El efecto Tomatis
El efecto Tomatis — presentación por Louis Longchambon (1952)
Folleto de presentación del efecto Tomatis firmado por el profesor Louis Longchambon, profesor honorario de Universidad. Este texto breve (cuatro páginas, signatura bibliográfica 610.221-1) constituye una de las primeras formulaciones públicas de las tres leyes fundadoras de Alfred Tomatis: la voz solo contiene aquello que el oído escucha; restituir al oído traumatizado la percepción correcta de las frecuencias restablece instantáneamente la fonación; toda modificación artificial impuesta a la audición se transmite al dispositivo fonatorio.
EL EFECTO TOMATIS
Fue en el ejercicio de la medicina del trabajo cuando el Dr Tomatis llegó a los descubrimientos que llevan en adelante su nombre y que conciernen las relaciones entre la fonación y la audición, así como la posibilidad de corregir tanto la una como la otra de estas funciones esenciales.
Examinando a obreros aquejados de sordera profesional a consecuencia de largas estancias junto a máquinas ruidosas, el Dr Tomatis observó que los traumatismos del oído iban siempre acompañados de cierta deformación de la voz. Se planteó entonces la pregunta de si la audición deformada no sería la causa de la deformación de la voz.
Analizando con mayor finura los defectos de la audición que se traducen en una sensibilidad disminuida frente a determinadas frecuencias, constató que esas frecuencias mal percibidas por el oído eran justamente las que resultaban deficientes en la voz del sujeto. Era el primer descubrimiento fundamental, la primera ley de Tomatis, que enunció así: la voz solo contiene aquello que el oído escucha.
Tomatis demostró a continuación que, si se restituye al oído traumatizado la posibilidad de una audición correcta de las frecuencias mal percibidas, estas se restablecen en la emisión fonatoria, instantáneamente y sin que el sujeto lo advierta. Es la segunda ley de Tomatis.
La tercera consiste en la generalización de esta relación audio-fonatoria aplicada a los oídos normales. Puede expresarse así: el oído impone al dispositivo fonatorio las modificaciones de audición que se le imponen artificialmente.
Para ello, Tomatis hace hablar a un sujeto de audición normal ante un micrófono conectado a dos auriculares colocados sobre los oídos del sujeto. Este oye entonces su propia voz sin alteración, y el observador independiente no constata modificación alguna de su emisión vocal.
Tomatis intercala entre el micrófono y los auriculares un amplificador dotado de un sistema de filtros mediante el cual puede modificar el espectro acústico de la voz transmitida al sujeto. De inmediato, el espectro acústico de la voz emitida se modifica de la misma manera en que acaba de modificarse en la voz escuchada, y ello sin que el sujeto lo advierta, mientras el observador independiente sí lo percibe.
Si, por ejemplo, el sujeto es un inglés sometido al audiómetro y se disminuye selectivamente la intensidad de los armónicos agudos, se oye aumentar la nasalidad del sonido emitido por el sujeto y se percibe, de forma instantánea, el acento americano. Este ejemplo es por lo demás un indicio evidente de que la causa auditiva está en juego.
El Dr Tomatis se propuso entonces investigar en qué condiciones el oído podría conservar el beneficio de la experiencia y mejorar progresivamente su ejercicio mediante una excitación artificial; y a esta pregunta responde la doctrina de Tomatis al afirmar que la audición forzada, alternativamente mantenida y suspendida, llega a modificar de manera permanente tanto la audición como la fonación. Se adivina con facilidad que esta última observación orienta la terapéutica hacia las reeducaciones de la audición de las víctimas de la sordera profesional, y hacia una técnica de corrección de la voz hablada y de la voz cantada.
Pero el intento de interpretar este conjunto de fenómenos, siendo el sujeto un caso más complejo —la vocal E por ejemplo—, el aparato hace oír la vocal modificada E’ que se transmite bajo la forma de un influjo nervioso a la zona cerebral auditiva. Esta información se transforma de inmediato en una ordenación de la fonación que sustituye la ordenanza vocal E’ por la ordenanza vocal E espontáneamente emitida por el sujeto.
Bajo el efecto de la ordenanza recibida, los nervios que gobiernan los músculos del dispositivo fonatorio —es decir, de la laringe, de la cavidad bucal, de la lengua y de los labios— ajustan entonces ese dispositivo para que la emisión E se efectúe, y ello al margen de la conciencia y de la voluntad del sujeto.
Pero las cosas van mucho más lejos. Es sabido que existe un oído privilegiado, el oído derecho por lo general, cuyas informaciones son seguidas con exactitud por el proceso emisor. Pues bien, el dispositivo del Dr Tomatis permite al oído derecho, en unas pocas sesiones, recuperar su preponderancia como oído director. Este resultado se verifica fácilmente mediante el estudio de los audiogramas característicos de cada oído.
Y el beneficio de un buen oído director, como el de una buena audición en general, es muy importante; se ha observado por ejemplo que muchos niños retrasados deben el diagnóstico de cosas que llevan mal en los estudios, bien a una mala audición, bien a un oído director insuficientemente especializado. Por ello se constata en estos niños una modificación automática rápida de un tipo que mejora su insuficiencia auditiva, hasta el punto de que parecen transformados en el plano intelectual y en el plano psicológico.
En cuanto a la historia de la tartamudez, ilustra la importancia del efecto Tomatis. Se sabe que cuando se habla ante el eco de la propia voz, el eco permanece sin efecto mientras el retardo entre la emisión de la voz y el retorno del eco es demasiado grande como para no crear confusión. Pero cuando el retardo disminuye y se reduce al orden de unas pocas décimas de segundo, aparece en toda persona normal una tartamudez incoercible. El fenómeno se obtiene prácticamente de modo instantáneo. Cuando el cabezal emisor se coloca a algunas decenas de centímetros de la película o de la cinta, el orador se escucha con unas décimas de segundo de retardo respecto a la grabación, y tartamudea.
El Dr Tomatis se preguntó entonces si este mecanismo podía estar en juego en los tartamudos, y si podía hallarse cierto retardo en su sistema audición-fonación. Examinó con este fin a cien tartamudos. Noventa eran diestros, diez eran zurdos. Los noventa diestros tenían como oído director el oído izquierdo. Los diez zurdos tenían como oído director el oído derecho, ambos grupos en contradicción con el estado de cosas normal.
El Dr Tomatis hizo entonces el siguiente razonamiento: en el sistema audición-fonación normal, el oído derecho del diestro, oído director, transmite la información al cerebro izquierdo, el cual a su vez transmite la orden al sistema fonatorio. Esto comienza en un tiempo t. Pero si el diestro tiene como oído director el oído izquierdo, este transmite la información al cerebro derecho. Ahora bien, en el sujeto diestro, es el cerebro izquierdo el que efectivamente gobierna el órgano fonatorio, y el tiempo t precedente se ve aumentado del tiempo T necesario para que la información pase del cerebro derecho al cerebro izquierdo. Es esta duplicación del circuito cerebro derecho / cerebro izquierdo la que produce el retardo responsable de la tartamudez: con oído izquierdo director, se tartamudea. Pues bien, cuando el Dr Tomatis, en unas pocas sesiones, suprime de modo definitivo la tartamudez en el tartamudo, restaura el oído derecho en su papel de oído director.
Ante adquisiciones tan importantes, tan firmemente coordinadas, es lícito esperar que nuevas investigaciones permitan, mediante la ampliación regulada del fenómeno auditivo en ciertos sujetos discapacitados —y a menudo sin que ellos lo sepan—, obtener la apertura mejorada o incluso inédita de ciertas zonas cerebrales hasta entonces mal explotadas o inexplotadas. Se presiente por ahí la riqueza del efecto Tomatis, ante todo y con seguridad en lo que concierne al proceso de audición-fonación, pero quizá también en ciertos procesos de la intelección.
Louis LONGCHAMBON,
Profesor honorario de Universidad.
Fuente: folleto en separata, signatura bibliográfica 610.221-1 (Encuadernación A. Vallée Imp., París), 4 páginas, hacia 1952. Documento digitalizado procedente de los archivos personales de Alfred Tomatis.