Las reacciones somáticas y psíquicas al ruido industrial
Las reacciones somáticas y psíquicas al ruido industrial — Archives des Maladies Professionnelles (1959)
Comunicación de Alfred Tomatis publicada en los Archives des Maladies Professionnelles (Tomo 20, N.º 5, 1959, pp. 611-624). El autor, prolongando sus trabajos anteriores sobre la sordera profesional y la audiometría objetiva, amplía aquí el debate a las reacciones somáticas y psíquicas provocadas por el ruido industrial. Distingue un primer grupo de reacciones cuyo punto de partida es la afectación auditiva (astenia, irritabilidad, trastornos psíquicos, síndromes postraumáticos), y un segundo grupo cuyas manifestaciones son independientes del oído y nacen de una acción mecánica directa del ruido sobre los tejidos, a intensidades elevadas (130-170 dB). El análisis desemboca en una física vibratoria de la «patología del ruido» de la que el autor extrae las consecuencias para la medicina del trabajo.
III. — Las reacciones somáticas y psíquicas al ruido industrial
Por M. A. TOMATIS (París)
Impreso con el periódico Archives des Maladies Professionnelles. Extracto del T. 20, N.º 5, 1959, pp. 611-624.
Introducción
Cierto es, es en el oído y solo en el oído en lo que se piensa cuando se trata del ruido. ¿No ha sido particularmente concebido para percibirlo, aprenderlo, apreciarlo? ¿No ha sido especialmente designado para oír?
Esta aplicación estricta a la función única del oído, esta restricción de orden fisiológico, parece desconocida una vez más en el estudio de la patología del ruido. El oído, se sabe en efecto, considerado, ¿podría otro órgano resultar afectado, perturbado incluso en su funcionamiento allí donde aparece el ruido? Y ello quiere decir que no seamos capaces de contemplar trastornos de otro modo que por el oído. Pero no, no más de lo que vemos de otro modo que por el ojo.
Todo lo demás dicho, hoy nos revela que el ruido perturba el organismo entero. ¿Cómo es entonces que no haya sido considerado como patrimonio del oído? Y, siendo el oído el privilegio de oír el ruido, no es el único en recibir el ruido industrial.
A decir verdad, ya no se trata de ruido propiamente hablando, tal como se le puede entender, y tal como nosotros lo concebimos, sino de fibras nuevas que escapan a las vías fisiológicas normales de la percepción.
Se ha planteado, a decir verdad, la cuestión de una denominación exacta para caracterizarlo, para designarlo. Por ello habría sido más preciso hablar solo de fenómeno vibratorio industrial. Esta terminología más física tendría la ventaja de agrupar, en efecto, todas las manifestaciones vibratorias que se observan en los distintos recorridos de esta energía vibratoria acústica.
Los ruidos no son en efecto originalmente sino ruidos armónicos audibles, llamados sonidos, que ocupan su lugar en los fenómenos vibratorios, mientras que la hipertrofia monstruosa de sus parámetros, en particular de la intensidad, desembocará en el ruido industrial.
El oído no tiene nada de ese «agente físico» solapado y violento llamado ruido. La primera afectada, la primera lesionada. Es ampliamente desgarrada, presenta saturada rápidamente escritas, y lo que en nuestros estudios sobre ella, gracias a las series de exámenes actuales, es no modo de comportamiento en la evolución de su destrucción más que su estructura misma.
Pero ¿será esta destrucción sin daño para el resto del organismo? ¿No veremos aparecer una multitud de signos clínicos y generales que traducen la afectación secundaria? ¿No existen, en fin, reacciones somáticas y psíquicas independientes de la afectación auditiva?
Para responder a estas distintas preguntas que resumen nuestras investigaciones actuales, adoptaremos el esquema siguiente: Reacciones del oído. — Reacciones somáticas y psíquicas cuyo punto de partida resulta ser secundario a la afectación de la audición. — Por último, las reacciones aparentemente independientes de la afectación del oído.
Las reacciones del oído al ruido
Están comprendidas en su evolución desde tres fases clásicas. Desembocan ineluctablemente tarde o temprano, en función del tiempo de exposición, en función de la calidad del ruido, en función de la sensibilidad individual del sujeto expuesto, en la sordera profesional.
Esta variedad rápidamente irreversible, tan difícil de compensar, ensucia la audición sin destruirla por completo, desafectando la zona de interés por discriminación parcial del receptor, modifica la curva audiométrica sobre un perfil siempre idéntico y, en suma, tan caracterizado por su estrechamiento del campo auditivo.
El que ella afecta no es un sordo sino un sordo especial. Oirá pero no comprenderá ya nada.
La sordera profesional, ampliamente desarrollada por otra parte, no es sino la culminación del comportamiento del oído al ruido. ¿Quiere decir esto que el oído podría, desde entonces, ser prácticamente inatacable? ¿Permite, o simplemente sin revelar signos sobre los que se le atacan, no manifestarse de otro modo que por una caída de la percepción de sus signos?
Son problemas cuya importancia se puede medir fácilmente. Es cierto que existen reacciones auriculares que traducen el sufrimiento auditivo y, si nos es posible detectar el momento en que el oído corre el riesgo de llegar a un estadio más allá del cual las lesiones son irreparables, habremos adquirido entonces un elemento considerable en la lucha contra los perjuicios del ruido.
Desde hace algunos años, nos hemos dedicado a este problema, a saber, cómo una audición normal en su origen podía comportarse bajo el ruido antes de sufrir alteraciones definitivas e importantes. Hemos intentado poner en evidencia un signo de alarma característico, que indique el momento oportuno para intervenir. Hemos intentado definir las modalidades de evolución.
Primera fase — Fase de despertar
La sensibilidad auditiva, ampliamente desarrollada por la absorción intermediaria del oído, no es del todo normal. Es, en general, ligeramente excesiva, acentuándose la sensibilidad del sujeto expuesto. Bajo una forma de exámenes sistemáticos, aparece un reclutamiento auditivo curioso. Sin embargo, no ensucia pronto a la verdadera remanencia en el modo de percepción del oído; el desplazamiento subjetivo un poco más en agudo que la media.
El lado de borrado del oído medio se ve entonces modificado. Se vuelve incapaz aparentemente de proteger el oído interno y es este el que es, por la circulación de los sonidos obligados de sus músculos de las protecciones, es decir, el que está en alerta.
La protección coclear se efectúa plenamente, según parece, con una tensión suficiente para exclamarse un papel de reductor de intensidad, la tensión de la membrana timpánica en la vecindad de la base, es decir, en el nivel de los 4 000 Hz, aumenta en proporciones tales que se arranca una destrucción parcial, por desgarro o microlesiones de esta, reduciendo la resistencia osteomuscular del aparato de transmisión, que traduce el pavimento por un reductor de los sonidos de las frecuencias Aire-Hueso, y siempre observada. Preludian a la lesión propiamente dicha y el oído interno, mediante una inestabilidad ante el prestigio mediante una crispación de las compensaciones en primera instancia.
Es el objetivo el que lucha, es la vanidad la que salva, es la apertura alta. Cualquiera que sea entonces la frecuencia que cubre atribuyendo en el oído interno, podrá aún salir hacia el exterior, es decir, la membrana móvil, en la base.
La base muscular, a la larga atestada de loberos atrapados para que las extremidades de esta partida arrastren los hilos a su vez. La fatiga se establece, se estabiliza rápidamente.
Esta fase no dura sino unos pocos días, la audición vuelve a su tasa anterior en cuanto basta una estancia bastante larga. Hay que investigarla. Hay que sistematizarla. Eso requiere mucho tiempo. Es de temer que, si existe en el laboratorio de investigaciones clínicas que dispongan del equipo a la vez técnico y médico adecuado, se llevara una investigación fructífera sobre la evolución mecánica sonotone consagrada a la renovación de la renovación, los marcadores y la calidad de la gran sordera, las curvas de diferentes funciones del oído tal como en la curva es una.
Segunda fase — Fase de alarma
¿Cuánto durará esta fase? Es más larga más en función de la importancia del ruido ambiente, que de la continuidad, de la duración de las fases de reposo, y la práctica de recuperación construye, de hecho, en función de los factores susceptibles de engendrar o conmover excesivamente un órgano oleo-muscular fino.
En los medios del tipo de los choques causantes, la audición aún al día siguiente. Puede dar un déficit de la fase de alarma. Una discontinua que no excedía los 110 dB en su intensidad global, la fase de alarma puede durar varias semanas o algunos meses. Por el contrario, junto a los motores de avión de pistones de reactores, esta fase de alarma se ve considerablemente acortada y puede no durar sino algunos días o algunas horas.
Esta fase es verdaderamente anunciadora del déficit inminente de la audición. Aparece desde establecimientos importantes de la fisiopatología del oído. Se traduce, como hemos visto, en manifestaciones subjetivas un poco particulares como acúfeno de frecuencia aguda y constante, vértigo, sensación de derrumbamiento del potencial de acomodación auditiva sobre las frecuencias del aire y del martillo.
No hay que ver ahí sino una fatiga excesiva permeable tal como podría admitirse de los dos modos extremos, sea de la repetición demasiado frecuente de un mismo movimiento, sea de la repercusión de una tensión de demasiado larga duración, pues el gesto de repetición tal el caso no tendrá esta concesión. Por ello debemos esperar, paralelamente a nosotros, cada vez más considerable, un cambio apreciable de la calidad de la audición durante la fase siguiente. La confirmación de esta hipótesis nos la da la recuperación de la audición durante la puesta en reposo del sujeto durante varios días en un silencio relativo.
Se concibe fácilmente que un solo a la ligereza e insuficientemente solicitados su aparato de transmisión, de amplificación, de reducción, de compensación pueda arrastrar demasiado, repercutir dolorosamente. Se comprende que el ruido demanda más bien metálico, inmortal bordaje. Es ahí un fenómeno de hiperacusia dolorosa idéntico al recogido en el curso de las parálisis faciales.
Dicho de otro modo, el sujeto llega a este estadio existente en las sacudidas de defensa de su aparato, la falta de tensión auditiva en exigirá de la membrana móvil, semejante nula poco hasta ella ya no matizando más una intervención muscular, ya que no es de una transmisión mecánica.
Tercera fase — Fase de agotamiento
Mientras el ruido ambiente continúa sus efectos destructores sobre el oído, la percepción —se ha visto— se modifica, se transforma en su cualidad; el campo auditivo se altera por destrucción de una amplia banda de los agudos. No queda sino una suerte de pasa-bajos. Los ruidos se vuelven más mates, los agudos y en particular los armónicos desaparecen, la alteración afecta al timbre, la cualidad brillante de toda excitación sensorial auditiva se embota. Sonidos sucios, opacos, sordos, secos, blancos, sin relieve, sin sabor, fatigantes, exasperantes, sofocantes. Aparece la incomprensión de toda conversación. El sujeto se vuelve un magma indigesto de ruidos y confusiones inútiles, pueriles, ininculcables, desembocando el conjunto en la percepción de una sucesión de mil sonidos de brillos medios palpables, pero desteñidos.
Oír y comprender. Es a esta enfermedad monstruosa a lo que desemboca la sordera profesional.
No hay apenas suplicios más singularmente desalentadores que esta permanencia del oído al hablar. El sujeto, no oye, la mayoría de las sílabas no son sino una mezcla siembra de fenómenos nuevos.
Pero esto no es todo aún. El oído en efecto, totalmente sufriente mucho mutes y ofuscante entonces que a sus inflorescencias más grandes, así, cuyo desarrollo analítico estaría siempre limitado. En la sordera profesional, se sabe. Cuanto más se desarrolla la conversación, más fija será la audición, más cortada será la discusión. Ya no hay sino un grano despejado.
La voz, no cabe duda, seguirá fielmente el esquema auditivo. Estará tanto más afectada cuanto más progrese la pérdida, traducción negativa de un déficit auditivo más importante. Por añadidura, a medida que esta aireación se afirma, más se desconcierta, se acortece, se carga aún, unidos al oído, muchas otras agresiones más o menos importantes. El temor es entonces que la existencia de una vía radial, sin el ruido de ruidos chasqueantes, quitinosos, brillantes, exaltantes. Necesitamos, el oído necesita pudrirse de los sonidos armónicos. El fenómeno nos parece capital. Nos es posible vivir en ambientes sordos, no es que nuestros medios de atención puedan mantenerla, sino que esta se verá disminuida una parcela de aire-tutor, que podemos manifestar la expresión que las once vivir es principalmente claro, en cambio los sonidos muy cuadros insultan la lluvia.
La educación del oído al ruido
Es una verdadera gimnasia del oído, propia de una cultura física que impone movimientos bien precisos, bien apropiados.
El objetivo a alcanzar es, precisémoslo de nuevo: poner al máximo el músculo del estribo, distender al máximo la membrana timpánica.
Poner el músculo del estribo en cadena fácil. Basta con aumentar progresivamente el paso de las presiones acústicas, es decir, abrir el músculo a la tensión cada vez más importante gracias a «poletes», ejercicios acústicos bajo los que se eligen las vibraciones sonoras. Es simple. Para ello, bastará pues hacer oír a un oído ruidos de intensidades crecientes.
Tirar un relajamiento máximo de la membrana timpánica es una realización más compleja. Hay que imponer al músculo del martillo una elongación máxima, es decir, llevar a una posición extrema al bloque incudomaleolar por atracción del músculo del martillo lo más afuera posible. Se sabe, se ha visto, este desplazamiento exagerado conlleva un retroceso del estribo, distiende el conjunto.
¿Cómo lograrlo? Fisiológica y prácticamente es el esfuerzo aportado para escuchar los sonidos inferiores oídos a una voz de bajas frecuencias gruesas lo que se impone. A su estribo, el árbol la reina, escuchar los sonidos tenues. Las muescas se ordenan. La inundación es, ella, larga y monótona. El movimiento muscular no cubrirá bien aún las frecuencias oírse en la zona de los graves medios, es decir, con los componentes de debajo de los 500 períodos, hay que ejercer un relajamiento máximo en el nivel de la membrana timpánica.
Vemos además, en curso de tratamiento, en el laboratorio que prueba la educación del ruido fabricado la estimación considerablemente su adaptación a la percepción de las frecuencias graves. Dicho de otro modo, la percepción de los graves se sacude y se hace, bajo adaptación coclear, una verdadera prefiguración una verdadera movilización del aparato membranario para alcanzar posiciones espaciales dirigidas.
Las reacciones somáticas y psíquicas cuyo punto de partida resulta ser la afectación auditiva
Agruparemos intencionadamente las reacciones somáticas y psíquicas que encontraremos en presencia de un ruido de fábrica cuyos topes aún mensurables, para el oído, son sin daños.
Observaremos las condiciones, el oído ve su campo de audición auditiva considerablemente modificado en su estructura, sin daños para el organismo todo entero.
La sensibilidad extraordinaria, sin igual, la susceptibilidad excesiva del aparato auditivo explica con qué importancia, con qué agudeza, van a surgir los signos de oyente ante esta intoxicación dolorosa que es el ruido. La manifestación que se encuentra considerablemente aguda por una distonía neurovegetativa cuyo terreno es aún todo de barboteos y los silbidos de oído son los primeros signos locales cuya etiología está directamente ligada al agente valentinois. Las cefaleas, llegando hasta acompañarse de náuseas, traducen la exaltación de una excitación pendular desplazada, plenamente a las veces.
Es el hecho que viene en cabeza de los trastornos más frecuentemente encontrados, la astenia que en él se justifica. Todo parece normal. La clínica permanece muda, el apetito se conserva, el sueño profundo. El examen no aboga en favor de una intoxicación del ruido. Pronto sin embargo el cansancio se acompaña de un adelgazamiento a menudo apreciable, considerable, siempre bastante sorprendente teniendo en cuenta la aparente buena forma física, en su etiología. Para ella misma, el sujeto tiene, en efecto, su tono, sus ganas de hacer, y los ritos del ruido, las tendencias. Se vuelve secundario en la excitación, sus humores son cambiantes, manifiesta este carácter. La modificación del ángulo de Hendrey se inscribe progresivamente y claramente como un dimensionamiento característico para el agente nocivo.
Solo un aviso enseña la carencia de la encuesta se pone fielmente a la obra, en busca de diagnóstico etiológico, que el empleo evidentemente, una malparcelaria sin explicación válida.
Por otra parte, el adelgazamiento puede alcanzar una caída vertiginosa, del orden de varios kilos por mes.
La única verdadera etiología hasta el presente es de síndrome fatigante — un síndrome que con la rápida rapidez desaparece todos los días, y la recuperación de las depresiones en caso de puesta en reposo, a menudo de duración no demasiado semanal, salvo la alimentación que conocemos. El sujeto no recobra, en el curso del trabajo en medio ruidoso como la experiencia lo prueba, el síndrome retoma de modo idéntico.
Las reacciones somáticas y psíquicas independientes de la afectación auditiva
¿Existen? — ¿Son concebibles? — ¿Cabe contemplar otra puerta de entrada que el oído? — No hay que dudar.
El oído ha sido concebido, se ha visto, para nuestro órer, el ruido, no traducido en sensación auditiva, sino en ruido. El oído en particular bien hecho pero no lo percibe. Pero ampliamente superado en ello por el ruido industrial.
Graquereux y Grosson han, en muchas ocasiones, insistido ampliamente sobre el síndrome general debido a los ruidos. Husson agrupaba las reacciones clínicas bajo el nombre de síndrome traumatosonoro.
Es en el laboratorio donde Grosjean nos ha aportado las pruebas más llamativas de los perjuicios de las vibraciones acústicas, cuyos ruidos intensivos superan considerablemente el marco auditivo. Basta recordar las investigaciones sobre el animal puesto en presencia de una sirena de ultrasonidos: el hámster a 160-170 decibelios.
Actualmente, los autores llegan a conclusiones casi idénticas sobre los ruidos no ruidos intensidades (130-190 dB) idénticas, es decir, no en su modo de acción ciertamente, sino en cuanto a la incompatibilidad de la vida en su presencia.
Los trastornos obtenidos en el curso de experiencias artificiales se desprenden, recogidos con alteraciones probablemente equivalentes a los recogidos conducidos a continuación clínicas de intensidades.
Para comprender mejor cómo un fenómeno vibratorio puede ser peligroso, para captar mejor su efecto nocivo, su naturaleza dolorosa, para determinar mejor su modo de penetración en el organismo, hay que analizarlo, disociarlo, desprendiendo algunos de sus diferentes parámetros.
¿Qué es el ruido? — Tal es pues el problema total. De la solución depende la coordinación de los signos clínicos agrupados un poco demasiado sintomáticamente confusos, y restableceremos una terapéutica apropiada, susceptible de hacer una elementación.
Cierto es, es una fisiología aparte. Trataremos de penetrar la estructura íntima del ruido, pues es ahí aún donde el agente patógeno.
Se sabe que la onda sonora resulta de un sacudimiento cualquiera del aire, de cerca en cerca a una velocidad fija para cada medio, y se propaga. Esta propagación es muy compleja y no simple transmisión de impulso de partida en términos simplificados. Se trata de un verdadero encadenamiento de cerca en cerca, oscilación molecular del elemento alrededor de su posición de equilibrio, en modificaciones no importa el elemento, sino un punto de variación, que se propaga por vecindad, como el estallido del rebote sobre sus aristas las restricciones llevadas sobre el agua, que por movimientos vibratorios llegan a un conjunto de mil moléculas se actúan, son coordinadas, hasta considerarse, no de autonomía una unidad de vida para estudiar el matiz.
Sin embargo, para examinarlo, este módulo comunicarse su movimiento de transmisión, de vivaz, su explicación puede introducir el acontecimiento y la isla. Sabría al aire, en calor naturalmente, eso deduce declaración fuera de noción en particular: el fenómeno es devastador o brujería.
¿Cómo pues ocurre este conjunto, que en visto en burbujee en baba de al lado anotamos tanto más cuanto que el motivo es una mediación innegable de fitness sonidos?
De la patología del ruido
De estos ejemplos cabe multiplicar y desprender las nociones de la onda acústica y de la onda mecánica.
La onda acústica no es sino la expresión de la transmisión del sonido; su realización solo se engendra al ver que la molécula bajo el impulso de una fuerza exterior, ha podido rodar su posición de equilibrio momentáneamente y transmitir fielmente esta perturbación vibratoria a sus vecindades.
Pero hasta que se trata de un movimiento vibratorio, dando, alrededor del punto de equilibrio, más que se trata de un ser erosionado entre casos distintos, hay sin duda aparición de una «renonancia». Esta última, en todo caso se emparienta durante los movimientos vibratorios, que responde a las condiciones mejores, más alteradas, esas disposiciones particulares inherentes al sujeto de agente. Ella de agente un verdadero remplazo de cerca en cerca de una pérdida del agua desnuda hasta el suyo, sino en el decorado de su preexistencia. Llamaremos a esta resonancia de las contrarreacciones resonancia molecular.
Es la resonancia molecular, a 161 Hz de agraderle para transmitirse de cerca en cerca. Llamaremos resonancia molecular, de cerca en cerca, incluso conferencias moleculares específicas del medio.
Es a ella a la que habría notado el hecho, que también hoja de hija acera, se irrita en su mano, en la práctica de las fibras para el establecimiento de la cámara permiten devendría un solo del objeto que le presagiaba las frecuencias adquiridas. Así, la sirena, se ha reconocido perfectamente que se trataba de un trozo de chapa, lo mismo se ha reconocido el timbre propio. Y es lo mismo del hierro, del cobre, del aire, de la madera, etc.
Esta resonancia molecular es pues suficiente para crear uno en su vibración, para propagarlo, pero es así necesaria como la de hechos entre otra vibración acústica; es en lo que los transportes de la resonancia molecular es su frecuencia propia.
Por eso, cualquiera que sea la frecuencia emitida, impuesta a un cuerpo en sí mismo irradiará inmediatamente la sonoridad específica de ese cuerpo. Así, si una voz de violín es otra acústica orgánica, no solo de la frecuencia emitida por el violín, sino de la resonancia molecular de este. Es el hecho de los cuerpos simples característico tales como el vidrio y el cristal.
Suprimir este fenómeno es suprimir el vector, el soporte de la onda vibratoria acústica, es ahogar el ruido.
La onda mecánica, en el sentido del vector resonante específico, que sabría en el cajón un medio fluido para un medio sólido que se desprende de una molécula a la frecuencia del sonido emitido. Esta última será, ciertamente, función del medio, pero también de su experiencia.
La onda música, no es sino el fenómeno vibratorio tal como jamás estudiada la potencial lo que hace esto a nuestra escala. Su propagación, su absorción, su reflexión, su refracción son otros tantos factores que interferirán en la penetración en medio natural. Esta última será, ciertamente, función del medio, pero también de su resonancia.
Conclusión
Es un inmenso sujeto el que acabamos de abordar. Se trataba de agrupar, en efecto, en su conjunto, una suma de trabajo cuya extensión. Sin embargo, había que contemplarlo. Hemos intentado con el mínimo de medios —¿deberíamos disculparnos?— mostrar toda la importancia que reviste la patología del ruido y hasta qué punto urge alarmarse, cuán urgente es defenderse de él.
Fuente: Tomatis A., «Les réactions somatiques et psychiques au bruit industriel», Archives des Maladies Professionnelles, Tomo 20, N.º 5, 1959, pp. 611-624. Separata impresa en Francia por Mame, Tours (Imp. 503/1959). Depósito legal: 4.º trimestre de 1959, n.º de orden 3.475, Masson et Cie, editores, París. Documento digitalizado procedente de los archivos personales de Alfred Tomatis.
Nota del editor: la transcripción sigue fielmente el texto original tal como figura en la separata. Algunos pasajes técnicos llevan las huellas de las erratas de impresión y de las abreviaturas propias de la medicina del trabajo de la época, conservadas aquí tal cual. La digitalización, efectuada a partir del documento de archivo, presenta en algunos lugares incertidumbres de reconocimiento óptico que pueden afectar a la lectura detallada de algunos párrafos.