

¿Qué es la función simbólica?

  • es consustancial al proceso cognitivo del hombre, de su capacidad de resonancia al mundo;

  • es la capacidad de extraer arbitrariamente una significación de lo real complejo que la rodea mediante mecanismo de identificación —imitación por el cuerpo;

  • es también significación en el otro y debe ser interpretada por él en el propio proceso cognoscente: remite al concepto de coexistencia humana, a la coalescencia del sujeto y del objeto, es decir, que no puede ser justamente citada sino en una concepción fenomenológica del conocimiento;

  • remite directamente al hecho a una interrogación del conocimiento, sobre la esencia del conocimiento, fuertemente fundada sobre la reacción psico-sensoriomotora al mundo y a los demás, preservando la idea de una verdad fundamental de este proceso, esencialmente insondable y universal, mas vehículo de valores universales.

El lenguaje hablado nos parece ser la cima de la función simbólica.

Crítica de la arbitrariedad del signo

Esto implica que cuestionemos del modo más enérgico el principio de la arbitrariedad absoluta del signo lingüístico enunciado por De Saussure y objeto de una creencia casi religiosa en Occidente.

Se ve bien que conversamente, en efecto, la función simbólica se detendría al aspecto óculo-gráfico y no se extendería al sonido.

Otros que nosotros y lingüistas eminentes están de acuerdo sobre estos argumentos en ese sentido.

Una sola demostración la más evidente del principio saussureano de la arbitrariedad absoluta del signo lingüístico es el rote urnal. Una de las primeras palabras del niño que designa a su madre es, con toda evidencia, primero simbólica y no arbitraria.

En efecto, hay calogía profunda aquí en torno al gesto bucal de succión hacia el de la madre por el niño, que se vuelve en un momento dado portador de sentido, que es también de un proceso sintético, significativo de la intususcepción querida, cuyo valor es absolutamente único e irreducible en el tiempo.

Pero como en casi todos, universal a todas las culturas, marca este paso fundamental y reflejo al símbolo como nombre.

Eh que la palabra nos remita a la madre, que marque una etapa muy importante de la función simbólica, nos parece un problema antropológico fundamental. Despeja la cuestión del simbolismo fónico como originario y fundador del conocimiento.

Los psiquiatras saben bien que hay que inquietarse de un niño que no dice mamá.

Marcel Jousse y la antropología del gesto

Es Jousse quien al mismo tiempo debía aquí en evidencia este paso del gesto corporal al sonido y al sentido, y se opera, según él, a través de la máscara.

Antes que Mac Luhan, ha llevado su atención de manera espectacular sobre la trágica extremo para elucidar los mecanismos del discurso de estilo oral, de los pueblos del oído, de los pueblos sin escritura.

Ha dicho: «Dios dispuso poco que el hombre se ha hecho que de gesto; pero no tiene, como sin embargo-juventud, que gestos. Pero su vida interior está toda tendida de estos complejos sucintos.»

Es decir que anuncia a Sechenov.

Nos parece muy significativo que el religioso como Jousse, que ha desarrollado su enseñanza en la Sorbonne, por lo demás, alcanzando la espina de un aún soviético, a través de los principios de la importancia del aspecto motor del lenguaje, cada cual permaneciendo en un proceso que le es propio en cuanto a sus preocupados.

Cabría añadir a esto que Boulgakov, gran filósofo y teólogo ortodoxo ruso, antiguo profesor de economía marxista alcanzando el hecho a Jousse sobre la cuestión del simbolismo fónico, en tiempo en que De Saussure despejaba su postulado.

Se hace también saber que psicólogos ucranianos evidentemente a la epopeya actual han aportado argumentos muy sólidos, experimentales, en favor del aspecto simbólico del lenguaje humano.

Nuestros trabajos por otra parte en el mismo sentido son oyentes en Occidente.

Jousse así nos parece ser realmente un solo teórico del lenguaje que permita fundar incluso fisiológicamente la cuestión del simbolismo fónico. Como, por lo demás, comienza los trabajos de Jouvet, el sueño en efirme que «el sueño es un rejugado cinético global incesante».

Intususcepción y praxis laringo-bucal

Jousse, en efecto, muestra de manera evidente cómo se efectúa este paso capital de las praxias óculo-manuales, base del gesto humano y del mimismo —mimetismo de las interacciones del mundo real— a las praxias auriculares laringo-bucales.

Para él, el lenguaje hablado es la expresión del ser entero, por «intususcepción» de los gestos corporales manuales.

«Intususcepción» siendo un neologismo de su invención que es el equivalente de la interiorización de la acción en las teorías soviéticas, mecanismo de base, podría decirse, de la función simbólica.

La praxia ocular-corporal nueva se volvería por transposición praxia auricular laringo-bucal.

Jousse habla aquí de irrefrenable tendencia: todo el problema está bien en este paso sonorizado a través del oído, misterio de la capacidad cognoscente del hombre, fuente de su libertad.

Para Jousse, pues, «los matices están en el origen del lenguaje»: matices, cuya palabra deberá su origen a la palabra madre.

Ritmo y fonemas: convergencia con Jakobson

Estas consideraciones sobre los ritmos energéticos, el ritmo-melodismo, el ritmo-semantismo, son muy significativas de la importancia de las discriminaciones de los parámetros de los sonidos del lenguaje oral en la integración del sentido a nivel del sistema nervioso, anunciando aquí también el trabajo reciente de Jakobson.

Muestra cómo la consonante diferencia el gesto en el sonido mientras que la vocal universal y la tela finalmente la ritmo-melodía a través de la intensidad-duración.

También él plantea el problema de las lenguas a tono, apoyadas sobre la vocal, preocupación común a Léontiev y rica de observaciones neurofisiológicas actualmente muy significativas.

Jousse subraya la importancia del soplo laríngeo, por tanto, de la respiración, imprimiendo, reforzando la bilateralización del gesto corporal del lenguaje hablado, reproducido en la escritura.

A este propósito, y mientras hoy Foucault y algunos lingüistas partidarios de un acceso directo, por el ojo, a las significaciones (remite todo el lenguaje del ojo a Vendryès), parecían querer volver a poner de moda el ideograma chino, Jousse ha inspirado la tan bella tesis de Tchang Tch’eng-Ming en 1937 sobre «La escritura china y el gesto humano».

Se trata de un brillante estudio sobre los ideogramas arcaicos que datan de menos 1400 años antes de Jesucristo. Muestra que estos caracteres no son sino la transposición primero de los gestos y luego de las discriminaciones fonéticas. Los caracteres ideográficos modernos no son finalmente sino una deformación de los originales arcaicos por estilización arbitraria… Tentativa suprema del letrado de desviar el conocimiento en su provecho… Fenómeno central de todo el problema de lo escrito.

Jousse ha creado la palabra de algebrosis para hablar de las lenguas actuales, de los países de la escritura muy alejadas de la espontaneidad originaria del lenguaje gestual-oral.

Para Jousse, «las palabras son fragmentos muertos de un conjunto gestual viviente, de lo que llama un gesto proposicional».

El gesto proposicional

El gesto proposicional es el sintetismo viviente del hombre frente a la naturaleza como el del niño libre frente al mundo viviente.

Un ejemplo concreto nos bastará para sugerir de qué se trata y para mostrar lo que podría corresponder al lenguaje simbólico original, etapa fundadora del hombre en el niño:

En francés, se designa a un hombre que siega mediante la frase: «il fauche avec sa faux». Hay pocas relaciones entre significante y significado. Cabe retener solamente una vaga analogía en el gesto de barrido evocado por fauch…

En ruso, la misma frase se diría cosic, cosoï, verdadero gesto proposicional, centrado en la repetición del sonido, muy evocador de la guadaña, sin artificio superfluo, expresión inmediatamente evocadora del gesto vivido y de la interacción repetitiva con la hierba a abatir.

Quienes no han comprendido deben a toda costa aprender a segar…

Por mi parte, la terrible frase de Jousse: «el grafema da la muerte, el soplo da la vida» me ha recordado brutalmente que escribía —escribía para poder hablarles de Marcel Jousse…

Conclusión — la palabra como símbolo sonoro resonante

Así parece llegado el tiempo de la conclusión:

  • Es capital interrogarse sobre los orígenes del lenguaje y pensamos haber demostrado que la manera en que se responde a esta cuestión no es en absoluto neutra en las prácticas cotidianas de las ciencias del hombre, desde la pedagogía hasta la psicología y la terapéutica.

  • No hay lenguajes, hay un lenguaje hablado que implica todo el cuerpo, que implica el Ser al mundo del sujeto parlante a través de la sensación auditiva.

  • La palabra es fundadora del hombre, es el símbolo superior del hombre viviente, símbolo sonoro dotado que se desarrolla en el tiempo.

  • Símbolo significado, la palabra es portadora de la modulación afectiva y de la modulación semántica, ambas inscribiéndose diferentemente al nivel de los hemisferios cerebrales asociados en su paso.

  • Por su ritmo-semantismo, simpatizado por el sonido que lleva el sentido, todo el sentido de tal mujer o de tal hombre, la palabra a través de sus discriminaciones sonoras nos invita al otro, invita a la resonancia.

  • Y por su historia personal de quien habla —es decir, con la manera en que ha podido individualizarse a partir de la fusión primordial con la madre y de los avatares de la aventura personal (tentación siempre presente de sentirse víctima o de hacer al otro víctima)—, resuena con su manera de detentar cierta verdad sobre el mundo y sobre los demás; conocimiento que remite a la manera en que cada hombre o mujer ha podido saber motoramente integrar la realidad circundante de la que no puede ser totalmente, artificialmente separado.

Esta invitación a la resonancia es un todo indisociable en realidad, representa un sentido, una significación absolutamente única en el cosmos, que evoluciona en el tiempo, definida en cada instante, la trayectoria temporal de la persona parlante desde su nacimiento hasta su muerte. La palabra expresada o secreta es símbolo sonoro permanente de la persona parlante y debe ser interpretada como tal.

La unidad del hombre solo puede realizarse en torno a la palabra, como a la función simbólica, es decir, posibilidad única e irreproducible idénticamente de crear sentido a través del sonido, cuyo origen remite ante todo al misterio de la conciencia humana y de los valores trascendentales al mundo material que atraviesa.

— Dr J. Raynaud, comunicación al Congreso de la Association Française d’Audio-Psycho-Phonologie, Burdeos, 22 de noviembre de 1981.